jueves, 1 de octubre de 2015

Por otra cosa. (Baldragas)


Aquel año en que cumplí sesenta y cinco, tuve un poco de depresión. No por la jubilación y esa cantidad de cosas que conlleva, podía haber continuado con mi trabajo si hubiera querido, fue por otra cosa.

Lo cierto es, que ya desde hacía tiempo venía buscando la forma de vender mi alma al diablo al igual que lo hiciera el clérigo Teófilo de Adana. No por desear el éxito en mi carrera como él lo hiciera, fue por otra cosa.

Yo era, permitidme el tic narcisista, digamos agraciado, aunque ningún Basil me hizo un retrato de juventud, ni ningún Lord Henry Wotton me comió el tarro con aquello de... "Lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos". No ansiaba esa belleza ni la eterna juventud, aunque no hubiera estado mal, sin sufrir, claro está, las consecuencias que sufrió Dorian. Era, por otra cosa.

No encontré al diablo, aunque si a muchos demonios menores que me ofrecieron la gloria, pero ninguno fue capaz solventar aquello por lo que le buscaba. Lo que yo buscaba, y creo que no me hubiera importado soportar por toda la eternidad las penas del infierno, era por otra cosa.

Dicen, que un tipo muy conocido por sus trabajos en cine, y al que Woody Allen envidiaba; "me gustaría reencarnarme en la yemas de los dedos de Warren" (añado, no precisamente para tocar el clarinete) se acostó con no menos de 12.775 mujeres en cincuenta años.

Eso era lo que yo anduve buscando; la potencia que se necesita para aguantar un desgaste parecido, pues siempre he sido un tanto baldragas para eso del amor.

Aquel día que cumplí, al enterarme de esa noticia y echar cuentas, supe que ya era demasiado tarde. Pues vale, pienso hoy, aunque en la comparación salgo muy mal parado, he disfrutado lo mío, no con tantas mujeres, pero si con quien me amaba. A él no le querían, solo le deseaban... que diga lo que diga el diccionario, querer y desear no son la misma cosa en esto del amor.

Baldragas.
(Del ár. hisp. *ḥaṭráq 'charlatán').

1. m. Hombre flojo, sin energía.


1 comentario:

Marcos dijo...

Yo del tal Warren, diría que le quitase la tara, que menos lobos, pero seguro debió ser un personaje excepcional, descontando lo baldragas que fuera.
Pero como tu dices: querer y desear no son la misma cosa en esto del amor.