lunes, 19 de octubre de 2015

El Novio que Ofelia nunca tuvo.


Cuando en 1955 se conocieron Ofelia y Avelino, ella tenía dieciséis años, y él cuatro más. En el mismo momento de conocerla, Avelino supo que, con el andar de los años, aquella chica sería su mujer.

Comenzar a rondar a la niña no le resultó difícil. La familias acababan de mudarse a aquél poblado de casitas nuevas, blancas, unifamiliares, adosadas las unas a las otras y formando calles estrechas y paralelas. Las casi trescientas con una chapa donde constaba el emblema y la leyenda que el Ministerio de la Vivienda se encargaba de clavetear en la fachada. Nuevos vecinos, nuevas amistades.

Avelino trabajaba en un taller mecánico manejando una rectificadora de bloques de motores. Ofelia era estudiante de bachillerato e iba una academia del centro, donde aprendía corte y confección de seis a ocho.

 La ciudad estaba condicionada por dos vías de comunicación; la carretera a Coruña y la de Madrid. La una discurría de este a oeste y la otra de norte a sur. Ambas se cruzaban en un punto que dieron en llamar Cuatro Caminos. Cada uno de los cuarterones conformados, estaban bien definidos: En el del Noreste estaba el puerto, en el del Sureste los edificios notables, viviendas, negocios, restaurantes... En el Noroeste estaba el polígono industrial, y en el Suroeste, el apartadero y los cobertizos del ferrocarril y un descampado donde se celebraban las ferias de ganado. Fue en este lugar donde se ubicó el poblado, muy cerca de las chabolas de los gitanos que estaban contra el monte, y a los que también dieron casas para erradicar el chabolismo. Las casetas de tabla y cartón continuaron allí, pues antes de que las derribaran, se instalaron familiares venidos de otros lugares.

El tranvía unía el centro de la ciudad con el puerto y el polígono, por lo que los habitantes del poblado debían bajar a pie hasta la rotonda de Cuatro Caminos. Hubo un proyecto para que un ramal continuara recto hasta las nuevas edificaciones, pero todo se quedó en agua de borrajas.
Como quiera que transitar de noche, desde la rotonda hasta el poblado no era muy recomendable para una chica sola, Avelino esperaba a Ofelia todos los días. Para ella era un orgullo sentirse protegida por aquel mocetón, sabía que causaba la admiración y hasta envidia de amigas, compañeras o vecinas, pero eso de ser su novia como decían, ¡ni hablar del peluquín!. Ella tenía otros proyectos, o al menos eso solía decir, sin querer reconocer para sí misma, que no tenía ninguno. Lo que si tenía claro es que no iba a lavar monos grasientos toda su vida.

Avelino era formal, lo que no era impedimento para permitirse coger aquello que deseaba si es que le daban pie. Así que, hoy la mano, mañana el brazo por encima del hombro, y al otro el primer beso bajo el alero de la antigua caseta del fielato.

- Ya somos novios, dijo él cuando ocurrió lo que tanto tiempo llevaba ansiando.
- ¡Naranjas de la china!- Contestó ella dando un bote - Aún soy joven para esas cosas. Me lo paso bien contigo, eres ameno, alegre, guapo... pero hasta ahí llegamos, no necesito novio.
- ¿Y entonces, qué somos? ¿Por qué te dejaste besar?
- Para ver que es lo que se sentía, ha sido el primero en la boca.
- ¿Y te gustó?
- Si.
- ¿Repetimos?
- Bueno.

Y con el nuevo beso, los cuerpos muy juntos, las manos del mozo comenzaron a bajar por la espalda. Encontraron dos rocas duras allá donde comienzan los muslos y asiéndose a ellas, encolingó sin esfuerzo a la moza hasta su altura, que se agarró a su cuello para mejor saborear la mieles de aquella boca.
No fue aquél día, pero si poco después, que Ofelia le entregó gustosa su flor.

- ¿Y ahora? ¿Somos novios?
- ¡Te he dicho que no!
- Ofelia, ya me han sorteado, me tocó para África, y cuando vuelva, quiero casarme contigo; estoy enamorado.
- ¡Necio eres! Cuando vuelvas hablaremos.

Pero como dice el refrán... el hombre propone, Dios dispone... y la mujer, o el diablo, todo lo descompone.

" Querido hijo:
          Espero que al recibo de esta, te encuentres bien. ¿Están en la carta los veinte duros que te envío? Espero que sí.
          Sobre lo que me comentaste en la anterior, creo que es mejor que juntes todos los permisos para antes del licenciamiento, así se te hará más corto. Venir, para luego volver, además de resultar costoso, tiene inconvenientes: Perderás días en los viajes, estarás contando los que te restan del permiso, y sentirás pena cuando te marches.

          Otra cosa te tengo que decir. Como todos los años para la Cruz de Mayo, llegó el circo. Dicen que este año fue el último que lo traerían en tren, van a comprar o contratar camiones que son más rápidos. Hubo casi treinta barracas, las lanchas, la noria y otras atracciones nuevas que colocaron como siempre junto a la iglesia. El circo junto a las vías. Este año además de los elefantes, hipopótamos, camellos, caballos, tigres, leones y monos, trajeron osos que jugaban al fútbol, y unas ovejas de cuello largo que las dicen llamas. La gente se arremolinó para verlos bajar de los vagones, así se ahorraban las pesetas que cobraban por la visita al zoo.

          No sé si contarte esto, igual te apena, pues parecía que tenías interés en ella. Ofelia se marchó con un titiritero que se hacía el borracho subido a una farola. El director del circo les dijo a sus padres que con ellos estaría bien, que aprendería el oficio y que el tal saltimbanqui, necesitaba una chica para hacer como de mujer suya, zurrándole la badana por beodo. El caso es que se marchó dejando a Teo y Antonia las dos mil pesetas del contrato. Pero poco duró el trabajo. Dicen que el volatinero se prendó de ella y que la sacó encinta.  Apenas nació el niño, el médico sentenció que no era normal, entonces el equilibrista se puso como un cafre, porque según cuentan, ella lo había despreciado, haciendo con alguno de los enanos, lo que no quiso hacer con él. A partir de aquél momento la apodaron Blancanieves, pues el hijo era enano. Las trifulcas fueron a mayores, el hombre no la quería ver por el circo y el director se vio en la necesidad de despedirla so pena de perderlo. Así que se ha venido para casa. Teo los ha admitido a regañadientes.
          Y eso es todo. Espero no haberte disgustado mucho. Un abrazo fuerte de tus hermanos y besos míos y de tu padre".

Sabido esto, Avelino cedió a la sugerencia de su madre, se había incorporado en abril y ya iba a cumplir el año. Descontando del resto los permisos, aún le que quedaban otros diez para su vuelta. Dolorido en lo más intimo, apenado, y sin llegar a comprender el misterio del alma humana, se resignó a seguir pisando las arenas del desierto y pensando en el reenganche.

Ha llegado Avelino al poblado. Nadie lo espera, pues ni a su madre se lo ha comunicado. Para ser febrero, el día es soleado y hasta caluroso, aunque el soldado -aún lo es hasta que le firmen la cartilla- siente un frío que le llega a los huesos. Le tiemblan las manos, los dientes chocan entre sí y siente el corazón acongojado, oprimido, acelerado. Enfila la callecita, el sol entra por ella como si de un río se tratase, la alargada sombra en el suelo, el paso que quiere ser decidido, erguido como si fuese a desfilar, pero lo cierto es que las piernas tiemblan, y el ánimo se halla conturbado. A mitad de la calleja, en la puerta frente a la de su casa, está sentada Antonia tejiendo punto. Tiene a su lado un serón. Cinco pasos antes de llegar a su altura, la mujer ha visto la sombra, suelta las agujas y corre a colgarse del cuello del mozo. Gruesas lágrimas corren por sus mejillas. ¿Será por lo que pudo haber sido, y no va a ser?
Avelino se acerca a la cuna, la cara del niño que duerme apacible en la penumbra, las piernas al sol. Cabeza grande, frente prominente, y bracipaticorto. Muy guapo, se atreve a decir a la abuela mirándola fijo a los ojos. Para que vea que de verdad siente lo que dice, que aquél ser indefenso, no le mueve ni a pena, ni mucho menos a repulsión.

A los hipos de la mujer, ha salido la hija. Apenas se miran un instante, y en un acto reflejo, ambos abren los brazos recibiéndose mutuamente, y comiéndose a besos.
- ¿Serás ahora mi mujer?
- Siempre lo he sido Avelino.

Han pasado los años. Solamente los que no le conocen, ven en Genaro un enano. Pero los que si le conocen, saben que es un hombre, inteligente y culto. Él sabe, como toda la familia, que Avelino es su padre, no por haberle criado, mantenido y estudiado. Lo es porque la ciencia así lo demostró, aunque ni falta había; Avelino era el portador del gen mutante. Lo es, porque su madre, que se fuera con el circo por temor a su padre al saberse embarazada, se entregó a un solo hombre, al hombre que siempre quiso y que nunca fue su novio.


7 comentarios:

Alfredo dijo...

Ya sé que mis cuentos son largos, que ante eso algunos se retraen y pasan de largo, pero apenas lleva cinco minutos el leerlos. Preferiría que al menos los empezasen, y si ven que es un coñazo, lo digan. Eso me ayudaría mucho.
Gracias y Salu2.

Elda dijo...

Jajaja, Alfredo, yo empecé y he seguido porque me ha gustado y estaba intrigada hasta el final a ver que sucedía. La verdad es que no se me ha hecho nada largo y me ha encantado como le has dado fin.
Me ha encantado el cuento, un gran amor sin duda.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Gracias Elda, siempre eres buena conmigo, demasiado buena y comprensiva.
Salu2.

Marcos dijo...

Admiro tu gran fluidez para hacer un relato breve engarzando todas las piezas, con las realidades que recordamos de antaño. Me ha gustado, como siempre.

Alfredo dijo...

Marcos.
Gracias Marcos.
Salu2.

Manuel dijo...

De largos, nada, todo lo contrario, Alfredo. Visito varios blogs de escritores -algunos de renombre-, pero, lo que disfruto con tus relatos, no me sucede con ningún otro.
Con esto te lo digo todo, además de corazón.
Gracias.
Un fuerte abrazo.

P.D. Me encantaría me dijeses, si tienes algo publicado.

Alfredo dijo...

Manuel.
Gracias Manuel por mirarme con tan buenos ojos.
En mi ciudad se celebraba un concurso de cuentos (no sé si lo continúan o lo han dejado) Participé dos años y los dos me premiaron, dejé de escribir por falta de tiempo (entonces trabajaba) cuando lo retomé, abrí el blog y aquí estoy.
Lo cierto es que no tengo muchos seguidores y pocos comentarios, lo que a mi entender significa que a muy pocos les interesa. Por ello es de agradecer tus elogios, pues aunque parezca mentira, siempre son un estímulo.
Salu2.