viernes, 1 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 3ª



Durante la cena, Aurora, mujer que ha vivido lo suyo, entiende perfectamente lo que los ojos de ambos se dicen y opta por continuar viaje. Sabe que Herme se quedará y desea que aquél corto periodo de tiempo que va a permanecer allí le proporcione una gran  felicidad.
- Muchas gracias por esta deliciosa velada señor Bahari, ahora si me disculpan, me voy a retirar, el viaje y las emociones han sido tantas que estoy cansada, mañana he de coger un barco.
- Espera Aurora, yo también me voy...
-No, niña, tú tienes aún muchas cosas que hablar con Malek. Ya nos veremos en Karnak.

Cuando Aurora se hubo ido, Malek propuso a Herme ir a dar un paseo. Fueron hasta Guiza para contemplar las pirámides. Las estrellas brillaban a millares en el firmamento, y recortándose sobre éste, la gran Pirámide. La luna llena estaba casi en el vértice de Keops y la claridad mortecina que sobre ella esparcía,  tenía fascinada a la muchacha.
- ¿Crees que puede haber algo de sobrenatural en este sitio? preguntó el joven que observaba su cara.
- Si te refieres a seres de otro mundo, no lo creo. En cuanto al poder de la inteligencia, del tesón, y de la fuerza espiritual que hubieron de tener quienes esto hicieron posible, sí, lo creo.
Fue cuando admiraban la esfinge que la joven advirtió la presencia de dos hombres que los miraban a escondidas.
- La cabeza humana es el símbolo de la sabiduría, mientras que el cuerpo de león es el signo de la fortaleza. ¿Sabes que durante mucho tiempo no se supo que tuviera cuerpo de león? Aquella abuela mía, fue la primera mujer faraón que se hizo  esculpir como esfinge ¿qué te parece?
- Malek, puedes continuar hablando, pero hay dos hombres que nos vigilan. Uno de ellos lleva una chilaba oscura y el otro blanca, y estaban en los alrededores del restaurante cuando salimos hacia aquí.
- No debes preocuparte, no hay peligro.
No obstante estas palabras, o quizá por el frío del desierto,  Herme se acercó un poco a Malek, y este, entre compresivo y sonriente, asiéndola por la cintura la atrajo junto a sí. Sintió como ella daba un leve respingo y pudo notar, que no ver, como se ruborizaba. Fueron unos breves instantes, pues cuando ya se miraban a los ojos frente a frente, la chica gritó:
-¡Es él, el asesino!.
Efectivamente, dos hombres armados les salieron al frente de entre las piedras donde estaban ocultos y uno de ellos era el del turbante blanco. Sin duda habría muchos hombres con turbante blanco en Egipto, pero la silueta de aquel era inconfundible para Herme. Malek se llevó la mano a la espalda. De la cintura sacó una pistola mientras con su cuerpo pretendía proteger a la muchacha. Ella miró atrás y vio como otros dos hombres con sendas gumías les cortaban la posible retirada.
- ¡Osmán, Rashid!, llamó Malek. Luego, un alboroto, palabras en árabe, gritos y dos disparos. Hermelinda se había llevado las manos a la cara, tapándose los ojos para no ver lo que se les venía encima. Fue solo un instante, un instante en el que pensó que a ciegas no podría defenderse, que era de cobardes morir sin mirar de frente a la muerte. Cerró los puños y abrió los ojos, pero ya el hombre del turbante estaba caído en tierra con un disparo en una rodilla. A los demás, los estaban esposando los policías que Malek llamara Osmán y Rashid y que vestían  las chilabas al estilo de su país.  Las gentes que no lejos contemplaban un espectáculo de luz y sonido, ni se enteraron.
 
Muchas emociones habían sido para un solo día, estaba rendida y se durmió en el coche de regreso al hotel. Tanta era la seguridad que daba el brazo del hombre que la miraba embelesado.

Fin parte 3ª.

2 comentarios:

Elda dijo...

Bueno, al final me he quedado a leer esta parte. Sigue muy emocionante, y
la forma de relatarlo me parece esplendida por tu parte.
Serías un estupendo novelista, bajo mi humilde punto de vista, y se nota que estás muy bien documentado para escribir.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
El problema de un relato, no es para mí el que sea largo. El problema es que soy, con perdón, un culo inquieto, todo me atrae y estoy deseando acabar para hacer otra cosa. Me falta tiempo. Hay quienes creen que a un jubilado, por el mero echo de serlo, le sobra, a mí no.
En fin, espero que te entretengan las otras partes que son más cortas.
Salu2. y gracias por tus comentarios .