martes, 6 de octubre de 2015

Consideración, Condescendencia...




Cuando tuve la edad, fui a estudiar a la Escuela de Artes y Oficios. Seis horas por la mañana, media hora de recreo con descansos de cinco minutos entre clase y clase, y tres horas ininterrumpidas de tarde. Las mañanas eran para las asignaturas tradicionales, pero enfocadas al oficio u arte elegido, así, dibujantes, grabadores, pintores, escultores, talladores o escultores, estudiaban a fondo la geometría, las medidas y las proporciones mientras los mecánicos lo hacían con el cálculo matemático, o los electricistas con la  física. Las horas de la tarde, de cuatro a siete, eran para las prácticas.
Sin embargo, las asignaturas de siempre, a pesar de que muchos de los alumnos estaban en contra, ahí estaban. No era de recibo que un artista o un buen profesional, fuera un inculto, debía aprender también a ser persona.

Don Clemente, daba clase los lunes, miércoles y viernes a primera hora. Era un hombre rechoncho, de hablar pausado y un tanto monótono que sentado en su poltrona con las manos sobre la barriga y los dedos entrelazados, daba vueltas a sus pulgares ora en un sentido, ora en el otro mientras recitaba su lección de memoria.

- "Nació Gonzalo de Berceo hacia 1198 y murió hacia 1264. Fue un sacerdote, representante en grado sumo del mester de clerecía, lo que viene a significar, oficio de clérigo. Un preclaro literato medieval, que como correspondía a su estatus, escribía de temas religiosos y morales. A él se le atribuyó el Libro de Alexandre que narra la vida de Alejandro Magno.
- No confundir, el mester de clerecía, con el mester de juglaría, que se refiere a la literatura del pueblo llano, casi toda analfabeta, y que divulgaban los juglares en las plazas de los pueblos al estilo del Poema de Mío Cid.

Su voz me llegaba cada vez más lejos, el calorcillo de la calefacción y el madrugón estaban comenzando a hacer su efecto, y por más que trataba de mantenerlos abiertos, los párpados se me cerraban casi de continuo.

- Os recitaré algo de cuando El Cid, desterrado por el rey Alfonso VI, sale de Burgos con sus hombres y entran en Castejón perteneciente al reino moro de Toledo...

- Ya amanecía   y venía la mañana
salía el sol,  ¡Dios, qué hermoso apuntaba!
En Castejón   todos se levantaban,
abren las puertas,   afuera se mostraban,
para ir a sus labores   y a sus campos de labranza.
Todos han salido   dejan libre la entrada,
sólo pocas gentes   en Castejón quedaban;
las gentes por los campos   andan ocupadas.
El Campeador  salió de la celada,
en torno a Castejón   aprisa cabalgaba,
Mío Cid don Rodrigo   corre hacia la entrada,
los que guardan la puerta  viéndola asaltada,
tuvieron miedo   y la dejan desamparada.
Mío Cid Ruy Díaz   por las puertas entraba,
trae en la mano   desnuda la espada,
quince moros mataba   de los que alcanzaba.
Ganó a Castejón y mucho oro y plata.
Sus caballeros  llegan con la ganancia,
la dejan a mío Cid  sin querer para sí nada.

Dicen, que el oído es el sentido que más tarda en adormecerse. Ya soñaba yo, que estaba en medio del asalto mientras continuaba oyendo la narración del profesor. Sentí un mandoble en el hombro, se rasgó la cota de malla y la punta del alfanje tocó carne...

- ¿Eres Fernando Álvarez Camino?

Entonces di un respingo y desperté. Don Clemente, a mi lado me apretaba a la altura de la clavícula.

- ¿Hay sueño?

- Usted perdone don Clemente. La verdad es que sí, un poco. Me levanto a las seis y media, tengo que coger el tren, asistir a las clases, comer en el bar, y a la noche desplazarme otra vez. Llego a casa pasadas las nueve, y aunque algo estudio en la biblioteca a medio día, siempre tengo tarea que hacer.

- Ya veo -dijo meditando por un momento- ¿Qué tal si te propongo un trato? Yo te eximo de las clases... y duermes una hora más.

- Pero...

- Tranquilo, te digo cuales son los temas del mes, al final haré un examen, si sacas como mínimo un notable, prolongamos por otro mes el trato. Solo te perderás alguna anécdota. Lo mollar, lo que interesa, no son las divagaciones o las libertades que yo me pueda permitir en clase.

Acepté.

Don Jesús, da las dos clases restantes de la semana a hora tan mañanera. Es todo lo contrario a don Clemente; pequeño, nervioso, de ojos redondos y grisáceos siempre interrogantes. Ha prometido no hacer ningún examen durante el curso que todos aprobaremos, si acaso, preguntará de vez en cuando para ver si sus explicaciones son comprendidas. Imprescindible la asistencia, nada de fumarse las clases. La pregunta de hoy va dirigida a todos:

- Veamos, ¿quien pronunció esta frase y en qué contexto? "Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Escribidlo en la libreta y dejad el lápiz sobre la mesa.

Yo sabía el quién y el por qué, sin embargo solo me fijé en la enjundia de la última frase; Escribidlo en la libreta. "El pequeño saltarín" no se fiaba de nosotros, temía que haciéndolo de palabra, nos copiásemos los unos a los otros. Además, ¿cuando había explicado él, algo referido al tema?

Escribí mi repuesta y me dispuse a oír a los demás. Uno por uno, se fueron explicando. Yo, que en esta clase siempre me colocaba en los pupitres del fondo, me iba adormeciendo con las tímidas respuestas de unos, y los silencios de otros. Sentí el dedo acusador en mi frente...

- ¿Tanto lo tienes que pensar? ¿Acaso con los ojos cerrados, te concentras mejor? ¿O te importa un pito la clase?

- Don Jesús, tengo mi respuesta, y sí, con los ojos cerrados me concentro mucho mejor, mentí.

- Veámosla pues.

- He escrito Jesús, dije enseñando el cuaderno, fue la respuesta que El dio a los fariseos que le querían poner en un aprieto.

- ¡Explica eso!

- Empezaré por el contexto: Judea era provincia de Roma, gobernada por un precepto que a menudo había de reprimir las continuas rebeliones. Entendían los judíos, que pagar los impuestos al imperio romano era una limitación del dominio de Dios sobre su pueblo, un pueblo que vivía por y para la religión, pero el impago era una rebeldía contra la autoridad, y ambas cosas conllevaban castigo.

- Los fariseos preguntaron a Jesús: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?

-La respuesta, tanto positiva como negativa, no era válida, pues una ofendía a Dios, y la otra a Roma. Por tanto les dijo; Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción que lleva? Y los fariseos le dijeron: Del César. Entonces El les dijo: Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.

- Bien, es correcta la respuesta y el planteamiento. Ahora sube al estrado y quédate de pie junto a la pizarra el resto de la clase. Así no te dormirás.

Don Clemente era profesor de literatura y don Jesús era el profe de religión como sin duda bien habéis pensado. Pero este cuentecillo no trata de una adivinanza, trata simplemente de consideración, de condescendencia, indulgencia, benevolencia, tolerancia... cosas que al señor cura le faltaban.

Consideración.
(Del lat. consideratĭo, -ōnis).
3. f. Urbanidad, respeto.

Condescender.
(Del lat. condescendĕre).

1. intr. Acomodarse por bondad al gusto y voluntad de alguien.


1 comentario:

Alfredo dijo...

Ayer fue el día del maestro. Me enteré de noche viendo la tele, y me dio por escribir este cuentín.
Salu2.