miércoles, 5 de marzo de 2014

Las Pistolas del Abuelo. (Capítulo 2 Parte III)

- Nos hacemos otros doscientos y paramos a comer, ¿vale? ¿Quieres que conduzca yo ahora?

- No, tranquilo, ya tendrás tiempo. Tú sigue, que yo escucho.

- De acuerdo.

El olor de los barcos negreros en que navegué, era insoportable. No tanto en la Favorita, pues como ya dije en algún lugar de esta mi pequeña historia, el capitán Dirck hacía que la sentina fuera achicada de continuo. Allí iba a parar el baldeo del entrepuente una vez eran recogidos por los niños los cubos para las necesidades. Si el tiempo lo permitía, se quitaban las lonas que cubrían la bodega, y desde arriba, manguera en ristre, se duchaba a los esclavos con agua de mar, que a decir de Plinio el Viejo, era buena para la tisis, la hemolisis, los senos inflamados y las vísceras todas. Pues bien, el olor de un barco que quema carbón, es igual, por no decir peor, que el hedor de los esclavos. El ruido infernal de la máquina, en nada se parece al batir de las olas, al golpeteo del casco contra el agua, del viento sobre la vela. En estos barcos, hay que ir siempre a proa, pues la carbonilla de la chimenea te ciega y atranca la nariz. Es cierto que el camino recorrido en un día, es casi el doble que en un velero, es cierto que no hay que sacar la culera por la borda, es cierto que los camarotes están dotados de lechigas confortables, pero aquél que está acostumbrado a un coy, lo echará de menos. ¡Nada hay como navegar a vela!

- De marino a labrador y ganadero, pero no se le olvidaba el mar.

- La mar Jorge, la mar,  que el  mar es masculino y lo que atrae al marino es su femineidad.

- ¿Estás de guasa?

- No. Cuando te acerques al muelle, pregunta a un pescador o marinero.

Al día siguiente de celebrarse el día de la patrona, el diez y seis, partió con la marea alta el barco anclado bajo los drops de carbón. Allí estaban Tyye, Pelayo, Gloria, Blanca y Enugu. Ty estaba hermosa con aquel vestido blanco y sin importarle que la crinolina se ensuciase de carbón por los bajos. Una sombrilla la guarecía del sol, los niños a su alrededor y Enugu, con diez y ocho meses en los brazos del aya.
La despedida fue emotiva. Besaba una y otra vez a Jhony y le pedía que tuviese cuidado, que volviera pronto. A mí; ¡Cuídamelo, cuídamelo! me repetía una y otra vez. No permitas que nada le pase. Cuando subimos por la pasarela, vi como enjugaba una lágrima con el pañuelo, pero solamente una.

- ¿Drops, Enugu?

- Los Drops eran unas torres desde donde se cargaba el carbón a los barcos, bien fuera para consumo propio, o para llevarlo de un lugar a otro. Enugu era el pueblo donde Kasinga vivió, en Nigeria, aunque ella había nacido en Togo. Al parecer, y en otro cuadernillo lo tengo leído, el cura no quería bautizar al chico porque no encontraba tal nombre en el santoral, y el abuelo lo convenció diciéndole, que en aquella tierra africana de donde la madre provenía, eran todos muy cristianos, que la fe la había llevado un misionero explorador valenciano, y que si él, el párroco, no sabía de ningún San Enugu, no era porque no los hubiera, Con veinticinco pesetas y que se pasase por la mantequería de Pelayo II, arreglado.

- ¿Pero ya existía la peseta?

- La primera moneda que se acuñó bajo la denominación pesetas, fue una pieza estampada en Barcelona en 1808, cuando los ejércitos de napoleón andaban por allí. Era de dos pesetas y media. En 1868, se unificó en toda España, hasta entonces había una buena mezcolanza de pesetas, escudos y reales. Creo que en total había veintiún tipos que acuñaban en distintas regiones.

- Oye, ¿así que también tenían una mantequería?

- Compraron un local en el Barrio del Carmen, y pusieron un comercio donde se vendía además de la leche, derivados como la manteca o el queso. Más tarde abrieron otra en La Plazuela de San Miguel, donde vendían helados.

- ¿En ese tiempo? ¿Sin electricidad? No me vaciles Pelayo.

- Construyeron una nevera en algún lugar de la Sierra del Aramo, ya sabes, esos hoyos donde se guardaba la nieve del año bien apisonada y que luego se iba extrayendo según necesidades...

- Oye, Pelayo, ellos salieron en agosto, el dieciséis, pero la Patrona es el ocho de septiembre...

- La Patrona de Gijón, Jorge, Nuestra Señora de Begoña. ¿Sabes por qué la patrona, de Gijón es la virgen vizcaína?

- Pues no.

- Verás, a comienzos del siglo XVlII, unos pescadores, creo que de Bermeo, que volvían de las costas de Terranova, pidieron protección a la Virgen de Begoña, Patrona de Vizcaya, ante el peligro inminente de muerte por una terrible tempestad, prometieron, si salían con vida, dedicarle una capilla en la  primera tierra que tocaran. Arribaron a la playa de Gijón y cumplieron su promesa.

- Está bien, venga sigue, que me pierdo.

Navegamos con buen tiempo y ya en La Habana, sin casi tiempo siquiera para bajar el equipaje, abordamos un bergantín que partía para Charleston, la travesía fue rápida.

El puerto de Charleston era un hervidero de gentes que hablaban todos los idiomas, barcos de vapor, goletas y bergantines gabarras y hasta viejas carracas que utilizaban para el comercio con las islas. Carromatos, almacenes, grúas... Una abigarrada y multicolor masa de hombres de todas las razas; pelirrojos irlandeses, rubios alemanes, chinos con coleta, mulatos... Me llamó la atención un libro en un escaparate y entré a comprarlo para Ty, el título; Uncle Tom's Cabin. El librero me dijo que ya se habían vendido más de un millón de ejemplares y que trataba de esclavos. Creí que le haría ilusión, presumía que el regreso sería rápido.

La ciudad era también era un hervidero político. El partido demócrata sufrió una quiebra; mientras los sureños estaban a favor de la esclavitud, los del norte estaban en contra. En la convención del partido, cada facción eligió su propio líder, Carolina del sur salió de la Unión y en el 61 comenzó una guerra que duraría cuatro años.

Pero eso todavía estaba por llegar, nosotros, tras dormir aquella noche en un hotel, nos fuimos hasta la plantación. En cierto lugar del camino hice una parada, Jhony quedó con los caballos y yo fui a acariciar el tronco de cierto cerezo negro de entre los varios que había. Mi mente voló hacia atrás en el tiempo, a la noche en que dormí bajo aquel árbol en compañía de Ty, la noche en que ella dejó de ser una pieza de indias.
Continuará.

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