miércoles, 19 de febrero de 2014

Las Pistolas del Abuelo. (Parte III de IV)

Él apuntó alto, o tal vez los plomos estaban descompensados; el suyo hizo sangre y me partió la clavícula, el mío, aunque apunté bajo, lo mató.

- Parece que aquel hombre era un poco tonto. Se buscó la muerte cuando minutos antes le devolvían lo perdido.

- Ya. De todas formas, me pregunto yo, ¿si él hubiera ganado en el duelo, a quién pertenecerían las ganancias?

- Daría por sentado que suyas.

-No sé,  ¿se dilucidaba el honor, o el dinero? ¿Prosigo?

- Sí, quiero ver en que para la historia.

Palop taponó la herida, y viendo que uno de los padrinos de aquel hombre era mucho mejor conocedor del oficio que él, me llevaron a su casa donde me extrajeron la bala e inmovilizaron el brazo. Entonces le pregunté si podía ayudar a Tyye. Unos días después, repuestos ambos, con trajes nuevos y en calesa, nos dirigimos a tomar posesión del lo que habíamos ganado. Allí nos esperaba una sorpresa.

La finca tenía ochocientos acres de terreno, una casa principal, cuatro chamizos dedicadas a los esclavos, secaderos, el establo... y una mujer de luto que hacía seis días que enterrara a su marido. Uno más de los que habían transcurrido desde que yo lo matara.
Me pareció joven, como de treinta, estilizada y bastante guapa. Ni un reproche, ni una recriminación. Tan solo quería saber que determinación iba a tomar yo con ella como nuevo amo de la casa. Le ofrecí dinero pensando que con él podría buscar una nueva vida al lado de su familia, o en otro lugar. Mas ella rehusó; prefería quedarse, si no tenía inconveniente, como ama de llaves en el caso de que yo estuviera casado, y si estaba soltero, entendía que debía ocupar el lugar de su marido a todos los efectos, puesto que lo había matado.
Me quedé tan sorprendido, que no acertaba a decir palabra. ¿Era aquello una especie de levirato? Me sacó de mis pensamientos la sagaz Tyye, que, aun sin conocer el idioma, comprendió lo que sucedía. Se colocó pegadita a mi lado a la vez que me asía de la mano.

- Perdone, ¿qué es el levirato?

- Es un tipo de matrimonio por cual una mujer viuda que no ha tenido hijos, se debe casar obligatoriamente con uno de los hermanos del esposo fallecido.

- Pero ese no era el caso...

- No, pero ella así lo entendía, quizá fuera judía, o tal vez pretendiera perpetuar sus derechos de esa forma. ¿Continuo?

Si, por favor.

Tendrá que ser como ama de llaves, si mi mujer quiere, le contesté.
- ¿Es ella su esposa? inquirió.

- Aún no, pero lo será.

- ¿Acaso no sabe usted en qué país está? ¿No sabe de conveniencias y convivencias sociales?

Discutimos el asunto durante varios días. Me remordía la conciencia solamente con pensar echarla, y tampoco quería aceptar aquella, más que oferta, lo que creí imposición.
Entre Tyye y Palop me convencieron. Abigail, que así se llamaba, viviría en la casa durante un año como ama de llaves, solamente pasado ese tiempo volveríamos a hablar de aquello

En aquél año transcurrieron muchas cosas: Tyye y yo tuvimos nuestro primer hijo. Palop ejerció de capataz una vez despedimos al anterior que utilizaba el látigo más de lo debido. El propietario de una plantación, que tuvo trece hijos con una esclava, fue asesinado por sus vecinos blancos. Tyye ofreció a nuestros esclavos pequeñas parcelas donde cultivaron o hicieron corrales en beneficio propio. También les dotó de nuevo ajuar y cacharrería.  Tyye me pidió que diese la libertad a todos los mayores de treinta y cinco años y yo accedí. Aquél que se quisiera quedar trabajando el tabaco, podía hacerlo. Allí tenían su casa y un pequeño estipendio. Ninguno se marchó.
De La habana llegó una carta conminándome a que me presentara para dar explicaciones de lo ocurrido con La Favorita. Del dinero reclamado, nada de nada.

- Los esclavos lo eran por toda la vida, ¿por qué razón deseaba liberarlos tan pronto?

- Aquella mi abuela era muy inteligente. A parte del buen corazón que pudiera tener, conseguía varias cosas: Tanto hombres como mujeres, a esa edad aún eran fértiles, podrían tener hijos libres, cosa que no sucedía, tanto si los dos eran esclavos como si lo era uno solo. La procreación en esclavitud, inducía al amo a vender y separar familias, con ello ganaba dinero y no alimentaba las bocas que le sobraban, pero volvía contra si la animadversión de las familias rotas.

- Ya comprendo. Oiga, los antiguos patronos de su abuelo, parecían catalanes ¿no? Por lo del dinero, digo.

- Ya. Hay correspondencia de Barcelona en sentido contrario a lo que los habaneros querían. Mi abuelo cobró íntegramente lo que se le adeudaba y  le ofrecieron el mando de otra goleta, pero no volvió a la mar.

Abigaíl parecía estar enamorada de mí. Lo notábamos cada vez que Tyye y yo nos besábamos. Se quedaba absorta y sus labios copiaban el gesto de los nuestros, incluso sus brazos hacían ademan de abarcar un hipotético cuerpo. Ella, que había visto nacer muchos niños negros en la plantación, apenas conocía a ninguno, sin embargo, a nuestro niño lo achuchaba, besaba y  hacía carantoñas. Gozaba cada vez que Ty se lo dejaba, estaba presta para bañarlo y no perdía ocasión de ver como mamaba.
Un día, Tyye quiso hablar conmigo "de cosas serias". Y seriamente, con un deje de tristeza en la voz, pero con firme resolución habló:
-  Abigail necesita un hijo. Va a cumplirse el año de aquel acuerdo, no esperes más, cásate con ella y dale un hijo. Estaré celosa, pero creo que es justo.

- ¡No lo haré! ¿Cómo puedes pensar tal cosa? Solo a ti quiero, solo de ti estoy enamorado, desde que con los grilletes al cuello pisaste mi barco, solo contigo me casaré.


- Lo nuestro no tiene futuro, yo seré siempre negra, tu, blanco. Este país no admite eso. Cásate con ella, dale un hijo, pero quiéreme siempre a mí.

Continuará.

5 comentarios:

Cronista Imaginario dijo...

Bueno, Alfredo, me tienes anodadado, ya me he leído los 3 capítulos, y a toda ostia, estoy tan tan pillado como el armero. Luego los leeré más despacio.

Evidentemente no he leído todo tu blog, pero éste relato, si no es tu obra maestra, le falta poco. Da envidia sana.

Por poner una pega, no termino de entender la obsesión del narrador con la pistolas del tatarabuelo, ya que aparecen relativamente poco en las memorias. Puede que lo resuelvas magistralmente en tu cuarta y última parte, o quizás debemos sobreentender que es el unico recuerdo tangible que le queda de su tatara.

Es muy ingenioso introducir el personaje del armero matizando detalles, y el entusiamo del narrador, probablemente si dibujaras sólol las memorias se haría tostón.

Ceo que se podría construir una muy buena novela sobre este esqueleto, así que como tú me dijiste en mi blog, lánzate!!

Ya le he comentado a mi chica que lea este relato, le gustan las novelas marinas casi tanto como a mí.

Un abrazo para el geniecillo ;-))

Alfredo dijo...

Cronista imaginario.
Tengo relatos largos, alguno interesante desde mi punto de vista, pero parece que al personal se le indigestan las letras en demasía. Si quieres te recomiendo alguno de esos a los que se les tiene cariño.
El narrador no tiene obsesión, por las pistolas, simplemente encontró unas cartas en el desván de la casa que el abuelo mandó construir en España y pensó que no estaría mal tener aquello que quizá fue el inicio de una nueva vida.
Cuando eras el sastrecillo valiente, creo haberte dicho, que no me veo capaz de escribir una novela. Yo no soy de letras, que era técnico industrial, y cometo demasiados errores. Tengo ideas -cuando las tengo- y me gusta llevarlas al papel, nada más.
Salu2 y gracias por comentario tan halagador.

fus dijo...

Pues para no se de letras, sabes narrar las situaciones, de maravilla. Enhorabuena

un abrazo

fus

Alfredo dijo...

fus.
Muchas gracias fus, espero que el final no desmerezca. Ya me dirás.
Salu2.

Elda dijo...

Genial, me ha encantado, yo creo que esta parte más que ninguna. ¿Será porque es más romántica?, jajaja.
Un narración estupenda.
Voy a ver si sigo, o si me voy a cenar...