jueves, 5 de noviembre de 2015

Triángulos Amorosos.




Él tocaba el saxo y ella era la vocalista de aquel conjunto musical, al que dieron en llamar La Banda del Estraperlo. El nombrecito nació como consecuencia de las letras de las canciones, de las que a menudo, y en el mejor de los casos, cambiaban el orden de las palabras, es decir, hacían hipérbatos. Suponía esto, una intriga (de ahí la palabra estraperlo) graciosa para los oyentes, pues identificada la música, nunca sabían por donde iban a salir con la letra.
No parecía el invento muy comercial, y además, complicado de encajar con el tempo melódico y el poético, pero la banda tenía éxito.

La joven Mariela, se enamoró perdidamente de Blas, el saxofonista. Lo cierto es que nunca supe el motivo, él era un garrulo, y lo he llamado así, porque reunía todas las malas cualidades de la persona. Lo único en su descargo es que sabía tocar, muy bien por cierto, pero era feo, hasta para hombre, basto, como la lija del 30, grosero y zafio a no poder más, y, sobre todo, embaucador.

Ella, que cantaba en público desde los doce años, lo hacía de oído, no sabía música, lo que algunas veces ocasionaba que se perdiera con la letra en un bucle cuasi interminable. Blas la conoció con apenas dieciocho años. Se sintió atraído por aquella voz cálida, su bonita cara y mejor figura, y la candidez que irradiaba. No le costó demasiado convertirse en su mentor, en el Pigmalión que modeló, no su cuerpo, que no lo necesitaba, pero sí su interior, su yo. Era la adoración que por él sentía, rayana en la sumisión, y que solamente se podía entender, por el cambio radical que su vida había experimentado. De cantar en verbenas de barrio o pueblos míseros por cuatro perras, a alternar en clubs, salas de fiestas de renombre y eventos sociales de primer orden. No se daba cuenta de que el estudio, la constancia y el amor propio, era ella la que lo había puesto. Él, reproches sin cuento cuando se equivocaba, o desdén manifiesto cuando lo hacía bien. Nunca estaba satisfecho.

Ya llevaban tres años juntos, cuando una mañana le dijo que se pusiera guapa, que iban a un sitio. Bajaron caminando por la rambla, y antes de llegar al Ayuntamiento, le compró un ramillete de flores en un puesto. Loca de alegría por aquella deferencia, le preguntó por el motivo, pero él calló. Ante su asombro, y media hora después, salían del edificio; ella llevaba una alianza y había firmado unos papeles que la señalaban como esposa de Blas Menique Infante. Triste boda, pienso yo, sin amigos, invitados, ni banquete, ni viaje de bodas. Aquella tarde noche, había función en el Tropical.

Apenas una semana después, estando preparándose en su camerino, Mariela recibió una visita. Tras presentarse, los dos hombres le preguntaron si ya había decidido la respuesta a la oferta que a su representante le hicieran. Ella dijo desconocer tal cosa y, puesto que a su marido se habían dirigido, no veía la razón de que allí estuvieran. A Blas lo encontrarían en la barra, hablando con el grupo.

- ¿Se han casado? - preguntaron extrañados- Pensábamos que nos esquivaba. Tal vez por eso no hemos tenido noticias suyas, y como nuestra inmejorable oferta era solamente para usted, por eso estamos aquí.

Por más que insistieron en que conociera la propuesta, ella no quiso escucharla, los remitió a su marido.

Cuando Mariela le preguntó, Blas dijo que el negocio no les convenía... y allí acabó la cosa.

Los triángulos amorosos, pueden semejarse a los geométricos:

Equilátero; Generalmente, cuando dos hombres y una mujer, o dos mujeres y un hombre, con similares armas, luchan por conseguir aquello que desean; la mujer en el primer caso y el hombre en el segundo.

Isósceles; Cuando uno de los anteriores es más débil que los otros dos. Ya sea hombre, o mujer, se les conoce por cornudos.

Escaleno; Cuando la preponderancia de uno de ellos es superior a los otros dos. Si es hombre, el otro no mojará. Si es mujer, hará lo que le dé la gana.

Mucho lío para acabar diciendo que a Blas le salió un competidor por el amor de Mariela, y que como he explicado anteriormente, el triángulo a formar parecía un escaleno dada esa notoria preponderancia. Pero las apariencias pueden falsear la realidad.

El saxofonista, jefe de la banda, tenía sus fans, y, si había traicionado a su mujer con una boda, para evitar que ella tomara otros derroteros en busca de fama y dinero, no iba a dejar de engañarla con algunas de sus admiradoras. Estas actitudes, no pasaban desapercibidas para Mariela, que una cosa es ser sumisa y otra ser tonta. Así que un mal, o quizá buen día, se le ocurrió recriminarle sus andanzas. Él, creyendo que se le subía a las barbas, la empujó contra la mesa, la arrancó la ropa, y como las bestias toman a sus hembras, con fuerza la humilló. Ya tienes lo que querías - le dijo para remachar el clavo- mientras ella se limpiaba las piernas, y las lágrimas.

Mario era el batería. Con diez años menos que Blas, y dos más que Mariela, todos lo tenían por chalao, un mal que no se por qué se les achaca a muchos de los que hacen percusión. Sin embargo, la fachada suele ser a menudo simple apariencia bien calculada. Mario estaba enamorado de Mariela, deseaba probar la fruta prohibida, pero no se atrevía. El ogro, que podía dejarlo en la calle, por un lado, y el embobamiento que ella demostraba, por otro, lo frenaban. Sin embargo, por aquellos días, notó en la chica una tristeza inusitada, y como eran buenos compañeros y amigos, se atrevió a preguntar lo que le ocurría. Tampoco ella se lo iba a contar de buenas a primeras, pero para el buen entendedor, pocas palabras bastan, y más si el distanciamiento se percibe en el aire.

- Apóyate en mi hombro, que yo puedo ser el bálsamo que cure tus males. Mira que estoy loco por ti, que te puedo dar lo que nadie te ha dado, verás el pedestal en el que te tengo colocada.

Y poquito a poco, el triángulo se fue transformando de escaleno a equilátero.

Mariela se fue dando cuenta de la abismal diferencia entre los dos hombres; El uno; Haz, trae, quiero, dame, vete, ven... El otro; quieres qué, te gustaría, que te parece... En la comparación, llegados estos casos siempre se hace, su marido salía perdiendo por goleada. Tomó una determinación; comenzó a decir aquello que no quería, que no le gustaba, con lo que no era conforme... Y se armó la marimorena; El triángulo dejó de serlo.

A veces, la diosa Ocasión, mujer hermosa en su desnudez, con sus pies alados, de puntillas sobre la rueda y la frente de abundante cabellera, nos avisa que la ocasión que viene de cara, puede pasar rápidamente, que hay que cogerla por los pelos, pues una vez que pasa, es imposible; por detrás está calva.

Esto fue lo que le dijo Mario a Mariela, y ella se fue a ver a aquellos señores que la contrataron. Cambió al saxofonista por el batería, y con él y los hijos que tuvieron, vivió feliz, amada y respetada, en tanto que el otro, rumiaba una venganza que no llegó, produciéndole ansiedad, y por ende, salivación excesiva que le dificultaba tocar como antes.


Colorín colorado, este cuento, por fin se ha acabado.

5 comentarios:

Alfredo dijo...

A este cuento, tal vez le sobre el primer párrafo, pero yo soy como el tío manías; me cuesta mucho borrar lo que escribo y el cuento iba por otros derroteros. Siempre digo que son los personajes los que me llevan, y estos han querido que así fuera.
A ver si hay suerte y vos presta.
Salu2.

Marcos dijo...

Pues te ha salido una lección magistral de geometría aplicada a los sentimientos. Que coincidencia von el Google d hoy y el saxofon.

Manuel dijo...

Bonita e interesante forma de introducir una lección de geometría, en un cuento.
Además, hoy ha sido uno de esos días que leyéndote he tenido que visitar de nuevo la RAE por la palabra "hipérbaton"; es la única forma de poder entender -cuando se desconoce-, lo que viene a continuación.
Abrazos.

Alfredo dijo...

Marcos.
Estos días he estado de pesca, hacía buen tiempo y quería desconectar un poco. Total, como dice el Mota, Ir pa ná. Por eso no sé de qué iba lo de Google.
Gracias por el comentario Marcos. No sé si los sentimientos se pueden aplicar a cualquier cosa, o viceversa, pero bueno, el tiro salió por ahí.
Salu2.

Alfredo dijo...

Manuel.
A menudo se me escapan palabras poco utilizadas, antes tenía la vana esperanza de que quien tiene a bien pasar por aquí, consultara aquellas que no recordaba. Comprendo que es un coñazo hacerlo, siempre estamos faltos de tiempo y pensamos que más adelante, el que escribe será el que aclare el significado de esa palabra. Pero a mi me gusta aprender, y pienso que también a los demás Es gratificante que alguien se moleste en buscar sin esperar a que se lo den todo mascado.
Gracias Manuel por el sincero comentario, no es corriente reconocer que se utiliza al diccionario, cosa que yo hago cada día.
Salu2.