viernes, 30 de mayo de 2014

El Feisbuk y la Mili.


Ayer entré en el "feisbuk" que desde hace un tiempo tenía abandonado por causas que no vienen al caso.
A mí, que soy un preguntón, me molesta que no sé quién, me pregunte cosas como donde estudiaste y otras por el estilo. Ya se las diré yo a quien las quiera saber, y no a quienes no les importa.

Recordé que cuando hacía el servicio militar, el teniente de la compañía, fue haciendo a los reclutas que le habían tocado en suerte, uno por uno, dos preguntas; donde estudiaste y donde trabajas. Uno de ellos, formado con los demás delante del barracón y aún de paisano, le contestó no sin cierta afectación y displicencia:
- Estudio en la Universidad de la Vida.
- Bien, le dijo el teniente, pues ahora estás en la Universidad de la Milicia, y los militares, a pesar de las apariencias, no solemos ser tan prosopopéyicos como tú. Y volteando la cabeza llamó:
- ¡Barbero!
- A sus órdenes mi teniente.
- A este ye-ye del pelo alborotado, me lo rapas al dos... por si lleva medias de color.

Y sin decirlo, lo llamó maricón desacreditándolo ante todos. El rapado en aquellos tiempos, era denigrante y sinónimo de mala conducta, y se procuraba evitar a toda costa. No como ahora, que se ven melones pelados a cada paso.

Aquel universitario, se disolvió entre los compañeros como azucarillo en café caliente. 

Tres meses después, al finalizar la jura de bandera, el teniente lo llamó por su nombre y tendiéndole la mano le dijo:
- Creo que aquél corte de pelo te vino bien; has aprendido, has acatado y has cumplido. En tu destino serás un buen soldado, y sobre todo, persona. Enhorabuena.

Como el teniente, otra pregunta que hace el feisbuk, es: ¿Donde trabajas?

Y yo quise hacer una prueba; escribí en ese apartado... en el alambre.

¿Sabéis lo que pasó? Pues que alguien pensó que yo era funámbulo. Se corrió la voz y me llovieron los amigos. En realidad no trabajo en el circo ni en el espectáculo, pero sigo manteniendo que trabajo en el alambre: soy ferrallista.

lunes, 26 de mayo de 2014

Peregrino por Amor.



Serían las nueve de la mañana  más o menos. Me encontraba podando un seto de la finca, cuando vi venir por la carretera, un peregrino. Nada nuevo por estos lugares. De un tiempo a esta parte, el Camino del Norte es muy frecuentado, aún así, me causa gran admiración lo que ellos hacen, para mí imposible. Playeros, pantalón corto camiseta, mochila y sombrero de ala ancha. Un grueso bordón sobre los hombros y las manos cogidas casi a sus extremos me indicaron que aún estaba fresco y no necesitaba de apoyo. Al fin y al cabo, Gijón está solamente a ocho kilómetros y eso no es nada cuando ya se llevan recorridos más de cuatrocientos.

Alguien más, desde la finca de al lado, vigilaba. Era la Mora, una collie enana, mala como la quina, y que ladraba desaforadamente ante el menor movimiento de persona, animal o cosa.

La portilla de su finca, barrotes de hierro y alguna filigrana dorada, estaba entornada. Se agazapó tras el tercio inferior, ciego con una chapa, donde nadie la podía ver. Por esta vez ni siquiera abrió la boca. El peregrino saludó al paso con un buenos días y yo le respondí comentándole lo bien que se presentaba la jornada para caminar, a lo que asintió.

 Algo mayor que yo, como de cincuenta y ocho o sesenta, barba que parecía de ocasión, ojos azules, magro de carnes y bastante alto, me recordó a Paul Newman, tal vez por el acento. Pasada la entrada de mi vecino, la perra asomó el hocico y lo siguió con la vista. Yo miraba también, extrañado por una conducta no habitual en ella, y, entonces, echó una carrera y grapó a nuestro caminante a la altura de la pantorrilla. En un segundo, yo que grito ¡cuidado! el hombre que va al suelo aparatosamente, la perra que no suelta, el palo que trata de apartar al chucho con un golpe... un quejido lastimero. La Mora soltó su sangrante presa, movió sus patas tal si quisiera correr, luego, más despacio, como si le hubiera entrado la calambre, hasta que en un abrir y cerrar de ojos, expiró.

A las voces salieron a todo correr el vecino y su mujer, pensando que algún coche había atropellado al perro. Cuando comprendieron lo que había pasado, yo ya estaba al lado del hombre que sangraba abundantemente y medio conmocionado por el golpe contra el suelo. La mujer ni siquiera se fijó en él, se echó sobre el animal mientras que con gritos y lloros lo recogía en sus brazos: ¡ Me la ha matado, me la mató!

El peregrino musitaba una excusa; Pardon, attacked me without  provoke it! I did not even see it!

El marido por el contrario se fue hasta el caído, y con los ojos que se le salían de las órbitas, le atizó dos patadas en el pecho:
¡Maldito franchute de mierda, me has matado a la perra!

Lo separé no sin esfuerzo: ¿Eres idiota? Te está diciendo, que la perra lo atacó a traición, que ni siquiera la había visto, pero aunque no hubiera sido así, que lo fue, ¿cómo te atreves a patear a un hombre en el suelo? ¡Solamente le ha dado un golpe para quitársela de encima! Se metieron es su casa y nos dejaron allí sin comprender ambos aquella reacción del marido y la mujer.

Mientras sacaba el coche del garaje para llevarlo al hospital, mi esposa le había lavado la herida con agua y jabón y dejó de sangrar. El médico  de urgencias, luego de un rato, salió a hablar conmigo:

"Lo voy a dejar aquí esta noche, la pierna no me preocupa demasiado en principio, pero tiene una costilla rota y respira con dificultad. No es sitio el albergue para que pase allí la noche. Por los papeles, ya sabe que es norteamericano, no hay problema, otra cosa es que no quiere denunciar el hecho. Es sumamente importante, y urgente, saber si el perro está al corriente de de sus vacunas, de no ser así, tenemos un problema.

Le di el número de teléfono de mi vecino para que hablase con él, seguramente a mí no me haría caso. No sé lo que hablaron, pero antes de veinte minutos Pedro estaba allí con la cartilla.

Bill recibió el alta al día siguiente. Lo fui a buscar después de la comida y, dado que no podía continuar con su caminata, me lo llevé a Oviedo.

- ¿No sabes el dicho, peregrino?

- ¿A qué cosa refieres, Manolo?

- A este: "Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y no a su Señor". Por eso te he traído a la Catedral de San Salvador, para que veas el verdadero inicio del Camino, camino iniciado por Alfonso II rey de Asturias y apodado el Casto.

- Ya, sabía yo esta cosa, pero tiempo apremia, no podía perder dos o tres días. Ahora  soy castigado con infortunio.

- ¿Que más te daban dos o tres días? ¿No te alcanza el dinero?

- No the money no problem. Yo te cuento una historia. Mi mujer, Mery, enferma. Ella ve cinta The Way, protagonista Martin Sheen, en ficción Tom. Tom recibe noticia de muerte de su hijo cuando inicia El Camino. Viene de California a preparar vuelta a casa, pero decide incinerar cadáver y hacer él Camino llevando sus cenizas. Quiere cumplir deseo de hijo. Gustó mucho a Mery, que interesó muy mucho por Santiago y los peregrinos. Cuando supo que cáncer no tenía cura, me pidió hiciera Camino por ella. Yo escribo todos los días y explico Camino, sensaciones, gentes, vicisitudes, mando fotos de sitios... Mery espera llamada para venir, los dos andaremos desde Monte do Gozo hasta Santiago. Por eso tiempo apremia.

- No te preocupes, lo conseguiréis.

Bill durmió en mi casa aquella noche, después de visitar la catedral y de buscar por todo Oviedo el cachorro con más parecido que encontramos a la Mora. Mi vecino se sintió abochornado al recibir al perro y pidió perdón por lo sucedido. A la mañana siguiente, Bill se marchó. Me regaló un chapa esmaltada de esas a las que son tan aficionados los norteamericanos, con el escudo de Texas. Yo le di un consejo:

- Ésta carretera es peligrosa y molesta por el trafico que tiene, el viento y el polvo que levantan los camiones, y se hace eterna la recta hasta Tabaza, así que, mejor vas por ese camino paralelo que te llevará al mismo lugar. De paso podrás admirar los hórreos y paneras de las caserías, el Palacio de los Carreño, la finca donde Clarín pasó la niñez, y la Iglesia de Santa María la Mayor, en la que un cura cantero, labró muchas de sus piedras para su restauración. Aquí tienes este libro, La Regenta, sin duda la mejor obra de Leopoldo García-Alas Ureña, apodado Clarín. Buen Camino, amigo.

Y Bill, a la pata trinca, como yo digo, se lanzó a finalizar aquella vigésimo primera etapa de las treinta y dos del total.


Me llamaron por teléfono desde Santiago una vez finaliza la visita al Santo. Todo había finalizado con bien. Mery y Bill caminaron aquel trecho cogidos de la mano, y aunque yo apenas la entendía, pude comprobar el conocimiento, y la emoción con que hablaba del Camino. Tal parecía que ella lo había recorrido palmo a palmo. Se quedaron en Galicia unos días antes de emprender el regreso. Un mes más tarde, Bill me escribió una larga carta desde Corpus Christi donde vivían; Mery había muerto en paz y tranquila.

domingo, 18 de mayo de 2014

La Luna, el Sapo... y otros pocos







Carretera d'Avilés
un carreteru cantaba
al son de los esquilones
que so parexa llevaba.

Marineru arría la vela
que ta la nueche
tranquila y serena.

Nueche tranquila y serena
non ye bona pa rondar
que pa los enamoraos
ye meyor la escuridá.

Marineru arría la vela
que ta la nueche
tranquila y serena.

La gaviota que yo quiero
non taramiella la mar
lleváronla vientos ruinos
anque non había tempestá.

Marineru arría la vela
que ta la nueche
tranquila y serena.


Estaba la noche tranquila y serena, luna en creciente avanzado, o quizá en menguante, que siempre dudo si los cuernos apuntan hacia la izquierda en creciente, o si lo hacen al contrario. 

Las aguas del Reconco brillan como la plata dejando a su paso un rumorcillo tenue y acompasado. Dos pequeños murciélagos parecen volar erráticamente, más son esos continuos quiebros, subidas y bajadas en busca de mosquitos y polillas, calculados con precisión. 

El silbido del sapo partero llama insistente a una posible pareja, es un canto monótono en lo sonoro, en la intensidad y en el tiempo, y que noche tras noche, con esa insistencia del que ansía un encuentro, proseguirá hasta ver cumplido su deseo... a pesar de los peligros que corre. Espero que a nuestro sapo no le ocurra como a aquél otro de la leyenda Mapuche. Cuenta la leyenda, que sabedor el zorro del atractivo de la voz del sapo para los pájaros, le pidió prestada por una noche su silbido para atraerlos y darse con ellos el festín que las aves querían darse con el sapo. Pero el zorro, zorro él, engañó cada noche al sapo para no devolverle su voz, y dicen, que aquello fue el comienzo, para que los zorros aprendieran a imitar la voz del sapo y así poder cazar. 

Es primavera. La hierba está bastante crecida. Un corro de hojarasca ha quedado del otoño y ahora algunas castañas han empezado a germinar. Los débiles tallos tratan de abrirse paso desde las de abajo, junto a la tierra que les han servido de compost, hasta las de arriba más sueltas. La hierba se mueve, tal parece como si fuese una culebra por el perceptible reguero que deja camino de la hojarasca, pero ellas no son noctámbulas. ¿Y esa bulla entre las hojas? Sin duda unos ratones de campo que van de juerga. Han topado con castañas mayucas y dejan de enredar. La luna ilumina el corro, también unas pocas luciérnagas fosforescen en el seto mientras desde una rama un autillo vigila. Las manecitas de los ratoncillos voltean los frutos arrimándolos al pecho cuando mastican. Están sentados sobre sus cuartos traseros al calorcillo que desprende la hojarasca en fermentación, sus redondos y negros ojos brillan cual alfileres de cristal; orejas tiesas y prestas al menor ruido. Y la rapaz, desde el árbol, que no pierde ripio. ¡Aquí se masca la tragedia! 

En un momento se dan las circunstancias precisas para que suceda lo que ha de suceder; el pájaro en la rama, la luna que ilumina por detrás, los ratones de frente saboreando sus frutos y el sapo cantando algo más lejos. Allá abajo, junto al río, cuatro perreras en un rectángulo, dos perros en cada una parecen dormitar, todos menos uno que ha oído algo. Pregunta; ¿Guau guau guau?- ¿Quien anda ahí? Y uno, al que no veo, al otro lado del camino, contesta; ¿Gua guau, guau guau guau? - ¿Y a ti, qué coño te importa? La voz parece de perro pequeño y cascarrabias. Los demás perros despiertan y unen sus voces al concierto: ¿Guau guau?- ¿Qué sucede? ¿Donde, quien? Y el primero pone al corriente a sus compañeros; Gua guau gua guau guau guau guau- Ese zoquete del vecino que anda husmeando. Guau gua gua gua... - Zoquetes lo seréis vosotros que pisáis y oléis vuestras propias mierdas y orines. ¡Perros de caza! Tanto pedigrí y os pasáis casi todo el año sin salir de ahí. ¡Anda y que os den! 

Seguramente el perrillo ha dado media vuelta y se ha marchado, mientras los otros continúan con sus imprecaciones que a nadie interesan ya. 

A los primeros ladridos, el pájaro se ha puesto nervioso, teme que sus presas se escondan y lanza el ataque. El haz que la luna derrama, se ve interrumpido por el vuelo del ave. Un fallo de pájaro novato que no ha tenido en cuenta la sombra que proyecta, los ratones sueltan las castañas y huyen, la lechuza ha hundido sus uñas en las hojas en un ataque fallido. Tal vez se fió más de su vista que de su oído, tal vez el oído se atolondró con los ladridos. Volverá a su rama con el estómago vacío, y mientras, contradiciendo la canción, el sapo ha encontrado su pareja y junto a las piedras del estanque donde habitan los peces de colores, hacen el amor a la luz de una luna, que no sé si está en menguante o en creciente.