viernes, 14 de marzo de 2014

Un tal Antón de Benamexir. (Parte II de II)

¿Tenía sentido aquello? ¿Qué hacía concretamente ese versículo del Cantar de los Cantares, bajo el sello de Salomón? Ni lo uno ni lo otro estaba en la puerta original. ¿Una floritura del artífice?

- ¡Más luz, Antón, más luz!

Y el campesino voló, ante tan imperativa orden, a por dos antorchas de las otras habitaciones. Abraham buscó entonces cualquier resquicio entre las juntas, la llave que abriera aquella puerta de roca. Ni los lirios ni ninguna de las granadas parecía ser esa llave, además, estaban demasiado altas. Lo que buscaba había de estar al alcance da la mano, a la vista, para que nadie lo viera. Entonces, volvió al centro de la puerta y empujó con cuatro dedos el hexágono interior de la estrella. El botón se introdujo liberando algo con un leve chasquido. Un ruido como de agua comenzó a oírse tenuemente. El murmullo fue creciendo en intensidad hasta el punto en que ambos se retiraron medrosos hasta la pared opuesta. Las columnas parecieron exudar pequeñas gotas de rocío -diferencia de temperatura- pensó el judío que apenas abría la boca. Cesó el rumor; allí donde había ido a parar el agua, debía de estar lleno, o se agotó.  De repente, un crujido y la losa comenzó a moverse hacia un lado. Era una puerta de corredera, movida con toda seguridad, por la presión del agua y un mecanismo de poleas. La ranura dejó pasar los rayos de una luz blanquecina y casi deslumbrante, que fue aumentando a la par que la piedra se movía. Una lámpara de cristal colgada en el centro del techo iluminaba toda la estancia. Sobre el piso se hallaba un sarcófago abierto, un joven lo ocupaba flotando en un líquido ambarino. Parecía estar vivo, pues sus carnes no estaban corrompidas, más, la piedra a los pies del túmulo, bien claro decía: Jacobs Tamuz; muerto en el año 5010. Abraham calculó rápido; el tal Jacobs llevaba allí desde el año 1250 de la era cristiana. (5010-3760=1250) (1380-1250=130) Es decir; 130 años.

El judío sabía lo que sucedería a continuación, no había un segundo que perder, sacó de la faltriquera un pomo que llevaba, lo vació en el suelo y se lo pasó a Antón- ¡corre, llena el pomo con ese aceite! Antón dudó, estaba mudo por aquello que veía. Abraham urgió de nuevo- ¡corre cristiano, yo me quedo para abrirte si la puerta se cierra! y Antón metió la mano con el pomo llenándolo, en aquel preciso instante, la lámpara cambió su intensidad, el sarcófago se empezó a desmoronar, el ambarino líquido a derramarse por el suelo donde la tierra lo absorbía, y el cuerpo del doncel a corromperse por falta de alimento. Un instante después la lámpara dejó de ser eterna; explotó.

El judío arrancó el pomo de la mano del labriego, lo cerro y le gritó ¡corre! y corrieron hacia afuera, hacia la luz natural. Momentos después, la techumbre cedió formando un socavón que fue llenándose de agua. La mano de Antón, aquella que se sumergió, estaba ahora fina, sin callosidades, y hasta el agarrotamiento de los tendones se le había quitado; podía abrirla y mover los dedos.

El hebreo sabía muchas cosas sobre lámparas perpetuas, los cristianos no. Para ellos, los cristianos, aquello era obra del demonio; ya San Agustín hablaba de un templo egipcio consagrado a Venus, con una lámpara que ni el viento ni el agua podían extinguir y que había que destruir. Y los constructores de las lámparas, celosos de su secreto, procuraban, arteramente, colocar trampas para conseguir que continuaran creyendo lo que así era; un secreto.

Mientras Antón miraba atónito su mano, Abraham traducía a imágenes sus pensamientos influenciado, tal vez, por los versos:  Moza casadera, o tal vez recién casada, ve morir a su joven esposo: "Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma; Lo busqué, y no lo hallé". Eso era lo que había escrito en la viga. Manda construir aquél mausoleo- quizá ya estuviera hecho de antiguo- y, conocedora de los artificios de cierto rabino francés, consejero de Luis IX de Francia, le pide construya la lámpara y conserve el cuerpo de su amado. 
Probablemente, la familia se ha reunido en la sala contigua, han observado la Shivá mientras el francés trabaja. Enlutados recitarán el Kadish tres veces por día, después... quién sabe.

Antón y Abraham se despiden allí mismo. El judío le pide no comente  nada de lo que ha visto, ya que le tomarían por loco, y le "premia" con unas monedas y la exención de la renta de las tierras durante aquél año. Del pomo y su contenido, nadie parece acordarse.

Pero Antón no deja de darle vueltas a la cabeza. Su mano, enfundada en un mitón para que su mujer no se dé cuenta del cambio sufrido, le recuerda de continuo lo acaecido. ¿Podría aquél líquido, tomarse como bebedizo para rejuvenecer? ¿Impregnado en una mecha, no alumbraría la casa entera?  ¿A qué fue debido el derrumbe, cual el mecanismo, porqué no había nada de valor?

El labriego ha trazado un plan: Pedirá a Abraham parte del líquido recogido. Si se negara, lo amenazaría con denunciarlo al obispo de Córdoba, y no estaban las cosas entre judíos y cristianos como para entablar un pleito. También podía hacerlo ante la Orden de Santiago, que había recibido de Alfonso X la donación del castillo de Benamexir, y se hallaba molesta porque parte de lo que creía sus tierras, pertenecieran a un judío.

La Iglesia prohibía a los cristianos los préstamos con interés sobre prendas, por ello no era extraño ver por la judería algún cristiano. Antón, no obstante, procuró ocultarse de cuantos más mejor aquél nefando día en que fue a reclamar lo que creía pertenecerle. Llamó. Abraham abrió el postigo manteniendo la puerta cerrada. Qué quieres, pregunta hosco a modo de saludo. Hablar sobre una cuita que me reconcome, respondió. Hoy no puede ser, tengo un avío que resolver. No me hice yo casi veinte leguas para que me des con la puerta en las narices, abre y hablemos. Está bien, pero apura que llevo prisa.

Y Antón reclamó su parte del botín.

- Lo que buscas es humo, todo se perdió, se evaporó como se evapora el agua del botijo, como la que cae en los chaparrones de verano sobre la piedra recalentada por el sol, como se evapora en la tina del herrero al contacto con el hierro candente...

- ¡Para, para! ¡Vaya parla que te traes hoy!

Discutiendo, discutiendo, las palabras se fueron a mayores, Antón que coge un candelabro, Abraham que cae al suelo, que se forma un charco de sangre en el piso, que el judío estira la pata, que el asesino huye emboscado en la noche.

La mano de Antón se ha vuelto de nuevo áspera, ha perdido la flexibilidad y los tendones se han vuelto a encoger. Nadie le persigue, y algo ha ganado con el crimen; jamás pagará arrendamiento por aquellas tierras. Solo hubo de dejar pasar el tiempo, y en el año 1391 de los cristianos, el 5151 de los judíos, en que fueron masacrados y sus casas asaltadas, robadas o incendiadas, Antón presenta una reclamación sobre las tierras. Él es quien ha pagado estos años al Rey los impuestos por esas tierras que cultivaba, y destruida la aljama, ningún documento de propiedad hay que lo contradiga.


Perdiéronse por este levantamiento en este tiempo las aljamas de judíos de Sevilla e Córdoba e Burgos e Toledo e Logroño, e muchas otras del regno; e en Aragón las de Barcelona e Valencia e otras muchas; e los que escaparon quedaron muy pobres.

Pero López de Ayala.


8 comentarios:

Marina Fligueira dijo...

Hola Alfredo: Los judíos siempre perseguidos y masacrados en casi todas partes del mundo.
Pero ahora, y ya hace mucho tiempo, ellos también masacran sin piedad.

Mi abuela cuando le regañaba a un nieto, la decía ¡¡¡eres un Judío coño!!!

No sé el porque pero nunca tuvieron buena fama; sin embargo yo siempre escuché decir que son muy buenos negociante, que son muy inteligentes ávidos para las negocios.

Bueno, pues ha sido un placer esta lectura.
Te dejo mi gratitud y mi estima.
Un besito y se muy muy feliz.

jose luis dijo...

MUY BUENO YA TE COMENTARE CUANDO LO LEA MAS DESPACIO

Alfredo dijo...

Marina Fligueira.
Muchas gracias por el comentario, me alegro que te haya entretenido un rato.
En todas las razas, en todas las naciones y en todos los tiempos, ha habido y habrá malas gentes que por diversas causas buscan el mal de sus semejantes. Ya sabes el dicho aquel: El hombre es un lobo para el hombre. Yo creo que peor, al fin y al cabo el hombre cree ser un animal RACIONAL.
Salu2.

Alfredo dijo...

jose luis.
Honor que me haces. Gracias por el comentario.
Salu2.

Elda dijo...

Ha resultado un cuento muy interesante, y lo mejor de todo, la capacidad de inventiva y lo bien escrito que está. Me ha encantado Alfredo, pero no he entendido las operaciones de los años, jajaja.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Vamos a ver si soy capaz de explicar lo de los años. El calendario judío comienza con el Génesis y la creación de mundo el día 1 del año 1. Jesús de Nazaret, nacería según el computo del calendario gregoriano, 3760 años después. Luego, nosotros, que comenzamos el calendario contando a partir de Cristo, llevamos 3760 años de retraso. El año 2014, es para los hebreos el año 5774. También los chinos se rigen de manera distinta, pero eso no lo sé calcular.
Muy agradecido por el comentario y alegre de que lo hayas encontrado ameno.
Salu2.

Elda dijo...

Ah mira!!, he vuelto por si tenías algo nuevo, y me he encontrado con tu amable explicación. Me he enterado, pero seguro que dentro de nada se me olvida, jajaja.
Gracias.

Alfredo dijo...

Elda.
Yo siempre procuro contestar a las preguntas que se me hacen, también a las dudas que pueda suscitar algún pasaje y, si viene al caso, intercambiar opiniones.
Gracias por pasarte.
Salu2.