lunes, 10 de febrero de 2014

El Síndrome de Peter Pan y el Reloj de Arena.


Cuando somos pequeños, deseamos hacernos mayores. No todos, pero sí la mayoría. Es una prisa engañosa, pues solamente quieres llegar a los veinte, alguno más, pero no pasar de ahí. Pareciera que es un síndrome encubierto de Peter Pan. No soy experto, pero me atrevo con osadía a afirmar, que aquel que niegue tener dicho complejo, miente como un bellaco. ¿Quién no se ha teñido el pelo, inyectado botulina para quitar arrugas, utilizado afeites de todas clases, arreglado papadas, colocado implantes...? Todo para mantener la lozanía de los años jóvenes.

Yo tengo ese síndrome: soy irresponsable, rebelde, narcisista, manipulador, arrogante, solitario... pero sobre todo, jamás he querido envejecer, no quiero ser mayor, y de hecho, no lo soy. Ahí está el meollo de la cuestión, todo lo anterior es pura bagatela.

¿Desde cuándo sucede esto?  Desde siempre. A mí me costó mucho trabajo dejar la teta; caldar pleno de néctar y ambrosía. Era mi madre mujer sumamente delgada, casi escuálida, tal vez se debiera a que le chupé, como se suele decir, hasta el tuétano. Sin embargo, ella poseía unos brazos poderosos que todo lo abarcaban, amparaban, protegían, mitigaban... Entre ellos, y en su cuello, arrimada mi cara a su mejilla, se contenían las salobres lagrimas causadas por un dolor de oídos, porque me pillé los dedos con la puerta, o por aquella brecha de la frente producto de una caída. Sana, sana colita de rana, si no pasa hoy, pasará mañana.

Sí, yo no quería ir a la escuela. Berreaba y moqueaba dos velas largas en un sube y baja continuo hasta que mi madre las quitaba con el pañuelo, o vencía la atracción de la tierra. Mi padre me llamaba cariñosamente Luis Candelas. Mejor allí, de pie entre sus piernas, dándole la espalda, su cabeza junto a la mía y el Catón entre las manos. Mi dedo seguía la línea, ella lo sostenía y me alentaba cuando conseguía leer una palabra de un tirón.

No quería crecer. Siendo pequeño, podía ver lo que los otros más grandes no podían. Ante mí, las amigas de mi madre perdían el cuidado cuando cruzaban las piernas como en un Instinto Básico, prevención que sí tenían ante los demás. Un contra sentido, no quería crecer, pero si ver lo que escondían arriba, al final de los muslos.

Los pocos amigos que tuve, esperaban como agua de mayo el fin de semana o el verano para pasarlo bien y trabar amistad con alguna chica. Yo odiaba el fluir constante del tiempo, y, por ende lo, que representaba ese reloj de arena; casi lleno; inicio de la vida, casi vacío, la proximidad de la muerte.

De nada me sirvió el empecinamiento enfermizo por estudiar carreras, cuanto más largas mejor. Al final, cuando en las aulas comenzaron a llamarme carrozón, lo dejé y no tuve más remedio que ponerme a trabajar; ya no era, ni siquiera joven.


 Ahora, sin familia, sin haber disfrutado de la vida, siempre mirando al pasado, sin querer reconocer el presente, y casi vacío el bulbo superior, presiento tras de mí el esqueleto cubierto con túnica negra que, en una de sus manos, lleva el reloj de arena donde se ahoga mí vida.

14 comentarios:

Cronista Imaginario dijo...

Alfredo, yo te diría que no fueras tan derrotista. A mí no me preocupa cumplir años, de hecho antes me llamaban de tú y ahora de usted, y casi me gusta, haber llegado hasta aquí con una jodida enfermedad. Un saludo.

Alfredo dijo...

Cronista Imaginario.
Lamento haberte dado esa impresión, soy todo lo contrario. Aunque siempre se dejan retazos de uno mismo cuando se escribe, un cuento es un cuento y en él cabe de todo.
El título de mi blog es érase una vez... quizá. Con ello he querido indicar al lector, que lo que encontrarán son cuentos, aunque quizá, haya mucho de verdad.
Te agradezco mucho el comentario y siento de veras que estés enfermo.
Salu2.

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo. el síndrome de Peter Pan no es más que una muestra de inmadurez. La resistencia al paso del tiempo inexorable, es estéril. Luchar contra la vida y su evolución: nacer, crecer, madurar, reproducirse (llegado el caso) y morir. Nadie escapa a ese destino, ni con botox ni con personalidades infantiles e irresponsables que amargan más la vida y no dejan disfrutarla.
Recuerdo que cuando trabajaba, los viernes todos decían: ¡Uf! Una semana más y yo maliciosamente les decía y una menos...
Me gustan mucho los cuplés, el de Reloj no marques las horas... en especial. Sería maravilloso poder parar el tiempo feliz y acelerarlo en la desgracia. Son sueños momentáneos en los que no podemos evitar caer.
A mi hijo pequeño nunca le gustó cumplir años: en su 7º cumpleaños, uno el más oposición mostraba a ser más mayor, le pregunté el motivo y me dijo: porque todo el mundo me dice que como soy mayor tengo que hacer muchas cosas: estudiar, recoger los juguetes, hacer deberes, ser responsable.Y concluyó: ¡No quiero ser mayor!
Yo me preocupé, pero luego me di cuenta de que era un razonamiento muy inteligente: es un lince delegando, tanto en su trabajo como en su vida personal.¡Dímelo a mí!

Maria do Sol dijo...

Acho que o tempo é como a espada de Dâmocles: está sempre sobre a nossa cabeça. Todos somos um pouco "Peter Pans" porque afinbal, envelhece o corpo mas a alma é a mesma...
Adorei o texto.
As melhoras para a tua esposa.

Abrazo

Alfredo dijo...

Marta.
Marta, El reloj es un bolero.
Aunque casi siempre que se menciona el síndrome de Peter Pan, es para relacionarlo con el paso del tiempo, hay otros factores que influyen de manera más perjudicial: Irresponsabilidad, rebeldía narcisismo, soberbia etc. Los primeros, solamente? modifican el cuerpo, natural o artificialmente. Los otros, hacen de su carácter algo tan especial, que se ven abocados a la soledad. (Esto me lo dijo mi amigo Sigmund)
Besotes.

Alfredo dijo...

María.
Gracias por tus deseos hacia mi mujer. Espero que también te sientas mejor. Agradecido por el comentario que me halaga.

Alguien dijo: "El tiempo no pasa por nosotros, somos nosotros los que pasamos por el tiempo".
Es cierto, el alma continúa siendo la misma a pesar de que el cuerpo envejece, por eso yo prefiero pensar que... "Hoy es el primer día del resto de mi vida".
Salu2.

Elda dijo...

No sé como he llegado hasta tu blog, pero la verdad es que me alegro mucho porque me ha encantado leer este relato tan desenfadado y que me ha hecho sonreír ampliamente, y que con algunas de las cosas que cuentas me siento bastante identificada.
Me ha gustado mucho.
Un saludo.

Alfredo dijo...

Elda.
Me alegra que lo encuentres desenfadado, ya ves, hay quien opina que soy un derrotista. Para gustos hay colores.
Muchas gracias por leerlo y sobre todo, por dejar tu amable comentario.
Salu2.

Marina Fligueira dijo...

¡¡¡Hola, Alfredo!!!

¡Ay el famoso catón, yo también lo tuve en mis manos!... Era lo que había.
Veo que entus letras vas dando un paseo por el pasado, casi todos lo hacemos… Aunque ya nada nos ofrezca, es maravilloso recordarlo, sobre todo cuando los recuerdos son así de tiernos y bellos como tú nos los describes.
Lo de las aulas es corriente, con esta juventud demócrata en sandez, enseguida tratan a los profesores de carrozas, quieren o piensan que saben ellos más que el profesor. Uno mis hijos es profesor y todavía es joven pero ve y sabe de muchas historias parecidas a la tuya.

Estas últimas líneas me entristecen el alma… Aunque el sol se oculte y en la tarde llueva, no te rindas nunca.
Ahora, sin familia, sin haber disfrutado de la vida, siempre mirando al pasado.

Vive la vida que aún estás a tiempo, no te rindas como dijo el poeta, y no mires tanto al pasado, aunque no se olvida, tampoco hay nada que ir a buscar. Solo es pasado.

Te dejo mi gratitud y mi estima. Un abrazo y se muy -muy feliz.

Adelante amigo.

Alfredo dijo...

Marina Figueira.
No te entristezcas por mí Marina, que solo es un cuento. Tengo tres hijos, dos nietas y otro por llegar, jamás estoy solo, tengo a mi mujer y amigos que me estiman, aunque a veces pienso que no lo merezco.
De todas formas, el pasado hay que recordarlo,al fin y al cabo es la historia de una vida, y ya sabes aquello de... aquellos pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla. Cada uno de nosotros somos pueblo.
Salu2.

Marina Fligueira dijo...

Oye Alfredo, me sacas un peso de encima amigo, yo que soy así una sentimental de la vida y ademas me lo creo casi todo! Debe ser por que yo no miento y lo que escribo tiene mucho que ver con misma.


Te felicito y me alegra un motón, que tengas una vida tan hermosa que lo disfrutéis con salud y mucha felicidad. También dejo mi felicitación porque el relato esta muy bien también que parece realidad.

Un beso.

Alfredo dijo...

Marina Fligueira.
Gracias marina.
De eso se trata, de que parezca realidad. Supongo que en algún desgraciado caso, parte de esta ficción se ha dado en la realidad. Nada nuevo hay bajo las estrellas.
Salu2.

Anónimo dijo...

Que bonitas letras
Desde el otro lado del mundo hay un alguien agradeciendo el tiempo, a las insípidas tecnologías y la bendita coincidencia.
Tenga usted un excelente día y una más que buena vida.

Gracias

Alfredo dijo...

Anónimo.
Gracias por sus buenos deseos, lo mismo para usted.
Agradecido también por las letras que dejó en este cuento, que he tenido que releer, pues ya no lo recordaba.
Salu2.