domingo, 15 de diciembre de 2013

Mariano el Eremita, también llamado el Busgosu.

Está la aldea al borde de la carretera, en el Camino de Santiago que fuera antaño muy transitado. El cordal de continuos montes redondeados por el tiempo, cuajados de castaños, nogales y matas de avellanos. Se albergan en el contorno, caserías de poca monta y viejas aldeas tan antiguas como la Reconquista. Casas pequeñas de dos o tres piezas a lo sumo, oscuras, de ventanucos minúsculos que apenas dejan renovarse al aire.

De entre los chicos pequeños, yo era el más grande, pero a mí me gustaba andar con los chicos grandes, aunque fuera el más pequeño. Siempre preferí ser cola de león antes que cabeza de ratón, pues de los grandes algo aprendes y los pequeños te llenan de mocos.

Aprender, algo aprendíamos en la escuela. Don Atilano era buen maestro a pesar de que sus enseñanzas, traían en jaque a la guardia civil dado su pasado republicano.

"España había de ser Una, Grande y Libre, pero de verdad. Una era, hasta que en lucha fratricida, los unos y los otros se empeñaron en que hubiera dos. Grande fue, gracias a los Reyes Católicos, a Carlos I de España y V Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, incluso a su hijo Felipe. Fijaos lo que os digo, yo que no comulgo con la realeza ni los Imperios. Libre... ¡hay Dios! ¿Cuando ha sido libre? Mientras el pueblo sea explotado, vejado y amiseriado, no habrá libertad..."

- Don Atilano, que se está pasando, y si el sargento se entera, lo llevará otra vez para el cuartón.

- Gracias por el recordatorio Nando. ¡Hala! a repasar... El río Miño nace en Fuente Miña, provincia de Lugo, pasa por...

Tiene el monte, allá arriba sobre la aldea, un peñascal donde hay una cueva. El agua que se filtra, cae monótona, formando una pequeña laguna y orquestando una suave sinfonía discorde que molestaría a quien por mucho tiempo tuviera que aguantarla. Me recuerda aquél suplicio de la gota china. No obstante, en aquella cueva vivía un ermitaño al que llamaban el Busgosu. Tal vez, el mote se lo puso alguien a quien llamó la atención que el hombre, a base de musgo y ceniza, se embadurnara el cuerpo con la pasta así formada, aunque el parecido con la mítica criatura era nulo.

 Se decía que Mariano, estaba mochales. Que había sido capitán médico del ejército, y que su trastorno era consecuencia de la cantidad de muertos habidos en las batallas de Brunete, Belchite o Figueras, y que él no pudo salvar.

En un principio, cuando tomó posesión de la cueva, se alimentaba de castañas, nueces y la leche de una cabra. Más tarde, la gente comenzó a acudir en busca de remedio para sus males, en la creencia que el anacoreta los aliviaría. Pagaban sus servicios con la escasa vianda que se quitaban de la boca, aunque nada a nadie pedía. Tenían gran fe en él, sobre todo  en sus vaticinios -el hombre pisará otros planetas- llegará el día en que los humanos serán curados por máquinas- y todo a pesar de que de medicina parecía estar pez, pero sus consejos siempre eran bien recibidos.

Una soleada mañana de domingo, me fui con otros tres y aquella chica, Enriqueta, que de no ser por las incipientes protuberancias pectorales bien se pudiera decir que era un chico más. El Busgosu había de predecirnos el futuro, confundiendo nosotros ermitaño con gitana de la buena ventura.

Sentado sobre una gran llábana a la puerta de la cueva, cara al sol y en posición del loto, meditaba.

- Busgosu, le espetó el más atrevido sin pararse en mientes, queremos que nos digas que vamos a ser de mayores.

- No soy adivino, pero decidme que es lo que vosotros quisierais. A ver tú, enséñame las piernas primero, que quiero ver si eres renco o zopo, que contrahecho ya veo que no lo eres. Es que si alguno tiene una tara, es difícil el augurio.

 Y Teo, sorprendido, hizo ademán de arremangarse los pantalones.

- No, no, bájalos, tengo que verlas desde las ingles.

Teo, un tanto azorado, se quedó en calzoncillos.

- Ya los puedes subir, ahora dime, ¿qué quieres tú?

- Mi padre es carpintero, pero yo quiero ser ebanista.

- No solo vas a ser ebanista, te convertirás en tallador de santos y vírgenes, ganarás dinero, popularidad, reconocimiento. Solamente has de poner empeño en ello.

Todos cumplimos el ritual; a Juan le auguró que sería escritor, a Amalio chofer de camión, a mí, que me dedicaría al ferrocarril. Le llegó el turno a Enriqueta, ella levantó la falda cuatro dedos por encima de la rodilla, pero él insistió en ver las ingles.

- No me avergüence, que no puedo.

- ¿Acaso no llevas ropa interior?

- No, no es eso... es que estoy con el cuento... ya sabe...

- Pues ven otro día y te diré lo quieres saber. Ahora, prestad juramento. Nadie, nunca, sabrá lo que aquí ha pasado y dicho, y si lo hacéis, no quiero pensar la desgracia que recaerá sobre vosotros.

Patro, la madre de Enriqueta, preguntaba a su hija todos los meses, el día ocho, si tenía el cuento. Invariablemente ella contestaba que si, pues era muy regular. Pero un día, a finales ya del verano, la niña dijo que no. Su madre se alarmó un tanto, pero calló esperando al siguiente. Como quiera que ni ese, ni al otro apareció la cosa, comenzó a vociferar; ¿Que has hecho, por donde anduviste que me perdiste la honra?

- Madre, yo solo fui a ver al Busgosu- dijo malinterpretando sus palabras
.
- ¡Hay Varisto, que a la neña preñóla el Busgosu!

Y Evaristo se lanzó monte arriba, agarró por el cuello al ermitaño, y en vilo, colocándolo contra la pared de la entrada, dispuso su manaza para asestar un golpe en la cara. A tiempo se detuvo, recordando cómo se rompen las sandías que caen al suelo desde cierta altura. No quería estampar sus sesos del mismo modo.

Mariano juró y perjuró que él nada tenía que ver, que solamente le había dicho a la chica aquello que quería oír, que encontraría un muchacho guapo, un bancario que la haría feliz.

Volvió el hombre a su casa, entonces preguntaron a Enriqueta si tenía novio: Sí, fue la respuesta, y quedó todo aclarado. Entonces la madre le explicó a la hija aquello que jamás le había explicado y que daba por sentado que sabía. ¡Craso error! Ella nunca le explicó que los niños no vienen de París, que al igual que el toro preña a la vaca, así el hombre engendra a sus hijos. Que el eufemismo del cuento, la cosa y otras zarandajas por el estilo, no era sino la menstruación y que si faltaba, era por la preñez.

Esta historia tiene su final feliz a pesar de lo que pueda parecer. Mariano y Patro se disculparon con aquel escuálido saco de huesos que hacía de gurú. Enriqueta tuvo un niño y tres años después, a los diez y ocho, se casó con el padre de la criatura, oficial en una entidad bancaria, que como premio al casorio le nombraron cajero. Todos los demás, conseguimos hacer realidad aquello que el Busgosu nos pronosticó, Juan trabajó en el diario Comarca como redactor de deportes, Amalio se hizo con una flotilla de camiones que llevaban el pescado desde Gijón a Madrid, yo hice capataz y luego ingeniería, pues como decía don Atilano, para cumplir una ilusión hay que trabajar duro por ella. El eremita había puesto la simiente.


5 comentarios:

Maria do Sol dijo...

Hola Alfredo

Venho desejar um feliz Natal, com muitas coisas boas e deixar um poema como presente:


NATAL

Natal... Na província neva.
Nos lares aconchegados,
Um sentimento conserva
Os sentimentos passados.

Coração oposta ao mundo,
Como a família é verdade!
Meu pensamento é profundo,
‘stou só e sonho saudade.

E como é branca de graça
A paisagem que não sei,
Vista de trás da vidraça
Do lar que nunca terei!

Fernando Pessoa

Abraços

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo. Parece que los 2 vamos saliendo del bache. ¡Qué pena! No puedo leer tu cuentín. Me he levantado con los ojos como dos huevos duros y una infección de aúpa. Me cuesta mucho leer. Cuando mejore volveré. Ahora te dejo mi cariño y mis deseos de que todos estéis ya bien en tu familia.
Volveré con la frente...

Alfredo dijo...

María.
Gracias por el poema, te deseo una feliz Navidad en compañía de los tuyos.
Disculpa mi tardanza, mi mujer salió hoy del hospital y yo no tenía tiempo para nada.
Recibe un abrazo de todo corazón.

Alfredo dijo...

Marta.
Siento tus males cual si fueran propios y deseo que ya estés restablecida, yo bien. Me he pasado casi un mes todas las tardes en el hospital a causa de mi mujer, hoy, por fin, ha salido. Pasaré a visitarte en cuanto pase la Navidad.
Espero que el año que viene sea mejor para todos, mis felicitaciones y un abrazo.

fus dijo...

Muchas felicidades y que este año 2014 te traiga todas las ilusiones hechas realidad.

un abrazo

fus