lunes, 13 de abril de 2015

Luchar para Vivir.


A principios de la primavera del 88, baja de las montañas un hombre con su burro. Procura hacerlo por senderos recónditos, apenas marcados en el suelo. Va a hacer la entrega acordada hace un par de meses y por la que percibirá una buena suma. Por eso no ha querido intermediarios, su hijo está en la cárcel de Alhucemas y hay que comprar voluntades para que salga.

La entrega se efectuará en las afueras de El Jebha, a  unas veinte horas de marcha desde su casa, más arriba de Issaguen, donde aún resuenan los ecos de los tambores de aquellos que apuran para obtener su mercancía.

Es martes, día de mercado en el pueblo al que acuden con sus frescos productos multitud de vendedores. Pasará inadvertido entre tanto trasiego. Pero se equivoca. Un gendarme lo ha parado; quiere saber que lleva a lomos de su rocín. Se entabla una negociación entre los dos hombres, el uno, que lleva prisa, le ofrece un puñado de billetes mostrando las verduras entre las que ha zambucado el hachís, y el otro, cerril, en que quiere ver toda su mercancía. El joven oficial está atento la escena un poco más lejos, ve como el policía voltea la cabeza mirándolo de reojo. Se acerca, y allí acaba la conversación y la duda del que ya tendía la mano.

En la comisaría, el hombre dice llamarse Hamoud Hazar, y que tiene 64 años. Viene de Ketama y es la primera vez que hace aquello. Todo para poder pagar la defensa de un hijo que está en cárcel. Por más que suplica; "soy mutilado de guerra, no tengo trabajo y vivo de una pensión de 1500 dirhams", a nadie va a convencer. En verdad tiene una pierna renca, y un ojo turnio por efecto de una gruesa cicatriz que le toma toda la sien, producto, según dice, de una bala que casi le deja tuerto.

La policía, como en cualquier lugar, no es tonta. Puede que haga la vista gorda, que se deje corromper algunas veces, pero aquel oficial deseoso de demostrar su valía, quiere llegar al fondo del asunto. Quizá aquél simple "mulero" le ayude a coger a los traficantes que se llevan  la mayor parte del dinero.

Hamoud Hazar, nacido en 1921, ha sido reclutado con quince años para la Guerra de España. Una paga de 180 pesetas, algo de comida para la familia, y la probabilidad del saqueo; anillos relojes y algún diente de oro, han sido la tentación.
Recorre España entera a favor de unos españoles, que matan a otros españoles. Buena ocasión además para vengar la muerte de su padre en Annual.
Tres heridas de guerra, dos medallas colectivas y diez individuales avalan su arrojo y su baraka. En el 57, y con el grado de subteniente, regresa a África donde continúa vistiendo el uniforme por cinco años más, retirándose en Ceuta como teniente. Luego, se diluye entre los riscos de su pueblo, de donde una vez al mes, baja a Tetuán a cobrar su pensión.

Todo parece concordante. Con aquella mísera pensión, el hombre se ha dedicado al trabajo al que siempre se ha dedicado toda la familia; recolectar, secar y varear las flores del cannabis para sacarle la resina, un polvo amarillo y seco que amasado y prensado en caliente es fácil de transportar.

La única nota discordante para el policía, está en que no le parece que aquel hombre, a pesar de sus lacras, pueda tener 64 años. Procede saber si es en realidad quien dice. Las huellas dactilares lo dirán.

- Tú no eres quien dices ser. Te llamas Abundrar Hazar y has suplantado a tu hermano. Dime el motivo.


Y Abundrar, descubierto, confiesa que él es quince años menor que Hamoud. Que su hermano murió de enfermedad a poco de llegar al pueblo, y que la familia acordó la superchería para seguir cobrando la pensión.


6 comentarios:

Marcos dijo...

Negras historias que crea la necesidad.

Alfredo dijo...

Marcos.
Demasiado negras.
Salu2.

Humberto Dib dijo...

No sé si has tomado esta historia de algún hecho real, pero en verdad podría creer que lo es, pues tiene todos los condimentos para que yo entrase.
Y si no, muestra que eres un magnífico creador de historias.
Un fuerte abrazo.
HD

Alfredo dijo...

Humberto.
Lo real es que el tráfico existe, al igual que existió la guerra y que aún quedan combatientes de Marruecos que cobran una pensión miserrima. Lo demás, como de costumbre, es pura invención.
Salu2. y gracias por el comentario.

RECOMENZAR dijo...

me gusta tu escrito no se si es blanco negro positivo o negativo
odio analizar las obras de arte

Alfredo dijo...

Recomenzar.
Mis cuentos se basan a veces en crudas y negras realidades. Como le digo a Humberto, la Guerra Civil Española, el reclutamiento de bereberes del Rif para esa guerra, y el tráfico de hachís, han sido realidades de un pasado no muy lejano, y de un presente muy actual; Marruecos es el mayor exportador de hachís del mundo.
Por tanto, el cuento tiene mucho de negro. Negra es el hambre, negra es la guerra, y negros son los resultados de las drogas.
Gracias por tu buen trato.
salu2.