viernes, 16 de enero de 2015

Del Amanecer, a la No Inmortalidad.







Me senté en el sillón de mimbre de la galería. A pesar de estar en enero, no hacía frío en aquel amanecer presentido. Afuera nueve grados, nueve con cuatro para que el demonio no se ría de la mentira, y catorce dentro. Poco a poco se fue haciendo una claridad que se comió las estrellas. Solo la luna alumbraba en menguante. Desde mi atalaya dirigí la vista hacia el lugar en que la luz era más diáfana, calculo que allí abajo, muy abajo, debía de estar Castellón. Con el paso de los días, la tierra, en su girar y en su rotación, harían estos más largos, el sol aparecería algo más al norte, hasta que en pleno verano lo viera aparecer hacia Barcelona. Ahora se oculta en la raya, allá por Tuy, luego lo hará por Lugo, más o menos, simple intuición quizá equivocada.

Desde mi sillón veo como aparece el sol, pronto comenzará a elevarse mientras se desplaza hacia el sur. Más no creo que esto sea cierto del todo, más bien creo que es nuestro planeta, que girando cual una peonza a una velocidad de 1200km/h en este lugar en que estoy, y trasladándose alrededor del sol a 107.000km/h, me hace creer lo que no es.

Todo gira alrededor de sí mismo o de algo, me pierdo en esta danza de astros y velocidades solo presentidas, que no percibidas, sin comprender el motivo de que mi sillón, mi casa, mi pueblo, gire a tal velocidad, tan distinta de  otro sillón, otra casa, otro pueblo mucho más al norte o al sur. He de recurrir de nuevo al peón, o a un peso atado a una cuerda que mi mano volteara, cada punto de la cuerda viajaría a una velocidad distinta en función de la distancia de ese punto a mi mano que sería el eje, como en el peón lo es el eje de la coronilla a la púa, la rueda del carro, que a mayor diámetro, mayor distancia recorrida.

Me gusta el amanecer. Mucho más que el ocaso, a pesar de que he visto puestas de sol maravillosas. Quizá sea que en el amanecer veo el comienzo, la vida, y lo contrario cuando las sombras comienzan. Tal vez, sea ese miedo atávico que representa todo lo malo que puede suceder durante la noche. Y es que, cada vez que se hace de noche y veo la luna, recuerdo aquella leyenda Masai, en que por una equivocación, dejamos de ser inmortales.

"Al principio del mundo no había muerte. Leeyio, el primer hombre puesto en la tierra por Naiteru-Kop, recibió de éste un día las siguientes instrucciones:
- Cuando un hombre muera, deberás preparar su cuerpo. Recuerda que siempre habrás de decir estas palabras: "muera el hombre, mas regresará; muera la luna y en lo remoto permanezca".
Pasó mucho tiempo antes de que nadie falleciera, pero un día la muerte llegó al hijo de un vecino. Avisaron a Leeyio para que preparase las honras fúnebres y él, mientras lo hacía, recitaba las palabras que le habían sido transmitidas. Pero cometió un error y dijo: Muera la luna, mas regresará; muera el hombre y en lo remoto permanezca".
Desde aquél día, nadie sobrevivió a su propia muerte. Un tiempo después, fue el hijo del mismo Leeyio el que murió. El entristecido padre, más meticuloso en esta ocasión, recitó con cuidado: "Muera el hombre, más regresará; muera la luna y en lo remoto permanezca".

Al escuchar estas palabras, respondió Naiteru-Kop: "Ya es demasiado tarde. El día que te confundiste nació la muerte entre vosotros". Desde entonces ningún humano regresa de la muerte. Desde entonces es la luna quien, tras desaparecer, regresa al mundo de los vivos".

4 comentarios:

Marcos dijo...

También apuesto por el amanecer, supongo tendrías una mantita.

Alfredo dijo...

Marcos.
Aquí la galerías suelen ser acristaladas, catorce grados están bien para enero si no hay humedad.
Salu2.

Jose Moroño Hernandez dijo...

Bonita serie de imagenes, increible que en pleno enero no haga frio, no estaria mal estar sentado en esa silla y contemplar esas maravillosas vistas.

Alfredo dijo...

Jose Moroño.
Hoy si lo hace, casi la una y seis grados.
La serie podía haber sido buena si mi mujer me dejara su cámara, pero con la mía...
Salu2.