lunes, 29 de septiembre de 2014

El Viaje de Hermelinda. Cap.II Parte 2ª


Atravesaron el puente de Dendera sobre el Nilo, desviándose a la derecha camino del Templo de Hathor. La carretera estaba flanqueada por  altos plantíos de caña de azúcar en plena zafra. El tráfico era escaso, algún camión vacío se internaba a derecha o izquierda a recoger la caña, mientras otros volvían cargados hasta arriba, hacia Quena para procesarla. Malcom y Malek prepararon sus metralletas. Hermelinda se mordía las uñas, una vez más había pedido un arma y esta vez, con gran disgusto de Malek que prefería se hubiera quedado con la policía, la habían complacido; le dieron un revolver.

La recta era muy larga, a cierta distancia, en la misma dirección, un coche por delante, y dos por detrás. Antes de llegar a una contracurva, un camión cargado salió de un camino entre las cañas a la carretera y, dejando pasar al coche que iba delante, se atravesó ante el todo terreno. Un tractor con remolque cerró el camino por detrás de la misma forma impidiendo el paso a los coches que les seguían.

A Malcom no le que quedaba sitio para maniobrar, y frenó. Los dos hombres sacaron sus armas por las ventanillas, vigilando, uno el frente y el otro la parte posterior. En un segundo se vieron rodeados por seis individuos armados todos con kalashnicov conminándolos a bajarse. El tenso silencio roto solamente por las cosechadoras no lejanas, apenas duró un par de minutos, Malcom y Malek, abrieron las portezuelas lentamente, parecían dispuestos a bajar. El jefe de la partida gritó que se dieran prisa y arrojaran las armas. Fue en ese momento, en que los bandidos se vieron rodeados a su vez por los policías que los acompañaban en coches camuflados. Un helicóptero sobrevolaba la escena, no había escape posible.

Hermelinda se refugió en los brazos de Malek - dios, que miedo he pasado- le susurró al oído, mientras todo eran parabienes entre unos y otros por haber conseguido aquello, sin un solo disparo. Ahora solo faltaba atrapar al jefe.

Amir, que desde el barco no había perdido ni un solo movimiento de los amigos, los vio alejarse y pasó a sus hombres la información del vehículo. Luego esperó con impaciencia hasta que recibió un mensaje: "Las palomas están en el nido". Era la señal convenida. Le dijo a Abu que volviera a su casa, que el viaje había finalizado y que su hijo era libre. Después, se puso en camino hasta el lugar donde sus secuaces tenían a los prisioneros, sin intuir siquiera que allí sería apresado.

Las conjeturas de Hermelinda habían resultado acertadas. Solamente quedaba por saber que era lo que Amir buscaba realmente. ¿Y qué buscaba Amir?

Amir, tratando de aliviar en la medida de lo posible, lo que se le venía encima, confesó allí mismo. Él tenía el encargo de hacerse con una pieza valiosa, a ser posible, sin hacer daño a nadie, y así lo planeó.

Al parecer, Amir recibió un teléfono de alguien que le dijo simplemente: Te llamarán en breve, mira si te conviene. El hombre, al que no pudo ver, se diluyó entre la masa de la plaza Tahrir. A los pocos minutos la llamada se hizo.

- Me prometieron cincuenta mil dólares americanos, como señal si aceptaba la  propuesta de sacar  algo del Museo. Me advirtieron de que la aceptación del dinero implicaba el cumplimiento y que de no ser así, tendría graves consecuencias. Que estudiara el asunto, tenía tres días para ello.

- Tras comprobar el terreno y meditar varios planes, estaba decidido a declinar la oferta, cuando la casualidad hizo que un pintor, hablando con uno de mis hombres, comentó que al día siguiente el jefe de seguridad del museo remontaría el Nilo hasta Luxor con una mujer. Aquello me hizo cambiar de idea, no había tiempo que perder. Tomamos como rehén a Karim, Yo ocupé su lugar en el barco para vigilar a Abu, en espera de decidir a quién  de los dos excursionistas convenía retener. A la vista de la influencia que la muchacha parecía tener sobre Malek, ella fue la elegida. Lo intentamos en Saqqara y fallamos, luego, una noche, cuatro de mis hombres se adentraron en el río hasta el islote donde estaba varada la faluca. Apenas había quince metros, desde la orilla, pero dos de ellos desaparecieron bajo las aguas; los cocodrilos se los comieron.

- ¡Pero si hace mucho tiempo que no hay cocodrilos!

- Mis hombres dicen que así fue, algún cocodrilo queda.

- Ya habíamos recibido la señal por el trabajo, no nos podíamos volver atrás y aún quedaban oportunidades. Buscamos este escondrijo donde mantener a la chica para obligar a Bahari a que  nos allanase el camino. Eso es todo.

- Tenéis mala suerte, una vez más la cosa salió mal. Un secuestro y tres intentos fallidos, la cárcel os espera por largo tiempo. Casi ha acabado todo. Solamente falta que me digas quien es el que te encargó el trabajo


- Capitán, ya les dije que no sé quién es, pero estoy dispuesto a hacer un trato.

1 comentario:

Elda dijo...

Todavía no me he ido.
Muy interesante Alfredo y además, como siempre muy bien relatado y entretenido...