viernes, 30 de diciembre de 2016

Cuentos Chinos.


veces no es preciso adentrarse en los bosques de la India, de Iberoamérica, o perderse entre las arenas del desierto, para descubrir lo que durante muchos años ha estado oculto.

Un soldado de sus católicas majestades, pariente de la madre de Gonzalo de Salazar, el primer niño cristiano que nació en Granada tras la expulsión de los moros, cansado de tanto batallar, pidió licencia para retirarse a unas tierras que su padre le dejara en el norte.

El hombre, llamado Benito, quería profesar en la orden religiosa del mismo nombre, para lo cual decidió entrar como novicio en cualquier monasterio. Andando el tiempo, mandó comenzar la construcción de un pequeño cenobio en sus tierras, donde se instalaría con algunos acólitos que le querían acompañar.

La tierra elegida es una sucesión de montes y valles que se extienden de este a oeste o viceversa. De la mar en el norte, se pasa al monte, de aquí al valle y a otros montes cada vez más altos, orillados por otros valles, y así hasta llegar a la cordillera, último escollo que los separa de las tierras de Castilla.

La finca de Benito, comienza en uno de estos valles a la orilla del río, asciende monte arriba, hasta bajar por el otro lado al valle siguiente y a otro pequeño riachuelo. Es aquí, en la cima, donde comienza a edificar. Solamente una pequeña iglesia con una nave central y dos capillas a los lados formando la cruz tradicional, como tradicional era la orientación al oeste. Un arco, que servirá de contrafuerte para la pequeña torre y la fachada del monasterio, se abre entre ambas edificaciones dejando un espacio diáfano, donde al fondo se pueden ver ya los plantones de distintos frutales arraigados y que en un par de años darán sus frutos. Ya está trazado el perímetro por donde la muria cerrará el conjunto, construida con las piedras sobrantes y las que al arar vayan apareciendo.

El monasterio tiene un amplio zaguán. Es el distribuidor, pues de allí parte la escalera al piso superior donde están las celdas de los monjes. También da paso al ala sur, donde está ubicada una galería porticada con arquería, que va dejando puertas a su izquierda; sala capitular, despensa, cocina, refectorio...

A pesar de sus más y sus menos con la Iglesia, pues el señor obispo era contrario al establecimiento de una orden monacal en aquellas tierras, Benito logró su propósito gracias a las influencias de su familia en la Corte, y dos años antes de la muerte de la Reina Isabel, la comunidad benedictina está en plena efervescencia. No obstante, aquel monasterio no subsistirá por mucho tiempo; Los frailes eran pocos, la riqueza nula, las gentes, cegadas con las nuevas tierras allende los mares, emigraban, y los pelitos entre la Orden y el Obispado por la cesión de las tierras, a la muerte de Benito, continuas. A mediados del siglo XVII, el monasterio era ya una ruina, luego llegó la desamortización, y los que compraron las tierras por cuatro perras, ni siquiera las pisaron. Así llegamos a estos tiempos.

Soy ganadero y necesito pastos para mis vacas. No lejos de casa, está la abandonada finca que perteneciera a Benito, y que ahora por fin ponen a la venta. Mi abuelo, noventa y tres años, recuerda que cuando era un chiquillo, las disputas familiares por la herencia ya venían de antiguo. Herederos que como ya he dicho, jamás habían pisado las tierras, y que juzgaban de poco valor, pero ya se sabe cómo somos los humanos, basta que uno quiera para sí la cosa en litigio, para que los demás pugnen por ejercer su derecho, legítimo o no.  Por fin habían llegado al acuerdo de vender.

La oferta y la demanda, es como es; unos a poner y otros a quitar. Le dije al de la agencia que la llevaba, del poco valor del terreno, el gasto enorme que iba a suponer la limpieza para dejarlo para pasto, y eso en el supuesto de que dejasen derribar aquel bosque de centenarios árboles medio comidos por la maleza. Los dueños habían de afinar en el precio si querían vender. Él estaba en la obligación de sacar cuanto más mejor, y puso sobre la mesa el valor de la edificación existente. Pero yo tenía mis respuestas; "Las últimas noticias que se tienen sobre el antiguo monasterio, dije quitando valor, son de cuando la Guerra de la Independencia, los franceses lo utilizaron como caballerizas y es muy seguro que arramplaran con cuanto pudiera quedar de valor. Sobre el bosque, nadie ha entrado en muchos años, hay extendido un rumor, parece que hubiera una maldición, pues a pesar de ser un buen escondrijo para zorros y jabalíes, el silencio sepulcral que allí reina, causa un terrible desasosiego. Ni siquiera los cazadores osan entrar, ya que ni un pájaro, ni una mosca siquiera sobrevuela el lugar.

Por fin llegamos a un acuerdo y las tierras pasaron a ser de nuestra propiedad.

Cuando metí las máquinas a desbrozar y talar, quedamos impresionados. El lugar era tan sombrío, que casi parecía de noche. El follaje allá arriba era tan denso, que no se veía el cielo. Recordé esas selvas donde hasta la orientación se pierde y donde hay que abrirse paso utilizando el machete. Aquí el machete no hubiera sido de utilidad. Los árboles crecían tan juntos, que apenas si quedaba sitio para poner el pie, y cuando se lograba, lo mullido de las hojas o la pinocha daban una sensación de muelle un tanto inquietante, al menos al principio. 
La impresión que daba aquel silencio, la densa humedad, y la falta de la más liviana brisa era sobrecogedora. Tal parecía que los movimientos, incluso la propia voz, fueran a cámara lenta, y si hubiéramos tirado una moneda al alto, seguro que caería con ese ritmo pausado y en zig zag cual si cayera al fondo de un lago de quietas aguas.

Dimos con el muro, luego con la iglesia cuya techumbre estaba en el suelo donde también habían crecido abrojos y árboles. Del monasterio apenas si quedaban las arcadas medio desaparecidas entre zarzas, matorral y más árboles de distintas especies. También dimos con un pequeño cementerio, simples lajas sobre la tierra, y ahí comenzó mi penuria. Aquello no se podía remover so pena de cometer alguna infracción.

Mientras los distintos estamentos decidían enviar técnicos, arqueólogos y otros zascandiles, para ver si había algo de valía por su antigüedad, nosotros continuamos con la limpieza de las zonas bajas, La iglesia y lo demás, que lo desescombraran ellos. No obstante, yo quise meter el cuezo por si acaso. Así encontré lo que posiblemente fuera una estancia en la parte baja que daba a la galería. Hube de practicar un butrón para saber qué era lo que se escondía en aquel cubículo hermético, ya que ni puerta parecía tener. Los cascotes que lo cubrían, estaban adornados con zarzas y trepadoras de tallos tan gruesos como el brazo. Por fin se hizo el boquete, y a luz de una linterna, puede vislumbrar lo que se guardaba.
La estancia debía de estar adosada a la sala capitular donde los monjes se  reunían con el abad para, recordar las escrituras de la regla, conversar sobre asuntos del monasterio o confesar públicamente las faltas cometidas. Posiblemente, en cualquier momento, necesitasen el apoyo de algún libro, y esta estancia, aunque no era una biblioteca, servía para ese fin. Allí estaban guardados unos centenares de libros, seguramente incunables algunos de ellos, aunque ni me atreví a tocarlos por temor a que se me desmoronaran entre las manos.
Volví al día siguiente con una mejor iluminación para ver los arcanos secretos que los tomos pudieran contener. Uno de ellos me llamó poderosamente la atención. Aunque no sé latín, el título era bien explícito; Index Librorum Prohibitorum. Fue esa palabra, Prohibido lo que me atrajo. Abrí el índice y comencé a leer. Encontré nombres que nunca antes había oído; Giordano Bruno, quemado en la hoguera por hereje al afirmar, entre otras cosas, que el sol solamente era una estrella y que el universo debía de contener un infinito número de mundos habitados. Erasmo de Róterdam, todas sus obras censuradas, Martín Lutero, excomulgado, hereje y prohibidas sus obras. Muchos nombres y muchas obras, ¡y gran parte de aquellos libros, estaban allí!.

Por un momento, pensando egoístamente, busqué en mi mente la forma de deshacerme de libros, lápidas, cementerio y hasta las piedras que quedaban en pie. Pero solamente fue un instante. Sabía que iba a ser despojado de aquel tesoro, tampoco lo codiciaba, pero me sublevaba que me tuvieran empantanado durante un tiempo, que para la administración nunca parece correr.


Algunos dicen que soy rico, muy rico para hacer todo aquello que en verdad yo no pagué. ¡Qué poco sabe la gente!. No es menos cierto, que más de cien vacas y unas docenas de terneros son un capital, pero en dinero contante y sonante, más bien poco. Como decía aquél, lo que entra por lo que sale. Maquinaria, combustible, piensos, veterinario, sueldos... No todo es coser y cantar, hay malos partos, la leche y la carne, desde que se instalaron las grandes superficies, se paga a una miseria y apenas deja beneficio. Hoy hay que tener mucho invertido para sacar poco. Pero no me quejo, hago lo que desde niño vi hacer en casa y lo que elegí.

Respecto de la finca de Benito, al final todo salió bien. Nosotros explotamos los prados que dan a los valles del norte y del sur, y, como un borrón oscuro en la cima del monte, hoy se ven los árboles en un terreno ya clarificado y limpio. Se oye el tañer de una campana cuando algún caminante o peregrino, tiene a bien tocarla como muestra de respeto, como una oración que eleva al cielo. 
No sé quiénes y cuánto, solamente sé que la iglesia fue levantada de nuevo, se desescombró el monasterio dejando en pie las arcadas sobre sus columnas. En el coqueto cementerio, brillan las lápidas de los monjes que tuvieron a bien allí morir. Tallado en la entrada reza este versículo que va muy bien con Fray Benito y muchos de sus acompañantes:
  Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.” 2 Timoteo 2:3-4


Los libros están en el Museo Diocesano, los pájaros cantan en aquél maravilloso paraje y mi abuelo está feliz. De la maldición; Puro cuento de chinos.


4 comentarios:

Elda dijo...

Fantástica historia que he leído con mucho gusto.
Ya veo que tienes mucha imaginación, y lo bueno es que la desarrollas de maravilla dándole un ambiente con mucha pericia... vamos, que a mi humilde entender, escribes genial Alfredo.
Me encantó como has ubicado la historia, con su comienzo en la antigüedad para terminar en una época moderna.
Aprovecho la ocasión para desearte una feliz Año Nuevo.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
Muchas gracias Elda. A veces suena la flauta por casualidad, casualidad que se suele presentar cada cuatro o cinco cuentos de los que en ocasiones me avergüenzo. Sin duda habrá personas que se preguntan cómo es posible escribir un cuento pasable y cuatro malos. Y es que el diario trajín predispone la mente de tal forma, que sale lo que sale. Al fin y a la postre, buenos o malos, todos son hijos míos, por lo que no debo renunciar a ninguno.
Agradezco tan ponderado comentario, y me alegra que te haya entretenido.
Te deseo lo mejor para este año pronto a nacer, que sigas verseando de forma tan limpia y profunda, y que llegues muy lejos en esa singladura que tan bien pilotas.
Salu2,

Ruben dijo...

El sueño de todo lector voraz, encontrar una biblioteca antigua, con sus tesoros...
Me ha gustado mucho.
Feliz año!

Alfredo dijo...

Ruben.
Hola Ruben, gracias por el comentario. Espero que todo te vaya muy bien este nuevo año que se inicia.
Salu2.