lunes, 26 de mayo de 2014

Peregrino por Amor.



Serían las nueve de la mañana  más o menos. Me encontraba podando un seto de la finca, cuando vi venir por la carretera, un peregrino. Nada nuevo por estos lugares. De un tiempo a esta parte, el Camino del Norte es muy frecuentado, aún así, me causa gran admiración lo que ellos hacen, para mí imposible. Playeros, pantalón corto camiseta, mochila y sombrero de ala ancha. Un grueso bordón sobre los hombros y las manos cogidas casi a sus extremos me indicaron que aún estaba fresco y no necesitaba de apoyo. Al fin y al cabo, Gijón está solamente a ocho kilómetros y eso no es nada cuando ya se llevan recorridos más de cuatrocientos.

Alguien más, desde la finca de al lado, vigilaba. Era la Mora, una collie enana, mala como la quina, y que ladraba desaforadamente ante el menor movimiento de persona, animal o cosa.

La portilla de su finca, barrotes de hierro y alguna filigrana dorada, estaba entornada. Se agazapó tras el tercio inferior, ciego con una chapa, donde nadie la podía ver. Por esta vez ni siquiera abrió la boca. El peregrino saludó al paso con un buenos días y yo le respondí comentándole lo bien que se presentaba la jornada para caminar, a lo que asintió.

 Algo mayor que yo, como de cincuenta y ocho o sesenta, barba que parecía de ocasión, ojos azules, magro de carnes y bastante alto, me recordó a Paul Newman, tal vez por el acento. Pasada la entrada de mi vecino, la perra asomó el hocico y lo siguió con la vista. Yo miraba también, extrañado por una conducta no habitual en ella, y, entonces, echó una carrera y grapó a nuestro caminante a la altura de la pantorrilla. En un segundo, yo que grito ¡cuidado! el hombre que va al suelo aparatosamente, la perra que no suelta, el palo que trata de apartar al chucho con un golpe... un quejido lastimero. La Mora soltó su sangrante presa, movió sus patas tal si quisiera correr, luego, más despacio, como si le hubiera entrado la calambre, hasta que en un abrir y cerrar de ojos, expiró.

A las voces salieron a todo correr el vecino y su mujer, pensando que algún coche había atropellado al perro. Cuando comprendieron lo que había pasado, yo ya estaba al lado del hombre que sangraba abundantemente y medio conmocionado por el golpe contra el suelo. La mujer ni siquiera se fijó en él, se echó sobre el animal mientras que con gritos y lloros lo recogía en sus brazos: ¡ Me la ha matado, me la mató!

El peregrino musitaba una excusa; Pardon, attacked me without  provoke it! I did not even see it!

El marido por el contrario se fue hasta el caído, y con los ojos que se le salían de las órbitas, le atizó dos patadas en el pecho:
¡Maldito franchute de mierda, me has matado a la perra!

Lo separé no sin esfuerzo: ¿Eres idiota? Te está diciendo, que la perra lo atacó a traición, que ni siquiera la había visto, pero aunque no hubiera sido así, que lo fue, ¿cómo te atreves a patear a un hombre en el suelo? ¡Solamente le ha dado un golpe para quitársela de encima! Se metieron es su casa y nos dejaron allí sin comprender ambos aquella reacción del marido y la mujer.

Mientras sacaba el coche del garaje para llevarlo al hospital, mi esposa le había lavado la herida con agua y jabón y dejó de sangrar. El médico  de urgencias, luego de un rato, salió a hablar conmigo:

"Lo voy a dejar aquí esta noche, la pierna no me preocupa demasiado en principio, pero tiene una costilla rota y respira con dificultad. No es sitio el albergue para que pase allí la noche. Por los papeles, ya sabe que es norteamericano, no hay problema, otra cosa es que no quiere denunciar el hecho. Es sumamente importante, y urgente, saber si el perro está al corriente de de sus vacunas, de no ser así, tenemos un problema.

Le di el número de teléfono de mi vecino para que hablase con él, seguramente a mí no me haría caso. No sé lo que hablaron, pero antes de veinte minutos Pedro estaba allí con la cartilla.

Bill recibió el alta al día siguiente. Lo fui a buscar después de la comida y, dado que no podía continuar con su caminata, me lo llevé a Oviedo.

- ¿No sabes el dicho, peregrino?

- ¿A qué cosa refieres, Manolo?

- A este: "Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y no a su Señor". Por eso te he traído a la Catedral de San Salvador, para que veas el verdadero inicio del Camino, camino iniciado por Alfonso II rey de Asturias y apodado el Casto.

- Ya, sabía yo esta cosa, pero tiempo apremia, no podía perder dos o tres días. Ahora  soy castigado con infortunio.

- ¿Que más te daban dos o tres días? ¿No te alcanza el dinero?

- No the money no problem. Yo te cuento una historia. Mi mujer, Mery, enferma. Ella ve cinta The Way, protagonista Martin Sheen, en ficción Tom. Tom recibe noticia de muerte de su hijo cuando inicia El Camino. Viene de California a preparar vuelta a casa, pero decide incinerar cadáver y hacer él Camino llevando sus cenizas. Quiere cumplir deseo de hijo. Gustó mucho a Mery, que interesó muy mucho por Santiago y los peregrinos. Cuando supo que cáncer no tenía cura, me pidió hiciera Camino por ella. Yo escribo todos los días y explico Camino, sensaciones, gentes, vicisitudes, mando fotos de sitios... Mery espera llamada para venir, los dos andaremos desde Monte do Gozo hasta Santiago. Por eso tiempo apremia.

- No te preocupes, lo conseguiréis.

Bill durmió en mi casa aquella noche, después de visitar la catedral y de buscar por todo Oviedo el cachorro con más parecido que encontramos a la Mora. Mi vecino se sintió abochornado al recibir al perro y pidió perdón por lo sucedido. A la mañana siguiente, Bill se marchó. Me regaló un chapa esmaltada de esas a las que son tan aficionados los norteamericanos, con el escudo de Texas. Yo le di un consejo:

- Ésta carretera es peligrosa y molesta por el trafico que tiene, el viento y el polvo que levantan los camiones, y se hace eterna la recta hasta Tabaza, así que, mejor vas por ese camino paralelo que te llevará al mismo lugar. De paso podrás admirar los hórreos y paneras de las caserías, el Palacio de los Carreño, la finca donde Clarín pasó la niñez, y la Iglesia de Santa María la Mayor, en la que un cura cantero, labró muchas de sus piedras para su restauración. Aquí tienes este libro, La Regenta, sin duda la mejor obra de Leopoldo García-Alas Ureña, apodado Clarín. Buen Camino, amigo.

Y Bill, a la pata trinca, como yo digo, se lanzó a finalizar aquella vigésimo primera etapa de las treinta y dos del total.


Me llamaron por teléfono desde Santiago una vez finaliza la visita al Santo. Todo había finalizado con bien. Mery y Bill caminaron aquel trecho cogidos de la mano, y aunque yo apenas la entendía, pude comprobar el conocimiento, y la emoción con que hablaba del Camino. Tal parecía que ella lo había recorrido palmo a palmo. Se quedaron en Galicia unos días antes de emprender el regreso. Un mes más tarde, Bill me escribió una larga carta desde Corpus Christi donde vivían; Mery había muerto en paz y tranquila.

4 comentarios:

Victor Aranda dijo...

Emotivo relato, Alfredo, de un camino que que se hace tambien en el interior y que estimula el espíritu.
Es una ruta que deja huella, y ese Camino del Norte está en mi horizonte.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Victor Aranda.
Gracias por el comentario. Yo creo que no te defraudará. Haz planes.
Salu2.

jose luis dijo...

Bien, historia corta llena de mensaje y de que murio la perra ? no seria un castigo del santo apostol?

Alfredo dijo...

jose luis.
Afilas demasiado el lápiz, pero lees demasiado aprisa.
Respuesta: de un mal golpe.
Salu2.