miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los Regalos de los Reyes Magos.


Dejemos a un lado las hipótesis sobre si Jesús nació cinco o seis años antes de lo que normalmente se cree, de si fue en diciembre o en junio, si la estrella de Belén fue una conjunción de planetas, o una nova que pudo ofrecer un aspecto espectacular y perdurar por un periodo de tiempo que alguien estimó en 70 días. Que los Magos de Oriente procedían de la India, Babilonia, Abisinia, o que cada cual pertenecía a cada uno de los continentes conocidos; Europa, África y Asia. Obviemos también, si eran de origen judío y que por tal motivo conocían las Sagradas Escrituras. Escrituras que anunciaban la venida del Mesías y que estaban a la espera de un signo que lo corroborara. Cuando la estrella, cometa, conjunción de planetas, o aquello que fuera, apareció en el cielo, quizá quisieran estudiarlo, o simplemente llegaron a la conclusión, de que aquél era el signo, e iniciaron la larga caminata para cumplir la voluntad de Dios.
Pudo haber sido voluntad de Dios, que los Magos pertenecieran a lugares tan distintos y alejados entre sí, y que sin medio de comunicarse, llegaran a un lugar de encuentro desde donde proseguirían juntos. Pero este narrador, se inclina a creer en los Evangelios apócrifos, que asegura venían de la tierra del Preste Juan: Etiopía, y que eran hijos de distintos padres, pero con un abuelo en común, es decir; eran primos.
Lo cierto es, que los Magos tenían ante sí un reto importante; recorrer los dos mil quinientos kilómetros que separan Abisinia de Jerusalén, en tiempos en que los caminos apenas existían. Pero ellos tenían varias ventajas sobre los demás mortales; eran Magos, tenían un guía, y podían ver lo que a su alrededor había, gracias a un espejo que se lo mostraba.
Algo más de cincuenta días tardaron, y por donde quiera que pasaban, causaban la admiración que nunca se viera en caravana alguna. Soldados de vistosos uniformes, camellos, caballos y elefantes ricamente enjaezados y con gualdrapas multicolores componían la comitiva.

Al atardecer de un día cualquiera, llegaron a un mísero poblado sobre un cerro. Los ancianos del lugar, ofrecieron a los magos la mejor de sus casas para pasar la noche -que el desierto es frío de noche aunque se tenga una buena jaima- mientras el cortejo vivaqueaba junto a los animales.
Al amanecer, hora de partir, alguien pidió reponer el agua que llevaban consigo, y los ancianos les dijeron: "El agua es escasa, hay que buscarla lejos, en un pozo"
Los magos preguntaron el motivo de haber construido el pueblo tan lejos del pozo, y ellos respondieron que estaba en un lugar bajo, donde las lluvias escasas pero torrenciales todo lo anegaban.  Solo allí encontraron el ansiada agua. Por ello, cada mañana se formaba una procesión de chiquillos con cántaros y odres en los que traían la necesaria. Entonces los magos, miraron su espejo por ver el lugar, pero tan lejos estaba, que no acertaron a verlo.
- Bien, os dejaremos una pareja de camellos con su cría, con ellos podréis acarrear el agua y así los niños podrán emplear ese tiempo en aprender cosas de mayor provecho. Pero, si tanta agua dejan las lluvias, aunque solamente sean dos veces al año, deberíais construir un gran aljibe que las recogieran, y luego, izarlas hasta el poblado por medio de una na'úrah (noria). Y les enseñaron, por medio de dibujos, la forma de construir aquel artilugio. Así, al tener más agua, el pueblo prosperó y los niños se vieron libres de la esclavitud que suponía la rutina diaria.

Siempre que pensamos en un oasis, lo hacemos con la admiración propia de quien está ante algo maravilloso; aguas cristalinas, hierba verde y palmeras frondosas donde penden los dulces dátiles, en fin; un bucólico remanso de paz y belleza. Y esto fue lo que en la distancia y con aquel espejo mágico, vieron nuestros reyes. Más, llegados a aquel punto para descansar, se encontraron con algo bastante diferente; aguas estancadas y fétidas, excrementos de camello y caballo, y restos de  las fogatas que dejaron las caravanas que por aquel lugar habían pasado. Ante el lamentable estado de aquel cenagal, mandaron construir unas gradas para remover y limpiar las arenas circundantes. Planificaron ellos distintos estanques a partir del nacimiento del manantial, para que los más próximos a este fueran aprovechados solamente por el hombre, y los más lejanos por las bestias.

Siempre en pos de la estrella, prosiguieron su camino los magos, llegando a otro pueblo a la orilla del Mar Rojo. Había aquí una industria que en otro tiempo fue floreciente, pero que consumía mucha mano de obra, de nuevo con los chiquillos como protagonistas, y que iba a menos por falta de combustible. Se trataba de unas salinas.
Los pobladores acarreaban el agua del mar, hasta unos grandes peroles donde la calentaban para provocar la evaporación, al modo chino, según decían, pero que casi habían acabado con toda la vegetación susceptible de ser quemada.
- ¿Y qué hacéis con la salmuera? preguntaron.
- La extendemos al sol para que se acabe de secar.
- ¿Y al que tuvo la idea, no se lo ocurrió que ya desde un principio, se podía haber aprovechado del sol?
- Es que ya los padres de nuestros padres utilizaban este método venido de China.
- Aquél era un método antiguo y rudimentario que solamente se emplea en los lugares donde el sol no calienta como aquí.  Si queréis que el comercio de la sal vuelva a prosperar, y que los árboles sigan aumentando, debéis preparar unas eras a la orilla del agua, dejar entrar ésta de manera que apenas cubra un palmo, y esperar que la temperatura del sol y la brisa hagan la mayor parte del trabajo. Se puede construir una acequia para que entre el agua, o si el desnivel es grande, se puede colocar un "tanbur" o tornillo sin fin para extraerla.
Así lo hicieron siguiendo sus indicaciones, y los niños se evitaron, una vez más, el trasiego del agua y de la leña. Luego renacieron los arbustos y los árboles, las aves y los animalillos se multiplicaron haciendo del lugar lo que antaño fuera.

Por cada pueblo que pasaban dejaban regalos maravillosos que liberaban a los niños del duro trabajo, y así, llegaron al palacio de Herodes el Grande, pues era obligada la visita de cortesía de los reyes hacia el rey de Judea. Quiso saber Herodes hacia donde se dirigían, y ellos contestaron que venían a postrarse ante el nacido Rey de los judíos. Siendo él idumeo, y colocado en el trono de Judá por los romanos, temió ser destronado, por lo que sibilinamente preguntó donde había nacido para también él ir a cumplimentarlo. Recelaron no obstante los reyes, respondiendo que no conocían exactamente el lugar, y se marcharon siguiendo la estrella hasta que esta se paró. Habían llegado.
Hicieron sus ofrendas; Oro, al que el niño no dio ningún aprecio, pues es para reyes terrenales, y sabido es, que años después diría; Mi reino no es de este mundo. Melinchor ofreció mirra, y el recién nacido tampoco prestó demasiada atención, de sobra sabía que su cuerpo era mortal.  Posó el niño su mano sobre el incienso solamente por un instante, mirando de frente a los presentes y complacido ante la honra de ser considerado divino.

Todo cuento debiera tener un final feliz, más este, sabemos como acaba: Los reyes vieron en su espejo, la maldad de Herodes ordenado a sus soldados pasara a cuchillo a los menores de dos años. Entonces dieron la voz de alarma para que se pusieran a salvo cuantos recién nacidos se pudiera. Así comenzó un nuevo éxodo, rueda que desde el principio del mundo, y hasta nuestros días, no ha cesado de girar.


Maltrato Violencia e Indefensión infantil:
Abuso físico, sexual, maltrato emocional, abandono físico y emocional, agresiones y explotación sexual. Asia: 1.000.000, de ellos 400.000 en India. Estados Unidos: 300.000, Sudáfrica, cerca de 30.000.
Falta de educación por explotación infantil  (250.000.000)
Niños soldado y suicidas inducidos. (250.000 a 300.000)
Hambre y Miseria (1.300.000.000 de personas, la mayoría niños)
Negación de derechos. (Ni se sabe)

4 comentarios:

Elda dijo...

Un precioso cuento que he leído con atención, y con una clara intención de sobresaltar que desde el principio de los tiempos, los niños vienen a ser los explotados en muchos lugares del mundo, y privados de sus derechos más fundamentales.
Me encantó Alfredo, un placer pasar por tus letras.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Te agradezco el comentario Elda. A mi también me gustó. Lo escribí al ver tantas imágenes horribles en la tele y decidí acoplarlo a estas próximas fechas ya tan cercanas.
Gracias por tu sensibilidad.
Salu2.

Manuel dijo...

Hola, Alfredo. Me alegro mucho de tu vuelta, eso es muy buena señal. Además veo que vienes pisando fuerte, y aunque estoy un poco pillado de tiempo, volveré pronto para disfrutar de tus cuentos y relatos.
Este de hoy me ha parecido muy interesante, porque hay que remover conciencias, y tu lo consigues, de una forma muy bonita.
Un fuerte abrazo

Alfredo dijo...

Hola Manuel! Gracias por el comentario.
Lo que sucede con los niños, y que demasiado a menudo dan en las noticias, es imperdonable. Eso fue lo que me llevó a escribir este cuento, aunque de nada sirva.
Salu2.