viernes, 14 de febrero de 2014

Sueños en Colores que dan Yuyu

Archivo:HaremPool.jpg

Tengo un amigo que todos los días duerme la siesta. Una siesta de esas de meterse en la cama con pijama. Yo por el contrario, nunca la duermo. Todo lo más, el pigazu en el sillón mientras de fondo escucho el telediario. Pero esta tarde necesitaba la cama, y a ella me fui. Pijama no, que no uso. 

Me dormí enseguida, supongo, y enseguida, supongo, comencé a soñar. Estaba en el hospital, echado en una camilla del quirófano. No estaba muy seguro. La certeza llegó cuando al fijar la vista, vi la sábana verde cubriéndome las partes bajas. Quise incorporarme un poco para darme vuelta y ver algo que no fuera solo lo que veía. Conseguí girarme apenas sobre el lado derecho. Al momento, las piernas comenzaron a pesarme como plomo y quise moverlas, pero ya me fue imposible. ¡Maldita epidural! Exclame. Como quiera que la postura en que había quedado me resultaba incómoda traté de gritar para que me ayudaran. Pero mi voz no salió de la boca. Aquella congoja que sentí fue tan grande, que dije para mí; !esto es un sueño, y tengo que despertar! Y desperté boca arriba, estirado cuan largo soy y con dolor de espalda. Una mala postura. Media vuelta y a continuar durmiendo.

Comencé a soñar de nuevo, esta vez iba en coche. Los colores eran diáfanos y brillantes, pero solamente veía la cuarta parte del paisaje. Concretamente, la superior derecha. Parte del capó, negro brillante como cuando lo saqué del concesionario, la rueda delantera -desde aquél sitio imposible de ver- la calzada flanqueada por una tapia de piedra, un peatón arrimado a ella que vestía pantalón mahón, camisa azul claro por fuera, y muy al fondo, una construcción de casas. Reconocí al viandante que venía a la contra, era un piquiñin que salía a caminar con otro grandón, y pensé; ¿cómo coño anda este por aquí, si vive en otro pueblo? Nada más cruzarme con él, recordé que su amigo hacía ya tres años que había muerto, y que él mismo murió un año después. Comencé a sentirme desasosegado, desasosiego que se convirtió en yuyu, al ver que aquella torre de babel, de paredes de granito brillante, que creía eran pisos, no tenían ventanas, eran pequeños y todos tenían una cruz. Me desperté de inmediato.

Nuevamente me di la vuelta, y nuevamente me dormí y seguí soñando. Esta vez estaba al borde de la playa. La arena húmeda en la bajamar. El agua a lo lejos, allá en el horizonte, de color azul, más cerca, verde turquesa con algún ribete blanco, y, donde rompían las olas, gris negruzca con mucha espuma. Mar de fondo, me dije, y bajé a la arena. Del bolsillo del pantalón saqué una cometa y comencé a volarla. Fue entonces que vi un nutrido grupo, que remangados hasta la rodilla volaban cometas como la mía; rombos azulados con una pequeña cola. Aquellos maricuelos que saltaban cual si estuvieran danzando ballet, vestían pantalón azul oscuro, niqui de rayas horizontales blancas y azules y gorra con pompón rojo. Parecía una escuadra de marinos franceses.
Comenzó la enésima ciclogénesis, la mar bufaba, el viento arreciaba y aquello daba mala espina. Había que despertar. Y me desperté de mala leche.

Como quiera que se estaba calentito allí arrebujado, aún lo prolongué algo más. En un santiamén me vi en un serrallo. Los colores eran fascinantes, y las mujeres hermosas. Grandes cojines amarillos y rojos, colgaduras vistosas, pantalones bombachos de seda transparentes, corpiños de pedrería, diademas de rubíes, ojos negros, almendrados los unos, redondos los otros, velos translúcidos tras los que se escondían labios rojos, carnosos y sensuales. Y en un momento, cuando ya me las prometía felices, un moro grande, al estilo del genio de la lámpara, apareció con un alfanje y ojos aviesos. ¡Hasta aquí hemos llegado! Si piensas que me vas a dejar cual vulgar eunuco, me despierto. Y eso fue lo que hice.

Apenas media hora había pasado. Ya sé que fue la menestra de la comida, pero yo la siesta, en la cama... ¡Nunca maís!

2 comentarios:

Elda dijo...

jajajaja, pues vaya ensalada de sueños, ¡si que soñaste deprisa en tan poco tiempo!.
La verdad es que me he entretenido mucho leyéndote.
Volveré a leer las pistolas del abuelo.
Un gusto pasar por tus letras estupendas.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Si te entretuviste un rato, vale. Bueno no es, mi disculpa; estaba escribiendo las pistolas del abuelo.
Tengo mala memoria y he de llevar al papel lo que se me viene a la chola, que luego se me olvida.
Gracias por el comentario.
Salu2.