miércoles, 30 de julio de 2014

El Viaje de Hermelinda.



Tengo una nieta de quince años a la que le encanta la lectura. Recientemente ha recibido  del Instituto el premio a la mayor lectora, queriendo yo, corresponder a mi manera. 
Le estoy escribiendo este cuento que sé le gustará. Es largo, y ya sé que los relatos largos tienen poca aceptación en este medio, pero no podía dejar de publicarlo.
Va por ti, Ana.






El viaje de Hermelinda.


¡Oh madre Nut!
¡Extiende sobre mí tus alas como las estrellas eternas!

Viajando en el avión que la llevará a El Cairo, Hermelinda, se ha topado con alguien con quien trabará amistad. 

- Hola, soy Aurora, viuda, sin hijos y profesora de matemáticas en el Instituto Doña Jimena.
- Yo soy Herme.
- ¿De Hermenegilda?
- ¡No por dios! De Hermelinda, pero prefiero Herme simplemente.
- Ya. Es un nombre precioso sin embargo. Seguro que provocas confusión como me ha ocurrido a mí. ¿No te gustaría más Linda?
- ¡Oh, no! Sí Hermelinda suena un tato barroco, Linda me parece muy americano, ya desde pequeña la gente se ha decidido casi siempre por descomponer el nombre; estoy acostumbrada.
Aunque el viaje no es de mucha duración, las dos mujeres tienen tiempo para confidencias, se nota que congenian ya a las primeras de cambio. Aurora le confiesa que hace estos viajes siempre sola, sin el condicionante de unas amigas de las que ya sabe demasiado. Ella prefiere conocer nuevas gentes, trabar amistades que la abstraigan de la rutina diaria. Hermelinda, le habla de su trabajo en el archivo del Ayuntamiento, de sus dominios en el "Palacio del Sótano"; cuarenta metros de oficina y casi cien del archivo propiamente dicho, donde no cabe una estantería más.
- ¿Es por ello que tienes la piel tan blanca? Porque tú eres morena ¿acaso te pasas todo el día sin ver el sol?
- Más o menos, las tardes las paso entre la biblioteca y mi apartamento. Me gusta mucho la lectura y apenas salgo. Doy largos paseos con mi perro Kazán, pero siempre por la mañana y al anochecer.
- ¿No hay un novio?
- No tengo. Hubo alguien que decía por mí beber los vientos, que me adoraba y tenía en un pedestal. Veneraba todo lo que hacía y quedaba con la boca abierta cada vez que hablaba de aquellas cosas que por los libros conocía. 
- Pero te parecía poca cosa...
- No, no es que él no tuviera su buen bagaje cultural. Según decía, era la forma en que relataba las cosas, el cómo las vivía, la pasión que ponía en lo que decía. En un principio, su amor me conmovía, yo también le quería, pero no estaba enamorada y aquello fue muriendo poco a poco. Le conocía ya demasiado bien, sabía cuál sería su reacción ante tal o cual cosa, las palabras que iban a salir de su boca... y con tal conocimiento llega la apatía, la desgana, el ansia por conocer nuevas gentes, nuevas cosas que me llenaran, que dieran satisfacción a aquel no sé qué que me carcomía por dentro. Mi deseo sería conocer ese amor arrebatador lleno de aventuras de placeres y pasión. Mi imaginación vuela cada vez que pienso en estas cosas y me imagino raptada por un jeque de blancas vestiduras a lomos de un brioso corcel. Atravesar dunas a la grupa del caballo con el raptor, y vivir momentos de amor en una jaima, con las estrellas por techo, y el ruidoso silencio del desierto. Tonterías mías, Aurora, quizá tenga la cabeza llena de pájaros.
- ¿Cuántos años tienes, niña?
- ¿Quieres el completo?
- ¿Cómo dices?
- Que si quieres la ficha completa: Tengo veintiséis, mido uno sesenta y cinco y peso sobre cincuenta. Los que presumen de conocerme dicen que soy introvertida, no se dan cuenta de que si hablo poco con ellos, es porque estoy harta de cuchilladas por la espalda. Sola en mi sótano vivo mejor, juzga tú.
- Para nada. Seguro que esos "compañeros" no merecen cancha. Hay mucho gilipuertas que se cree superior por ser funcionario.
- Y mucho machismo, mucha envidia, mucho trepa...
- Sí, es cierto. 
Para conocerse bien, nada mejor que hablar de todo un poco, así, descubren que ambas compraron el paquete vacacional en el mismo sitio, que se hospedarán y visitarán los mismos lugares programados, maniobra sin duda preparada por la chica de la agencia, que las conoce de otros viajes y ha decidido unirlas en este, a la chita callando.

Han llegado a al-Qahira; “la Victoriosa”, se alojan en un hotel de la isla de al-Gazirah, en el barrio residencial de Zamalek. No es que sea de lujo asiático como se suele decir, pero el hotel deja a Hermelinda con la boca abierta; nunca ha visto nada semejante: los mármoles y lámparas, el mobiliario y las telas, las plantas del jardín... todo le atrae, y  presiente que ha de vivir en una semana, sensaciones hasta la fecha desconocidas.

No ha transcurrido ni media hora, cuando Aurora toca con los nudillos a la puerta. Se ha duchado y cambiado de ropa vistiéndose de turista, o como ella entiendo que ha de vestir un turista en aquellas latitudes; Guerrera sobre camiseta blanca de algodón y pantalón corto de loneta ”marrón safari”, botas “básquet” y medias “Niké” de lana hasta la rodilla. 

- ¡Apúrate, chiquilla!  ¡Tenemos muchas cosas que ver, ya sabes que las ocho hay que estar de vuelta para la cena!.
- Ya acabo Aurora, pero dijiste cuarenta minutos, y no han pasado ni veinte. He estado en recepción pidiendo un plano.
-¡ Hay que bien! iremos al zoco ¿qué te parece?
- Por mi perfecto. Oye Aurora, ¿no enseñarás mucha pierna?
- Querida niña, ¿acaso no sabes que los egipcios siempre han ido con muy poca ropa?.
- Si, sé que las sirvientas o los pescadores a menudo solían ir desnudos, también los carniceros y muchos esclavos. También sé que gasas y transparencias eran comunes, pero eso... era antes de Cristo y de Mahoma. Te lo dije por las medias, tonta. Vas a pasar calor.
Cruzaron andando el puente sobre el río y se adentraron en la ciudad vieja en busca del centro. En la Plaza Tahrir, echaron un vistazo al edificio de la Liga Árabe y a la mezquita de Omán Makran. Hermelinda miraba el plano de vez en cuando, con lo que se percató de que había distintos “sucs”, cada uno de ellos especializado en unas determinadas mercancías. Manejaba  también un pequeño diccionario, que de algo, más bien poco, le servía. Descartaron en principio el de Khan al Khalili, pues el colorido de las especias no se lo podían perder. Por ahora estaban más interesadas en las joyas, cueros y cachivaches varios, así que se dirigieron al de An- Nahassin.
 Multitud de turistas como ellas curioseaban en el interior de las tiendas  o en la misma calle donde se ofrecían las mercaderías. Era un bullir de gente que hablaba en distintos idiomas y que vestía de mil formas, lo que producía en la chica una sensación inigualable.
Hermelinda se acercó a curiosear, entrando en una de aquellas tiendas donde había infinidad de bolsos de cuero colgados en el tenderete de la entrada. Eligió uno, e inconscientemente pregunto como si estuviera en un mercadillo español...
- ¿Cuánto vale este?
Al momento se dio cuenta de que debía de haber preguntado en ingles o tal vez en francés, pues el orondo vendedor de traje y corbata que la observaba, a buen seguro que no sabía español. Se equivoco. El hombre, que tapaba una incipiente calva con un fez de fieltro rojo oscuro le dijo...
- Hispaniola ¿en quieres pagar?: Libras egipcias, dólares, euros...
- ¿Entiende mi idioma?
- Ya ves que sí, hispaniola. Si tu pagas en dólares pagas cincuenta, si tu pagas en euros pagas setenta.
- Vale, gracias.
- Hispaniola tú no marchas, tú habla conmigo. Tú sabes que comercio no solo dinero, comercio habla, comercio llega a acuerdo, ¿sí?.
- No me interesa, gracias.
- ¿Tu di donde eres, hispaniola?
- Soy de Asturias..
- Ah, bonita tierra, yo comercio bueno en Asturias. Sí, pequeña tienda en feria muestra. También antes, de niño, en Madrit, en feria de campo donde estuve con mi padre. Hermano de padre, Escolta Mora de Franco. Asturias tres años yo, mucho vendo sí. Ti lo dejo en cincuenta euros, ¿sí?
- No, gracias.
- Hispaniola, ¿tú no sabes de comercio? Tu ahora dicir: yo solo dar veinticinco, y así, yo baja, tu subes y llega  acuerdo, ¿sí?. Porque a ti gusta bolso, ¿no?. Tu mira, piel de cabra, cosido mano, bien trabajo, todo mano, no máquina. Ti lo dejo en cuarenta.
- Le doy veinticinco euros.
- Tú si negocio bueno, hispaniola. Tu aprendes rápido. En tu tierra pagas mas di setenta cinco euros, pero tú no vienes aquí y compras mismo precio. Yo comprendo, tu quieres compra más barato, yo vendo menos seis mil pesetas de antes. ¿Treinta y cinco y cierra negocio?.
- Vale, cerramos el negocio en treinta y cinco.
- Adiós hispaniola. Cuando próximo verano vaya tu tierra, ven a verme, hablamos, tomamos té, y posible negocio.

Hermelinda y Aurora continúan el paseo a la caza de alguna ganga o de algún regalo que llevar de vuelta a casa. De pronto, sobre los mil ruidos del zoco, se oyen voces en tono un tanto imperativo. La gente trata de apartarse del centro de la calle por donde varios hombres, egipcios a juzgar por su vestimenta, corren en pos de otro que parece europeo.  Hermelinda no tiene tiempo de reaccionar, el perseguido choca contra ella cayendo ambos al suelo. Cuando logra zafarse, se levanta y ve con horror como en la espalda del caído una roja mancha de sangre se va esparciendo alrededor de un puñal que lleva clavado. Aurora, asiendo a la chica del brazo la apremia para huir de allí a toda velocidad. Un corro de curiosos, se ha cerrado en torno al muerto haciendo caso omiso de los asesinos, que se han diluido entre la masa, y mucho menos de las dos extranjeras.
Fin parte1ª.


6 comentarios:

Jose Moroño Hernandez dijo...

Hola de nuevo, primero pedirte disculpas por todo este tiempo en el que no me he pasado por tu blog, lo cierto es que he estado haciendo un curso y me ha sido imposible, pero nuevamente ando por aquí disfrutando de tus publicaciones, un abrazo. Unos trabajos maravillosos como siempre.

Elda dijo...

Estoy segura que este cuento le encantará a tu nieta, a mi desde luego me ha gustado mucho y estoy deseando leer la próxima entrega.
Muy entretenido Alfredo.
Un abrazo y felices días de verano.

Alfredo dijo...

Jose Moroño.
No tienes por qué disculparte, ven cuando te apetezca.
Me encantan esas fotos tuyas.
Salu2.

Alfredo dijo...

Elda.
Me alegro de que te haya gustado y espero que no te canse. Publicaré una parte todos los días hasta acabar.
Gracias por tu amabilidad.
Salu2.

Maria do Sol dijo...

Amigo

Reinicio as minhas leituras hoje já que não tenho tido disposição para nada...Vou ler as dez partes do teu conto e comentarei no fim.
Abrazos

Alfredo dijo...

María do Sol.
Creo que te distraerá un poco, lo malo es que tienes que traducir. Si tienes alguna duda, ya sabes donde estoy.
Abrazos.