lunes, 2 de marzo de 2015

El Caballero de la Espuela Dorada.



La ermita está asentada sobre la planicie de un pequeño cerro. Por la semana, no parecen muchos los que la visitan, pero es un goteo continuo de gentes que salen a caminar. Un paseo de cinco kilómetros, entran a ver a Virgen, la puerta siempre abierta, le rezan o piden algún favor, y de vuelta por donde vinieron.

Desde allí se ve toda la ciudad. Campos que antaño estuvieron sembrados de trigales, la base aérea que la Legión Cóndor utilizó cuando la guerra; el río, esa cinta estrecha que se adivina por el verdor de sus orillas, los olmos que ribetean sus meandros. La piedra berroqueña plantada aquí y allá, como si una explosión las hubiera lanzado al cielo de donde cayeron indiscriminadamente.



Con nitidez se divisa en este día soleado el recinto amurallado. Y a un lado, el cimborrio y la torre de la Catedral del Salvador. Hasta mi llega el tañido de las distintas campanas de iglesias y conventos extramuros que anuncian el Ángelus. Todas suenan distintas; Aquella, la de Santiago, la otra, la de San Vicente, la de Santo Tomás, la de San Pedro o la de San Andrés, y esa que resuena como campanilla, puede que sea la del convento de la Encarnación.

Me he sentado junto a la fuente de la casa del santero, a disfrutar de la paz y el sosiego de la alameda, del recinto entero protegido por barbacana de piedra. Con el susurrar de la fuente, se forjan en mi mente historias de recordadas leyendas y veo al caballero tratando de cortejar a la hija de la santera:



Afuera ha dejado el caballo,
mientras un Pater Noster a la Virgen reza,
por librarle del mal, que en aquella batalla,
hubo de huir picando espuela.
Fiero, numeroso y taimado era el sarraceno,
que emboscado, ha quemado trigo y centeno,
y pasado a cuchillo,
 a todo el que de aquél infierno saliera.

Con tu espada defendiste el pendón,
poniendo en guardia a la guarnición,
que al moro ha rechazado,
dese la almena,  y el torreón.
Por eso, como presea,
con espuela de oro has sido recompensado,
y reconocido tu valor, que el pueblo vitorea.

Si tú quisieras bella mozuela,
contigo me casaría.
Por arras yo te daría,
la trece monedas que de mi espuela forjarán,
una por los que lo necesitaran
y  doce por los años que vendrán.

Y la moza, que al cántaro, el agua de la fuente trasiega,
mirándole de soslayo, raudo le contesta:


No soy de tu condición, apuesto caballero,
más, aunque eso no fuera un atascadero,
nunca me casaría con un soldado;
no me gustan los hombres que a la guerra van,
dejando mujer e hijos,  
por mor del honor ansiado.

¿Y amores?
¿Ni eso conmigo tendréis?

¡Caballero, no me faltéis!
Qué aunque de baja condición,
bien se defender mi honor.
Si tanta necesidad tenéis de amores,
y que vuestro cuerpo tanto afana,
buscaos una barragana,
que calme vuestros ardores.

Toma su caballo avergonzado el caballero, baja hasta el río, atraviesa el puente Santo Espíritu, pasa por San Nicolás muy cerca de la Ermita de las Vacas, sube hacia el Pilón de las Bestias y con el rabo entre las piernas, se adentra en la muralla por la puerta del Alcázar.




02/03/2015

6 comentarios:

Alfredo dijo...

Soy olvidadizo, pero esta vez, por si acaso, lo apunté. En un comentario a mi amigo Marcos, le dije que procuraría hacer un cuento sobre las conversaciones que podían haber surgido en torno a una fuente. Fuente de su tierra, y de la que él habló con sentimiento.
Esta no es la misma fuente, pero al igual que en otras muchas, bien se pudo dar algo semejante.
Salu2.

Cronista Imaginario dijo...

Has saltado magistralmente de una bellisima descripción que me ha hecho ver el pasisaje a una anticuada poesía caballeresca. No es tu mejor obra pero es altamente disfrutable. A sequir, jefazo!!!

Cronista Imaginario dijo...

Has saltado magistralmente de una bellisima descripción que me ha hecho ver el pasisaje a una anticuada poesía caballeresca. No es tu mejor obra pero es altamente disfrutable. A sequir, jefazo!!!

Marcos dijo...

Alfredo muchas gracias, a ti no hay reto que se te resista. Prueba superada con creces. Mientras leia y con tanto detalle, estaba pensando a que lugar te estarías refiriendo. Ávila de los caballeros, sin duda.

Alfredo dijo...

Cronista Imaginario.
Escribo cuentos para entretenerme, si de paso logro entretener a los demás, y alejarlos, aunque solo sea un par de minutos, de sus preocupaciones, mejor.
Tengo cuentos malos, regulares y pasables, pero me falta mucha base para saber escribir algo bueno. Mientras tenga ideas, mejor o peor las seguiré plasmando en el papel.
Gracias por tan amable comentario.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marcos.
Las gracias te las he de dar yo, primero por la idea que me diste, lo segundo por el comentario.
Conozco bien la ciudad; allí viví unos años en mi niñez y voy siempre que puedo. De ahí esa descripción que mezcla la verdad de los lugares, con la fantasía de mis personajes.
Salu2.