lunes, 16 de marzo de 2015

Oleksiy.


Era un buen día de primavera. La mar subiendo y en la barra del puerto, no menos de treinta cañas todas a fondo. Otro pescador se acerca, da los buenos días y me pregunta si se puede poner junto a mí.
- La mar es de todos, pero... que corra el aire. Le contesto, y hago un ademán con la mano para indicarle que se separe un poco.

Va vestido como si fuera a pasear en un día de fiesta, como si no supiera del "perfume" que con la manipulación dejan el pescado, los cebos y el enguado. Intuyo que es novato, y de los novatos no te puedes fiar; sus lanzadas pueden ocasionar "enronches", la pérdida de una buena pieza...

-  ¿Cómo dices tú?

- Que al estar tan cerca, se pueden enredar los aparejos.

- ¡Ah, bueno! Yo comprendo.

- Ya veo que no eres de aquí.

Es sonriente y afable, por lo que le he dado pie para que me cuente algo de sí. Y él se explaya gustoso. Me dice que se llama Oleksiy -al cambio Alejo- y es ucraniano, que lleva cuatro años en España de soldador, pero se acabó la obra y ahora está en el paro. Mejor distraerse junto al mar, que dando vueltas a la cabeza en casa. Le ofrezco tabaco, pero ni fuma ni bebe, solo alguna cerveza, según dice.

Saca de la funda una buena  cañavera portuguesa y de la mochila un carrete de la misma marca, todo a estrenar. La monta con delicadeza, procurando que las anillas estén perfectamente en línea. Estoy deseando ver que aparejo pone y si lo sabe hacer, pero me parece que ha estudiado bien por internet y viene pertrechado de casa. Solo un fallo tiene; el cebo. Trae gamba pelada y congelada.

- Oye Alejo, lo congelado no gusta mucho a los peces, tienes que traer cangrejos, que por aquí y dependiendo del lugar se llaman "sapas" o "costaraños". Indispensable la xorra, xorrón, o tita, que son lombrices similares a la americana, también mejillón, navaja, sepia, pulga, esguila...

Hemos pescado juntos muchos días. Le he ido indicando lo poquito que sé,  por lo que me llama maestro. Sin embargo, él tiene buena mano, pone el plomo sonde debe y saca tanto o más que yo. Nos llevamos muy bien y suele hacerme confidencias. Ahora está pensando el volverse a su tierra. No encuentra trabajo, el paro se esfuma y los ahorros también.

Nos hemos despedido después de un último día de pesca. Tomamos algo en el bar y quedamos en contactar por wasap. ¡Quién sabe! -me dice-  a lo mejor me llaman otra vez. Tienen puente muy grande, pero aún están en diseño. Le deseo toda la suerte del mundo, mientras a mi mente llega el recuerdo de la displicencia con que lo traté aquél lejano día. En mi descargo, que solo fue un breve instante. Le comento mis pensamientos y él me responde:

- Maestro, en vida hay que hacer amigos. Yo trato hacerlo, tú correspondes con creces, gracias.

Nos comunicábamos preferentemente los fines de semana, hasta que un día, el mensaje que recibí como respuesta el que yo le enviara, estaba escrito en ucraniano. Me extrañó, siempre lo hacía en ese español suyo que se comía los artículos o las preposiciones. Le mandé otro preguntándole si ya se había olvidado de mi idioma, pero no sé si llegó, ya no hubo más respuestas.

Me fui al traductor para saber que decía aquella frase. Esto fue lo que encontré:

- "Dueño teléfono muerto. Yo lo maté. Cosas de guerra".

Si me hubieran dado un traicionero bofetón, no habría resultado tan sorprendente. Fue un palo muy grande. Te puedes morir por enfermedad, en un accidente, pero que un mocetón como aquel, muriera por culpa de una guerra partidista, no lo acababa de digerir.

Al cabo de seis o siete meses recibí una llamada, justo en el preciso momento en que luchaba por sacar una buena pieza. ¡Anda que te den! Bastante trabajo tenía yo para izarlo dada la altura a la que estaba, hasta que alguien vino con un artilugio; "el perro", y con el que me ayudó a sacarla. Luego, miré la llamada. Era un número muy largo y desconocido. Pulsé para ver de quien se trataba.

-¿Me conoces? - dijo una voz perfectamente reconocible.


Alejo significa "ayudante" o "defensor". Y tratando de ayudar a una vieja mujer que se atrevió a cruzar por en medio de un rifirrafe entre los dos  bandos, Alejo había recibido un disparo en la cabeza. Tres meses en coma y otros tantos de recuperación. Ahora me llamaba para decirme que ya estaba bien, que pronto volvería a España, que el puente se iba a comenzar y que ya tenía contrato por tres años.


2 comentarios:

Cronista Imaginario dijo...

Muy bonito, Alfredo, no sé cuanto hay de autobiográfico, pero transmite mucha emoción, siempre me gustan tus narraciones. Un abrazo.

Alfredo dijo...

Cronista Imaginario.
Hace tiempo escribí un cuento, me parce que se titulaba Papa Goré y que trataba también de la pesca. En ese cuento había mucho de verdad, este es pura invención, cosas que se le ocurren a uno cuando espera con la caña en la mano.
Salu2.