viernes, 24 de octubre de 2014

Matar es Fácil: Manolo el Erizo.



Hay quienes piensan que las personas pueden cambiar, que no siempre somos iguales, que por uno u otro motivo, nos vemos en la necesidad de agradar, reivindicar, de ser solidarios, valientes, osados, canallas, traidores a una causa... aunque para eso hayas de dejar de ser tú. Es posible, aunque a mí me parece que los genes son los genes, y en ellos está escrita nuestra forma de actuar en la vida. Pero, ¡qué sé yo, pobre zonzo!

Nos conocíamos desde la guardería. Él, Manolo, siempre pegado a mí cual si fuéramos gemelos, parsimonioso, callado, mustio y obediente. Yo, todo lo contrario. Seguramente por eso congeniamos; el uno mandaba, el otro obedecía, y, solamente cuando algo estaba mal, o no funcionaba, el razonamiento simple, claro y escueto de Manolo prevalecía.

El erizo es un mamífero insectívoro, que al verse amenazado se enrolla en forma de bola dejando solamente al exterior sus agudas púas. Para ganar su confianza, basta dejarle en un cuenco todas las noches, un poco de leche, o un puñado de pienso de perro. Así comenzó la amistad entre pareja tan dispar en aquellos lejanos años de la guardería, con una chocolatina.

Hasta los diez y seis sacaba notas brillantes sin estudiar apenas, luego fue bajando en las calificaciones. Yo me siento un tanto culpable de lo que le sucedió. Lo llevaba de discotecas, aunque él se aburría como una ostra, solamente por  complacerme.
Pensaba, que había de cambiar algo para que su modo de relacionarse fuera más abierto. Tal vez me equivoqué, Tomábamos algo, comenzó a fumar petardos. Decía que aquello le abría la mente, le inhibía y colocaba en un estado de euforia... alucinante. ¿Consiguió por ello más amigos? ¡No! Aquella euforia pasaba y caía de nuevo en el abatimiento y en la introspección.

Cuando, enganchado a las drogas duras, quiso volver atrás y no pudo, o no quiso, me contó las causas que habían forjado su personalidad. Su padre, abogado de renombre, le zurraba de lo lindo la badana a su madre. A la hora de odiar, a los dos odiaba; al uno por machista y tirano, y a la otra por dejarse hacer sin un solo reproche: Él es así. Esa era la escusa de ella.

Lo fui a ver a la cárcel.
- Mira Víctor, no pienso decir ni palabra, sería denigrar más a mi madre, y he comprendido, que ella ha sido la única que siempre me ha querido, la que ha estado de mi lado, defendiéndome de él.  De pequeño se ponía por medio, cuando cinto en mano me medía las costillas por una simple travesura, por una mala nota. Así, pronto comenzó a recibir ella también. Volcaba en nosotros, el asco que sentía por los compañeros de profesión que le ganaban algún caso, por cualquier revés que tuviera por mínimo que fuera. No consentía ni una palabra, ni una mirada de reproche, estaba siempre en posesión de la verdad, y si así no lo fuera, era igual: Yo soy aquí quien manda, el amo, y gracias a mi vivís sin dar palo al agua.

- Había dejado el Rhoipnol hacía unos días, estaba atacado de los nervios, cuando aquella noche oí jaleo en su habitación. Sus voces me estaban volviendo loco, fui a la cocina y cogí un cuchillo con ánimo de asustarle. Mi madre estaba desnuda, acurrucada en un rincón, él también estaba desnudo, increpándola por no hacer lo que él quería, de la forma en que él- siempre él- lo quería.

- ¿Qué, piojoso existencialista? Desde que me dejara la barba me llamaba así. ¿Acaso piensas defender algo hoy?  Metió el dedo en la llaga de mi manifiesta cobardía. Se vino hacia mí sin darse cuenta de lo ridículo que me pareció; con el bolo colgando, los brazos en jarras, cara chulesca y desafiante. Mi madre temió lo peor, se levantó y trató de meterse por medio, más por protegerme a mí que a él. La apartó de un empujón y preparó la mano para sentarme de una bofetada, pero reculó dos pasos con cara de estupor agarrándose la barriga. El cuchillo entró hasta el mango sin yo saber como.



Ahora pregunto: ¿Influyeron los genes, en el proceder de Manolo, o quiso simplemente cambiar, dejar de ser lo que siempre fue?


2 comentarios:

Maria do Sol dijo...

Hola Alfredo

Somos e seremos sempre o que sempre fomos... os câmbios apenas acontecem por uma questão de adaptação à sociedade. No fundo cada um é aquilo que a sua essência determina.
Abrazos

Alfredo dijo...

María do Sol.
Veo que vas mejor, María. Me alegra.
No sé si estar de acuerdo contigo, y me fastidiaría tener que darte la razón. Eso supondría que no hay posibilidad de redención, que el que es malo, lo seguirá siendo hasta el fin de sus días. Y en verdad que eso se contradice con la vida de muchos/as, entre otros, a los que la iglesia venera como santos/as, y que fueron grandes pecadores/as en su juventud.
Salu2.