jueves, 9 de abril de 2015

Macana.



Macana.
(De or. amer., y este de or. inc.).
2. f. Arma ofensiva, a manera de machete o de porra, hecha con madera dura y a veces con filo de pedernal, que usaban los indios americanos.
3. f. Am. Garrote grueso de madera dura y pesada.

He evitado las demás acepciones de la palabra de hoy (que son bastantes) interesado en estas dos de entrañable recuerdo.

Cuando mis hijos eran pequeños, veía con ellos algunos dibujos animados, ahora lo hago con mis nietas y disfruto tanto o más que entonces. No voy a decir, que fue con aquellos dibujos que aprendí el significado de la palabra, porque no lo es, seguramente fue mucho primero, y luego lo contaré.

Los hermanos Macana; Piedro y Roco, participaban en una serie que nació a raíz de la película "La carrera del siglo", protagonizada por Jack Lemmon, Tony Curtis, Natalie Wood y Peter Falk, entre otros, y que estaba basada en la carrera de 1908 entre New York y Paris, organizada por el periódico New York Times. En ella participaron seis coches de distintas nacionalidades y fue ganada por un alemán. A su vez, esta carrera fue copiada de La Pekín - París, celebrada un año antes y con un recorrido de 14.994 km. La prueba fue ganada por el príncipe Scipione Borghese,  que se impuso a los cuarenta participantes, de los cuales solo cinco consiguieron llegar a meta. Esta carrera también nació auspiciada por un periódico; el francés Le Matin.
Para terminar: Los hermanos Macana eran unos peludos cavernícolas, que manejaban un auto de piedra a base de los mamporros propinados por sus porras (macanas). Llegaron tres veces en primer lugar.

Creo recordar, que la palabra de hoy la aprendí leyendo una novela sobre La Malinche, aquella mujer que fue intérprete, consejera y amante de Hernán Cortés, a quien dio un hijo; Martín. De la trama novelística no recuerdo mucho, pero dejó en mi un regusto especial por aquella Doña Marina (Malintzin), atrapada entre dos mundos, que intuía hermosa y un poco desgraciada.
Tal vez fueran cosas de mozalbete, pero me impresionó el triste sino de esta mujer, que vendida por su madre, acabó siendo entregada a los españoles como tributo tras la batalla, que los mayas de la etnia chontal, perdieron en Centla y donde por primera vez, se utilizaron los caballos. Cortés se la entregó a Alonso Hernández Portocarrero, recuperándola más tarde, y convirtiéndola en su intérprete y amante. Después la repudió y casó con otro de sus capitanes; Juan Jaramillo, el Viejo, con quien tuvo una hija.

Los mexicas, incas, zapotecas, o mayas, libraban - como en cualquier parte del mundo- guerras tribales antes de la llegada de los españoles. Dejando a un lado motivos como la conquista,  lo económico y  lo político, uno de sus objetivos, por razones religiosas, era la captura de prisioneros para su sacrificio. El sacrificio más común consistía en arrancar el corazón a la víctima, que era ofrecido a los dioses. Por ello, tanto unos como otros, necesitaban de una arma contundente, que manejada con precaución, dejara sin sentido al enemigo; las macanas. Fabricadas con maderas muy duras endurecidas al fuego, con obsidiana (roca volcánica), hueso o pedernal.
Los indios desconocían el hierro, pero no el cobre, y con él fabricaban otra variante de macana cuya cabeza de armas era en forma de estrella. Tanto las unas como las otras, empleadas a conciencia, podían producir terribles heridas, residiendo el peligro de las posibles fracturas, en las heridas abiertas que podían infectarse.

2 comentarios:

Marcos dijo...

Sea cual fuera el arma, debía ser una carnicería el resultante de cada batalla. El hombre siempre agrediendo al hombre, una carera sin fin.

Alfredo dijo...

Marcos.
Desde que Caín mató a Abel con la quijada del burro, cualquier instrumento es válido. ¡Y ahora quieren hacer robots para que disparen a todo lo que se mueva!
No tenemos remedio.
Salu2.