domingo, 3 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 5ª




- Tengo un plan, dijo Malek durante la comida.  Os llevaré a ver todo aquello por lo que habéis venido aquí. Nada de hotel flotante; iremos en una faluca río arriba.
- ¿En un barquito de esos de vela? preguntó Aurora.
 Y el joven asintió con la cabeza y la mejor de sus sonrisas.
-¡Ah no! Yo necesito de la seguridad, de la comodidad y de un baño privado donde sentarme a gusto... y que ese barquichuelo no puede proporcionar. Las aventuras de ese estilo se quedan para los jóvenes. Id vosotros, sin carabina estaréis mejor.
- Aurora, te perderás algo maravilloso. El río transcurre sereno, sin peligros, mientras escuchas el chapoteo del agua contra el casco y el suave viento que golpea la vela, podrás contemplar la frondosa vegetación de sus orillas, los niños bañándose, los animales que se acercan a beber...
- A mí sí me gustaría, pero ¿cómo te voy a dejar?
- Niña, ¿acaso no recuerdas,  que suelo viajar sola?
Y no hubo forma de convencerla, embarcaron a la profesora, que aunque aquello no eran matemáticas, lo tenía todo muy bien calculado.

Cumplido el trámite con la policía, Malek llevó a Hermelinda al museo como había prometido. Fueron directos a la primera planta donde la joven pudo contemplar a sus anchas los tesoros de Tutankamón. Mucho le llamó la atención la belleza de la máscara, la vivacidad de sus ojos, la intensa mirada de las negras pupilas de obsidiana, los retoques en rojo sobre el cuarzo del globo ocular, y el perfil de lapislázuli que simula el maquillaje de cohol extendido hacia las sienes, los detalles del lagrimal y las cejas, largas y elegantes, que también se extienden hacia las sienes.
 Viendo Malek la fascinación que sobre la joven producía, le tradujo la inscripción del Libro de los Muertos cincelada en la parte posterior...

"¡Salve, hermoso rostro, dotado de vista, hecho por Ptah-Sokar, dispuesto por Anubis, a quien Shu dio la elevación, el más hermoso rostro entre los dioses! Tu ojo derecho es la barca de la noche, tu ojo izquierdo es la barca del día, tus cejas son la Enéada, tu cráneo es Anubis, tu nuca es la de Horus, tu corona es Tot, tu trenza es la de Ptah-Sokar. Estás en la frente de N., que está dotado de hermosos honores junto al gran dios y ve gracias a ti; ¡condúcelo por buenos caminos, que golpee para ti a los aliados de Set, y derribe para él sus enemigos bajo él, junto a la Gran Enéada en el Gran Castillo del Príncipe que está en Heliópolis! ¡Toma los buenos caminos ante Horus, señor de los hombres, N.!"
- ¡Te lo sabes de memoria!
-¡No, que va! - rió Malek- Tú que tanto te fijas, no te has dado cuenta de que lo estoy leyendo. Mira, aquí está el cartelito. ¡Inocente! No hay ningún cartel.
Y se abrazaron gozosos, felices con la broma.
- ¿De verdad crees que podría desempeñar mi trabajo sin poder descifrar un jeroglífico?
- Pero, ¿qué es lo que haces realmente? He visto que todos te tratan con deferencia, incluso que te hacen la pelota. No esperas colas, tienes reservados buenos asientos y mesas...
- Ya te lo dije, me preocupo de la seguridad no solo del museo. También de que nadie oculte algún objeto extraído en las excavaciones. Cuento con gran número de colaboradores; en cada excavación hay inspectores que vigilan. A mí, más que estar en el despacho, me gusta sentarme a la barra de bar de los hoteles o en el hall. Allí converso con los extranjeros y les ofrezco mis servicios como experto. Alguno comete una imprudencia, se confía y confiesa que tiene, o que le han ofrecido, alguna pieza. Es una forma de descubrir a los ladrones. Me vendría muy bien tu perspicacia.
- ¿Me estás ofreciendo trabajo?
- Sí que lo he pensado, sí

Pasaron rápidamente por la Cámara de las Momias reales, Malek quería que viera la sala de Amarna, pero, si por la mañana la joven se sentía agobiada por el gentío, a esa hora de la tarde, vacías las salas, el silencio y las sombras que se proyectaban aquí y allá, le parecieron estremecedoras.
- Malek -dijo después de un tiempo y cogiéndole la mano- me doy por satisfecha. No soy miedica, pero esto impone lo suyo.
- Te comprendo, te enseño a mi abuela y nos vamos, que ya es tarde para lo que quiero que veas.
Y allí mismo, delante de la estatua sedente de Hatshepsut, Hermelinda y Malek se dieron su primer beso. Tal parecía, que el joven deseaba que su antepasada contemplara la felicidad que le embargaba.

Había anochecido cuando Malek la llevó a ver un espectáculo de Tannoura, la danza mística Sufí en el Azhar Park, de donde Herme salió emocionada. Fueron a cenar al restaurante giratorio de Burj Al-Qāhira donde les ofrecieron parte de los platillos tradicionales; Basterma, Gambari, Sambousek, Kobeiba, Kufla, Baklaba y Na Na de menta. Subieron al mirador. La torre estaba preciosa  cambiando la iluminación a cada poco; de azul ahora, luego marfil, fusia o blanca. La vista era espectacular; las arterias de la ciudad, los grandes edificios, los barcos amarrados en las orillas reflejando el colorido de sus luces en el río...
- ¡Quédate conmigo! Le susurro el joven al oído mientras la estrechaba contra sí.
- ¿Qué dices?
Y el vértigo no fue por la altura; fue por todo aquello que su imaginación tramó en una décima de segundo.
- Quiero que te quedes, trabajarás junto a mí, y viviremos juntos.
- Malek, ¿sabes cuánto tiempo hace que nos conocemos? Dijo ella levantando la muñeca y enseñando en reloj. - Apenas treinta horas. ¿Olvidas, que aunque soy mala cristiana, lo soy, y tú musulmán?
- ¿Y qué importa eso? También yo soy un mal musulmán. Dime que tú no sentiste lo mismo que yo desde el mismo instante en que nos vimos. Sabes que esto es cierto, que ambos no buscamos una simple aventura, que estamos predestinados. Fue el destino el que puso en tu camino al ladrón, el mismo destino que hizo que yo estuviera precisamente en ese hotel, en esa misma planta, a esa hora, y, todo para conocerte. Ven, te enseñaré mi casa.
Y dócilmente se dejó llevar. El corazón le latía con fuerza, pensó que no tenía camisón, ni cepillo de dientes siquiera, pero se dejo llevar.

Fin parte 5ª

3 comentarios:

Marcos dijo...

Te va a salir un buen libro. No sé si lo que relatas corresponde a vivencias tuyas, pero desde luego lo has documentado que parece que te acompañemos.

Alfredo dijo...

Marcos.
Me conformo con que sea un cuento entretenido.
Con el paso de los tiempos, me he dado cuenta de cuantas cosas ignoraba y aún desconozco, por ello trato de conocer aquello que gusta, luego, escribo con más o menos acierto aquello que me gustaría haber vivido.
Salu2.

Elda dijo...

Fascinada me quedo de leer todo lo que apuntas; yo no soy capaz ni de pronunciar los nombres...
Me gusta mucho Alfredo, y ahora que a salido el romanticismo, más, jajaja. Voy a seguir.