viernes, 28 de junio de 2013

Expectativas.




Alguien escribió, que el amor es igual que el agua, siempre se abre camino entre los dedos. Aunque suene melifluo, tal vez cursi, yo creí que era para ti la fuente de donde manaba el agua del amor. Más, y quizá con distinto sentido del que quería reflejar aquél que lo dijo, ese amor que te entregué, lo dejaste escapar entre tus dedos. Gota a gota al principio, como río embravecido después.

- ¿Sigo siendo el mismo de antes?

- Si, fue la contestación. Pues entonces eres tú la que ha cambiado. Ya no hay dulzura en ti, ahora solamente aspereza. ¿De que me culpas?

- No has cumplido las expectativas que en ti deposité.

Aún no habían transcurrido dos años de casados. Cogí la trolley, metí algo de ropa, me eché al hombro las fundas con mis trajes y, hasta luego cocodrilo.

Cada cual tiene sus expectativas, pero al matrimonio se va con todo hablado. No vale decir, después de pasado un tiempo, que las expectativas resultaron hueras. Más, sin saber en que coño estabas pensando.

Tampoco supe nunca, cual fue el impulso, o las expectativas que sus amigas sintieron o esperaban de mí. Solo sé, que apenas pasados unos días de nuestra separación, una a una se fueron cayendo por mi cama. Solteras o casadas, maníaco depresivas, neuróticas, viciosas, o de ego subido… Una de ellas, después de unos días de desenfreno, me dijo -¡bah, tampoco era para tanto! Así quiso tranquilizar su conciencia, tapar el remordimiento por haber puesto los cuernos a su marido.
Peor fue la última, me abrasaba a preguntas de cómo lo hacíamos cuando éramos matrimonio, y, el morbo que sentía, inquiriendo los detalles más ínfimos, hacían que con solo tocarla, se derritiera. Tras remedar el kamasutra casi al completo, harto de ella, le dije que ya tenía bastante, que buscase a mi ex, ya que tanto la ponían sus cosas, que tal vez con ella se cumpliesen las expectativas de ambas.

Me concentré en el trabajo con ahínco, olvidándome del mundo y de tanta banalidad, y, un día cualquiera, mi secretaria, abriendo la puerta, pidió permiso.

- Don Juan…
- ¿Si, Irene?

Se vino hacia mi mesa; zapato de medio tacón, piernas perfectas, falda de tubo tres dedos por encima de la rodilla, una rebequita sobre camisa de cuello que dejaba ver el principio del canalillo, pelo con gracioso moño traspasado por un lápiz y aquellos miopes ojos azules tras sus gafas.

- Verá, es que tengo dos entradas para el teatro… ¿quiere acompañarme? -dijo mientras un conato de rubor asomaba en sus mejillas.
Salí de detrás de la mesa y me coloqué frente a ella, apoyado. Nuestras miradas no habían dejado ni por un segundo de escrutarnos. ¡Dios, que guapa era!

- ¿Y que expectativas tienes acerca de mí?

- Don Juan- un rojo casi granate afloró ahora hasta la raíz del pelo- esto es una triquiñuela, pero no veía otra forma; estoy enamorada de usted. Mi expectativa se resume en seis palabras; espero compartir su vida para siempre.

martes, 25 de junio de 2013

Juicio paralelo.

María fue a casa de sus padres. Igual que todos los días, al finalizar la compra. La puerta estaba abierta, como siempre, solo la cortina de bambú defendía la entrada.

- ¡Madre, estoy aquí! ¿Dónde estás tú? llamó, dejando la bolsa en el pasillo. Fue revisando las estancias; en la cocina, no, tampoco haciendo las camas, ni en el baño. Estaría en la huerta, con el padre.

Al final del pasillo, una puerta a medio cristal daba paso a la huerta. Guisantes en primer lugar, lechugas y pepinos luego, el enramado de fréjoles y de tomates a los lados, pimientos y repollos… Tres caminillos, algo de prado con varios frutales y un poco de maíz. En las esquinas, la caseta de aperos, el gallinero y las conejeras. Junto a la tapia del fondo donde también había una puerta de hierro que daba al campo abierto.

El silencio solamente era interrumpido por el piar de los gorriones, el cacareo de las gallinas, y a lo lejos el ruido que se acercaba y alejaba de un tractor.

Aurora pensó que sus padres estarían afuera, a veces quemaban junto a la tapia la broza que no servía para compost, y hacia allí se encaminó. La chabola de aperos estaba a la izquierda, cuatro riegos de maíz medianamente crecido, ocultaba en parte el parche de cemento donde Arturo reparaba sus herramientas. El tajo donde hacía la leña y la tajuela donde se sentaba.

Aurora creyó ver algo raro. Su corazón dio un vuelco, un mal presentimiento cruzó su mente mientras las sienes le latían con fuerza. El hombre yacía boca abajo. A un par de metros apenas, su madre yacía también, boca arriba. La mujer tenía incrustada en el cráneo un hacha. La espesa sangre empapaba sus cabellos y había formado un charco del que libaban grandes mosca negras y otras más pequeñas, de un verde fosforescente. Al hombre no se le apreciaba herida, pero sin duda estaba muerto.

La hija, gritando presa del horror, salió a vocear ayuda a su cuñado, el tractorista, pero este, lejano, no la oía. Entonces corrió a la calle, llamó a las puertas de los vecinos y ellos a la guardia civil.

El sargento, reparte a sus hombres; solo cuatro tiene, el pueblo es pequeño. Uno a la puerta que da al campo, nadie pasará por allí, otro junto a la chabola y los dos restantes a la puerta principal. Él, avisa a la ciudad para que envíen a los investigadores.

- Si, parce un asunto de violencia de género. Dos muertos, matrimonio de entre sesenta y setenta. Ella tiene clavada el hacha de la leña en el cráneo, decúbito supino. Él decúbito prono, no se aprecia herida. Posiblemente en el tórax, la mujer tiene un cuchillo en la mano. No, nadie ha tocado nada, al menos desde que nosotros llegamos.
- Bien, comenzaré investigación rutinaria. No, no había denuncia. Si, si, seguro, en el cuartel no hay ninguna denuncia por este motivo, es un pueblo tranquilo.

El sargento ha cumplido con su cometido, ha investigado someramente al vecindario y a la familia, y así se lo expone al inspector, sus ayudantes y forense venidos de la capital.

- El matrimonio se llevaba bien, jamás se oyó una voz más alta que otra en la casa. Él sesenta y seis, ella, sesenta. Dos hijas casadas, ambas viven en el pueblo, la mayor con dos hijos menores, el marido trabaja en la ciudad. La pequeña sin hijos, también trabaja en la ciudad, el marido ganadero y agricultor. La relación entre todos era buena, también con los vecinos. No parece que haya enemigos ni rencillas.
La herencia no será mucha; la casa y unas pocas perras en el banco.

- Gracias sargento, buena labor. Tendremos que utilizar sus dependencias en el cuartel para los interrogatorios. Ahora vamos a echar un vistazo.

- Aparentemente, ella lo mató a cuchilladas. Benítez, mira si en la cocina hay algún taco de cuchillos y si falta alguno. Que tomen las huellas y vean los restos de sangre en la hoja. Huellas del hacha…¡cuidado! no pises la tierra de maíz. Ahí hay una marca profunda.

- Parece de una bota de goma, Teo.

- Si, pero el muerto no las lleva, mira dentro del cobertizo. Toma una muestra de lo que hay pegado junto al tacón y que saquen un molde. Dame una bolsa, la hoja del cuchillo tiene una hebra de hilo.

- ¿Cuántas cuchilladas hay, Amadeo?

- Solamente una Teo. Lo dejo como estaba y te digo lo que pienso. Le acertaron en medio del corazón, poca sangre, un mete y saca con fuerza. Tenía que estar de pie, con el hacha en la mano, al recibir la embestida, lanzó el golpe que descerebró a la mujer.

- No me convences forense, habría caído de bruces por la inercia. Ella si tiene una postura más natural.

- Oye, quizá se giró. ¿Ya le estás buscando tres pies al gato?

- Hay que ser riguroso Amadeo, tú cuéntame lo que veas en la autopsia y deja para mí las conjeturas. ¡Beníteeez!

- Voy Jefe.

- Mide la altura de la banqueta, que saquen las huellas de las manijas de las puertas, entrada, pasillo y de ésta. Vamos fuera. Llama al fotógrafo, hay que sacar este rescoldo, luego apaga ese trapo a medio quemar y mételo en una bolsa.

- Bien, parece que ya está todo, hay que avisar al juez, mientras viene, veremos a la familia y comenzaremos el papeleo en el cuartel. ¿De acuerdo sargento?


Dos días después, y a la vista de los resultados preliminares de la autopsia, de las pruebas y declaraciones recogidas, el inspector Teodoro expone a sus colaboradores las conclusiones a las que ha llegado.

- Me temo que este caso aún tiene cosas que aclarar, pero lo que no cabe duda, es que fue un doble asesinato. El robo está descartado, no falta nada.
Las relaciones de pareja y familiares eran buenas, con una excepción en la que incidiremos más tarde. Las apariencias parecían indicar, que la mujer atacó al marido. ¿Cuál fue la motivación? No se encuentra. Pero supongamos que la había:
La puñalada tocó el esternón y una costilla antes de atravesar el corazón. Dejando a un lado la fuerza que se requiere, cosa que la mujer no parecía tener, se pueden dar dos casos; a) el hombre estaba sentado; la trayectoria sería de arriba abajo. b) el hombre estaba de pie; la trayectoria sería de abajo arriba, a tenor de la estatura de ambos. El resultado de la autopsia dice que fue horizontal.
El arma, cuchillo de grandes dimensiones, es ajeno a la casa. En el taco de la cocina no faltaba ninguno, y las hijas no lo reconocen. La hoja estaba limpia, lo que no quiere decir que no fuera el arma homicida, lo es, pero alguien la limpió. ¿Motivo? Eliminación de posibles huellas. No tiene más que las de la señora. Había un hilo que podía pertenecer a la camisa del occiso, pero no se corresponden. La composición de la hebra se corresponde con el trapo hallado en los restos de la hoguera y a medio quemar. Este trapo, tiene restos de sangre, se empleó en la limpieza del cuchillo y también de la manilla y canto de la puerta que da al campo.

- Eso debía de bastarle al fiscal para presentar una acusación. Pero, ¿tenemos sospechoso que presentar?

- Lo tenemos, Benítez,  el yerno, el marido de la hija pequeña tiene todas las papeletas. Su mujer quiere la separación. Hipótesis: él supone que el padre la apoya. Los hechos debieron transcurrir así:
Ramiro, el yerno, está empacando la hierba segada detrás de la casa, acerca el tractor a la puerta de su suegro, lleva escondido el cuchillo. Discute con él y lo mata. La mujer aparece y la mata también. Limpia las huellas en hacha y cuchillo que coloca en las respectivas manos. Sale por la portilla no sin antes limpiarla. Arroja el trapo al fuego y continúa empacando.

- Ahora el sargento va a detenerlo, nos traerá también las botas de goma que dejaron su marca. La tierra que tenía adherida, junto con el excremento de vaca, corroborará que es de su finca. Solamente necesitamos su confesión.

- Inspector, me asalta una duda: ¿Si el cuchillo era del yerno, cómo es que su mujer no lo reconoció?

- Esa es una de las cuestiones a aclarar. En el interrogatorio trataremos de ponerlo en claro. Veremos también si la mujer reconoce el paño.


Tantas horas de permanencia en el cuartelillo, las idas y venidas a la huerta para comprobar la coartada, hacen que Ramiro sea declarado culpable en el juicio paralelo del pueblo. Ya algunos gritan ¡asesino, asesino! El clamor asciende como el agua del mar por los riscos en días de tormenta y algún objeto vuela hacia él. ¿Por qué motivo? se preguntan los guardias; ni siquiera le han puesto las esposas.

El presunto asesino, no confiesa. Se le han presentado las pruebas, pero él niega que el cuchillo sea de su propiedad y tampoco reconoce el trapo. Su mujer también dice desconocer la procedencia de esas pruebas de vital importancia. La huella de la bota, es intranscendente; es la casa de su suegro y él está allí a menudo.

El sargento presenta un nuevo sospechoso. Parece que eso de que el criminal siempre vuelve a la escena del crimen, es cierto. El sujeto no tiene muy buena pinta; el pantalón vaquero, a pesar de llevarlo bien apretado con el cinto, aún le sobra, pero le falta una cuarta para llegarle a los tobillos. La cazadora y la camisa, tan sucios como el pantalón. El bigote y la perilla; rubio, casi rojizo, le darían cierta semejanza con un orangután, sino fuera por lo delgado. Quizá sean los ojillos, redondos y dilatados en esa cara huesuda. Las manos de dedos nerviosos, como sarmientos negros, no paran de mover el casco casi vacío de una coca cola.
Los guardias, buenos observadores, han visto detrás de la gente que vocea, esa cara desconocida - Documentación, por favor- y la disculpa suena a sospecha: Nada tengo que ver con los crímenes.

Aquél merodeador, ejecutivo en otro tiempo y venido a lo que es, por culpa de su adicción, confiesa casi sin presión. Él solamente buscaba una gallina, pero Armando lo amenazó hacha en alto y él se defendió. La mujer salió de la casa al oír el jaleo y recibió el golpe con el arma que su marido enarbolara hacía un instante. Él elega que fue un acto reflejo.

Teodoro quiso ser riguroso, pero tal vez la conclusión fuera precipitada. A veces, el ser riguroso no basta.
También el pueblo, nosotros, los de a pie, solemos hacer juicios precipitados y condenamos antes que la justicia.


domingo, 23 de junio de 2013

Tiempos mejores.


Me coloqué delante del abuelo quitándole el sol, tapando la carretera, las vías del tren, el río y los montes de enfrente. Entonces, abrió aquellos ojos tristes, pequeños y bordeados de arrugas. Estaba sentado en el banco, a la puerta de casa, apoyando las manos en el cayado y la barbilla sobre ellas. Levantó la cabeza, y pareció, no sé, como si en un instante se le hubieran quitado veinte años de encima. Sería la sonrisa de oreja a oreja, o los ojos, antes mortecinos y sin brillo que parecieron chispear, o quizá fuera el reflejo de los colmillos de oro nuevo en su boca. No sé.

- ¡Hola abuelo, dame un beso! ¿Que haces tan solo?

- ¡Hola José! Ya ves, dormitando mientras soñaba con tiempos mejores.

- No te quejes, que vives muy bien..,

- ¿Cuantos años tienes, José? Espera, no me lo digas… quince, tienes quince años y pronto cumplirás los diez y seis.

- Abuelo, tienes catorce nietos ¿recuerdas el nombre y los años de todos?

- Creo que sí. Pero no desvíes mi pensamiento y tal vez te cuente una historia. Por ella sabrás el motivo por el que decía que soñaba con tiempos mejores. Te voy a decir un acertijo. ¿Eres bueno para los acertijos?

- No mucho.

- Bueno, veremos. Ahí va: Existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo, que tiene sólo una voz, y es también trípode. El único que cambia su aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, aire o mar, y que cuando anda apoyado en más pies, es mucho más débil.

- A ver si lo entendí; tengo que buscar un ser que tenga dos, tres y cuatro patas, pero que cuanto más patas tiene, más débil es.

- Exacto.

- Déjame pensar un poco. Ya lo sé.

- ¿Seguro?

- Si abuelo, tú eres ese ser.

- ¿Cómo?

- Anduviste a gatas, ahora usas cayado, entre medias, eso que llamas tiempos mejores; una larga vida apoyado sobre tus dos piernas.

- Así que conoces a Edipo hijo de Layo.

- Abuelo, tengo un buen profe que nos enseña Historia. La Mitología nos ayuda a comprender muchas cosas.

- José, ya veo que no necesitas que te cuente la historia.

viernes, 21 de junio de 2013

De los paralelismos.



Ya sé, que con éste título no se puede ir muy allá. Los títulos, cómo las portadas de los libros, han de ser atrayentes. Sin embargo, permitid que por un momento deje a un lado la falsa modestia que me caracteriza, y diga de este chascarrillo, que es al menos gracioso. (Sino no sería un chascarrillo)

He establecido cierto paralelismo, de ahí el título, entre un gag de una película de Cantinflas y un chiste que me contaron hace muchos años.

Aprovecho para resaltar la manía que tenemos de decir que la película es de - citamos protagonista- cuando en realidad es de unos señores/as de los que casi nunca nos acordamos (ahora algo más); el director/a, el/la que escribió el libro o el guión, etc.

A lo que vamos: En Caballero a Medida, Cantinflas es un pluriempleado que entre otros oficios desempeña en su casa, el de sastre. La idea que tiene nuestro protagonista acerca del arte del corte y la puntada, es más bien escaso. La única relación; trabaja como hombre anuncio para una sastrería.
Una vecina, le pide que haga un trajecito para el niño que va a tomar su primera comunión. A nuestro hombre, le salió una manga de la chaqueta muy larga y la otra muy corta, lo que causa la risión del vecindario. Cantinflas echa la culpa a la vecina por haber elegido tela de mala calidad, causante de que una manga se hubiera dado de si, y la otra de no.


Cierto amigo de un amigo, recomendó a mi amigo, que a la sazón había de ir a una boda, un lugar donde en poco tiempo podía adelgazar unos kilos para estar más estilizado: él era el padrino.

El local, con letrero sobre la puerta se anunciaba así: "Quitagrás" y en letra menuda; "Devolución del dinero si el método no surte efecto".
En la recepción había un señor, igualito a Xan das Bolas, aquél que entre otros muchos personajes, solía hacer de sereno u autoridad de baja graduación.
- ¡Buenos días!
- Buenos días tenga vostede.
- Vengo por lo del anuncio, para adelgazar unos cuantos kilos.
- Yo le explico- dijo poniendo sobre el mostrador cuatro llaves- Esta chave con el número un, pertenece al piso primeiro como indica a tabliña branca, costa mil pesetas, o vermello ao segundo, dous mil, a amarela ao terceiro, tres mil, a negra ao cuarto, cinco mil. Eu doulle a do primeiro, previo pagamento, e vostede esta alí o tempo que queira. Se desexa a do segundo, baixa e paga, así ata a do cuarto, comprende?
- Ya. Tenga las mil pelas y venga la llave. Oiga, ¿y no hay ascensor?
- ¿Non dixo que quería adelgazar?

Nuestro amigo, con su llave, sube hasta el primero y entra en una habitación: luces indirectas, música suave… y una morenaza en ropa interior que se deja ver tras una de las cuatro columnas. Lleva un cartel al cuello que dice: "Si me coges, me montas".
Una hora después, sudoroso y casi sin aliento, el sujeto baja y pide la llave del segundo piso abonando las dos mil. Abre la puerta y se encuentra en una habitación de tres columnas. Decoración parecida, y una pelirroja en tanga con el mismo cartel. Al cabo de media hora más o menos, vuelve a bajar agarrándose los pantalones y con la lengua fuera.
Tercera llave y misma jugada. La habitación tiene solamente dos columnas y una rubia despampanante en pelota. Pero no hay manera. Baja al recibidor, tira la chaqueta sobre una silla, se ajusta el cinto y paga las cinco mil por la cuarta llave.
Casi a gatas sube hasta el cuarto, aquí solamente hay una columna, detrás aparece un negro alto y fornido que lleva otro cartel al cuello: "Si te cojo, te doy por…"
La terapia de adelgazamiento ha dado su fruto. El hombre, ha perdido parte de la grasa, es decir; ha dado de no. Respecto de la parte que ha dado de sí, no se tiene en cuenta, no pesaba, era un agujero.

¿Hay paralelismo, o no?

miércoles, 19 de junio de 2013

Jamete.


La palabra de hoy tiene relación con las mujeres, aunque algunas desconozcan su significado, y tal vez, la palabra esté fuera de uso al igual que el jamete.

Es posible también, que alguien relacione Jamete con el nombre de un alarife que mató a su primera mujer y maltrató a la segunda. Que fue acusado de blasfemia y herejía, pendenciero en grado sumo, y que estuvo encarcelado en varias ocasiones. Ello, no quita para que fuera un gran escultor, saben de eso en Cuenca, donde se puede admirar el Arco que lleva su nombre y que está en la Catedral.


Volviendo a la palabra, jamete es:
(Del gr. ἑξάμιτος, de seis lizos).
1. m. Rica tela de seda, que a veces se entretejía de oro.

He aquí la razón principal, por la que decía que las mujeres podrían conocerla, aunque quizá, si hubiera dicho Brocado, las/los, que acertaron hubieran sido más. Pero yo no sé si Jamete y Brocado son lo mismo.

Brocado, da.
(Del it. broccato, y este de brocco).
1. adj. ant. Dicho de una tela: Entretejida con oro o plata.
2. m. Guadamecí dorado o plateado.
3. m. Tela de seda entretejida con oro o plata, de modo que el metal forme en la cara superior flores o dibujos briscados.
4. m. Tejido fuerte, todo de seda, con dibujos de distinto color que el fondo.

No quiero que perdáis el tiempo buscando en el diccionario, se han colado dos palabras de las que en España existen sobre cuatro mil, son los arabismos:

Alarife:
(Del ár. hisp. al‘aríf, y este del ár. clás. ‘arīf 'experto').
1. m. Arquitecto o maestro de obras.
2. m. En minería, albañil.
3. com. Arg. y Ur. Persona astuta y pícara.
4. adj. Ur. Jactancioso, seguro de sí mismo.

Guadamecí:
(Del ár. hisp. ḡadamisí, y este del ár. ḡadāmisī, de Gadames, ciudad de Libia).

1. m. Cuero adobado y adornado con dibujos de pintura o relieve.

lunes, 17 de junio de 2013

Cosas de chigre: Chu Lin y Chu Lon,


El día estaba triste, desapacible y hasta frío. Soplaba con fuerza 15/20, el gallego, es decir; oeste-noroeste, lo que para la terraza del bar era letal. Me metí dentro a tomar mi carajillo y rabiando por no poder fumar.

En la esquina, junto a la ventana, cuatro jugaban al "subastao", mientras, uno que miraba, no dejaba de dar su opinión sobre las jugadas.

Acodado en la barra, otro parroquiano tomaba un chupito de güisqui mientras miraba con atención las maniobras de un oriental en las máquinas tragaperras.

Me senté a una mesa y cogí el periódico buscando el crucigrama. Nada hay tan gratificante y enaltecedora del ego, que la sensación que da el remarcar las palabras que el patán de turno equivocó. Luego, cuando lo has terminado, escribes ¡Ahí queda eso!

El chino, japonés, filipino, vietnamita o lo que fuera, que con ellos yo nunca acierto, sacó premio. Entonces el de la barra le dice:
- ¡Vaya suerte, tío!

- No tío, yo llama Chu Lin.

- ¡Coño! - dije yo para mi, igual que el oso panda del zoo.

 -¡Coño! - dijo el de la barra, somos casi tocayos. A mi me llaman Chulón.

- ¿Tu vivil de mujeles?

- No, hombre. Me lo llaman porque soy guapo, elegante y grandón. ¿Comprendes? chulón, grandón. A ti te llamarán chulin por ser un poco "esmirriao".

- Tladuce esmi… esmiliao.

.- Que estás flaco, que pesas poco, que eres pequeñín, vamos, esmirriao.

- Ya, pelo sel cintulón neglo cualto Dan de Yudo y Kalate. Si dal una ostia, sacal lodando pol puelta a Chulon.

- Vale, vale, no te enfades, no te he querido ofender. Venga, te invito.

- No quiele invitación. Yo toma café, tú toma JT, yo tenel colespondel; café, 1,10, chupito 2,50. Pieldo dinelo.

Y en estas, la otra tragaperras suelta premio. Recoge el chino su dinero, le pide al camarero que se lo cambie por billetes, y se larga no sin antes levantar las cejas como diciendo; ¡Ahí te queda eso!

Yo me marcho también, llevo casi el mismo camino, pero él se mete en otro chigre. Sin duda aquí también ordeñará la máquina.

viernes, 14 de junio de 2013

Puta Muerte.

El coche recorre la calle despacio, junto a la acera. Las prostitutas se enseñan, tratan de acercarse, pero el vehículo continúa su camino; a quien va dentro, ninguna le parece lo suficientemente atractiva. Ya casi al final, dos rubias de piel lechosa hablan animadamente mientras fuman un cigarrillo. Ni siquiera prestan atención al coche que se detiene. Por fin, una de ellas, arrojando el cigarrillo al suelo se acerca, introduce la cabeza por la ventanilla abierta y habla con el conductor. Instantes después, se retira, en la mano lleva un billete de 20€. Una breve charla con la compañera, toma un taxi y se va.

Ante la mesa del inspector, una joven que dice llamarse Luvianja, está cursando una denuncia por desaparición.
- Nombre de la que dice estar desaparecida…
- Maia Anzelin, se escribe Maja Anselin.
- Altura, peso, foto, fecha desde que se la echa en falta… profesión…
- Un metro y ochenta centímetros, entre sesenta y dos, sesenta y cinco kilos, en esta foto estamos las dos, es reciente. Hace cinco días, la noche del quince, alguien le dio dinero para que cogiera un taxi. Debía encontrarse con el sujeto frente al casino.
- ¿Sabe por qué no la llevó él en su coche?
- Supongo que tendría miedo a que alguien lo viera o lo siguiera.
- Me has dicho que trabajáis en…
- Perdimos nuestro trabajo, ahora nos dedicamos a lo que ya sabe, ¿para que lo pregunta?
- Para asegurarme. ¿Tenéis protector? ¿Sois familia o solo amigas?
- No tenemos, sabemos defendernos solas, y no mezclamos amor con trabajo. Nos conocemos desde pequeñas.
- ¿Había desaparecido alguna vez?
- No, nunca. He buscado en los hospitales y nada, seguro que ese tipo la tiene secuestrada. La última comunicación que tuve con ella fue el sábado por la mañana, me decía que lo estaba pasando bien, que no la esperase en unos días, que me llamaría, aunque se estaba quedando sin batería. El martes la volví a llamar, pero el móvil ya no funcionaba.


El coche ha dado vuelta de inmediato y no ha perdido de vista a la rubia. Sigue al taxi, a cierta distancia, cuando la chica se apea en el sitio convenido, se coloca a su altura y abre la portezuela. Arranca raudo haciendo una recomendación: ¡Colócate el cinto, por favor!

- Soy Maia. ¿No es esto un tanto precipitado? ¿A donde vamos?
- No te inquietes, soy escritor, hombre público y casado, he de andar con cuidado. Ya sabes, por aquello del que dirán. Me llamo Bernardo, vamos a mi casa.
- ¿Te vas a montar un trío? Por la alianza, digo.
- No, estaremos solos. Mi mujer ha ido a Inglaterra, su hermana va tener un niño.

La joven se relaja, no obstante, tiene la mano en su bolso y acaricia un spray.


La casona está en una suave colina desde donde se divisan las luces de la ciudad. El jardín parece bien cuidado; parterres con flores diversas y algunos árboles de gran porte. El coche entra en el garaje donde se apean. Cuatro peldaños y están en el hall. La puerta de la calle a la derecha, madera de roble con cristales emplomados y dibujos de colores. Varias puertas y una escalera que conduce al piso superior.
- Tomemos algo, pasa por aquí.
- Aún no hemos hablado del precio… aunque haga la calle, no soy barata.
- Eso lo diré yo, depende del grado de satisfacción. Hablas bien el idioma para ser… no sé, tienes acento italiano, pero no lo eres…
- Soy de Eslovenia, de una ciudad llamada Koper, cuyo pasado hunde sus raíces en la cultura italiana.

Tras las copas, ella parecía tener prisa, pero yo no. Gustaba de admirar su belleza, su espléndida figura… cosa vuoi? repetía quedo mientras mordía el lóbulo de mi oreja izquierda. Su cálido aliento subía por mi oído hasta el cerebro, como la marea. Su lengua hizo que sin más preámbulos, me la echara a la espalda, a caballito la subí escaleras arriba.
En una de las habitaciones, la que ella escogió, hicimos el amor, comimos lo que pillamos en la nevera, bebimos cava, fumamos unos porros y volvimos a repetir… de todo.

-¿Me recuerda, inspector?
- Si, eres Luvianja y vienes a preguntar por tu amiga. Desgraciadamente no tengo ninguna noticia que darte.
- Pues yo si la tengo.
-¿Ha aparecido?
- Tenga, lea esta novela. El que la escribió, es su asesino. Gracias por nada.
- ¿Cómo lo sabes?
- La foto de portada es la suya, su boca, sus uñas, la historia está dentro.
- ¿En menos de un mes, y ya hay una novela? ¡Deliras! ¿Y se titula, Puta Muerte?
- El cabrón no se atrevió con "La Muerte de la Puta". Adiós inspector, espero ver a ese hombre en la cárcel.
- Espera un poco, apenas son doscientas páginas, no tardo una hora.



El sábado ha transcurrido placentero, sé que voy a pagar bastante, pero no importa; entre nosotros ha nacido una amistad, hay confianza y el placer parece que ha sido mutuo. Maia ha preparado hoy la comida; una especie de empanada que llama Gibanica, con queso fresco, espinacas y carne. Para aprovechar la pasta sobrante hizo una Prekmurska, casi lo mismo pero en capas como el milhojas, con nuez, manzana, pasas, queso y miel.
Le dejé un chándal de mi mujer y paseamos de la mano por la finca. Creo que me estaba enamorando.
Por la noche, en la cama, ella me pidió que le rodease el cuello con mis manos; suave al principio, un poco más fuerte a medida que los empellones se hacían frenéticos, hasta dejarla sin respiración casi.
Cuando hubimos tomado el aire suficiente, ella me dijo:
- Me vas a salir caro, no voy a cobrarte… y si quieres, puedo ser tu amante.
Nos quedamos dormidos.

Hacia las dos, tuve que ir al baño. Aparté su brazo que rodeaba mi cintura, ella ni se movió siquiera. Cuando volví, la débil luz de la lámpara sobre la mesilla iluminaba su rostro. Noté algo extraño, encendí la de techo y observé horrorizado que tenía los labios y los dedos cianóticos. La puse boca arriba moviéndola por los hombros. No respondía. No había respiración, ni pulso. Inicie maniobras de reanimación; masaje cardiaco, insuflé aire como un poseso. Nada. Estaba muerta.
Lloré amargamente sin darme cuenta del panorama que se me avecinaba. De inmediato, mi mente maquinó un plan.
Lo más complicado, en un asesinato, es deshacerse del cuerpo. ¡Que dices estúpido, tú no la mataste! Pero si fui cooperante necesario. ¿Quien le proporcionó aquellas rayas? ¿Quién fue el que casi la estrangula? ¡Ella te lo pidió, majadero! ¡Tendría algo de corazón! Sea como fuere, ¡menudo pancho!

La deposité en la bañera y deje correr el agua caliente. Con mi navaja de afeitar le di un corte en las muñecas. La sangre comenzó a fluir despacio. Tenía que recoger todas sus cosas, las quemaría en la caldera de la calefacción, era grande y había carbón bastante. Pasaría la aspiradora una docena de veces, quemaría sábanas, almohadón, la maría y la nieve, todo. Nadie sabía de ella, sería una desaparición más. Luego, la trocearía, quemaría sus restos y esparciría sus cenizas por los parterres. Lo que tenía en el estómago se me vino a la boca.
La miré otra vez. Parecía como si el agua cliente hubiera activado la circulación. Su cara ya no estaba tan pálida ni los labios azules. La sangre fluía ahora más aprisa. Me incliné sobre ella, ¿era pulso lo que notaba?. Rápidamente busque gasa, vendé fuertemente las muñecas y puse mi oreja en su boca.
Dijo algo que no entendí, seguramente en su idioma, luego, cuando fue comprendiendo, musitó en español; ¿qué me ha pasado? -¡No lo quieras saber! le respondí llenando su cara de besos.

- Oye, Lubianja, aunque todo fuera tal y como se relata, no hay ningún asesinato. Es más, yo diría que le ha salvado la vida.
- De alguna forma debía acabar la novela, pero... ¿donde está Maia? 
- No lo sé. Llamaré al escritor y concertaré una cita.

- Hola, le habla la policía, soy el inspector Manuel Pradera. ¿Conoce a una mujer llamada Maia Anzelin?
- Si, la conozco.
- Hay una denuncia por desaparición, he de hablar con usted.
- Ella no está desaparecida, está en mi casa. Fue intervenida de urgencia en la clínica Salus Infirmorum. Una operación a corazón abierto, lo pusieron sobre una bandeja y le cambiaron unas cuantas venas que previamente extrajeron de una pierna. Ya va mejor, pero aún tiene lagunas; su cerebro estuvo cuatro o cinco minutos sin oxigeno…


Le he dicho a mi mujer que tengo una amante; te quiero Elena, pero también estoy enamorado de otra, si quieres la separación, lo comprenderé. Se enfadó, al cabo de tres días me dijo; mejor compartido que perdido, tendrás dos mujeres.



miércoles, 12 de junio de 2013

Nemesio y su gato Gatuñon.


Hoy me he levantado temprano. Casi como de costumbre; apenas podía respirar. Agobiado, me puse la mascarilla, empuje la botella y salí a la terraza. Zapatillas sin calcetos, el pantalón del pijama y una bata fina. Nada más. Me senté en mi mecedora a contemplar como venía el día.

El malvís cantaba en el zarzal, otro, que buscaba gusarapos por el prado, levantó la cabeza y respondió. Un mirlo inspeccionaba las cerezas aún verdes lanzando trinos al aire. También los raitanes se llamaban, esperando, con una familia de pegas a que diese de comer al gato. Los pequeños ladronzuelos, iban a diario a buscar aquellas pocas piezas que Gatuñón dejaba.

El día se presentaba incierto, para estar a mediados de junio, algo fresco y húmedo, quizá lluvioso. Mejor para mí. Mis bronquios me lo agradecerían.
Hablando de bronquios, no estaría mal que los investigadores descubrieran la forma de que células madre los reparasen. Me presto voluntario para los ensayos.

¡Que cosas! Antes era pescador; sargos, aligotes, lubinas, tiñosos, picas, incluso los humildes sarrianos... cualquier cosa que se viniera a la caña. Pero a raíz de mi mala respiradera, empecé a fijarme en cómo se ahogaban los peces que cogía. Su agonía era la mía, por eso lo dejé, por solidaridad.
Me fui al rastro a vender mis bártulos, pero me dí la vuelta con ellos. Alguno de aquellos que preguntó precio, quiso regatear. Me pareció mal que se quisieran aprovechar, la mejor oferta para una caña casi nueva de 150€, fueron 25, por los carretes, más caros que las cañas, ofrecían 30 o 35. Hasta las plomadas querían a menor precio que en la chatarrería. ¡Hala, a rascala!

Ahora me paso la mayor parte del día en esta terraza, con mi Gatuñón en el regazo, que ya tiene casi diez y seis y dormita tanto como yo quisiera. Si, ya sé que no me conviene, que me exacerba la alergia, pero, está a gusto, aunque de vez en cuando saca las uñas que suavemente clava en el pantalón. Sin duda sueña que caza.

Aquí estoy, escuchando música enlatada, que la radio no me gusta; todo son desgracias. Para llorar, es un decir, prefiero escuchar rancheras; hombres en cama de piedra, y que mueren de cinco balazos. Yo fui uno de esos, de los que tenían un chorro de voz y eran amos del falsete, pero que por cantar, beber y fumar, solo me quedo un chisguete. Mujeres ingratas, lindos ojos, lindas formas de una Chavela cualquiera. 
Fue regalo de la Adelita, la chava que me atiende. Ya estoy por llegar, ahorita mismo, me dice, señal de que aún tardará media hora.

- Adelita, si tú quisieras…
- ¡Hay señor Neme, si usted pudiera…!
- ¡Condenada, si llegases más temprano, ya te diría yo!

Hasta el gato ronronea frotándose contra sus piernas. No me importaría morir en el intento. Al fin y al cabo, la desnarigada está a la vuelta de la esquina; cualquier día se da cuenta de que estoy aquí y se me lleva. Me gustaría ser yo el que eligiera el momento y, que ese momento, fuese entre los brazos de tan hermosa damisela.

sábado, 8 de junio de 2013

La Noche de San Juan.



Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

No es cierto que tuviera marido, ni tampoco que fuera mozuela; ella fue la que me llevó al río.
Tenía yo doce o trece, esa edad púber en que los cambios del cuerpo han venido. Ella, un tanto corrida y casi veinticinco.
Día de romería, misa, procesión, cohetes, música y algarabía. Comida en el prado donde todo el pueblo se reunía, y ella, mientras los mayores cantaban o jugaban a la brisca, quiso que yo durmiera la siesta, sobre sus rodillas. Sonaba desacompasado el pulso en su barriga, ora bajaba, ora subía, cuando con una hierba en mi oreja, perrerías me hacía.

No fue la noche de Santiago, que fue la de San Juan, y aunque las hogueras aún no habían fenecido, si toqué sus pechos, que, a camisa abierta, lucieron como ramos de jacintos.
Allí, entre los juncos y los espinos, en un claro de tréboles, junto al sauce que hunde sus raíces en el río, ella se quito el vestido, mientras, yo miraba sorprendido.

Bajo el árbol de la pureza perdí yo la mía…

Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.

Se portó como quien era, y, para que viera que aquello era amor de un día, cortó unas ramas del sauce, y me las dio como despedida.


viernes, 7 de junio de 2013

Follón.



(Del lat. follis, fuelle).
1. adj. p. us. Flojo, perezoso y negligente.
2. adj. p. us. Vano, arrogante, cobarde y de ruin proceder.
3. m. Cohete que se dispara sin trueno.
4. m. Asunto pesado o enojoso.
5. m. Ventosidad sin ruido.

follón2.
(Cf. follar2).
1. m. coloq. Alboroto, discusión tumultuosa.
2. m. coloq. Desorden, enredo, complicación.
3. m. ant. Cada uno de los vástagos que echa un árbol desde la raíz, además del tronco principal.

La palabra de hoy, es para mi motivo de descojone, es decir; de risa franca, no de esa sonrisilla cuasi meliflua. Os diré el porqué.
A fuer de ser sincero, y aunque sea malsonante- mal oliente diría mejor- yo jamás me he tirado un follón. Me he tirado cuescos, pedos y ventosidades sin ruido como cualquier hijo de vecino, pero follones, jamás, lo repito.
También he tirado cohetes, (el de la foto es Morís, maestro artificiero) aunque todos con su buen trueno, vamos, como los buenos cuescos. Y esto es lo que me hace reír, la similitud.
Puestos a escoger, prefiero más la segunda acepción, esa que procede de follar, pues está uno más acostumbrado. (Al alboroto, al desorden etc., digo) La primera, la que procede de follis, fuelle, no me gusta, será que ya me queda poco.

martes, 4 de junio de 2013

¿Que los sueños, sueños son?



Anoche soñé. Como casi todas las noches, pero si casi todos los olvido apenas levantado, algunos, los que juzgo premonitorios, no. Es un mecanismo que no depende de mí, que sucede así, sin más.
Esos que recuerdo, son siempre pesadillas. Quizá algún entendido diga que es normal; es posible. Pero a mí no solo me acongojan, me preparan para lo que ha de venir, y eso si me asusta. ¿Serán premoniciones, o simples coincidencias?

Anoche soñé. Iba por un camino hollado por ruedas de carro. En las márgenes la hierba crecía feraz y el campo abierto. Las lomas se sucedían y el sol brillaba en lo alto dando alegría al paisaje. Delante de mí caminaba mi hija que llevaba un pequeño perro por la traílla. Los bordes del camino se iban poblando de árboles, que a medida que avanzábamos, tupían el cielo con su enramado. Aquello ya era un bosque.

Al doblar un recodo, nos topamos con un túnel. Parecía húmedo y lóbrego. Ganas me dieron de dar la vuelta, pero, la chiquilla, en la confianza que da el llevar al padre en pos de si, o tal vez, que los niños desconocen lo que es el peligro, ya se adentraba en la tenebregura.

Un trecho adelante, se veía la luz que se proyectaba por un agujero en lo alto. Había allí, en el centro de aquel pasadizo, una sala grande, y a un lado, una charca no muy profunda; un mozalbete bañaba a su perro en ella. Nuestro perrillo corrió a zambullirse tal y como viera al otro, pero este, molesto, le lanzó un mordisco. Los tres gritamos al unísono, el perro grande, comprendiendo el mal que había hecho, salía del agua y, acobardado, mirando hacia atrás, trataba de escapar del agujero. La niña lloraba, el chico reñía a su can, mientras, yo recogía al nuestro, que cual muñeco de trapo, ladeó la cabeza con el cuello roto.
Aquí acabo el sueño; desperté agitado y gritando.

Lo cierto es, que no tengo ninguna hija, ni tampoco perro, pero lo primero que pensé, sin poder apartar aquellas imágenes de mi mente, fue que debía de andar con cuidado en los próximos días; estos sueños me suelen traer consecuencias.

Hace tiempo, le levanté una chabola de esas de madera que venden para los jardines. Hoy fuimos a comprar un estor para las ventanas. Cuando llegamos, cogí las cortinas, la caja de herramientas y el taladro y me dispuse a colocarlas. Metí todo dentro echando en falta un listón de madera que necesitaba. Cuando regresaba con él, tropecé en un paso de la escalera, me caí hacia delante, me dí un coscorrón en la frente y me clavé la llave en la mano, que estaba colocada en la cerradura. ¡Ya empezamos! dije para mí pensando en el sueño. Restañe las heridas, unas tiritas, y al tajo. Pero el llavín se había roto quedando un trozo dentro, la puerta solamente abre con la llave. Saqué el trozo y me fui a buscar la de repuesto, pero no apareció. Entonces pensé, en que quizá con aquello que había sacado, me podían hacer un duplicado. Subí al coche y me dirigí al centro comercial. En una recta, de aquella carretera no muy transitada, un coche estaba parado en el arcén y una rubia minifaldera me hacía señales para parar. Precavido miré a todos lados, el camino estaba despejado, nadie en los alrededores. Se había quedado sin gasolina y necesitaba que alguien la llevara al centro comercial para comprarla. La dejé subir. Mientras ella iba a lo suyo, yo a lo mío, quedando a la entrada para llevarla de vuelta. El Mister Minit estaba cerrado, esperé un cuarto de hora, pero como no abría, me fui. A la salida ya me esperaba la rubia, junto al cajero. Fue entonces, cuando llegué a su lado, que me puso algo punzante en los riñones, me obligó a sacar mil euros -el tope- con los que se quedó, y vuelta al coche. De la gasolina, nada; no hacía falta. Me ordenó tirar la batería del teléfono, las llaves de mi coche y se largó. Para cuando hube recuperado las llaves, ya estaba lejos.
Ni siquiera me molesté en denunciar, no quería más líos. Durante la semana siguiente practiqué el sillón-bol viendo pelis de vaqueros y esperando a que escampase.