sábado, 5 de abril de 2014

Mi Perro Bonito.


¡Vaya un nombre para un perro! Me dijeron. Ya lo sé, pero no fui yo quien se lo puso, que fueron todos aquellos que lo encontraban bonito. Y Bonito se le quedó. De cachorro lo llamaba simplemente perro, a la espera de encontrar el nombre adecuado a sus cualidades, a esa característica especial que cada cual, persona, animal, o cosa, puede poseer. Y en verdad tú eras muy bonito. También eras fiel. No quiero decir con ello que obedecías ciegamente las órdenes que se te daban, quiero decir, que tenías las condiciones innatas para cumplir las obligaciones que tú mismo te habías impuesto. Sabías lo que eras; un perro, sinónimo de compañía, cariño, guarda y protección, y así cumplías.

Ahora que ese frío húmedo va subiendo desde mis pies, poco a poco, y acabará por yermar mi cuerpo entero, dejándolo listo para la mortaja, recuerdo bien, que del mismo modo te fuiste de este mundo. Yo estaba a tu lado, te acariciaba, tapaba y hablaba bajito, dándote confianza y la seguridad de que no te abandonaría en aquél trance. Por eso, cuando sentiste esa negra garra que te estrujó el corazón, me miraste con ojos de sorpresa, tal vez de reproche, y ya en el último estertor, la muda expresión de tus ojos parecía preguntarme  ¿por qué?

Cogí tu cabeza entre mis manos, te besé en el hocico mientras las lagrimas me nublaban la vista y te dije quedo; tranquilo mi amor, la vida es corta y tú ya llegaste al final, la muerte es esto; un simple suspiro. Espérame al otro lado del arco iris y volveremos a corretear tras las mariposas, volveremos a caminar los senderos tanta veces recorridos, pero esta vez iremos de nube en nube, y nos esconderemos mimetizados con los bellos colores da las gotas de agua atravesadas por el sol.

Ya hace tiempo que no voy al Monte. Esto es más raro si cabe, tú eras bonito y te llamamos Bonito, pero llamar Monte a un monte, se me antoja una patochada, aunque sea verdad. Los montes han de tener nombre propio, ¿recuerdas cuando fuimos al Monsacro? Ese sí es un nombre bonito, ¿verdad Bonito? ¡Vaya la caminata que nos pegamos hasta la montaña sagrada! Nunca te vi lengua tan larga, ni carlear de aquella manera. Pero tú, infatigable, con tantas idas y venidas, hiciste varias veces el recorrido. Descansamos en el Prau del Ermitaño tras visitar las capillas, y allí, mientras comíamos el bocadillo, te conté las leyendas sobre el Arca de las Reliquias, los Templarios y de Nuestra Señora del Monsacro.


¡Quién hubiera guardado un puñado de la tierra milagrosa del Pozo de Santo Toribio! Allí estuvo guardada el Arca que contenía las Reliquias que de Tierra Santa se desembarcaron en Luarca, según unos, o que desde tierra africana hasta Toledo, según otros, vino a  parar  al Monsacro huyendo de la morisma invasora. Quizá esa tierra bajo el dolmen en que se asienta la capilla de Nuestra Señora, hubiera obrado el milagro de mantenerte con vida algo más de tiempo. El mío está llegando ya a su fin; el frío se apodera de mis entrañas, pronto estaremos juntos de nuevo.