sábado, 2 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 4ª


Aurora y Herme desayunaban temprano. La joven comentaba con su amiga los sucesos de la noche, cuando llegó Malek.
- Mis escusas, he estado con la policía. Los delincuentes de anoche han confesado. Se trata de ladrones de tumbas y a esta hora se está inspeccionando lo que esconden en el cementerio de Qarafa. Al parecer, los negocios entre los ladrones y el europeo eran habituales. Ayer, le enseñaron varias piezas, y en el regateo sobre esta o aquella, el hombre, un alemán llamado Kresner, les distrajo la tablilla. Cuando se dieron cuenta, lo persiguieron acabando con él. El del turbante, como tú lo llamas, lo cacheó en el suelo, y al no encontrar nada, supuso que te lo había pasado. Aunque no es muy correcto, han consentido dejarme la pieza para descifrar lo escrito y valorarla. Les he tenido que prometer que irás a hacer una declaración. Iré contigo, pero ahora se la llevaremos a mi amigo.
- ¿Es ese cementerio que le llaman la Ciudad de los Muertos?
- Así es, Aurora, pero son casi tantos los vivos que allí moran, como los difuntos. Ya lo visitaremos.

Como casi todos los días, las salas del Museo Egipcio estaban abarrotadas de visitantes, tanto nacionales como extranjeros. El espléndido sarcófago de oro del joven Tutankamón, era admirado por cientos de visitantes que pacientes aguardaban su turno para acceder hasta la mampara de cristal, y aunque era de los más visitados, no lo eran menos otras piezas de hasta 5.000 años de antigüedad.
Malek el Bahari hacía de cicerone para las dos mujeres; “Los tesoros expuestos- les decía- no representan más que una pequeña parte de la enorme colección. Cuenta con cientos de imágenes, encontradas en templos y tumbas, que representan a antiguas divinidades como Isis, Osiris, Horus o Amón, y a faraones como Amenofis IV o Ramsés II Kefrén, Hatshepsut, mi tía abuela, ya sabes. Hay momias pertenecientes tanto al Egipto faraónico como a la cultura grecorromana que le sucedió. Aunque quizás las piezas de mayor renombre, consideradas las de más valor del Museo, sean los cerca de mil setecientos objetos extraídos de la tumba, descubierta en mil novecientos veintidós, del faraón Tut Anj Amó. Pero lo más importante para ti y que quizás desconozcas, es que aquí están las tablillas realizadas en escritura cuneiforme procedentes de Tell el-Amarna conocidas como “Cartas de Amarna”, importante fuente de información sobre los hititas”.
- El trabajo que yo estoy realizando, versa sobre los sumerios, y su escritura data de tres mil años antes de Cristo. Algo he leído sobre los hititas y son bastante posteriores, mil años, más o menos, y aunque su alfabeto sea cuneiforme, no ha de ser necesariamente igual.
- No te preocupes, Mohamed Rasul el Kurna nos lo dirá. Él es el más entendido.
Visitar el museo con toda aquella gente, le estaba resultando algo agobiante a Herme, aunque no para Aurora que parecía estar en su salsa. Aquí a allá no parecía haber sino asiáticos que disparaban sus cámaras hasta en los lugares prohibidos, empujones, disculpas, y ella, cámara en ristre, actuaba como uno más, a eso había venido.

Como quiera que para el experto la traducción de lo escrito en la tablilla no iba a ser coser y cantar, le dejaron la piedra y se fueron. Malek, asiendo a Hermelinda por el brazo le dijo...
-Ven, salgamos de aquí, esta noche todos estos tesoros serán para ti sola.
Y se lo dijo quedo, al oído para mirarla luego de frente, a aquellos ojo marrones que lo embrujaban. Entre los dos jóvenes había nacido algo que comenzó a fraguarse en el primer momento en que se vieron, y ambos lo sabían.

Malek, llevó a las mujeres de turismo; primero a la mezquita de An Nasir Muhamad y luego a la de Muhamad Ali. Fue estando contemplando esta última, que Malek recibió una llamada telefónica de Rasul.
- Tengo dos noticias, una buena y otra bastante menos: La tablilla es auténtica, pero lo siento, habéis llegado tarde. Podía haber sido de gran ayuda hace muchos años; indica donde se encontraba la ciudad de Weruk, muy cerca de Uruk, hoy Warka, en Iraq, que ya fue descubierta en 1844 y sus tesoros sacados a la luz.
Todo había acabado. Nada que pudiera retener a Hermelinda en el Cairo justificaba quedarse. Con mirada triste le dijo a Malek: Tomaré el barco con Aurora.
- No puedes -quiso convencerla el joven- recuerda que tienes que ir conmigo a la policía.
 Y de nuevo renació la esperanza en el corazón de la joven que aceptó implícitamente con la mirada.

Fin parte 4ª

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