viernes, 3 de octubre de 2014

El viaje de Hermelinda. Cap.II Parte 6ª



Cuatro hombres en coche se acercaron hasta el portón de la finca donde otro les esperaba.

- Soy Amir -saludó- dejando ver todos las armas que portaban.

- Ya sé quién eres, yo te llamé. Ven, te diré primero donde debéis de colocar la grúa, todo está planificado.

Amir, que por arte de birlibirloque se había convertido en jefe de la pequeña partida, quiso "humillar" un poco al jefe de la policía - Tú , ven conmigo - le dijo en tono conminatorio. Y el jefe, con mirada un tanto desdeñosa, les siguió. Caminaron por fuera del recinto hasta la tapia del lado norte.

- Este es el sitio, desde aquí lo introduciréis. Ahora vayamos dentro para que podáis inspeccionar lo que os interese.

En la finca había una casa grande a dos alturas pegada casi al muro sur. Dejaron un hombre en la puerta mientras los otros tres inspeccionaron concienzudamente todos los huecos. Todos menos uno. El hombre, que se identificara como Omar, le pidió a Amir que aquella puerta solamente debía abrirse cuando el piramidión estuviera colocado. Amir aceptó un tanto intrigado, pero dejó un vigilante delante por si acaso.

Frente a la casa, un pequeño jardín daba paso al huerto resguardado de los vientos del norte por un bosquecillo. Un camino cortaba en dos la parcela que conducía hasta una mastaba de unos cuatro metros de altura y quince de lado. Estaba conformada en su parte exterior, por losas de piedra caliza que parecían proteger los ladrillos de adobe con que estaba construida. En el interior, solamente una capilla de paredes estucadas y pinturas murales con escenas de la vida diaria, mientras en la sala de acceso, bajorrelieves con imágenes de animales e inscripciones de los textos de las pirámides, flanqueaban una pintura representando la escena del pasaje 125 del Libro de los Muertos, el que se refiere al juicio final del difunto ante el tribunal que permite el acceso a la vida de ultratumba.
En la sala de acceso, que ocupaba casi todo el espacio, justo en el centro, había un estrado  y sobre él, una base de las mismas proporciones de la que en el Museo se exponía la pirámide y cuatro soportes verticales.

Amir hizo una llamada- Todo es correcto, traed la pieza.

Apenas diez minutos más tarde, la grúa estaba en su sitio, elevó la pieza y la pasó al otro lado del muro. Se abrió una trampilla en la base superior de la mastaba y la jaula de tubos de hierro donde iba el piramidión comenzó a bajar. La operación quedó finalizada cuando, guiada por los operarios, la asentaron sobre la base y despojaron de la jaula.

- Ahora puedes decir a tu hombre que golpee tres veces la puerta que custodia.

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