domingo, 18 de mayo de 2014

La Luna, el Sapo... y otros pocos







Carretera d'Avilés
un carreteru cantaba
al son de los esquilones
que so parexa llevaba.

Marineru arría la vela
que ta la nueche
tranquila y serena.

Nueche tranquila y serena
non ye bona pa rondar
que pa los enamoraos
ye meyor la escuridá.

Marineru arría la vela
que ta la nueche
tranquila y serena.

La gaviota que yo quiero
non taramiella la mar
lleváronla vientos ruinos
anque non había tempestá.

Marineru arría la vela
que ta la nueche
tranquila y serena.


Estaba la noche tranquila y serena, luna en creciente avanzado, o quizá en menguante, que siempre dudo si los cuernos apuntan hacia la izquierda en creciente, o si lo hacen al contrario. 

Las aguas del Reconco brillan como la plata dejando a su paso un rumorcillo tenue y acompasado. Dos pequeños murciélagos parecen volar erráticamente, más son esos continuos quiebros, subidas y bajadas en busca de mosquitos y polillas, calculados con precisión. 

El silbido del sapo partero llama insistente a una posible pareja, es un canto monótono en lo sonoro, en la intensidad y en el tiempo, y que noche tras noche, con esa insistencia del que ansía un encuentro, proseguirá hasta ver cumplido su deseo... a pesar de los peligros que corre. Espero que a nuestro sapo no le ocurra como a aquél otro de la leyenda Mapuche. Cuenta la leyenda, que sabedor el zorro del atractivo de la voz del sapo para los pájaros, le pidió prestada por una noche su silbido para atraerlos y darse con ellos el festín que las aves querían darse con el sapo. Pero el zorro, zorro él, engañó cada noche al sapo para no devolverle su voz, y dicen, que aquello fue el comienzo, para que los zorros aprendieran a imitar la voz del sapo y así poder cazar. 

Es primavera. La hierba está bastante crecida. Un corro de hojarasca ha quedado del otoño y ahora algunas castañas han empezado a germinar. Los débiles tallos tratan de abrirse paso desde las de abajo, junto a la tierra que les han servido de compost, hasta las de arriba más sueltas. La hierba se mueve, tal parece como si fuese una culebra por el perceptible reguero que deja camino de la hojarasca, pero ellas no son noctámbulas. ¿Y esa bulla entre las hojas? Sin duda unos ratones de campo que van de juerga. Han topado con castañas mayucas y dejan de enredar. La luna ilumina el corro, también unas pocas luciérnagas fosforescen en el seto mientras desde una rama un autillo vigila. Las manecitas de los ratoncillos voltean los frutos arrimándolos al pecho cuando mastican. Están sentados sobre sus cuartos traseros al calorcillo que desprende la hojarasca en fermentación, sus redondos y negros ojos brillan cual alfileres de cristal; orejas tiesas y prestas al menor ruido. Y la rapaz, desde el árbol, que no pierde ripio. ¡Aquí se masca la tragedia! 

En un momento se dan las circunstancias precisas para que suceda lo que ha de suceder; el pájaro en la rama, la luna que ilumina por detrás, los ratones de frente saboreando sus frutos y el sapo cantando algo más lejos. Allá abajo, junto al río, cuatro perreras en un rectángulo, dos perros en cada una parecen dormitar, todos menos uno que ha oído algo. Pregunta; ¿Guau guau guau?- ¿Quien anda ahí? Y uno, al que no veo, al otro lado del camino, contesta; ¿Gua guau, guau guau guau? - ¿Y a ti, qué coño te importa? La voz parece de perro pequeño y cascarrabias. Los demás perros despiertan y unen sus voces al concierto: ¿Guau guau?- ¿Qué sucede? ¿Donde, quien? Y el primero pone al corriente a sus compañeros; Gua guau gua guau guau guau guau- Ese zoquete del vecino que anda husmeando. Guau gua gua gua... - Zoquetes lo seréis vosotros que pisáis y oléis vuestras propias mierdas y orines. ¡Perros de caza! Tanto pedigrí y os pasáis casi todo el año sin salir de ahí. ¡Anda y que os den! 

Seguramente el perrillo ha dado media vuelta y se ha marchado, mientras los otros continúan con sus imprecaciones que a nadie interesan ya. 

A los primeros ladridos, el pájaro se ha puesto nervioso, teme que sus presas se escondan y lanza el ataque. El haz que la luna derrama, se ve interrumpido por el vuelo del ave. Un fallo de pájaro novato que no ha tenido en cuenta la sombra que proyecta, los ratones sueltan las castañas y huyen, la lechuza ha hundido sus uñas en las hojas en un ataque fallido. Tal vez se fió más de su vista que de su oído, tal vez el oído se atolondró con los ladridos. Volverá a su rama con el estómago vacío, y mientras, contradiciendo la canción, el sapo ha encontrado su pareja y junto a las piedras del estanque donde habitan los peces de colores, hacen el amor a la luz de una luna, que no sé si está en menguante o en creciente.

9 comentarios:

Humberto Dib dijo...

Hola, Alfredo, tanto tiempo...
Me gustó mucho, fabuloso, fábula-loso.
A veces no me da el tiempo para venir a leer a los amigos, disculpas.
Un fuerte abrazo.
HD

Maria do Sol dijo...

Hola mi amigo

O teu relato parece uma pintura daquelas que olhamos e vemos as formas e as cores...
Adorei.
Abraço

Alfredo dijo...

Humberto.
Gracias por el comentario, y no te disculpes, ya se que tienes demasiado tajo.
Salu2.

Alfredo dijo...

Humberto.
Si lees el comentario, me cogerás en un acento, lo siento, pero se me ha escapado.

Alfredo dijo...

María.
Gracias por el comentario, siempre tienes palabras amables para mí.
Salu2.

Elda dijo...

Jajaja, me ha encantado la conversación de los perros.
Al final todos se quedan con las ganas de comer, y el único que sale ganando es el sapo.
Me ha resultado muy ameno el cuento de este observador de la noche...
Un gusto volver a leerte Alfredo.

jose luis dijo...

Ya era hora de que dejaras de hacer el vago o es que no te das cuenta que el personal espera.......

Alfredo dijo...

Elda.
El idioma perruno es universal.
Algo había que hacer en favor de los sapos, muchos de ellos protegidos, y que aunque a algunos les dan repelús, son muy beneficiosos.
Gracias por el comentario.
Salu2.

Alfredo dijo...

jose luis.
Manin, el horno no siempre está para bollos. A veces la mente se preocupa más de sus achaques, que de inventar fábulas.
Salu2