viernes, 31 de enero de 2014

El Sofá de Cierto Pelo.












Fui a comprar un sofá rojo que vi en un catálogo de un Iketal cualquiera. De esos que parecen de terciopelo, aunque a ciencia cierta no sabes de qué pelo se trata, pero parecía bonito. Me llevé el remolque, pues es conocido, que en centros de este tipo, el que compra lo tiene que transportar o pagar por ello. Y menos mal que me lo cargaron, lo malo sería para meterlo en casa.

Al volver, me pasé, por ver si le vendía algo, a un cliente que tiene un puticlub en las afueras, al otro lado de la cuidad. Le vendo de esas arandelas de goma para los urinarios, y que se ponen para que las colillas y otras porquerías no los atasquen. También le vendo jabón lavamanos y cajones de trescientos paquetes de preservativos que yo negocio en Inglaterra.

Como quiera que la entrada al aparcamiento es un tanto dificultosa para vehículos "longos", lo dejé aparcado cerca de allí, en una plazoleta de albero, donde varios niños jugaban a las canicas. A la vera de un taller exposición donde el dueño se dedica a hacer esculturas de madera a base de moto sierra. Échale un ojo, le dije al tipo que estaba estocinando un grueso tronco, y él me contestó con un ¡Ya! ¡Ya! que no supe si quería decir que sí, o que me fuera a la porra.

Cuando volvía del negocio, ya de lejos vi el coche rayado, el sofá enseñaba sus tripas de guata y gomaespuma, lleno de tierra y sin cojines. Los niños, que en aquél momento se ensañaban dando palos a los pilotos traseros del remolque, salieron como alma que lleva el diablo al verme correr hacia allá gritando. De paso le vocee al tallador; ¿Pero no ves lo que están haciendo? Más él se llamó andana y, con un encogimiento de hombros, prosiguió su labor.

Como quiera que yo fui en otro tiempo campeón provincial de los tres mil obstáculos, Salí en persecución de los críos que me observaban desde la lejanía. Muy astutos ellos, cada cual tiró por un lado, así que solamente pude seguir a uno. Lo pillé, y cogiéndole por una oreja, le hice que me llevara a su casa. ¡Más me valiera haber ido al cuartelillo!

Abrió la puerta la madre del angelito...

- ¿Qué hace? ¡Suelte inmediatamente la oreja de mi hijo, so bestia, que se la va a arrancar!

- Señora, comencé yo soltando al chico, este golfo y sus amigos me han destrozado el coche, el remolque y un sofá recién comprado que iba encima. Venga a verlo, está en la plaza.

- ¡Habrase visto el animal, mira si no le ha dejado roja la oreja!

- Eso no es nada para la tunda que se merece, señora.

- ¿Has ido hasta la plaza? ¿No te tengo dicho que es peligroso atravesar la carretera? Anda, entra en casa que vamos a hablar los dos.

La mamá ya se daba la vuelta empujando a su retoño, y yo, que vi que me iba a quedar a la puerta y con la palabra en la boca, la cogí por el brazo a la altura del codo.

- ¡Quite la mano de encima, cafre! - Me espetó, con los ojos inyectados en sangre. Pareció que me entrara la calambre, y solté raudo, aunque no por ello dejó la señora de lanzar improperios- ¡Habrase visto el garrulo este! ¡Largo de aquí, mendrugo!

Con las voces que daba, las vecinas del poblado de la cementera, todo de casitas bajas adosadas, se fueron arremolinando: 
- Que qué quiere el gañan este, la una, 
- Que no hay derecho a tratar malamente a una mujer que está tan ricamente en su casa, la otra.
- Que voy a llamar a los guardias...

 Así que, viendo imposible entablar conversación con quien no quiere escuchar, me di media vuelta. El que iba a ir al cuartelillo era yo.


Ya anochecía cuando llegué a donde tenía aparcado el auto, bueno, a lo que quedaba de él: me habían volado las ruedas dejándolo sobre tacos, el remolque se esfumó, faltaba la radio, lo que llevaba en el maletero y piezas del motor. El artista había cerrado el negocio. También yo había cerrado un buen negocio ese día; trescientos euros de ganancia y cinco mil de perdidas.

2 comentarios:

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo. Dirás que qué poca vergüenza tengo. Tú sabes que no. Estoy empezando a pasar a veros y tú has tenido el honor de ser el segundo (de Humberto no me salto ni uno)
Me ha encantado el relato. Tiene chispa, gracia, los personajes muy bien dibujados. Tu estilo, como siempre, impecable. Es un placer leerte, cada día más.
Espero que vuestra salud (la tuya y la de tu mujer) anden mejorando.
Un fuerte abrazo.
¡Ah! Y me encanta el nuevo aspecto del blog.

Alfredo dijo...

Marta.
Gracias por la deferencia.
No me lo tomo a mal, estoy acostumbrado a que se cansen de mi cháchara. Lo importante es que tú estés bien, yo bien, mi mujer regular.
Salu2.