miércoles, 27 de agosto de 2014

La señora del Cuarto Cuarta. Desenlace.

Poco después de que me quitaran la escayola, un domingo a finales de la primavera, fui con los amigos hasta un merendero en la Guia. Atravesamos el bar y salimos a la parte posterior. Desde la escalera vi el río encauzado donde unos patos buscaban alimento. Una hilera de falsos plátanos bordeaba el muro y otras dos, los flancos de la rectangular pista de baile. A ambos lados de esta, mesas y bancos de cemento donde parejas, amigos o familias disfrutaban de la tarde.

Pedimos tortilla y unas botellas de sidra, mientras observábamos el gentío, principalmente el femenino, por ver si había ocasión de trabar amistad.
Para mi sorpresa, reconocí a Araceli que estaba con su marido y los chicos, pero el colmo de esa sorpresa, fue el ver cómo la pareja salió a la pista cuando la gramola comenzó a tocar Let's twist again.

Supongo que aquella relación, perdón, compromiso, que manteníamos entre ambos le había sido provechosa al fin y al cabo; solamente necesitó que alguien le dijese que estaba malgastando su vida, dejándola pasar, cuando aún estaba en la flor de la edad. Me sentí feliz, más, cuando percatados los niños de mi presencia, corrieron a avisar a sus padres que salieron risueños de la pista para saludarme.

Al domingo siguiente tampoco fui a casa. Esta vez nos llegamos a los merenderos del Rinconin. Yo sabía donde actuaba Carmen, protagonista principal de "Carmenchu y su conjunto Maravillas". Quería comprobar si aquella especie animadversión que creía sentir hacia ella, era tan infundada como el juicio que me formara con Araceli.

Ella estaba espléndida; un vestido azulón con grandes lunares blancos, escote barco, sin mangas y acampanado que dejaba ver la puntilla de las enaguas; piernas perfectas con los  pies embutidos en vertiginosos zapatos rojos. Se movía con arte y picardía por el proscenio al ritmo de sus canciones alegres y pegadizas, mientras la gente joven danzaba bulliciosa.
El conjunto hizo un descanso, y ella, que me había visto, vino hacia mí. ¿No bailas? Y como de costumbre apenas si me dejó decir que no sabía. Me cogió de la mano y arrastró hacia el centro de la pista. El tocadiscos principiaba a tocar las Palmeras. Ésta es buena para comenzar, déjate llevar. Y yo me dejé aquella y otras tres piezas más.
- ¡Hala, ya estás listo para ligar! Me voy a refrescar un poco que dentro de cinco minutos vuelvo para arriba.
Y me dejó frente a la marabunta; ellas me miraban codiciosas, ellos con envidia. Le eché cara al asunto, y estuve bailando toda la tarde. Aquél día conocí a dos personas y saqué una conclusión más. Las personas fueron; mi primera y única novia y el batería del conjunto, el novio de Carmen.


La conclusión: No se debe juzgar a las personas sin conocerlas.

2 comentarios:

Elda dijo...

Yo también pienso que aquellas conversaciones con Araceli fueron provechosas para que se diera cuenta que hay que hacer por disfrutar de la vida con la forma que a cada cual le guste más.
Un buen desenlace para una historia muy entretenida.
Un abrazo Alfredo.

Alfredo dijo...

Elda.
A veces opinamos de los demás solamente por lo que superficialmente conocemos. Así es fácil equivocarse,
Me alegra que te haya entretenido.
Salu2.