sábado, 18 de julio de 2015

Donde las dan...




Digamos que se llamaba Julián, el nombre poco importa. Iba de simpático, y lo era, hasta que de tanto repetir las mismas bromas, resultaba cansino.

Solía apostar con los conocidos cosas estúpidas, como que pasaría un paso de peatones del brazo de cualquier moza de buen ver que ellos eligieran. Y unas veces se hacía el ciego y otras el tullido. Llevaba un bastón plegable, se colocaba junto a la elegida, y tanteando la acera indeciso, hacía ademán de pasar cuando el semáforo estaba en rojo. La muchacha solía picar y cedía el brazo para pasarlo al otro lado de la calle. Cuando iba de contrahecho, ponía manos y pies de esta forma, bamboleándose de tal manera, que siempre conseguía su propósito. Hasta que un día, la quiosquera de la esquina, salió de su negocio y desde el otro lado de la acera grito a la chica de turno:

- Ni se te ocurra cogerlo del brazo, ese rufián unas veces se hace el ciego, y otras el "retrepao" solo por el placer de reírse con sus amigos que esperan verlo palpar teta.

 Y la moza, ni corta ni perezosa, le atizó un mamporro en el coco, con un pequeño paraguas de esos plegables .

De pequeña estatura y feúcho de cara, tenía la facultad, si así se puede decir, de ponerse colorado cuando le venía en gana, recurso este que utilizaba cuando parodiaba al típico borrachín. Ese, que de vez en cuando aparece por el chigre a dar la tabarra. Se colocaba en la barra, pedía un anís y comenzaba a hablar solo. Al poco, tocaba el brazo de los más próximos  para preguntar cualquier cosa banal, y si le contestaban, estaban perdidos. Con la cara congestionada, los ojos vidriosos que no miraban a parte alguna, y voz gangosa, comenzaba pidiendo disculpas.

- Excuse, señoría: ¿No cree usted, que los desafucios son una cabronada?

- ¿Cómo dice?

- Verá usté, yo compre un piso, di una entrada y el resto con una hipotética  subogada, pendón, quiero decir que me lo surogaron. Diez años pagando, y ahora que no tengo trabajo, me desafucian por cuatro meses que no cumplo. Me quieren quitar la casa, y dicen que aún les debo sesientan mil del ala. ¿No es una cabronada?

- Una lástima, pero así están las cosas. Pero le voy a decir algo, ni yo soy juez, y mucho menos un pendón. Se lo digo por si acaso va en plan coña... o trata de armar trifulca: Soy capitán de la guardia civil, y si no tiene dineros ¿de dónde saca para pagarse los anisetes?

Julián se quedó mudo un instante, vio que las miradas de todos los parroquianos estaban puestas en él, y acojonado, posó un billete de cinco en el mostrador, se dio media vuelta y se fue bamboleándose con un "disculpe".

Cuando hubo salido por la puerta, el dueño del local tendió la mano al interlocutor de Julián...
- Gracias Antonio, ha sido una representación magnífica, este ya no vuelve más por aquí. Seguramente se acabaron las cenas de los sábados con sus amigos, pero lo prefiero, al final siempre quieren subir a las mesas a la camarera mientras ellos cantan y bailan en corro el Hava Nagila.


4 comentarios:

Elda dijo...

Jajajaja que bueno, un relato estupendo Alfredo con el que me he divertido según iba leyendo.
Desde luego estos tipos son tan pesados y cansinos, que solamente sus amigos gamberros los aguantan.
El final ha sido genial, me ha encantado.
Un abrazo.

Manuel dijo...

Hola, Alfredo, como me es imposible por falta de tiempo, seguir el ritmo de tus publicaciones, acabo de hacer los deberes; y como siempre ha sido un placer leerte. Me ha gustado mucho la de Luisito y muy especialmente esta última.
Un saludo.

Alfredo dijo...

Elda.
Pensé hacerlo alcohólico - por eso de que la costumbre hace el hábito- pero me parecía demasiado castigo. Creo que así quedó mejor.
Salu2.

Alfredo dijo...

Manuel.
Gracias por el esfuerzo, admiro tus reportajes que son muy laboriosos. Tampoco yo ando sobrado de tiempo, y eso que dicen que los jubilados tenemos todo el tiempo del mundo. He escrito un cuento que publicaré en un par de días, y me acordé de ti. Se titula "Las latas de membrillo", y pensaba que seria un buen tema de tu tierra, si es que no lo has hecho ya.
Salu2.