lunes, 9 de marzo de 2015

Un Viejo Conocido.



Le costó arraigar en aquella comunidad ubérrima y fagácea; todos le daban sombra. Y sin quererlo, los que se lo impedían fueron sus protectores. Ni siquiera se enteraron, de que le libraban de los vaivenes caprichosos del tiempo.

Nunca se arredró. Buscó con ansia las alturas, tratando de encontrar el sol que más calienta. Y cuando sus congéneres se dieron cuenta, él sobresalía por encima de los demás.

Aunque su color es un tanto ceniciento, tiene abundante copete, siendo su porte erecto y distinguido. La generosidad de la que desde su madurez hizo gala, le abrieron las puertas de una sociedad que reconoció su valía.

Yo lo encontré en todo el norte, desde Galicia a Navarra, y en el noroeste de León o de Zamora. También en Cataluña; Gerona y Barcelona. En las provincias del centro como Salamanca, Cáceres y Ávila. Por Andalucía en Sierra Morena; Córdoba, Sevilla y Huelva, así como en la Serranía de Ronda y Sierra Nevada.

¿Lo conoces?


Yo creo que sí. Te estoy hablando de la Castanea sativa, vulgo, castaño. Familia de las fagáceas, de hasta 25 metros de altura, corteza lisa y cenicienta en los jóvenes. Árbol que quitó hambres hasta la introducción de la patata, fríos con el calor de su madera, y que el hombre aprovecha para la construcción de innumerables enseres.

2 comentarios:

Marcos dijo...

En algún frío invierno, de pequeño, recuerdo haber paseado con mi padre, quien compraba castañas asadas y las metía en el bolsillo del abrigo junto con una de mis manos. Luego le reñía mi madre por hacer polvo el bolsillo.

Alfredo dijo...

Marcos.
Yo recuerdo a la castañera. Por entonces las hacían en una especie de bidón y acurrucadas en un rincón con buen paso de gente. Hoy, por lo menos aquí, el par de ellas/os que quedan, las hacen dentro de casetas y en reproducciones de maquinas de vapor.
Salu2.