jueves, 12 de marzo de 2015

Los Soldaditos de Plomo que Hacía un Tipo Raro.



El negocio es pequeño, pero da lo suficiente para vivir. Lo importante es dedicarse a algo a lo que tengas afición, y yo la tengo desde chico. Empecé recortando personajes y escenas de aquellas láminas, con las que las chicas vestían muñecas, mientras los niños preparábamos desfiles y batallas con soldados de distintas épocas. Eran las mariquitas que aún hoy se venden, y  con el paso del tiempo, aquellos dioramas de papel que pegaba sobre cartulina o cartón pasaron a ser figuras tridimensionales. Ese fue el comienzo de los soldaditos de plomo que voy creando, y que me dan de comer.

Hay quienes dicen que soy un tipo raro. Y el que eso dice, no sabe del placer que se siente al crear una figurilla; El boceto, modelado, fundido y esmaltado. La gente piensa solamente en la ganancia, como si no supiera, que hoy la industria puede hacer en una hora lo que yo en un mes. Pero no soy un comerciante -al menos, al cien por cien- soy artesano. Arte, seguro. Sano... ya no sé yo; la mayor parte del día sentado, respirando gases, forzando la vista...

Tal vez me consideren raro por no haber derribado mi casa como esos vecinos, que se llenaron los bolsillos, pero ahora ellos viven en bloques de pisos y yo mantengo la mía tras muchas presiones y pleitos. En ella vivieron mis mayores, y en mi negocio conocí a mi mujer que entró a comprar unas mariquitas para los niños a los que da clase.


Dicen los entendidos, que lo que se pierde de dormir, no se recupera. En esto si soy raro. Apenas duermo seis horas en verano, mientras que en invierno suelo dormir diez. Tengo mi cama frente a la ventana, jamás se baja la persiana, ni hay visillos o cortinas, el sol me despierta por la mañana, y la luz de la luna me ilumina cuando me acuesto. Aunque no sé si tendrán razón esos entendidos. De un tiempo a esta parte, me encuentro cansado y he perdido algo de sensibilidad en los dedos, pero lo peor es que me da por pensar cosas.

La luna está esta noche muy a la izquierda, y aunque no la puedo ver, su blanquecino resplandor, a pesar de estar crecida, es tan tenue, que boca arriba, y con las manos tras la cabeza, me deja ver desde mi cama el titilar de las estrellas. Esas estrellas tan lejanas, que hay quien dice que algunas de ellas ya murieron hace muchos años, siglos tal vez, pero que aun su luz llegará hasta nosotros por muchos más.

Y nuevamente, como otros días, pensando en lo infinito del firmamento, me hago esa pregunta: ¿Y por qué no tiene fin? Es imposible, todo tiene un principio y un final. Me descalabazo tratando de imaginar que es lo que hay al final, pues no concibo una nada, más allá del firmamento. Me duele la cabeza pensando en ese vacío que me aterra. Me duele de no saber.

Me giro hacia mi mujer a la que acaricio, y ella, receptiva, me acoge entre sus brazos. Sabe que he vuelto a pensar en algo en lo que la mayoría no piensa, o al menos con tanta intensidad, con tanto miedo.

- Jaime, tienes que ir al médico.

Hoy me he decidido. Me hacen una analítica, me escanean el meollo y no sé cuantas cosas más. Me mandan ir al día siguiente para darme los resultados.

- Señor Jaime, tiene usted un principio de "Saturnismo" que hay que tratar.

Señor mío, se equivoca usted, estoy en la Luna, no en Saturno, le hubiera replicado si no supiera de lo que me está hablando.
¡Qué razón tenían los que me consideraban raro! Hasta para la enfermedad lo soy. Lo que más me duele es tener que dejar de hacer mis soldaditos de plomo... y pasarme al plástico.


4 comentarios:

Marcos dijo...

Todo muy cercano y muy lejos a la vez, según la parte del cuento. Me quedo con los soldaditos de plomo, de tantos recuerdos.

Cronista Imaginario dijo...

Tierno, muy tierno, me gusta mucho esa ternura tuya, querido Alfredo. Y esa reivindicación de las cosas hechas a mano con mimo y esmero, que por desgracia hoy en día son demasiado caras. Un saludo, maestro.

Alfredo dijo...

Marcos.
Me hubiera gustado coleccionar soldaditos de plomo, sin embargo el destino me tenía reservado algo que también me gusta; los trenes eléctricos.
Salu2.

Alfredo dijo...

Cronista Imaginario.
Gracias amigo. Como le digo a Marcos, a mi me gustaban las maquetas de trenes y aún tengo una grande en el desván. Lo dejé porque resultaba demasiado caro.
Salu2.