jueves, 26 de marzo de 2015

Guantelete.


Guantelete.
(Del fr. gantelet).
Pieza de la armadura con que se guarnecía la mano.


Iglesias y catedrales de toda España, están llenas de túmulos, o simples lapidas en el suelo, que teóricamente guardan los restos de nuestros antepasados.
Y digo teóricamente, porque a veces sucede, que cuando se tratan de investigar cosas; parentescos, causas de la muerte, etc. se encuentran con que el difunto no está donde se suponía, o simplemente no está.

Había nacido Don Juan, Príncipe de Aragón y de Castilla, e hijo de los Reyes Católicos, el 30 de junio de 1478, en Sevilla y murió en Salamanca en abril de 1497 a consecuencia de la tuberculosis. Lo enterraron en el Real Monasterio de Santo Tomás de Ávila, pero la soldadesca napoleónica, dañó el túmulo, arrambló con los restos de Don Juan, y de paso con la verja de plata que lo rodeaba.

El sepulcro del príncipe Juan se debe a Domenico Fancelli, está labrado en mármol de Carrara que él mismo fue a buscar a Italia (25 carretas). Sirvió un retrato del Príncipe como modelo para la figura yacente, que está vestida con armadura. A la altura de las caderas, y fuera del colchón donde reposa, están los guanteletes, cuestión esta de suma importancia que nos lleva a preguntarnos el motivo por el que no los lleva puestos. La explicación es sencilla: no murió en acción de guerra. También los almohadones (2) van en consonancia a la categoría social del difunto, así, para los monarcas pontífices o cardenales se utilizaba el número máximo de tres.



martes, 24 de marzo de 2015

Olvidos y Criptomnesia.




Buscando la causa de esos mis olvidos, recordados, pero no reconocidos como tal, me tropecé con la palabra adecuada para saber el por qué de tal enigma. Es muy posible que padeciera alzhéimer, más, estudiada la citada enfermedad, comprendí que no era aquello lo que me ocurría. Mis olvidos no eran flor de un día; venían de antiguo. Es decir, a esos recuerdos no le ocurrían como a la Hemerocallis, planta en que cada flor abre sus pétalos al amanecer, y se marchitan al atardecer.

Mi mal está, en que poseo rincones en la memoria que se asemejan al nacimiento del Guadalquivir; allí guardo cosas que desaparecen y vuelven a aparecer como algo novedoso, cuando es el mismo río, la misma cosa olvidada. 

Volviendo a la palabra más prominente del título, y por asociación de ideas, recordé a Superman y a su perro Krypto, que procedían del planeta imaginario Krypton, y cuyos comics leía en aquellos mis tiempos infantiles. 
El hombre de acero era "alérgico" a la Kriptonita, un material radiactivo de color verdoso que acababa con todo bicho viviente en el planeta de origen, y que fue apareciendo según que episodios, con diversos colores y distintos efectos. 
Lo cierto es que hay un gas (que fue descubierto en 1898, y apareció como residuo al licuar el aire) llamado Kriptón, nombre que pudo haber tenido influencia a la hora de buscar un planeta escondido e imaginario, para los citados comics. Nada tenía que ver todo ello con lo que andaba buscando.

En griego "kriptos" significa oculto o escondido, y "mnemé" significa memoria, recuerdo. Por tanto, la palabra para el Recuerdo Oculto, para la Memoria que Olvida es: Criptomnesia.

La Criptomnesia es el proceso por el que se evoca un recuerdo sin ser reconocido como tal, de manera que la idea parece nueva y personal, aunque no lo sea. Fue descrito por el médico psiquiatra Carl Gustav Jung, quien tomó la palabra de su contemporáneo y conocido Théodore Flournoy, también médico y profesor de filosofía y psicología.


En consecuencia, Nada que me deba preocupar, por ahora. A todo el mundo le suceden estas cosas.

viernes, 20 de marzo de 2015

¡Eso No!


Vendía pañuelos de papel en una de las entradas a la rotonda. El tráfico era abundante, y por tanto, el sitio inmejorable. El semáforo en rojo la favorecía con las paradas de aquellos que se dirigían al centro comercial y al polígono industrial. Pero nada había que la resguardase de la lluvia, el viento o el sol.

Era escuálida, como de catorce años, calzaba chanclas y vestía pantalón de chándal sobre el que llevaba un vestido y una rebeca corta de talle y manga. Pelo negro en una sola trenza que le llegaba a la cintura y tez oscura con manchas blanquecinas.

El primer día que la vi, pensé que era rumana, rumana y gitana para más inri. Y digo esto, en la creencia de que esa condición, iba a afectar muy mucho a la parte que le pudiera corresponder en la recaudación diaria.

Se llegó hasta la ventanilla que yo bajé, y le pregunté cuanto pedía por los tres paquetes que llevaba en la mano.

- Un euro.

No estaba mal la ganancia. Se lo di.

Si quieres ayudar, y fuera de toda connotación, has de dar ejemplo. Me explico: He observado, que casi siempre que el primero de la fila, dice no, o mira hacia otro lado, los siguientes proceden de la misma forma. Por el contrario, si el primero hace la compra, muchos de los de atrás, darán su limosna.

Pasaba por aquél lugar a menudo. A veces el semáforo estaba abierto y ella permanecía contra el guardarraíl descansando de sus paseos entre los coches. Cuando estaba cerrado, compraba, o simplemente le daba el euro; el asiento trasero de mi coche iba acumulando la mercancía. Así llegamos a un atisbo de amistad, supe que se llamaba Rodica.

Con el paso del tiempo, su indumentaria fue cambiando a mejor. Vestía pantalón vaquero, camisetas, sudadera y playeros de marca, aunque fueran falsos, y hasta aquella pitiriasis le desapareció. También se fue el bozo, los pelillos del entrecejo y las profusas patillas. Tal vez fuera cosa de la edad, ahora sus pechos se notaban crecidos, las manos finas, de uñas recortadas y pintadas. En dos de sus dedos lucía anillos de plata, y en la muñeca pulsera de de cuentas de colores. Andaba más erguida y su cara ya no transmitía aquella tristeza... de pobre. Al contrario, estaba risueña.

Aquella mañana vino hacia mí. Me dio una cadena con la efigie de San Antim Ivireanul, y me dijo que posiblemente fuera la última vez que nos veíamos. Se iba a casar en su tierra. Le pregunté cuantos años tenía, me dijo que dieciséis. Le pregunté por el novio; él tenía treinta y no lo conocía.

Su cara estaba triste de nuevo. No sé. Quizá fuera que le dolía dejar una tierra donde había mejorado su estatus, o tal vez la imposición a que era sometida.

Había apartado el coche al arcén, y me bajé para continuar hablando. Si quieres -le dije- te puedo llevar a cualquiera de las asociaciones de mujeres para que te protejan, te busquen un trabajo...


- ¡No, eso no! Sería malo para padres. Ellos han de pagar deuda por salir de miseria, yo soy moneda de cambio. Mañana vendrá hermana pequeña a continuar trabajo. Si tratas como a mí, el mártir te lo agradecerá. Él  como tu ayudaba al pueblo. 

lunes, 16 de marzo de 2015

Oleksiy.


Era un buen día de primavera. La mar subiendo y en la barra del puerto, no menos de treinta cañas todas a fondo. Otro pescador se acerca, da los buenos días y me pregunta si se puede poner junto a mí.
- La mar es de todos, pero... que corra el aire. Le contesto, y hago un ademán con la mano para indicarle que se separe un poco.

Va vestido como si fuera a pasear en un día de fiesta, como si no supiera del "perfume" que con la manipulación dejan el pescado, los cebos y el enguado. Intuyo que es novato, y de los novatos no te puedes fiar; sus lanzadas pueden ocasionar "enronches", la pérdida de una buena pieza...

-  ¿Cómo dices tú?

- Que al estar tan cerca, se pueden enredar los aparejos.

- ¡Ah, bueno! Yo comprendo.

- Ya veo que no eres de aquí.

Es sonriente y afable, por lo que le he dado pie para que me cuente algo de sí. Y él se explaya gustoso. Me dice que se llama Oleksiy -al cambio Alejo- y es ucraniano, que lleva cuatro años en España de soldador, pero se acabó la obra y ahora está en el paro. Mejor distraerse junto al mar, que dando vueltas a la cabeza en casa. Le ofrezco tabaco, pero ni fuma ni bebe, solo alguna cerveza, según dice.

Saca de la funda una buena  cañavera portuguesa y de la mochila un carrete de la misma marca, todo a estrenar. La monta con delicadeza, procurando que las anillas estén perfectamente en línea. Estoy deseando ver que aparejo pone y si lo sabe hacer, pero me parece que ha estudiado bien por internet y viene pertrechado de casa. Solo un fallo tiene; el cebo. Trae gamba pelada y congelada.

- Oye Alejo, lo congelado no gusta mucho a los peces, tienes que traer cangrejos, que por aquí y dependiendo del lugar se llaman "sapas" o "costaraños". Indispensable la xorra, xorrón, o tita, que son lombrices similares a la americana, también mejillón, navaja, sepia, pulga, esguila...

Hemos pescado juntos muchos días. Le he ido indicando lo poquito que sé,  por lo que me llama maestro. Sin embargo, él tiene buena mano, pone el plomo sonde debe y saca tanto o más que yo. Nos llevamos muy bien y suele hacerme confidencias. Ahora está pensando el volverse a su tierra. No encuentra trabajo, el paro se esfuma y los ahorros también.

Nos hemos despedido después de un último día de pesca. Tomamos algo en el bar y quedamos en contactar por wasap. ¡Quién sabe! -me dice-  a lo mejor me llaman otra vez. Tienen puente muy grande, pero aún están en diseño. Le deseo toda la suerte del mundo, mientras a mi mente llega el recuerdo de la displicencia con que lo traté aquél lejano día. En mi descargo, que solo fue un breve instante. Le comento mis pensamientos y él me responde:

- Maestro, en vida hay que hacer amigos. Yo trato hacerlo, tú correspondes con creces, gracias.

Nos comunicábamos preferentemente los fines de semana, hasta que un día, el mensaje que recibí como respuesta el que yo le enviara, estaba escrito en ucraniano. Me extrañó, siempre lo hacía en ese español suyo que se comía los artículos o las preposiciones. Le mandé otro preguntándole si ya se había olvidado de mi idioma, pero no sé si llegó, ya no hubo más respuestas.

Me fui al traductor para saber que decía aquella frase. Esto fue lo que encontré:

- "Dueño teléfono muerto. Yo lo maté. Cosas de guerra".

Si me hubieran dado un traicionero bofetón, no habría resultado tan sorprendente. Fue un palo muy grande. Te puedes morir por enfermedad, en un accidente, pero que un mocetón como aquel, muriera por culpa de una guerra partidista, no lo acababa de digerir.

Al cabo de seis o siete meses recibí una llamada, justo en el preciso momento en que luchaba por sacar una buena pieza. ¡Anda que te den! Bastante trabajo tenía yo para izarlo dada la altura a la que estaba, hasta que alguien vino con un artilugio; "el perro", y con el que me ayudó a sacarla. Luego, miré la llamada. Era un número muy largo y desconocido. Pulsé para ver de quien se trataba.

-¿Me conoces? - dijo una voz perfectamente reconocible.


Alejo significa "ayudante" o "defensor". Y tratando de ayudar a una vieja mujer que se atrevió a cruzar por en medio de un rifirrafe entre los dos  bandos, Alejo había recibido un disparo en la cabeza. Tres meses en coma y otros tantos de recuperación. Ahora me llamaba para decirme que ya estaba bien, que pronto volvería a España, que el puente se iba a comenzar y que ya tenía contrato por tres años.


jueves, 12 de marzo de 2015

Los Soldaditos de Plomo que Hacía un Tipo Raro.



El negocio es pequeño, pero da lo suficiente para vivir. Lo importante es dedicarse a algo a lo que tengas afición, y yo la tengo desde chico. Empecé recortando personajes y escenas de aquellas láminas, con las que las chicas vestían muñecas, mientras los niños preparábamos desfiles y batallas con soldados de distintas épocas. Eran las mariquitas que aún hoy se venden, y  con el paso del tiempo, aquellos dioramas de papel que pegaba sobre cartulina o cartón pasaron a ser figuras tridimensionales. Ese fue el comienzo de los soldaditos de plomo que voy creando, y que me dan de comer.

Hay quienes dicen que soy un tipo raro. Y el que eso dice, no sabe del placer que se siente al crear una figurilla; El boceto, modelado, fundido y esmaltado. La gente piensa solamente en la ganancia, como si no supiera, que hoy la industria puede hacer en una hora lo que yo en un mes. Pero no soy un comerciante -al menos, al cien por cien- soy artesano. Arte, seguro. Sano... ya no sé yo; la mayor parte del día sentado, respirando gases, forzando la vista...

Tal vez me consideren raro por no haber derribado mi casa como esos vecinos, que se llenaron los bolsillos, pero ahora ellos viven en bloques de pisos y yo mantengo la mía tras muchas presiones y pleitos. En ella vivieron mis mayores, y en mi negocio conocí a mi mujer que entró a comprar unas mariquitas para los niños a los que da clase.


Dicen los entendidos, que lo que se pierde de dormir, no se recupera. En esto si soy raro. Apenas duermo seis horas en verano, mientras que en invierno suelo dormir diez. Tengo mi cama frente a la ventana, jamás se baja la persiana, ni hay visillos o cortinas, el sol me despierta por la mañana, y la luz de la luna me ilumina cuando me acuesto. Aunque no sé si tendrán razón esos entendidos. De un tiempo a esta parte, me encuentro cansado y he perdido algo de sensibilidad en los dedos, pero lo peor es que me da por pensar cosas.

La luna está esta noche muy a la izquierda, y aunque no la puedo ver, su blanquecino resplandor, a pesar de estar crecida, es tan tenue, que boca arriba, y con las manos tras la cabeza, me deja ver desde mi cama el titilar de las estrellas. Esas estrellas tan lejanas, que hay quien dice que algunas de ellas ya murieron hace muchos años, siglos tal vez, pero que aun su luz llegará hasta nosotros por muchos más.

Y nuevamente, como otros días, pensando en lo infinito del firmamento, me hago esa pregunta: ¿Y por qué no tiene fin? Es imposible, todo tiene un principio y un final. Me descalabazo tratando de imaginar que es lo que hay al final, pues no concibo una nada, más allá del firmamento. Me duele la cabeza pensando en ese vacío que me aterra. Me duele de no saber.

Me giro hacia mi mujer a la que acaricio, y ella, receptiva, me acoge entre sus brazos. Sabe que he vuelto a pensar en algo en lo que la mayoría no piensa, o al menos con tanta intensidad, con tanto miedo.

- Jaime, tienes que ir al médico.

Hoy me he decidido. Me hacen una analítica, me escanean el meollo y no sé cuantas cosas más. Me mandan ir al día siguiente para darme los resultados.

- Señor Jaime, tiene usted un principio de "Saturnismo" que hay que tratar.

Señor mío, se equivoca usted, estoy en la Luna, no en Saturno, le hubiera replicado si no supiera de lo que me está hablando.
¡Qué razón tenían los que me consideraban raro! Hasta para la enfermedad lo soy. Lo que más me duele es tener que dejar de hacer mis soldaditos de plomo... y pasarme al plástico.


lunes, 9 de marzo de 2015

Un Viejo Conocido.



Le costó arraigar en aquella comunidad ubérrima y fagácea; todos le daban sombra. Y sin quererlo, los que se lo impedían fueron sus protectores. Ni siquiera se enteraron, de que le libraban de los vaivenes caprichosos del tiempo.

Nunca se arredró. Buscó con ansia las alturas, tratando de encontrar el sol que más calienta. Y cuando sus congéneres se dieron cuenta, él sobresalía por encima de los demás.

Aunque su color es un tanto ceniciento, tiene abundante copete, siendo su porte erecto y distinguido. La generosidad de la que desde su madurez hizo gala, le abrieron las puertas de una sociedad que reconoció su valía.

Yo lo encontré en todo el norte, desde Galicia a Navarra, y en el noroeste de León o de Zamora. También en Cataluña; Gerona y Barcelona. En las provincias del centro como Salamanca, Cáceres y Ávila. Por Andalucía en Sierra Morena; Córdoba, Sevilla y Huelva, así como en la Serranía de Ronda y Sierra Nevada.

¿Lo conoces?


Yo creo que sí. Te estoy hablando de la Castanea sativa, vulgo, castaño. Familia de las fagáceas, de hasta 25 metros de altura, corteza lisa y cenicienta en los jóvenes. Árbol que quitó hambres hasta la introducción de la patata, fríos con el calor de su madera, y que el hombre aprovecha para la construcción de innumerables enseres.

jueves, 5 de marzo de 2015

La pescata de hoy.




El día parecía bueno para la pesca; La luna está en su fase de "Luna Llena". El sol calentaba entre los 12º y los 14º, la mar rizada y algo de fondo, pero el puñetero viento, que comenzó "Flojito"; 12 a 19 Km/h y pequeñas olas de crestas rompientes, fue en aumento hasta "Fresco"; 39 a 49 Km/h y  formándose olas grandes con crestas rompientes y bastante espuma. 
Así no hay quien pesque, la cañavera se mueve de tal forma, que no hay manera de saber si hay picada, a no ser que la pieza sea de buen tamaño. Plegué las cañas y para casa. En la cesta un salmonete y una barbada, el congrio, al agua, hay que dejarlo crecer




miércoles, 4 de marzo de 2015

Ostensorio.




Aunque no entiendo mucho, me parece que estas tres palabras están íntimamente relacionadas. Me refiero al Ostensorio, la Lúnula y el Viril; es decir; la Custodia, nombre de utilización habitual.

Ostensorio:
(Del lat. ostensus, part. pas. de ostendĕre, mostrar).
1. m. Custodia que se emplea para la exposición del Santísimo en el interior de las iglesias o para ser conducida procesionalmente llevada por el sacerdote.
2. m. Parte superior de la custodia, donde se coloca el viril.

Lúnula.
(Del lat. lunŭla, dim. de luna).
1. f. Espacio blanquecino semilunar de la raíz de las uñas.
2. f. Geom. Figura compuesta de dos arcos de círculo que se cortan con sus concavidades hacia el mismo lado.
3. f. Rel. Soporte para el viril de la custodia.

Viril 1.
(De vidrio).
1. m. Vidrio muy claro y transparente que se pone delante de algunas cosas para preservarlas o defenderlas, dejándolas patentes a la vista.
2. m. Caja de cristal con cerquillo de oro o dorado, que encierra la forma consagrada y se coloca en la custodia para la exposición del Santísimo, o que guarda reliquias y se coloca en un relicario.

 Las custodias pueden ser de tipo portátil,  y de asiento, esas que se llevan sobre una carroza.

La más famosa custodia de asiento de España, es sin duda la de la Catedral de Toledo, que fue creada por el orfebre Enrique de Arfe, establecido en León en 1506. Es el objeto más importante que se guarda en la capilla del Tesoro, elaborada entre 1517 y 1524 por encargo del cardenal Cisneros.
La custodia es de plata, posteriormente dorada por mandato del arzobispo Quiroga, y su coste fue de 2.700 reales, más un aguinaldo de 2.500 maravedíes que el cabildo catedralicio entregó a Arce por tan impresionante trabajo.

Estos día se expone en el Museo del Prado "La Lechuga", nombre que por su color verde, le han dado los colombianos a esa magnífica custodia cuajada de piedras preciosas. El orfebre español José de Galaz, la creo entre 1700 y 1707, y es de oro fundido, calado, con esmaltes e incrustaciones de piedras preciosas. Es la primera vez que sale de Colombia.

lunes, 2 de marzo de 2015

El Caballero de la Espuela Dorada.



La ermita está asentada sobre la planicie de un pequeño cerro. Por la semana, no parecen muchos los que la visitan, pero es un goteo continuo de gentes que salen a caminar. Un paseo de cinco kilómetros, entran a ver a Virgen, la puerta siempre abierta, le rezan o piden algún favor, y de vuelta por donde vinieron.

Desde allí se ve toda la ciudad. Campos que antaño estuvieron sembrados de trigales, la base aérea que la Legión Cóndor utilizó cuando la guerra; el río, esa cinta estrecha que se adivina por el verdor de sus orillas, los olmos que ribetean sus meandros. La piedra berroqueña plantada aquí y allá, como si una explosión las hubiera lanzado al cielo de donde cayeron indiscriminadamente.



Con nitidez se divisa en este día soleado el recinto amurallado. Y a un lado, el cimborrio y la torre de la Catedral del Salvador. Hasta mi llega el tañido de las distintas campanas de iglesias y conventos extramuros que anuncian el Ángelus. Todas suenan distintas; Aquella, la de Santiago, la otra, la de San Vicente, la de Santo Tomás, la de San Pedro o la de San Andrés, y esa que resuena como campanilla, puede que sea la del convento de la Encarnación.

Me he sentado junto a la fuente de la casa del santero, a disfrutar de la paz y el sosiego de la alameda, del recinto entero protegido por barbacana de piedra. Con el susurrar de la fuente, se forjan en mi mente historias de recordadas leyendas y veo al caballero tratando de cortejar a la hija de la santera:



Afuera ha dejado el caballo,
mientras un Pater Noster a la Virgen reza,
por librarle del mal, que en aquella batalla,
hubo de huir picando espuela.
Fiero, numeroso y taimado era el sarraceno,
que emboscado, ha quemado trigo y centeno,
y pasado a cuchillo,
 a todo el que de aquél infierno saliera.

Con tu espada defendiste el pendón,
poniendo en guardia a la guarnición,
que al moro ha rechazado,
dese la almena,  y el torreón.
Por eso, como presea,
con espuela de oro has sido recompensado,
y reconocido tu valor, que el pueblo vitorea.

Si tú quisieras bella mozuela,
contigo me casaría.
Por arras yo te daría,
la trece monedas que de mi espuela forjarán,
una por los que lo necesitaran
y  doce por los años que vendrán.

Y la moza, que al cántaro, el agua de la fuente trasiega,
mirándole de soslayo, raudo le contesta:


No soy de tu condición, apuesto caballero,
más, aunque eso no fuera un atascadero,
nunca me casaría con un soldado;
no me gustan los hombres que a la guerra van,
dejando mujer e hijos,  
por mor del honor ansiado.

¿Y amores?
¿Ni eso conmigo tendréis?

¡Caballero, no me faltéis!
Qué aunque de baja condición,
bien se defender mi honor.
Si tanta necesidad tenéis de amores,
y que vuestro cuerpo tanto afana,
buscaos una barragana,
que calme vuestros ardores.

Toma su caballo avergonzado el caballero, baja hasta el río, atraviesa el puente Santo Espíritu, pasa por San Nicolás muy cerca de la Ermita de las Vacas, sube hacia el Pilón de las Bestias y con el rabo entre las piernas, se adentra en la muralla por la puerta del Alcázar.




02/03/2015