miércoles, 6 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 8ª





Emprendieron el regreso. Malcóm, por simple cortesía, le pidió a Hermelinda su opinión sobre lo que había visto y ella le contestó con un "simplemente fascinada". Aquellas pocas palabras, le dieron pie a ella para preguntar algo sobre lo que había estado cavilando: Sí Malek deambulaba de hotel en hotel, iba, aunque solamente fuera cuando aparecía algo sustancial, a las excavaciones y se pasaba horas en su despacho, ¿para qué quería un piso tan grande? ¿para qué un mayordomo? Y lo que la incomodaba en cierta forma; ¿Estabas anoche en el piso? Lógicamente las preguntas fueron un poco más sutiles pero directas:
- Oye Malcóm, ¿cual es tú trabajo exactamente, chofer, o mayordomo?
- Estoy de manera incondicional a las órdenes del señor.
A Malek le salió de dentro la risa, pero temió que Herme se ofendiera.
- Hermelinda, Malcóm es amigo mío desde hace muchos años. Es la primera vez que me llama señor, por eso me he reído. Te está tomando el pelo. Él atiende mi casa aunque yo no esté; me llena la nevera de cosas que no como, atiende por mi ropa... y es mi guardaespaldas cuando lo necesito.
- ¿Y dónde estaba cuando fuimos a Gizé?
- Vivo en mi casa con mi mujer, el patrón no paga tanto como para servirle por las noches.
En estas conversaciones estaban, cuando Herme se fijó en lo que parecía un hombre tirado a una orilla de la carretera.
- ¿Es un hombre aquello de allá adelante?
 Malcóm frenó casi en seco. 
- El lugar es propicio para una emboscada.
Allí donde parecía haber un atropellado, la carretera se elevaba un poco. Un ancho canal de riego pasaba por debajo, árboles en los taludes de ambos extremos y algo que por un momento pareció despedir un brillo metálico.
- Tenemos dos opciones, dijo Malcóm- pasamos a toda velocidad, o esperamos. Decide Malek.
La circulación parecía nula en aquél polvoriento camino, sin embargo, un hombre montando un borriquillo, cruzó ante el coche sin apenas prestarles atención y se perdió entre las tierras de cultivo. Lo que quiera que hiciera el coche allí parado no era de su incumbencia, 
- Da la vuelta, llamaré a la policía.
- Pero, ¿y si necesita ayuda? Propongo la primera opción, si verdaderamente está herido podemos llevarlo a algún sitio. Arguyó Herme.
- En Egipto no te puedes fiar de algunas cosas y más vale ser precavido; tiene toda la pinta de un atraco. Posiblemente nos disparen desde donde están emboscados. No te voy a exponer.
- Tengo las Uzi, bajamos los cristales, si disparan, respondemos. Si fueran terroristas, a doscientos metros que estaremos, y con buen armamento, ya habrían salido de su escondrijo. Son vulgares ladrones.
Apenas Malcóm dijo esto, el muerto se levantó empuñando un pistolón, otros tres salieron de donde permanecían ocultos e hicieron unos disparos con unos antiguos mosquetes. Malek trató de que la chica se tumbara sobre el asiento, pero ella reclamó una pistola.
- ¡Dadme un arma, puedo cooperar!
- No vamos a discutir eso ahora. ¿Acaso sabes manejarla? Esto no es cosa de broma.
Malcóm lanzó el coche a toda velocidad disparando ambos cada cual por su lado. El ruido de las metralletas asustó a los ladrones que salieron en desbandada y se perdieron entre los sembrados, prosiguiendo ellos su camino.
Herme estaba un poco enfurruñada, pero comprendió que lo suyo había sido una chiquillada, que no había calculado bien el riesgo. Fue entonces cuando le entró un tembleque, refugiándose entre los brazos de Malek.
Sin otra novedad, llegaron al embarcadero donde Abú ya tenía preparada la comida. Un arroz con carne, tomates, berenjenas y pimiento verde que comieron, como era natural, sin cubiertos, a rancho. El joven Karim lo llamó Mashi. Malcón se marchó tras tomar un té. Si todo iba bien, se verían de nuevo en Dendera.

Apenas habían recorrido unos pocos kilómetros, y ya eran las cuatro de la tarde del primer día. Viajar por el río es estar a merced del viento. Lo que por carretera se tarda cinco o seis horas, por el río puede llevar tres días siempre que el viento sople y sin dejar de navegar. Malek había advertido de esta circunstancia a Hermelinda, puesto que había quedado en verse con Aurora en Karnak. Podría suceder que no llegaran a tiempo. Calculado estaba, ya se verían si esos cálculos eran acertados.

fin parte 8

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