jueves, 6 de noviembre de 2014

¡Lo que son las cosas!


Conocí a Ángel cuando lo asignaron como conductor al autobús turístico del que yo era guía. Por aquello de las presentaciones -al público del autobús, se entiende- quise saber algo de su vida, y él me contó lo esencial. Era suficiente, que tampoco soy un cotilla.

El día empezaba siempre de la misma forma; "Señoras y señores, me llamo Simón y voy a ser su guía en la excursión de hoy. Nuestro conductor es Ángel, personaje que ha dejado el ejército, donde manejaba carros blindados, ansioso de experimentar las emociones de la conducción en la capital de España.

No esperaba que me celebraran la gracieta, tampoco la tenía, lo que deseaba es que se sintieran seguros ante el trafico un tanto caótico, aun no había semáforos, y me prestaran toda la atención.

Unos meses después, empezaron las confidencias. Así supe, que Ángel se había refugiado entre tan ingente masa de ciudadanos huyendo de una boda que le querían imponer.

En realidad, nada malo había hecho para merecer lo que estimaba cruel castigo, pues siempre pensó que el amor ha de nacer con naturalidad y sin coacción. Máxime, cuando a él  lo tomaban por chivo expiatorio, como ahora veremos.

Ángel era el menor de dos hermanos. El otro, Julián, tuvo amores allá en el pueblo, con una moza a la que dejó preñada. Tanto la familia de ella, como la suya, decidieron que había que resarcir el daño, y que se imponía la boda. Pero Julián no estaba por la labor... y se armó la trifulca. Aunque las dos familias eran del mismo parecer, hubo una gran discusión en la que hirieron levemente a Julián. Al ver sangrar a su hijo, el padre gritó: "Hasta aquí hemos llegado, nadie toca a un hijo mío". Con ello arreciaron las voces y los insultos, alguien tiró una piedra, imposible saber quién, puesto que a aquél merendero habían acudido todos en cuadrilla de una y otra familia.

La piedra hizo su mal, Julián cayó al suelo, y todos a una, lo llevaron al centro médico. El doctor certificó la muerte por desnucamiento, dando parte a la Guardia Civil. Aquello no fue todo. Cuando le dijeron a la novia que Julián había muerto, se puso de parto. Prematuro, pues estaba de seis meses. La llevaron al hospital de la ciudad donde se recuperó, mientras, su hijo pugnaba por vivir en una incubadora.

La Guardia Civil comenzó las pesquisas,  pero no tuvo mucho que indagar, el padre de la novia, entregó al causante, un menor que acabó pagando por ello.

Las aguas volvieron, relativamente, a su cauce, y aunque dolorido por la muerte del hijo, fue el padre de Julián, no se sabe si con un acendrado sentido del honor, o  un arcaico atavismo, el que propuso a su otro hijo, Ángel, para que se casara con la chica.

Ángel estaba haciendo el servicio militar en El Aaiún, antiguo Sahara español, lo que le hacía imposible acudir para el entierro a pesar del permiso que le concedían. Decidió posponerlo para más adelante, y unirlo al reglamentario de un mes. Acertó. En ese espacio de tiempo, su padre le comunicó el acuerdo a que había llegado, tratando de dorarle la píldora; "Hija única, guapa, rica heredera en tierras, ellos tendrían a su nieto en casa..."

Y Ángel no volvió hasta que se licenció. En casa estuvo el tiempo suficiente para decir hola y adiós.

Con su carné de conducción y su currículo, encontró trabajo en esta agencia y conoció a una guapa moza, dependienta en una pastelería, donde a diario acudía para tomar café.

Y lo que son las cosas, llegó aquél amor que anhelaba y se casó. Pero para este tiempo, ya sabía que aquella chica también había huido de la boda a la que la obligaban, y que tenía un hijo que era sobrino suyo.

4 comentarios:

Jose Moroño Hernandez dijo...

Preciosa historia, digna a de ser escrita tal como tu lo haces, felicidades. Un abrazo.

Alfredo dijo...

Jose Moroño.
Gracias Jose, me alegra que te gustara.
Salu2

Elda dijo...

Alfredo, buenísima la historia. Según la leía me sentía indignada, pero cuando Angel cogió el petate y no precisamente el de la mili, ya se me pasó jajaja, porque el final es de lujo, precioso me ha encantado.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Nunca se sabe donde se va a encontrar el amor. Todo está en manos del destino.
Gracias por el comentario, me siento halagado.
Salu2.