viernes, 31 de enero de 2014

El Sofá de Cierto Pelo.












Fui a comprar un sofá rojo que vi en un catálogo de un Iketal cualquiera. De esos que parecen de terciopelo, aunque a ciencia cierta no sabes de qué pelo se trata, pero parecía bonito. Me llevé el remolque, pues es conocido, que en centros de este tipo, el que compra lo tiene que transportar o pagar por ello. Y menos mal que me lo cargaron, lo malo sería para meterlo en casa.

Al volver, me pasé, por ver si le vendía algo, a un cliente que tiene un puticlub en las afueras, al otro lado de la cuidad. Le vendo de esas arandelas de goma para los urinarios, y que se ponen para que las colillas y otras porquerías no los atasquen. También le vendo jabón lavamanos y cajones de trescientos paquetes de preservativos que yo negocio en Inglaterra.

Como quiera que la entrada al aparcamiento es un tanto dificultosa para vehículos "longos", lo dejé aparcado cerca de allí, en una plazoleta de albero, donde varios niños jugaban a las canicas. A la vera de un taller exposición donde el dueño se dedica a hacer esculturas de madera a base de moto sierra. Échale un ojo, le dije al tipo que estaba estocinando un grueso tronco, y él me contestó con un ¡Ya! ¡Ya! que no supe si quería decir que sí, o que me fuera a la porra.

Cuando volvía del negocio, ya de lejos vi el coche rayado, el sofá enseñaba sus tripas de guata y gomaespuma, lleno de tierra y sin cojines. Los niños, que en aquél momento se ensañaban dando palos a los pilotos traseros del remolque, salieron como alma que lleva el diablo al verme correr hacia allá gritando. De paso le vocee al tallador; ¿Pero no ves lo que están haciendo? Más él se llamó andana y, con un encogimiento de hombros, prosiguió su labor.

Como quiera que yo fui en otro tiempo campeón provincial de los tres mil obstáculos, Salí en persecución de los críos que me observaban desde la lejanía. Muy astutos ellos, cada cual tiró por un lado, así que solamente pude seguir a uno. Lo pillé, y cogiéndole por una oreja, le hice que me llevara a su casa. ¡Más me valiera haber ido al cuartelillo!

Abrió la puerta la madre del angelito...

- ¿Qué hace? ¡Suelte inmediatamente la oreja de mi hijo, so bestia, que se la va a arrancar!

- Señora, comencé yo soltando al chico, este golfo y sus amigos me han destrozado el coche, el remolque y un sofá recién comprado que iba encima. Venga a verlo, está en la plaza.

- ¡Habrase visto el animal, mira si no le ha dejado roja la oreja!

- Eso no es nada para la tunda que se merece, señora.

- ¿Has ido hasta la plaza? ¿No te tengo dicho que es peligroso atravesar la carretera? Anda, entra en casa que vamos a hablar los dos.

La mamá ya se daba la vuelta empujando a su retoño, y yo, que vi que me iba a quedar a la puerta y con la palabra en la boca, la cogí por el brazo a la altura del codo.

- ¡Quite la mano de encima, cafre! - Me espetó, con los ojos inyectados en sangre. Pareció que me entrara la calambre, y solté raudo, aunque no por ello dejó la señora de lanzar improperios- ¡Habrase visto el garrulo este! ¡Largo de aquí, mendrugo!

Con las voces que daba, las vecinas del poblado de la cementera, todo de casitas bajas adosadas, se fueron arremolinando: 
- Que qué quiere el gañan este, la una, 
- Que no hay derecho a tratar malamente a una mujer que está tan ricamente en su casa, la otra.
- Que voy a llamar a los guardias...

 Así que, viendo imposible entablar conversación con quien no quiere escuchar, me di media vuelta. El que iba a ir al cuartelillo era yo.


Ya anochecía cuando llegué a donde tenía aparcado el auto, bueno, a lo que quedaba de él: me habían volado las ruedas dejándolo sobre tacos, el remolque se esfumó, faltaba la radio, lo que llevaba en el maletero y piezas del motor. El artista había cerrado el negocio. También yo había cerrado un buen negocio ese día; trescientos euros de ganancia y cinco mil de perdidas.

martes, 28 de enero de 2014

Los Idiomas del Insti.


Aquél era un buen Instituto, de él salieron lumbreras para casi todas las ramas de la ciencia.

Eran tiempos en que los estudiantes podían elegir idioma con más variedad que hoy, y uno de ellos, un mozuelo al que le gustaba leer y sobre todo la Historia, sopesó cual de los que se impartían le podría gustar más. Estos eran sus pensamientos:

La opción del inglés no le seducía. Juzgaba a los habitantes de la pérfida Albión como unos estirados de bombín y paraguas, que levantaron su imperio como piratas y corsarios que saqueaban o hundían los navíos españoles cargados con el oro y plata, que los esclavos del Nuevo Mundo arrancaban a base de sudor y sangre. Además, estaba muy concienciado con el tema de la devolución de Gibraltar, que en esos tiempos se reclamaba en la ONU.

Podía escoger alemán, muchos españoles buscaban trabajo en Alemania, pero a los alemanes se les tildaba con el tópico de cabezas cuadradas, a pesar de que tenían una buena industria, con la cual desarrollaron un buen armamento que habría de servir a Hitler para tratar de tomar la revancha por la pérdida de la Gran Guerra.
Nada tenía que ver el tópico en la no elección del idioma, pero si de lo que se supo por los juicios de Núremberg; los crímenes y abusos contra la Humanidad.
En honor a la verdad, y hablando de judíos, también Isabel la Católica los expulsó de su Sefarad, aunque esto era otra cosa.

También podía escoger griego. Pero aquella tierra de dioses que los romanos copiaron, aquella tierra de la Odisea y de la bella Elena causante de la guerra de Troya, no dejaba de ser un país de cabreros como España lo era. Poco porvenir había con ese idioma.

Contra los franceses también tenía Ángel reparos; a aquel prepotente de Napoleón: "Desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos os contemplan" más le hubiera sido ser humilde, al fin y al cabo eran ellos los que contemplaban una obra inmensa e inigualable de imitar. Pero, de aquel hombre de impresionante personalidad, algo hay que decir a su favor no obstante; el mundo volvió sus ojos hacia las maravillas de Egipto semienterradas en la arena y sobre todo, la adopción o imitación de su Código Civil por parte de los países europeos y americanos.

Si, a pesar de la batalla de Trafalgar, a pesar de la invasión de España para instaurar su propia monarquía, a pesar de tanta guerra y tanta muerte, Napoleón le caía bien. Estaba decidido; elegiría francés, además, el grueso de la clase también lo había elegido.

Al principio, aquella señora gordezuela que era la profesora, les enseñaba canciones como Au clair de la lune o Sur le pont d'Avignon con las que perfeccionaban la pronunciación, y a Ángel le resultaba entretenida la clase aplicándose con ahínco.

Era el chico sin embargo, malo para si mismo, pues la rabia que sentía por las injusticias se volvía contra él mismo como veremos.

Llegó el primer examen. Muy ufano con su diccionario sobre la mesa, comenzó a traducir el párrafo impuesto. La profesora deambulaba por los pasillos que las mesas dejaban, mirando como iba la cosa. Llegó a Ángel y exclamó:
 - Oh mon dieu, avec ce visage d'âne et il a traduit trois lignes!

Y dio la casualidad de que el joven la entendió, pues sabido es, que cuando se tiene a mano un diccionario, aunque sea de francés, lo primero que se buscan son las palabras malsonantes aunque burro no lo sea.
La profesora dejó de ser una señora gordezuela para pasar a ser "la vieja gorda de moño que tiene una verruga como un garbanzo sobre el bozo del labio superior", la que para decir "cochon" ponía el morro tal cual los cochinos tienen el hocico.

A resultas de aquello que él consideraba un insulto, Ángel le dijo a su madre que no volvería más a esa clase, aunque le castigaran, lo que iba en detrimento propio. La mujer buscó una estratagema; se fue al médico de la familia, don Fernndo, que le hizo un justificante para fumarse la clase; los lunes, miércoles y viernes a esa hora, tenía que acudir al fisioterapeuta por haber tenido polio en la infancia. No obstante, le buscó un profesor particular, y en junio aprobó con notable a pesar de que el francés ya no le interesaba.



jueves, 23 de enero de 2014

Tambucho.



En asturiano el "tambuchu" coincide con la segunda acepción del DRAE; "Entrada al ranchu de una lancha", entendiendo por "ranchu", la bodega o el compartimento donde se alojan los catres.

Lo que yo desconocía, es que a la caja de la persiana también se la llama tambucho. Seguramente habrá más de uno que le ocurra lo que a mí, pues buscando una imagen para ilustrar el tema, no encontré una sola caja de persiana, solo lanchas y propaganda de tambuchos modernos. Así que puse mi propia foto, la de un barco con historia sobre el cual navegaron personajes como Primo de Rivera, su ministro de Obras publicas, o Francisco Franco. 
Es el remolcador San Esteban, y que aquí vemos amarrado en el puerto del mismo nombre. Fue construido en Inglaterra en 1902 y está considerado como el más antiguo del Cantábrico en estado de conservación.


Tambucho.
1. m. Caja situada encima de la ventana, dentro de la cual se enrolla la persiana.
2. m. Mar. Escotilla protegida que da acceso a las habitaciones de la tripulación.

martes, 21 de enero de 2014

Matar es fácil; Consideraciones.


Matar es fácil.
Esta frase es una aseveración que no tiene falta de corroborar, todos sabemos lo que ocurre por el mundo, y no hace falta ir demasiado lejos; lo de Siria hoy en el telediario, espeluznante.

Matar es fácil, lo malo es vivir con ello.
Bueno, tras la aseveración viene una consideración. Una consideración, de alguien que quizá haya matado, que tiene pesadillas o le remuerde la conciencia. Pero sin duda,  a otros, a los desalmados que matan sin dar importancia a la vida, que los hay, ni les importa esa consideración.

El que mata y vive con ello, a pesar de pregonar lo malo que es esa situación, considera, seguramente, que mejor muerto el otro antes que él mismo. ¿Instinto de supervivencia, cinismo?

Los hay que matan, pero no pueden vivir con ello por múltiples rezones y acaban suicidándose. Otros se suicidan matando, a cuantos más mejor. Ni los unos ni los otros tienen perdón, aunque estos últimos son si cabe aún peores.

Los hay que no matan el cuerpo, pero matan el alma, lo que a la postre puede inducir al suicido.

Dice el refrán: Tanta culpa tiene el que mata, cómo el que tiene por la pata. Yo diría aún más; el cooperante necesario, debiera tener el doble de pena, pues sin él, esa muerte no se produciría.

Los hay que matan por imperativo legal, pero no los llaman asesinos; los llaman verdugos.

Hay asesinos que matan lentamente, pero que se enriquecen exponencialmente; a cada pinchazo, a cada esnife...

Los hay que matan para mantener la paz, la religión, las costumbres, las banderas, por un puñado de tierra y en defensa de líneas imaginarias, por tomar dos copas de más... y pocos se detienen en consideraciones.



Sí, matar es demasiado fácil.

domingo, 19 de enero de 2014

Cosas de Chigre; El Yinyan.

Elephant near ndutu.jpg

Entre una bronquitis y otras zarandajas, hacía siglos que no pasaba por el chigre. Y es que el hombre es animal de costumbres, aunque no todas son buenas; el comercio, bebercio y la fumarrera con exceso, van dejando un poso imposible de eliminar. Pero echaba de menos el cafetín y la faria, así que, como ya me sentía mejor, hacia allí encamine mis pasos.

Me senté a la mesa del rincón, adentro, que está frío y no me convienen los malos aires. Los mismos de siempre estaban enzarzados en sus partidas, al dominó los unos, y al "subastao" los otros. Hoy solamente café y escuchar las conversaciones de los demás que entretiene lo suyo.

Dos individuos llegaron tras de mí y se acodaron en la barra. No eran caras conocidas, seguramente iban a rematar con unos chupitos lo que yantaron en otro lugar.

-  Sí, hombre, uno al que llaman Nasoabundo...

- Se dice Nauseabundo, paleto, es decir, que da nauseas, ganas de vomitar.

- Que no, coño, que está bien dicho; Naso de Nariz y Abundo porque la tenía Abundante en exceso...

- Ya empiezas con tus chorradas.

- Manolo, tu y yo nos llevamos bien porque nos complementamos, somos como el yinyan. Naturalmente yo soy yan, ya sabes el motivo.

- Es el yin y el yang, no el yinyan. Además, en todo caso yo soy el yang. A hombre no me gana nadie.

- Bueno, yo lo digo todo junto porque nuestra unión es más fuerte aún si cabe. En cuanto a lo otro, tú eres lo que decía aquél; siempre negativo. Eres la suegra, lo femenino. Pero volvamos a lo de antes. Es tan rigurosamente cierto lo que te digo, como que hay otro al que le llaman el Tucán. ¿Adivinas el motivo?

- Pues va ser que no.

- Sencillo, solamente hay que pensar un poco. El Tucán tiene el pico largo, y este hablaba más que cuarenta. A otro le apodan el Leonpardo...

- Ya, menuda idiotez, todos los Leones son Pardos.

- No ceporro, porque tiene melena y la cara llena de lunares.

- Perdona, pero me parece una gilipollez.

- Vale, lo que tú quieras, pero es cierto. Ya que estamos con bichos, ¿sabes  porque le llaman a otro Palomo?

- Esta vez no me coges; por ser un cándido, por ensuciarse los calzoncillos, porque no sirve para nada, porque tiene el pecho abultado...

- Si, has dado muchas descripciones, pero no en el clavo; le empezaron a apodar así a raíz de una intervención en la que le extirparon la Vesícula Biliar, y es que las palomas no tienen Bilis.

- La última mamarrachada, que no tenga Vesícula no quiere decir que no produzca Bilis. La bilis la produce el hígado, tontorrón.

-Ya lo sé, pero, ¿eso que tiene que ver? Alguien lo asoció y así se le quedó. Los motes se ponen por asociación. Mira, esto nada tiene con los motes, solamente es para ver que tal andas de reflejos, que ya veo no vas muy fino: ¿Cuál sería el animal, que debiera tener el mejor olfato?

- No sé, me temo que diga lo que diga jamás acertaré.

- El olifante, pasmao...


Hoy el chigre parecía una clase de anatomía animal, me fui con viento fresco, nunca mejor dicho.

viernes, 17 de enero de 2014

Si Naciste para Martillo...


... del cielo te caen los clavos.

Algunos creen que su suerte cambia a raíz de tal o cual suceso, sin embargo, el destino, el hado, parece que está escrito para todos. Es como si el dios que ha creado el universo, tuviera un chip en el que almacena todo cuanto nos ha de suceder. Imposible saber ni lo uno, ni lo contrario.

La vida nos ofrece disyuntivas, y somos nosotros los que elegimos; bien o mal, eso es un tanto indiferente; al que eligió mal, sin duda no le será tan indiferente, pero como se suele decir; ajo y agua.

Hay quienes para seguir uno u otro camino, se basan en estadísticas, otros, en corazonadas, en presentimientos, en indicios... al final, siempre sucederá lo que deba suceder por mucho que nos preocupemos, o dejemos de hacerlo.

José, aquél que interpretó los sueños del faraón, posiblemente no utilizara la estadística y si la observación. De esa observación, pudo conjeturar que tras siete años de bonanza, vendrían otros siete de penurias. Esto viene a cuento, de algo que oí por la radio aun economista. Al parecer descubrió la pólvora negra, al decir que la economía sufre altibajos cíclicos con una duración de siete años.

Hoy la estadística se utiliza para todo; en una operación de cadera se tarda cuatro horas, por ejemplo, y  cuatro días de internamiento. Los cirujanos, han de buscar el modo para rebajar el tiempo, pues tiempo es igual a dinero. A fuer de ser sincero, también de muchas cosas más, sin duda buenas; menos riesgos de infecciones, menos medicamento...  Lo que a mí me fastidiaría mucho, es que en base a constreñir la estadística, sucediera lo que en aquel chiste malo en que a un accidentado le colocaron una pierna donde debía ir el brazo, y el brazo donde la pierna.

Decía un conocido mío, nosotros ya estuvimos dos legislaturas en el poder - aquí la estadística varía algo, en España suelen durar cuatro años- hemos vaciado las arcas, pasaremos a la oposición en espera de que otros las vuelvan a llenar, entonces volveremos y las vaciaremos de nuevo. A veces uno duda si se vaciaron en favor del pueblo y si los otros las llenaron a costa del pueblo. Con todos ellos el pueblo está jodido; la estadística dice que los pobres aumentan.

Harto estoy de escuchar, supongo que como todos aquellos que ya tenemos una edad, que las estadísticas sitúan la edad de los hombres, también las mujeres aunque viven más, para morirse en tantos o cuantos años. Tal parece que te están recordando algo en lo que no quieres pensar; que te quedan cuatro telediarios, vamos. Eso sí, sin garantía alguna, es posible que la diñes antes.


Muchas cosas sucederán, pero para algunos ya va siendo tarde. ¡Que nos importa el Sino, el Hado, la Suerte, ni las Disyuntivas ni las Estadísticas! Ya nos ha sucedido de casi todo en esta vida. No, todo no, la lotería les toca a otros.

miércoles, 15 de enero de 2014

Mancebo, ba.

Archivo: Farmacia Verde Cross2.png

(Del lat. vulg. *mancĭpus, esclavo, con el acento de mancipĭum).
1. adj. desus. juvenil.
2. m. Mozo de pocos años.
3. m. En algunos oficios y artes, el que trabaja por un salario, especialmente el auxiliar práctico, sin título facultativo, de los farmacéuticos.
4. m. Empleado de un establecimiento mercantil, que no tenía categoría de factor.
5. m. p. us. Hombre soltero.
6. f. concubina.

Una vez al mes, más o menos, paso por la farmacia a buscar medicamentos. La botica la atiende su dueña Amelia, una farmacéutica de muy buen ver y que probablemente ronda los cuarenta. Con ella colabora una manceba. ¡Jolín, que mal suena! Sin embargo esta palabra que alguien pudiera tildar de peyorativa, no lo parece cuando el dependiente es un hombre, y, sin recato alguno, lo llamamos mancebo. De botica, claro.
La moza no entendió bien la pregunta, puso los ojos como platos creyendo que la confundía con concubina de serrallo, y con voz trémula respondió: No, soy Auxiliar de Farmacia. Seguro que en llegando a casa consultó el diccionario.

Al cuento, que hoy no iba esto de palabras fuera de uso.

Según decía, la boticaria, que arreglaba el escaparate mientras su auxiliar atendía a una clienta, dejó lo que hacía para hablar conmigo. Que cómo está tu madre, que si le va bien la pomada para las varices, que cuando la llevo a tomar la tensión... Noté este día, que parecía querer comerme con los ojos y no apeaba las sonrisa que de oreja a oreja le llegaba. Yo miraba hacia el escaparate y hacia ella, que adelantado un par de pasos se colocó junto a mí y tal parecía que formáramos un ángulo llano dividido por la bisectriz,  o sea, una te. ¿Que no lo tenéis claro? Lo supongo ¡Qué manera tengo de complicar las cosas! Quiero decir que ella no debía de querer que la clienta nos viera frente a frente... y tan cerca. Como se suele decir, de lado es menos pecado. No obstante, su hombro rozaba mi pecho, su pelo mi barbilla, y su mano izquierda... ¡Ay su mano izquierda! Quedaba a la altura precisa.

Se fue la parroquiana, y ella le dijo a María Jesús, que así se llama la dependienta, que saliera a tomar el café al bar de al lado y que no tuviera prisa, que ya atendería ella.

Acobardado, no osaba moverme, y aunque casi ni me podía sostener, no tuve más remedio que abrir las piernas en ángulo agudo. Al parecer la cosa iba de ángulos. Entonces Amelia, se giró noventa grados, me asió por las mangas, y ya de frente se aupó de puntillas sobre un pie, mientras su rodilla derecha buscaba el vértice de mi ángulo. Tal cual lo he visto en el cine, que aunque ya tengo cuarenta y seis, en ciertas cosas estoy pez. Solo faltaba el beso, que llegó al instante.

- Oye Manolo, que tu madre pasó por aquí esta mañana, que las varices, la artrosis y otras zarandajas se le han pasado como por ensalmo. Venía a saber que había de lo "nuestro", que tú eras tímido y que debía de ser yo la que diera el primer paso.

martes, 14 de enero de 2014

Atufo.


(De atufar1).
1. m. desus. Enfado o enojo.

Para comentar la palabra de hoy, permitidme que cuente una verdad con un algo de mentira, o una mentira con algo de verdad.

Tenía una tía abuela, solterona, de esas de moño, bozo (que más parecía bigote) y que siempre vestía de negro. Jubilada a edad tardía de una casa señorial, en la que se reunían militares de graduación, empresarios, terratenientes, y conspiradores todos, donde ejerció como ama de llaves, y que,  dada su condición, no teniendo nada que hacer, se dedicaba a visitar a los parientes. Con unos se quedaba varios días, con otros semanas según le diera la tarantaina. Vivir el silencio de la soledad, después de haber estado entre tanta gente, amos y criados, debe de ser aterrador.

Sucedió que estando pasando unos días en casa de una su cuñada, viuda, pero con una hija casada y con tres niños, se le escapó comentar que tenía leves pérdidas de orina.  Como quiera que el yerno de la cuñada, tenía el oído presto y que era guasón por excelencia, pronto le encasquetó el mote de Doña Fedoreta. Es decir; que daba un fedor que atufaba. Mentira podrida, pues yo, por más que gusmiaba, no conseguía oler aquello que él decía. Pudiera ser, que siendo vieja, oliese a lo que suelen oler los viejos; a vieja, más ella utilizaba Joya de Myrurgia, perfume que utilizó durante toda su vida.

Volviendo al vocablo: Atufo es el presente de indicativo del verbo Atufar, y atufar es:

Atufar1.
(De tufo1).
1. tr. Trastornar con el tufo (‖ emanación gaseosa). U. m. c. prnl.
2. tr. coloq. Trastornar o aturdir con el tufo (‖ hedor). U. t. c. prnl.
3. tr. Enfadar, enojar. U. m. c. prnl.
4. intr. coloq. heder (‖ despedir un olor muy malo). U. t. en sent. fig.
5. prnl. Recibir o tomar tufo (‖ soberbia, vanidad).
6. prnl. Dicho de un licor, y especialmente del vino: Avinagrarse o apuntarse.
7. prnl. Bol. y Ec. aturdirse (‖ sufrir aturdimiento).

Dicho lo cual, la tercera acepción no me encaja mucho.

En este panfleto, encontraréis palabros como Tarantaina, y que debe entenderse por Ramalazo, ventolera, etc. algo que te da a la cabeza y hace mudar la opinión o el estado.
Fedor; nosotros, los asturianos, continuamos con la antigua usanza, lo digo a menudo, de utilizar la F por la H, por lo que fedor = a hedor.
Gusmiar, como se desprende del escrito, es husmear, oler, indagar lo que se hace o se cuece...

Y por hoy nada más, que ya fue bastante.

jueves, 9 de enero de 2014

Olvido.


Ahora recuerdo perfectamente el día en que nací. ¡Es imposible! ¡Alguien te lo habrá contado! Si, quizá, más yo siento esa percepción con una sensación nítida durante mucho tiempo adormecida.

Mi madre me alumbró en casa, en su cama, con esfuerzo, sin un grito, aunque con algún resuello.  Bien conocía su suave voz a pesar de la distorsión del liquido amniótico, las intangibles pero cálidas y amorosas caricias que me hacía en su seno. Lo sé bien, solo a la comadrona oía en aquellos primeros momentos; ¡Empuja, empuja! Y así vine al mundo, grasiento y cegato. Aquella mujer, me propinó una cachetada en las nalgas que me ayudo a tomar aire. Lancé un gruñido deseando volver al contacto materno, sin embargo, me manosearon, lavaron, y luego de un rato, me colocaron cerca de su pecho. Me besó en la frente, me contó los dedos de manos y pies y, cuando hubo comprobado que todo estaba bien y en su sitio, llevó su dedo índice a mis labios para estimular mi apetito. De sobra sabía yo lo que había que hacer; buscar el pezón que ya rezumaba calostro.

Pronto pude distinguir a mi madre, seguramente, porque siempre estaba cerca de aquella cara de ojos negros en los que brillaban chiribitas, como las estrellas en el negro cielo. También a mi padre, pendiente de los dos y un poco mohíno, pues, yo era un hijo deseado con todas las fuerzas por mi madre, pero no por él. Ella, enferma, puso en grave riesgo su vida por mí, de ahí su malestar.

Cuando comencé a gatear sobre la cama, mi madre me explicaba, como si pudiera comprender, aquellos dibujos de las mantas; esto es un leopardo que mira las acacias al fondo de la sabana. Tal vez haya alguna gacela escondida bajo ellas, o algún mono en las copas. Mira que manchas tan bonitas tiene, y que ojos, parece que está vivo.  Y su mano formaba una tenue arruga dando movimiento a la cola. ¿Y, la hierba?, amarillea en el centro, más marrón donde la maleza abunda. En esta otra, el elefante africano, con sus orejas grandotas, la trompa tratando de coger las hojas de los árboles. ¿Te gustan?

Fueron pasando los días, los meses y años en completa felicidad. Más, cuando  iba a cumplir seis, mi madre nos dejó. Se murió silenciosamente, cogidas sus manos a las manos de mi padre que lloraba inconsolable.

Algo nació dentro de mí; rencor. ¿Es posible, que pudiera dejarnos con lo que la amábamos? Y borré para siempre aquellos recuerdos. Eché al olvido las caricias a través de su tripa, sus cancioncillas susurradas. Olvidé el día en que nací, olvidé al leopardo, al elefante africano que tiene las orejas más grandes que el indio. Olvidé cuando jugábamos a la araña, la araña que viene de España... con la mano en alto, moviendo los dedos y acercándose para buscarme la cosquillas. Olvidé que me enseñó a leer antes de empezar con las monjas... todo se fue al olvido.

Fue como si mi vida comenzara a los seis años. Mi padre, siempre enfrascado en resolver ecuaciones imposibles, dejaba a un lado su trabajo para tratar de rememorar conmigo aquellos días felices, pero yo me negaba.


Ha sido hoy, al ver nacer a mi hija, cuando he llorado lo que no quise llorar en su día. Mi mujer entendía la emoción, aunque la juzgase un tanto exagerada. Solamente mi padre comprendió que no me había sido posible el olvido.