miércoles, 27 de agosto de 2014

La señora del Cuarto Cuarta. Desenlace.

Poco después de que me quitaran la escayola, un domingo a finales de la primavera, fui con los amigos hasta un merendero en la Guia. Atravesamos el bar y salimos a la parte posterior. Desde la escalera vi el río encauzado donde unos patos buscaban alimento. Una hilera de falsos plátanos bordeaba el muro y otras dos, los flancos de la rectangular pista de baile. A ambos lados de esta, mesas y bancos de cemento donde parejas, amigos o familias disfrutaban de la tarde.

Pedimos tortilla y unas botellas de sidra, mientras observábamos el gentío, principalmente el femenino, por ver si había ocasión de trabar amistad.
Para mi sorpresa, reconocí a Araceli que estaba con su marido y los chicos, pero el colmo de esa sorpresa, fue el ver cómo la pareja salió a la pista cuando la gramola comenzó a tocar Let's twist again.

Supongo que aquella relación, perdón, compromiso, que manteníamos entre ambos le había sido provechosa al fin y al cabo; solamente necesitó que alguien le dijese que estaba malgastando su vida, dejándola pasar, cuando aún estaba en la flor de la edad. Me sentí feliz, más, cuando percatados los niños de mi presencia, corrieron a avisar a sus padres que salieron risueños de la pista para saludarme.

Al domingo siguiente tampoco fui a casa. Esta vez nos llegamos a los merenderos del Rinconin. Yo sabía donde actuaba Carmen, protagonista principal de "Carmenchu y su conjunto Maravillas". Quería comprobar si aquella especie animadversión que creía sentir hacia ella, era tan infundada como el juicio que me formara con Araceli.

Ella estaba espléndida; un vestido azulón con grandes lunares blancos, escote barco, sin mangas y acampanado que dejaba ver la puntilla de las enaguas; piernas perfectas con los  pies embutidos en vertiginosos zapatos rojos. Se movía con arte y picardía por el proscenio al ritmo de sus canciones alegres y pegadizas, mientras la gente joven danzaba bulliciosa.
El conjunto hizo un descanso, y ella, que me había visto, vino hacia mí. ¿No bailas? Y como de costumbre apenas si me dejó decir que no sabía. Me cogió de la mano y arrastró hacia el centro de la pista. El tocadiscos principiaba a tocar las Palmeras. Ésta es buena para comenzar, déjate llevar. Y yo me dejé aquella y otras tres piezas más.
- ¡Hala, ya estás listo para ligar! Me voy a refrescar un poco que dentro de cinco minutos vuelvo para arriba.
Y me dejó frente a la marabunta; ellas me miraban codiciosas, ellos con envidia. Le eché cara al asunto, y estuve bailando toda la tarde. Aquél día conocí a dos personas y saqué una conclusión más. Las personas fueron; mi primera y única novia y el batería del conjunto, el novio de Carmen.


La conclusión: No se debe juzgar a las personas sin conocerlas.

lunes, 25 de agosto de 2014

La Señora del Cuarto Cuarta.

 Fue a comienzos del primer curso cuando mi padre me compro la scooter. A mi madre no le gustaba la idea, pero comprendía tenía que caminar un gran trecho y estar sujeto a los horarios del autocar. Con la moto ganaría en tiempo y en comodidad.
Cuando terminé aquel curso, convencí a ambos para cambiar la Vespa por una MV de cuatro tiempos de las que hacían en el Natahoyo. Las ruedas eran más grandes y por tanto mejor de manejar por los caminos que transitaba hasta llegar a la carretera general. Sin embargo, lo que no me había sucedido con la Vespa, me iba a acaecer con la flamante y potente MV.

Me dirigía temprano a matricularme del nuevo curso, cuando surgió el accidente.  La carretera estaba casi desierta, algún camión iba hacia Avilés y solo yo hacia Gijón. Entré en aquella curva trazándola perfectamente. Después de un año ya las conocía todas tan bien, que hubiera podido tomarlas con los ojos vendados. Pero en aquella ocasión el piso no estaba igual que siempre; una mancha de aceite y gasoil hicieron derrapar la rueda trasera. Caí al suelo y fui arrastrado por la máquina que aprisionaba mi pierna derecha contra el asfalto. En milésimas de segundo cruzamos la carretera y salimos al arcén donde la moto dio un salto y prosiguiendo su camino, fue a caer por un terraplén hasta el pequeño riachuelo. Aquél desnivel entre la carretera y el arcén donde la moto había pegado el bote, fue lo suficiente para quedar yo libre de su peso, y mas frenado, seguir con una trayectoria distinta. No sé lo que hubiera ocurrido de ir a para el río, lo que sé es que un árbol se interpuso en mi camino. Mi ya maltrecha pierna derecha chocó con él. Me rompí un par de huesos por lo que me escayolaron para una temporada.

Como no era cuestión de perder el curso, mi padre, después de ver unas cuantas pensiones, me alquiló un piso cerca de la Escuela de Industrias. Lógicamente con ascensor. Hablo del ascensor, por que tanto en lo que dimanaba de él, como del patio a modo de corrala, eran la vida misma. El patio era cuadrangular, en una de sus esquinas estaba el ascensor y en la opuesta  la escalera. Desde ambos se accedía a los corredores de cada planta y desde estos a las puertas de las viviendas. En cada tramo del corredor había dos puertas numeradas del uno al ocho con una ventana a cada lado. Los números comenzaban a la derecha de la escalera y finalizaban a la izquierda de la misma, así, el uno tenía enfrente al seis, el dos al cinco, el tres al ocho y el cuatro al siete. Yo tenía alquilado el siete.




      Aunque pueda parecer lo contrario, las dos estancias más luminosas de la casa eran las que daban al patio y que correspondían a la cocina y un cuarto que yo habilite como estudio. Coloque la mesa cerca de la ventana y sobre ella mis trastos de dibujo y mis libros. A causa de la pata tiesa como decía mi padre, debía colocarme de lado, apoyando la escayola sobre un taburete. No era postura muy cómoda, pero al mirar por la ventana me dije que aquel sitio era perfecto. Tal vez influyera en ello el que hacía poco había visto “La Ventana Indiscreta” y me sentía casi como el protagonista. Desde aquella atalaya pronto pude conocer a mis vecinos: Enfrente, en el cuarto cuarta puerta, un matrimonio con dos hijos, en el cuarto tercera y sexta dos matrimonios mayores, en el cuarto segunda una solterona con su madre, en el cuarto primera un cincuentón que siempre estaba de viaje, en el cuarto quinta una pareja joven y el piso de la puerta octava estaba vacío. De los pisos superiores e inferiores, aunque tropecé a sus moradores sin duda en el ascensor, no llegué ni a conocerlos ni siquiera a ubicarlos.

Mi madre siempre solícita, se encargaba del avituallamiento y todos los viernes que yo no iba a casa por tener demasiado trabajo, se presentaba con mi padre y una cesta de mimbre donde traía más comida de la que yo pudiera acabar en un mes. Metía la ropa sucia en un macuto, colocaba la lavada en el armario y me hacía la limpieza de la casa. Mi padre, siempre con prisa, rezongaba y decía que mejor sería que cogiera una asistenta un par de horas diarias, pero la medida iba posponiéndose un día tras otro.

Aquella mañana solo había tenido dos clases y no queriendo ir con los compañeros a los billares, me fui a casa para acabar una lamina que tenía empezada. Limpiaba el tiralíneas y la bigotera mientras tarareaba la canción que la vecina de enfrente hacia sonar en una gramola. Ella se dedicaba a sus quehaceres como todas las mañanas y como todas las mañanas repetía incansable los mismos discos con las mismas canciones. Me di cuenta que poco había de alegre en las letras; casi todas eran desgarradas rancheras, tristes boleros o dolientes coplas, y comencé a observarla discretamente. Mantenía siempre la  ventana de la cocina abierta y siendo pequeña la distancia que nos separaba, podía verla perfectamente aunque se hallara al fondo. Por la ropa que colgaba intuí que su marido era mecánico y que apenas si paraba en casa para cenar y dormir. Los hijos de entre diez y doce años, estaban prácticamente todo el día en el colegio o en la calle. Ella fumaba bastante, a lo que pude observar “Bisonte”, y también parecía beber más de la cuenta. Alguna pena la embargaba, estaba cierto de ello, y creo que las canciones eran eso; un desgarrado llamamiento lanzado a los cuatro vientos, para que el mundo se enterase de que era desgraciada. 

Tenía que haber sido muy guapa, aún lo era, y seguro que con buena figura, pero aquellos trasiegos continuos de la botella al vaso y de este a la boca, la estaban volviendo un tanto gorda, quizá flácida. ¿Cual podría ser la causa de esa actitud? Quizá el marido se ocupaba poco de ella: En realidad solo alguna tarde de domingo los había visto de paseo por el muelle. Pero, ¿yo que sabía? Los hijos no parecía que le diesen disgustos; nunca la oías reñirlos. ¿Qué sería? Me preguntaba olvidando la tecnología o la física.
Coincidimos alguna vez en el ascensor, pero ella simplemente se limitaba a dar los buenos días o al clásico “hasta luego”. Yo, que me quería hacer el simpático, pronto le conté mi vida... “Si... fue en un accidente de moto”. “Estoy estudiando segundo de peritos y tengo el piso alquilado hasta fin de curso” y cosas semejantes. Pero ella no se abría; escuchaba y callaba. También coincidí con la solterona del cuarto segunda, que al ver la cartera con los libros que yo llevaba en bandolera me dice...
-¿Así que eres estudiante?
Pero ni siquiera me dejó hablar...
-Pues yo hace unos años estudie la carrera de comercio, bueno no llegué a terminarla por que se murió mi padre, pero hice dos cursos. Ahora soy vocalista de una orquesta y es que cuando mi padre vivía -era maestro armero con el grado de subteniente- también daba clases de declamación. Hice giras con una compañía de zarzuela, pero mi representante me obligaba a hacerme la cirugía estética y lo deje. ¿No te parece que mi personalidad emana de mi nariz?. Eso fue lo que le dije... ¡Antes lo dejo, que ponerme en manos de alguien que me deje chata!. ¡Y vaya si lo hice!
- Me quedo aquí -dije un tanto acobardado e introduciendo el llavín en la cerradura de mi puerta.
-Bueno, si necesitas alguna clase de calculo -me decía melifluamente mientras me miraba de arriba abajo- yo he dado cálculo de interés simple, cálculo de interés compuesto... o sea, que calculo bastante bien...
Mi manifiesta cobardía se tuvo que notar a la legua; estaba rojo hasta la raíz del pelo, por lo que queriendo cortar aquello, dije mientras me introducía aprisa en casa...
-Doy tecnología, resistencia de materiales aplicada y cosas semejantes, el cálculo  es de estructuras, puentes, grúas y cosas de esas.
Mas tarde pensé que había estado un tanto grosero, al fin y al cabo ella, por acompañarme, anduvo tres pasillos para llegar a su casa cuando de haber ido por el otro lado, solo hubiera andado uno. En fin, me parecía que lo mejor era no darle mucha confianza, al fin y al cabo yo tenía diecinueve años y ella seguro que había pasado los treinta y cinco.

Un día a eso de las siete, apuré el paso al ver que Araceli se introducía en el portal con sus dos niños. Me desilusioné un tanto al ver que desde dentro Carmen sujetaba la puerta. Quise dar una disculpa para no subir con ambas en el ascensor, pero la solterona muy risueña no quiso que yo esperase un segundo viaje...
-Pasa, pasa, que entramos todos.
Y allí nos metimos, señora con capazo, niños, soltera que se creía en edad de merecer y yo.
-Arrímate, arrímate para acá –me decía haciéndome sitio junto a ella.
 Me coloque con la espalda pegada a la pared y con la escayola y las muletas haciendo de parapeto, no fuera que aquel cuerpo que intuía lascivo se fuera a chocar conmigo. No es que aquella joven fuera fea o no tuviera buena figura, en realidad estaba muy bien a pesar de su nariz aguileña, es que a mi siempre me acobardó el que las mujeres llevaran la iniciativa. Queriendo desviar la atención de mis pensamientos pregunte sin mucha convicción...
-¿No sabrán de alguien que quiera hacerme la limpieza del piso?
-Yo te puedo limpiar...  lo que haga falta –me dijo insinuante.
-¿No has hablado últimamente con tu padre? terció Araceli.
Me quedé un instante sorprendido, pero me agarré enseguida al salvavidas que se me lanzaba.
-Esta semana no ¿por qué?
-Es que hace poco coincidimos también en el ascensor y surgió el mismo comentario, Yo me ofrecí. Solo falta acordar el precio.
Llegamos arriba y la solterona se despidió con una mirada furibunda hacia la competencia.
-¡Bueno, ahí os quedáis!
-Mira, me dijo Araceli una vez Carmen se hubo marchado, lo cierto es que tu padre me preguntó lo mismo que acabas de hacer y yo le dije que si me enteraba de alguien se lo diría. La verdad es que no me gustaría que “esa” se metiera en tu casa.
-A mi tampoco me gustaría pero ¿qué puedo hacer?
-No te preocupes, yo te haré la casa hasta que encuentres la persona adecuada y por el precio no tengas reparo, ya preguntaré a cuanto cobran por ahí. No necesito el dinero, pero tampoco es cosa de que haya malos entendidos. ¿Me comprendes?
Así Araceli y yo comenzamos una relación de amistad muy fructífera, espero que para ambos.

Como las matemáticas siempre han sido mi fuerte, hice un trueque con mi vecina; ella me limpiaba la casa y yo, sacando tiempo de donde podía, daba diariamente una hora de clase a su dos hijos.
Al principio, pocas veces coincidimos en el piso a pesar de que le había entregado una llave para que entrase cuando mejor le conviniera. Solía ir de mañana, cuando yo tenía el grueso de las clases, pero pasados un par de meses, se presentó a la hora de la clase de sus hijos.
-Quiero agradecerte lo que haces por los chicos, han adelantado mucho y además, vienen muy a gusto. Te he hecho este bizcocho para compensar un poco tus desvelos.
-Soy yo el que sale ganando con el trueque, ellos aprenden sin apenas molestarme y encima tengo la casa como un jaspe. Mi madre también te está muy agradecida.
Fue a la semana siguiente cuando nos volvimos a encontrar. Ella estaba haciendo la cama cuando llegué, y que, como no podía hacer gimnasia ni deporte alguno, tenía aquella hora libre. Al verme entrar quiso dejar lo que hacía para volver en otro momento en que no me molestase, pero yo se lo impedí.
-No por favor, no te vayas. De tener algo que hacer me hubiera quedado en la biblioteca, solamente he venido a comer algo; tenía hambre.
-Ya veo que a pesar de que tu madre te trae comida preparada, a ti te gustan más los mejillones; en la bolsa de la basura todos los días encuentro una lata.
-Si, me chiflan. ¿Y a ti, que es lo que te gusta?
-Yo como de todo.
-¿Pero nunca sales con tu marido a comer o a merendar fuera?
-A veces.
-Pues los compañeros me dicen que los merenderos de la Guía y Somió están llenos los domingos. ¡Y con baile y todo!
-Si, es cierto.
-¿Tu no bailas?
-Antes sí bailaba.
-¿Y por qué lo dejaste? Sé que te gusta mucho la música, todos los días oigo Tatuaje cuando lo pones en el tocadiscos.
-Son manías mías, no hagas caso.
-Yo creo que te pasa lo mismo que a mí; somos muy melancólicos.
-¿Melancólico tú con la edad que tienes? Me tengo que marchar.
-Oye, tu no eres muy mayor tampoco. ¿Cuántos años tienes, treinta?
-Anda, déjalo ya, me tengo que ir.
-Perdona si te he ofendido... no se calcular muy bien eso de la edad...
-No, ¿por qué me habría de ofender? Me has quitado seis años, es solamente que no me gusta mucho el derrotero que toma esta conversación. Nosotros mantenemos una relación...  mejor dicho, un compromiso de trabajo; esto a cambio de aquello, y únicamente eso, lo personal ha de quedar fuera del trato.
Se marchó dejándome parado como un pasmarote, pero a la semana siguiente, y la hora en que debiera de haber dado la clase, de estar en plenas facultades...
-¡Hola Araceli, que casualidad que estés aquí!
-¿Casualidad? Ninguna, todos los días vengo a la misma hora. Eres tú el que falla.
-Bueno, los martes de diez a once hay deporte y ya ves que no lo puedo hacer. Es cierto que a veces me quedo en la cancha viendo como juegan los compañeros al baloncesto, pero lo normal es que venga a casa. Como casi no desayuno, me hago un bocadillo y así aguanto mejor hasta las dos.
-Ya. De mejillones ¿no?.
-Que buena memoria tienes.
-Bueno, pues me marcho.
-Mujer, ¿por qué no te quedas un poco?
-Está bien, te haré el bocadillo y luego me voy.
-Oye, ¿acaso tienes miedo al qué dirán?
-Verás, aunque puede que haya alguien, que pudiera decir esto o aquello, y seguramente sin razón, la verdad es que me importaría relativamente. Me explico: Es posible que la lengua maldiciente de alguna vieja sacabera, envidiosa y sin otra cosa que hacer que espiar a los demás, pudiera inventar cualquier chisme. Si así fuera, no me importaría lo más mínimo; él, ella, ellas o ellos, saben que es mentira, yo sé que es mentira y tengo absoluta confianza en que mi marido sabría que es mentira. Otra cosa son mis hijos. Los niños son influenciables muchas veces, más en lo negativo que en lo positivo, y eso si me importaría. Toma el bocadillo.
-Gracias Araceli y perdona...
-Nada te tengo que perdonar. ¿Sabes que para ser un crío eres muy maduro? Me gusta hablar contigo, me comprendes muy bien.
-No todo lo comprendo, ¿qué placer obtienes al fumar tanto?
-¿Te canto el cuplé?
-¿Tanto te hace sufrir tu hombre?
- Mi hombre es un bendito de dios que se mata a trabajar para sacar adelante a su familia, y con bastante buena mano.
- Eso ya lo aprecio, lo que pregunto es otra cosa...
-¿De dónde sacas el sufrimiento? La canción habla de placer, pasión, besos... amor. No sé exactamente qué es lo que preguntas... pero tampoco quiero saberlo. En cuanto a lo de fumar... es cierto, fumo demasiado. Me voy.
-Espera mujer, ¿qué es lo que temes?
Temo que hayas malinterpretado mis palabras y que pienses que el vicio del tabaco -poquito matapenas sería- se debe a que espero por alguien distinto a mí marido. Nada más lejos de la realidad; le quiero, me quiere... y somos felices.
-¿Y el alcohol?
-¿Acaso me espías? Esta conversación se ha terminado, adiós.

Una vez más traté de disculparme, en esta ocasión con verdadero arrepentimiento. No había sido capaz de entrar en el asunto de una manera suave, convincente, es decir; con mano izquierda. Era un patán que se metía donde no le importaba y que ofendía a la mujer que teóricamente trataba de ayudar. ¿Para qué quería hacer de Quijote, si apenas a las abarcas de Sancho llegaba?

Aquel asunto, si es que asunto había, ya que todo parecían ser imaginaciones mías, cambió poco. Araceli continuó atendiendo mí casa, eso sí, a otra hora, pues no la volví a encontrar entre las diez y las once. En su ventana, aunque abierta, lucía ahora una cortina que nada dejaba traslucir. Una cosa más noté, no era para menos; aquel tango, incluso la del que llegó en un barco de nombre extranjero, desaparecieron del repertorio. Las cambió por la chica ye-ye, que ponía sin tregua en cuanto yo llegaba a casa.
  

miércoles, 20 de agosto de 2014

Vibrisas.


Si preguntara por el significado de la palabra de hoy, seguro que a más de uno le pillaría, como se suele decir; In albis. Y es que, de las palabras que tienen que ver con la botánica y la zoología, andamos -yo al menos- un poco pez.

Sin duda distinguimos cantidad de plantas y animales, pero de ahí a conocerlos va un trecho.  Y digo esto, porque conocer y distinguir, a mi entender, no es lo mismo aunque lo parezca. Distinguir es reconocer algo o alguien entre otros muchos, mientras que conocer significa algo más amplio, profundo e intimo. Podía haber escrito saber en vez de conocer, que tampoco es lo mismo, pues al fin y al cabo, lo que trata es de saber el significado del vocablo.
Resumiendo; distinguimos muchas cosas, conocemos y sabemos... bastantes pocas. Cómo dije antes, yo al menos.

1. f. pl. Bot. Pelos sensoriales de las plantas insectívoras, como los de la dionea o atrapamoscas.
2. f. pl. Zool. Pelos rígidos más o menos largos que actúan como receptores táctiles, propios de gran número de mamíferos y que aparecen, aislados o formando grupos, en distintas partes de la cabeza y de los miembros, especialmente sobre los labios; p. ej., los bigotes del gato.
3. f. pl. Zool. Cerdas de variada disposición que las aves tienen al pie de las plumas de las alas, a veces entre las patas y, en algunas especies, en la base del pico, como en el chotacabras y en el guácharo.

4. f. pl. Zool. Cerdas pares próximas a los ángulos superiores de la cavidad bucal de los dípteros.

lunes, 18 de agosto de 2014

Guáchara.


Has leído bien, escribí Guáchara, que no Guaracha. La Guaracha es un género musical que se baila por parejas. Original de Cuba, traspasó fronteras, y fue  a partir de los años cincuenta que pasó a Nueva York, donde en los setenta se empezó a denominar Salsa.

A la Guaracha, igual que al Tango argentino, se la consideraba barriobajera por lo critico, jocoso y picaresco, lo que no fue obstáculo para que yo me aprendiera de chico aquella que dice...

María Cristina me quiere gobernar
y yo le sigo, le sigo la corriente,
porque no quiero que diga la gente
que María Cristina me quiere gobernar.

A Celia Cruz, aquella del ¡Azúcar! la llamaban la guarachera del mundo.

En fin, la palabra de hoy era Guáchara, que procede del Quechua, y que yo no recuerdo en ninguna de sus acepciones. Ahí quedan.

(De guacho).
1. adj. Dicho de una persona: Enfermiza, y especialmente hidrópica o abotagada.
2. adj. Ec. huérfano (‖ que ha perdido el padre, la madre o ambos). U. t. c. s.
3. adj. ant. Se decía de quien está continuamente llorando y lamentándose.
4. m. Cría de un animal.
5. m. Pájaro de América del Sur, de color castaño rojizo, con manchas blancas orladas de negro, ojos grandes y pico fuerte, largo y ganchudo. Tiene unos 55 cm de longitud y algo más de un metro de envergadura. Es nocturno; de día se oculta en las cavernas y se orienta en la oscuridad por el oído.

6. m. Sal. sapo (‖ anfibio anuro).

viernes, 8 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 10ª.



A Hermelinda le parece que lleva años en Egipto, que conoce a Malek desde siempre, que aquel sueño que contara a Aurora solo hace unos días, se está cumpliendo. Él es el jeque por el que se ha dejado raptar, viste a la europea y no hacen el amor bajo una jaima, pero el desierto está allí y el río hace de oasis. Es feliz, está enamorada y sabe que no volverá con la profesora.

En cierto lugar del río, Bahari le dice a la joven que pronto estarán en Beni Hassan, lugar donde su abuela Hatshepsut mandó construir un templo a la diosa Pajet. "Pajet era capaz de dominar el fuego y de transformarse en otras formas animales, la veneraban porque se la consideraba protectora del sol y porque era capaz de favorecer la crecida del Nilo"
- ¿Lo veremos?
- Será complicado, está en la orilla oriental y no tenemos coche ni escolta, y ya has visto lo que puede suceder. Podría hacer unas gestiones, pero llevarán tiempo y vamos  justos. Mejor en otra ocasión ¿te parece bien?
- ¿Que quieres que te diga?
- Quiero que me digas que sí. Que te quedarás.
- Malek, en España tengo un padre, mi madre murió hace dos años, un hermano, un perro al que quiero y un trabajo. ¿Te das cuenta de lo que dejaría atrás? Mi vida cambiaría de forma radical. Tu eres amable, considerado, afable, educado, tienes un buen empleo, una casa maravillosa y parece que te gusto. Pero, ¿Que haría yo todo el día sola? Sin amigos, sin conocer el idioma, sin apenas poder salir, y cuando lo haga contigo, ¿caminaría tres pasos atrás? ¿tendría que cambiar mi forma de vestir? Creo que me estoy enamorando de ti, pero es razonable que tenga mis dudas.
- Te comprendo, Hermelinda, pero estamos en Egipto. Aquí la vida es diferente a otros lugares. Eres muy inteligente y aprenderás pronto. Tengo la potestad para hacer y deshacer, y por ello, haré que seas mi colaboradora. No tendrás tiempo de aburrirte. ¿Quién te ha dicho, que la mujer ha de ir siempre detrás del hombre? ¿Acaso no hemos ido a todos los sitios de la mano? ¿No vistes de la forma que te place? Y si tú crees que te estás enamorando de mí, yo afirmo que lo estoy de ti. Será un amor imperecedero, mayor que las pirámides. He tenido aventuras, pero ninguna mujer conoce mi casa, solo tú, porque tú eres la mujer con la que he soñado que viviría en ella. Te propongo algo: Iré contigo a España, quiero que tu familia me conozca, arreglarás tus asuntos y volveremos. A los míos los conocerás pronto, viven en Luxor.

Alea jacta est: La suerte está echada, pensó Hermelinda.

miércoles, 6 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda Parte 9ª



Tras la comida, Hermelinda se había quedado dormida. También Malek durmió unos minutos, pero se levantó para sentarse al lado de Abú que le cedió el timón. La faluca navegaba a buena velocidad aunque no parecía que hubiese casi viento. Karim, que manejaba la escota de la botavara buscando el viento más favorable, le preguntó si sabía algo de navegación. Malek le contestó que solamente sabía, que a aquella forma de navegar, con el viento de popa, se la llamaba "orejas de burro", pero nada más, y que esto lo había oído una vez, recordándolo porque le hizo gracia.
Despertó la joven y se fue hacia popa, Abú le cedió el sitio y se fue a proa. Ella se sentó al lado de Malek y le dijo al oído que le gustaría bañarse.
- Hermelinda, mira donde está el sol, antes de una hora anochecerá. ¿Te atreves a meterte en el agua?
- Es que lo necesito ¿comprendes?
- ¡Ah! Ya te entiendo, quieres ir al baño. He traído lo que tanto añoraba Aurora; un wc químico.
- Bueno, eso también. Necesito quitarme el sudor y la crema solar para ponerme repelente. Esto es como la pescadilla que se muerde la cola; sol, crema, mosquitos, repelente, y vuelta a empezar.
- Le diré a Abú que busque un sitio.
- Gracias.
El patrón, luego de rodear una pequeña isla no lejos de la orilla, estimó conveniente fondear al nordeste donde el calado era mayor, pero resguardados un tanto de la corriente. Al oeste, la frondosa vegetación había dejado una calva de dorada y fina arena formando una playita a la que los jóvenes se dirigieron mientras los tripulantes, sobre la cubierta, comenzaron a rezar sus oraciones. Malek llevaba una bolsa de lona que le entrego: Mira lo que puedas necesitar, mientras, voy a probar el agua.
Hermelinda cogió la bolsa y se alejó. Dentro encontró champú, linterna, toallas, papel higiénico, y una pala de zapador.
Un sol grandioso, teñido el amarillo casi por entero de rojizo, anunciaba su inminente desaparición. Herme lo contemplaba igual de absorta que el día en que llegó. De pie, desnuda y con el champú y toalla en la mano. Malek salió del agua, se colocó detrás de ella y la rodeó con sus brazos.
- "¡Hermoso apareces en el horizonte del cielo, oh tú, sol viviente, que vives desde el origen!
Has salido por el horizonte oriental y has llenado la Tierra con tu belleza.
Cuando te pones por el horizonte occidental, el mundo se sumerge en las tinieblas, en el estado de la muerte...
Sol durante el día.
Tu destierras la oscuridad y ofreces tus rayos.
Oh tú, Dios único que no tiene igual.
Tu creaste la tierra según tus deseos,
Tu creaste el Nilo en el mundo subterráneo y lo haces salir según tu voluntad, para salvar la vida a los hombres...
- ¿También eres poeta? Dijo ella volviéndose hacia él.
- No. Es de Akhenaton, esposo de Nefertiti y abuelo de Tutankamón.
Y se deslizaron hacia la tierra uniendo sus bocas en un beso interminable.
Aún quedaba algo de claridad cuando ella le susurró; Bahari, ¿estás dormido? Ya la madre Nut nos envuelve con sus sombras y tiende su manto estrellado. Por favor, quítate de encima para que pueda bañarme ahora, Abú nos llama intranquilo.

fin parte 9

El Viaje de Hermelinda. Parte 8ª





Emprendieron el regreso. Malcóm, por simple cortesía, le pidió a Hermelinda su opinión sobre lo que había visto y ella le contestó con un "simplemente fascinada". Aquellas pocas palabras, le dieron pie a ella para preguntar algo sobre lo que había estado cavilando: Sí Malek deambulaba de hotel en hotel, iba, aunque solamente fuera cuando aparecía algo sustancial, a las excavaciones y se pasaba horas en su despacho, ¿para qué quería un piso tan grande? ¿para qué un mayordomo? Y lo que la incomodaba en cierta forma; ¿Estabas anoche en el piso? Lógicamente las preguntas fueron un poco más sutiles pero directas:
- Oye Malcóm, ¿cual es tú trabajo exactamente, chofer, o mayordomo?
- Estoy de manera incondicional a las órdenes del señor.
A Malek le salió de dentro la risa, pero temió que Herme se ofendiera.
- Hermelinda, Malcóm es amigo mío desde hace muchos años. Es la primera vez que me llama señor, por eso me he reído. Te está tomando el pelo. Él atiende mi casa aunque yo no esté; me llena la nevera de cosas que no como, atiende por mi ropa... y es mi guardaespaldas cuando lo necesito.
- ¿Y dónde estaba cuando fuimos a Gizé?
- Vivo en mi casa con mi mujer, el patrón no paga tanto como para servirle por las noches.
En estas conversaciones estaban, cuando Herme se fijó en lo que parecía un hombre tirado a una orilla de la carretera.
- ¿Es un hombre aquello de allá adelante?
 Malcóm frenó casi en seco. 
- El lugar es propicio para una emboscada.
Allí donde parecía haber un atropellado, la carretera se elevaba un poco. Un ancho canal de riego pasaba por debajo, árboles en los taludes de ambos extremos y algo que por un momento pareció despedir un brillo metálico.
- Tenemos dos opciones, dijo Malcóm- pasamos a toda velocidad, o esperamos. Decide Malek.
La circulación parecía nula en aquél polvoriento camino, sin embargo, un hombre montando un borriquillo, cruzó ante el coche sin apenas prestarles atención y se perdió entre las tierras de cultivo. Lo que quiera que hiciera el coche allí parado no era de su incumbencia, 
- Da la vuelta, llamaré a la policía.
- Pero, ¿y si necesita ayuda? Propongo la primera opción, si verdaderamente está herido podemos llevarlo a algún sitio. Arguyó Herme.
- En Egipto no te puedes fiar de algunas cosas y más vale ser precavido; tiene toda la pinta de un atraco. Posiblemente nos disparen desde donde están emboscados. No te voy a exponer.
- Tengo las Uzi, bajamos los cristales, si disparan, respondemos. Si fueran terroristas, a doscientos metros que estaremos, y con buen armamento, ya habrían salido de su escondrijo. Son vulgares ladrones.
Apenas Malcóm dijo esto, el muerto se levantó empuñando un pistolón, otros tres salieron de donde permanecían ocultos e hicieron unos disparos con unos antiguos mosquetes. Malek trató de que la chica se tumbara sobre el asiento, pero ella reclamó una pistola.
- ¡Dadme un arma, puedo cooperar!
- No vamos a discutir eso ahora. ¿Acaso sabes manejarla? Esto no es cosa de broma.
Malcóm lanzó el coche a toda velocidad disparando ambos cada cual por su lado. El ruido de las metralletas asustó a los ladrones que salieron en desbandada y se perdieron entre los sembrados, prosiguiendo ellos su camino.
Herme estaba un poco enfurruñada, pero comprendió que lo suyo había sido una chiquillada, que no había calculado bien el riesgo. Fue entonces cuando le entró un tembleque, refugiándose entre los brazos de Malek.
Sin otra novedad, llegaron al embarcadero donde Abú ya tenía preparada la comida. Un arroz con carne, tomates, berenjenas y pimiento verde que comieron, como era natural, sin cubiertos, a rancho. El joven Karim lo llamó Mashi. Malcón se marchó tras tomar un té. Si todo iba bien, se verían de nuevo en Dendera.

Apenas habían recorrido unos pocos kilómetros, y ya eran las cuatro de la tarde del primer día. Viajar por el río es estar a merced del viento. Lo que por carretera se tarda cinco o seis horas, por el río puede llevar tres días siempre que el viento sople y sin dejar de navegar. Malek había advertido de esta circunstancia a Hermelinda, puesto que había quedado en verse con Aurora en Karnak. Podría suceder que no llegaran a tiempo. Calculado estaba, ya se verían si esos cálculos eran acertados.

fin parte 8

martes, 5 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 7ª



Malek consultó el GPS y dijo algo a Karim, que llevaba el timón, mientras su padre se ocupaba de la vela. Buscaron un sitio propicio; un pequeño embarcadero y bajaron a tierra. Al poco apareció Málcom que los condujo a un todo terreno y emprendieron la marcha.

El tráfico era escaso y los turistas pocos bajo aquél sol de justicia. Aún no eran las once de la mañana. Dos autocares, un camión del ejército y dos coches que debían proteger el convoy, y poco más había en el aparcamiento. Los soldados haraganeaban a la sombra sin mucho trabajo.
Pasaron a través de la puerta de seis metros de alto y uno de ancho. Herme sintió que atravesaba la frontera a otro mundo. Cuarenta columnas flanquean un pasillo que da a una gran plaza. La pirámide escalonada se eleva con sus seis gradas, sesenta metros sobre el suelo, orientadas sus caras a los cuatro puntos cardinales. Y Malek le va relatando... "Mira ese friso que remata la pared", y Heme se fija en las cobras en actitud desafiante. dispuestas a tacar, "tenían la misión de alejar las fuerzas nocivas".
"Pero, si el dominio que ejerce la pirámide sobre todo el conjunto es ya de sí imponente, más lo son pasadizos y cámaras excavados bajo el suelo; once pozos de 32 metros de fondo por los que se accede a corredores horizontales. La cámara funeraria de Zoser está en el centro de la pirámide, en el fondo de un pozo de 28 metros de profundidad y siete de anchura, pero nunca se encontró su momia".
- ¿Acaso quieres contarme ahora la teoría alienígena?
- ¡Bah! Es una tontería.
- Bueno, aunque sea una patraña, alguna base debía de tener el que la formuló.
- No hay ninguna teoría. Hay quien insinúa que los pozos pudieran ser rampas de lanzamiento, que el Pájaro de Saqqara, hoy en el museo, es un avión, cuando simplemente es un juguete. Que el Serdab, tiene forma de capsula que representa el viaje a "los orígenes" descrito en el libro de los muertos, queriendo dar a entender un viaje extraterrestre, cuando en realidad no es más que una cámara, y el origen una metáfora. Que el Serapeum y sus veinticuatro sarcófagos de sesenta toneladas, que, debían contener los bueyes Apis, no contenían restos de ninguna clase y sus tapas estaban pegadas para conservar un hipotético vacío. ¿Para qué? se preguntan, y  al no hallar respuesta echan la imaginación a volar. Tal vez, dicen, eran lugares donde almacenar una energía desconocida, esa energía que los llevaría a otros mundos. Energía semejante a la de las curaciones milagrosas del ritual del Heb-Sed, es decir, del rejuvenecimiento. Ritual donde el faraón se introducía en un sarcófago relleno de un líquido por espacio de tres días, y que mediante la administración de ciertas drogas, volvía a la vida rejuvenecido. Son alegatos insignificantes cogidos con hilos endebles, y sí, hay muchas cosas que no sabemos, pero de ahí a pensar en extraterrestres hay un camino. El ser humano se ha ganado la posibilidad de la evolución hacia el conocimiento. Concedamos es aposibilidad y dejemos las patrañas, como tú dices,  para los visionarios.
- Malek, te ha cambiado el humor por mi culpa, lo siento. Ya te dije en Guiza lo que pensaba sobre tu pueblo y los extraterrestres; ninguna seudología hará que cambie mi forma de pensar. Anda, enséñame esas cosas que tan bien me has explicado.
Y Malek le enseñó todo lo que podía, ampliando y dando muestra del conocimiento que tenía sobre sus antepasados.

fin parte 7

lunes, 4 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 6ª


Malek había tomado buena nota de de lo que Aurora le dijera respecto del barco. Cuando llegaron al río por la mañana, la falúa estaba preparada. Tres hombres los esperaban en tierra. A Herme le pareció que dos de ellos eran padre e hijo, y los encargados de maniobrar la nave. El padre, rayano en los sesenta, vestía una galabeya gris claro, mientras el hijo iba de blanco impoluto. El otro hombre, pelirrojo, de largas y pobladas patillas, mostacho imperial, ojos pequeños y vivarachos, era sin duda ingles.
 Los recién llegados saludaron al estilo árabe;  Salamu alaykum, que fue respondido a su vez a coro por los hombres, llevándose los egipcios la mano al pecho.
Malek presentó al pelirrojo como su amigo Málcom,  valet personal y de cualidades que pudieran parecer incompatibles con tal cargo. Herme dedujo que habría sido militar.
Tras conversar ambos hombres un par de minutos en un aparte, se despidieron. A la joven, que ya había subido a la falúa, le pareció que olía a pintura reciente, y algunos goterones del azul del casco, sobre el blanco de la borda lo corroboraban. Las  colchonetas y cojines parecían que aún no habían sido estrenados, y hasta la lona del sombrajo se le antojó nueva. Las llamadas de Malek la tarde anterior habían surtido efecto.
Abu Karim, que así se hacía llamar el patrón, dio cuenta a Malek de lo que Málcon había llevado: Neveras, dos mochilas grandes, sacos de dormir, linternas led, agua mineral... y verduras, muchas verduras colocadas en cajas en la bodega. Tal parecía que un regimiento fuese a ser transportado y alimentado durante un mes.
Herme se ha vestido hoy de forma propia para la ocasión; toda de blanco; deportivas, calcetines, pantalón que le llega a la rodilla y un polo de manga corta con anchas rayas horizontales en azul. Una de las mochilas va llena de la ropa que aquella mañana en casa de Malek llenara a indicación suya.
Zarparon río arriba. A derecha e izquierda quedaban los altos rascacielos que poco a poco fueron desapareciendo. Las casas bajaron su altura y las tierras cultivadas comenzaron a predominar. A la izquierda, a lo lejos, el humo de las grandes chimeneas industriales pugnaba por abrirse paso ora hacia la ciudad, ora hacia el sur, según el viento lo empujaba. Pequeños botes se acercan a la faluca tratando de vender cualquier cosa inimaginable, pero con dos palabras de Abú, y viendo que no hay apenas pasajeros, se dan media vuelta. Un trecho más arriba otros vendrán y correrán la misma suerte.

 Algún islote divide el río, comienzan a verse karobos o algarrobos, escasas matas de papiro, acacias y bastantes tamariscos de pequeñas flores rosáceas y semillas de penachos plumosos. Los ibis, ave patrón de los escribas y de los magos, la encarnación del dios Thot, con su plumaje blanco o negro brillante de tonalidades iridiscentes que le dan un aspecto metálico y en ocasiones púrpura, picoteaban aquí y allá en busca de peces, crustáceos y reptiles. Y de cuando en cuando, una playita de arena en la que los chiquillos, sin saber de dónde han venido, retozan.
Sentados a proa, sobre la borda y con los pies colgando a medio metro del agua. los jóvenes conversan:
. - ¿Estás cansada? pregunta él cogiéndola amorosamente por el hombro.
La chica se ruboriza, solamente un poco, con el recuerdo de la noche pasada.
-No. Tal vez algo de sueño. ¿Por qué?
- En media hora estaremos a la altura de Saqqara, podemos visitar el gran complejo que Imhotep construyó para Zóser.
- Zóser y su pirámide escalonada, veámosla.
- Los turistas sois un tanto escuetos, Saqqara es algo más que la pirámide, el recinto ocupa 150.000 metros. Una muralla lo rodeaba, medía kilómetro y medio y tenía once metros de altura. Por la única entrada, orientada al este, se penetra en un espacio cubierto de columnas que es el más antiguo que se conoce en toda la Tierra.
- No rompas el encanto, Malek, ya me lo explicarás allí. Quiero que me entre por los ojos, sin tener demasiadas cosas preconcebidas.
- Como quieras. Entonces no te diré lo de la teoría extraterrestre.
-¡No seas malo! Sabes que eso si me interesa.
Pero a pesar de lo melosa que se puso, Malek no se lo contó.
fin parte 6ª


domingo, 3 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 5ª




- Tengo un plan, dijo Malek durante la comida.  Os llevaré a ver todo aquello por lo que habéis venido aquí. Nada de hotel flotante; iremos en una faluca río arriba.
- ¿En un barquito de esos de vela? preguntó Aurora.
 Y el joven asintió con la cabeza y la mejor de sus sonrisas.
-¡Ah no! Yo necesito de la seguridad, de la comodidad y de un baño privado donde sentarme a gusto... y que ese barquichuelo no puede proporcionar. Las aventuras de ese estilo se quedan para los jóvenes. Id vosotros, sin carabina estaréis mejor.
- Aurora, te perderás algo maravilloso. El río transcurre sereno, sin peligros, mientras escuchas el chapoteo del agua contra el casco y el suave viento que golpea la vela, podrás contemplar la frondosa vegetación de sus orillas, los niños bañándose, los animales que se acercan a beber...
- A mí sí me gustaría, pero ¿cómo te voy a dejar?
- Niña, ¿acaso no recuerdas,  que suelo viajar sola?
Y no hubo forma de convencerla, embarcaron a la profesora, que aunque aquello no eran matemáticas, lo tenía todo muy bien calculado.

Cumplido el trámite con la policía, Malek llevó a Hermelinda al museo como había prometido. Fueron directos a la primera planta donde la joven pudo contemplar a sus anchas los tesoros de Tutankamón. Mucho le llamó la atención la belleza de la máscara, la vivacidad de sus ojos, la intensa mirada de las negras pupilas de obsidiana, los retoques en rojo sobre el cuarzo del globo ocular, y el perfil de lapislázuli que simula el maquillaje de cohol extendido hacia las sienes, los detalles del lagrimal y las cejas, largas y elegantes, que también se extienden hacia las sienes.
 Viendo Malek la fascinación que sobre la joven producía, le tradujo la inscripción del Libro de los Muertos cincelada en la parte posterior...

"¡Salve, hermoso rostro, dotado de vista, hecho por Ptah-Sokar, dispuesto por Anubis, a quien Shu dio la elevación, el más hermoso rostro entre los dioses! Tu ojo derecho es la barca de la noche, tu ojo izquierdo es la barca del día, tus cejas son la Enéada, tu cráneo es Anubis, tu nuca es la de Horus, tu corona es Tot, tu trenza es la de Ptah-Sokar. Estás en la frente de N., que está dotado de hermosos honores junto al gran dios y ve gracias a ti; ¡condúcelo por buenos caminos, que golpee para ti a los aliados de Set, y derribe para él sus enemigos bajo él, junto a la Gran Enéada en el Gran Castillo del Príncipe que está en Heliópolis! ¡Toma los buenos caminos ante Horus, señor de los hombres, N.!"
- ¡Te lo sabes de memoria!
-¡No, que va! - rió Malek- Tú que tanto te fijas, no te has dado cuenta de que lo estoy leyendo. Mira, aquí está el cartelito. ¡Inocente! No hay ningún cartel.
Y se abrazaron gozosos, felices con la broma.
- ¿De verdad crees que podría desempeñar mi trabajo sin poder descifrar un jeroglífico?
- Pero, ¿qué es lo que haces realmente? He visto que todos te tratan con deferencia, incluso que te hacen la pelota. No esperas colas, tienes reservados buenos asientos y mesas...
- Ya te lo dije, me preocupo de la seguridad no solo del museo. También de que nadie oculte algún objeto extraído en las excavaciones. Cuento con gran número de colaboradores; en cada excavación hay inspectores que vigilan. A mí, más que estar en el despacho, me gusta sentarme a la barra de bar de los hoteles o en el hall. Allí converso con los extranjeros y les ofrezco mis servicios como experto. Alguno comete una imprudencia, se confía y confiesa que tiene, o que le han ofrecido, alguna pieza. Es una forma de descubrir a los ladrones. Me vendría muy bien tu perspicacia.
- ¿Me estás ofreciendo trabajo?
- Sí que lo he pensado, sí

Pasaron rápidamente por la Cámara de las Momias reales, Malek quería que viera la sala de Amarna, pero, si por la mañana la joven se sentía agobiada por el gentío, a esa hora de la tarde, vacías las salas, el silencio y las sombras que se proyectaban aquí y allá, le parecieron estremecedoras.
- Malek -dijo después de un tiempo y cogiéndole la mano- me doy por satisfecha. No soy miedica, pero esto impone lo suyo.
- Te comprendo, te enseño a mi abuela y nos vamos, que ya es tarde para lo que quiero que veas.
Y allí mismo, delante de la estatua sedente de Hatshepsut, Hermelinda y Malek se dieron su primer beso. Tal parecía, que el joven deseaba que su antepasada contemplara la felicidad que le embargaba.

Había anochecido cuando Malek la llevó a ver un espectáculo de Tannoura, la danza mística Sufí en el Azhar Park, de donde Herme salió emocionada. Fueron a cenar al restaurante giratorio de Burj Al-Qāhira donde les ofrecieron parte de los platillos tradicionales; Basterma, Gambari, Sambousek, Kobeiba, Kufla, Baklaba y Na Na de menta. Subieron al mirador. La torre estaba preciosa  cambiando la iluminación a cada poco; de azul ahora, luego marfil, fusia o blanca. La vista era espectacular; las arterias de la ciudad, los grandes edificios, los barcos amarrados en las orillas reflejando el colorido de sus luces en el río...
- ¡Quédate conmigo! Le susurro el joven al oído mientras la estrechaba contra sí.
- ¿Qué dices?
Y el vértigo no fue por la altura; fue por todo aquello que su imaginación tramó en una décima de segundo.
- Quiero que te quedes, trabajarás junto a mí, y viviremos juntos.
- Malek, ¿sabes cuánto tiempo hace que nos conocemos? Dijo ella levantando la muñeca y enseñando en reloj. - Apenas treinta horas. ¿Olvidas, que aunque soy mala cristiana, lo soy, y tú musulmán?
- ¿Y qué importa eso? También yo soy un mal musulmán. Dime que tú no sentiste lo mismo que yo desde el mismo instante en que nos vimos. Sabes que esto es cierto, que ambos no buscamos una simple aventura, que estamos predestinados. Fue el destino el que puso en tu camino al ladrón, el mismo destino que hizo que yo estuviera precisamente en ese hotel, en esa misma planta, a esa hora, y, todo para conocerte. Ven, te enseñaré mi casa.
Y dócilmente se dejó llevar. El corazón le latía con fuerza, pensó que no tenía camisón, ni cepillo de dientes siquiera, pero se dejo llevar.

Fin parte 5ª

sábado, 2 de agosto de 2014

El Viaje de Hermelinda. Parte 4ª


Aurora y Herme desayunaban temprano. La joven comentaba con su amiga los sucesos de la noche, cuando llegó Malek.
- Mis escusas, he estado con la policía. Los delincuentes de anoche han confesado. Se trata de ladrones de tumbas y a esta hora se está inspeccionando lo que esconden en el cementerio de Qarafa. Al parecer, los negocios entre los ladrones y el europeo eran habituales. Ayer, le enseñaron varias piezas, y en el regateo sobre esta o aquella, el hombre, un alemán llamado Kresner, les distrajo la tablilla. Cuando se dieron cuenta, lo persiguieron acabando con él. El del turbante, como tú lo llamas, lo cacheó en el suelo, y al no encontrar nada, supuso que te lo había pasado. Aunque no es muy correcto, han consentido dejarme la pieza para descifrar lo escrito y valorarla. Les he tenido que prometer que irás a hacer una declaración. Iré contigo, pero ahora se la llevaremos a mi amigo.
- ¿Es ese cementerio que le llaman la Ciudad de los Muertos?
- Así es, Aurora, pero son casi tantos los vivos que allí moran, como los difuntos. Ya lo visitaremos.

Como casi todos los días, las salas del Museo Egipcio estaban abarrotadas de visitantes, tanto nacionales como extranjeros. El espléndido sarcófago de oro del joven Tutankamón, era admirado por cientos de visitantes que pacientes aguardaban su turno para acceder hasta la mampara de cristal, y aunque era de los más visitados, no lo eran menos otras piezas de hasta 5.000 años de antigüedad.
Malek el Bahari hacía de cicerone para las dos mujeres; “Los tesoros expuestos- les decía- no representan más que una pequeña parte de la enorme colección. Cuenta con cientos de imágenes, encontradas en templos y tumbas, que representan a antiguas divinidades como Isis, Osiris, Horus o Amón, y a faraones como Amenofis IV o Ramsés II Kefrén, Hatshepsut, mi tía abuela, ya sabes. Hay momias pertenecientes tanto al Egipto faraónico como a la cultura grecorromana que le sucedió. Aunque quizás las piezas de mayor renombre, consideradas las de más valor del Museo, sean los cerca de mil setecientos objetos extraídos de la tumba, descubierta en mil novecientos veintidós, del faraón Tut Anj Amó. Pero lo más importante para ti y que quizás desconozcas, es que aquí están las tablillas realizadas en escritura cuneiforme procedentes de Tell el-Amarna conocidas como “Cartas de Amarna”, importante fuente de información sobre los hititas”.
- El trabajo que yo estoy realizando, versa sobre los sumerios, y su escritura data de tres mil años antes de Cristo. Algo he leído sobre los hititas y son bastante posteriores, mil años, más o menos, y aunque su alfabeto sea cuneiforme, no ha de ser necesariamente igual.
- No te preocupes, Mohamed Rasul el Kurna nos lo dirá. Él es el más entendido.
Visitar el museo con toda aquella gente, le estaba resultando algo agobiante a Herme, aunque no para Aurora que parecía estar en su salsa. Aquí a allá no parecía haber sino asiáticos que disparaban sus cámaras hasta en los lugares prohibidos, empujones, disculpas, y ella, cámara en ristre, actuaba como uno más, a eso había venido.

Como quiera que para el experto la traducción de lo escrito en la tablilla no iba a ser coser y cantar, le dejaron la piedra y se fueron. Malek, asiendo a Hermelinda por el brazo le dijo...
-Ven, salgamos de aquí, esta noche todos estos tesoros serán para ti sola.
Y se lo dijo quedo, al oído para mirarla luego de frente, a aquellos ojo marrones que lo embrujaban. Entre los dos jóvenes había nacido algo que comenzó a fraguarse en el primer momento en que se vieron, y ambos lo sabían.

Malek, llevó a las mujeres de turismo; primero a la mezquita de An Nasir Muhamad y luego a la de Muhamad Ali. Fue estando contemplando esta última, que Malek recibió una llamada telefónica de Rasul.
- Tengo dos noticias, una buena y otra bastante menos: La tablilla es auténtica, pero lo siento, habéis llegado tarde. Podía haber sido de gran ayuda hace muchos años; indica donde se encontraba la ciudad de Weruk, muy cerca de Uruk, hoy Warka, en Iraq, que ya fue descubierta en 1844 y sus tesoros sacados a la luz.
Todo había acabado. Nada que pudiera retener a Hermelinda en el Cairo justificaba quedarse. Con mirada triste le dijo a Malek: Tomaré el barco con Aurora.
- No puedes -quiso convencerla el joven- recuerda que tienes que ir conmigo a la policía.
 Y de nuevo renació la esperanza en el corazón de la joven que aceptó implícitamente con la mirada.

Fin parte 4ª