lunes, 26 de diciembre de 2016

La Máquina del Amor.





Lo cierto es que esta pequeña historia, debía titularse "El hombre enamorado que inventó la máquina para medir el amor", pero título tan largo, no cabría en la portada de cualquier publicación.

El hombre, de nombre Pablo, estaba enamorado de Luisa, residente temporal en otra ciudad. La comunicación entre ellos, casi siempre telefónica, indefectiblemente terminaba con aquella cosa tan ñoña del "cuelga"- "no, cuelga tu"- "no, tu primero"... y así se pasaban veinte minutos. Ambos querían dejar por sentado, que él/ella, amaba más al otro.

Pablo se puso a cavilar el modo en que se podía medir una cosa tan intangible como el amor, llegando a la conclusión, de que solamente se podían medir sus efectos; Caricias, besos, trabajos esforzados cual los de don Quijote, Amadís de Gaula y otros caballeros. Compromisos, aunque acabaran en desastre; Los amantes de Teruel, Romeo y Julieta, El Cristo de la Vega. Sí, todo literatura, pero posiblemente estos ejemplos se han centuplicado en la vida real y apenas si tenemos conocimiento de ellos. Pero el amor, al igual que los celos, ¡quién lo puede cuantificar! Más, a pesar de todas sus dudas, Pablo no cejó en su propósito.

 El hombre de nuestra historia, ya había inventado un sorbedor de sopa, cuyo nombre comercial era "Sifón sopero inverso". En la publicidad se decía que con el aparato se evitaba el ruido que muchos hacen al sorber, además, con él no se tragaba el aire que producía la aerofagia.
Como su nombre indica, se trata de un artilugio muy similar al sifón, pero sin necesidad del ácido carbónico, ni recipiente donde se forme el gas. Un tubo cuyos extremos van, uno al plato y el otro a la boca, un depósito de gas inerte, unas válvulas anti retorno y un gatillo lo completan. Al apretar el gatillo, sale el gas contenido en una pequeña cápsula, y por un efecto venturi, arrastra por el canuto todo cuanto hay. Lo mismo da que sea pasta de letras, fideo cabello de ángel, o tropezones de jamón, pescado etc. con tal de que sean del tamaño y peso adecuado.

Pablo, entre otras muchas cosas, había inventado un mondadientes eléctrico, que aunque no servía para pinchar aceitunas, fue el precursor de los cepillos dentales eléctricos. Estaba inspirado en los martillos picadores y no tuvo éxito por la producción de caries que formaban. Invento suyo también era, y relacionado con los palillos, el "Dispensador de Mondadientes". Un pequeño cilindro, empujado por una tecla y un muelle en la base de un receptáculo, elevaba un solo palillo, evitando así que se masuñaran los demás. Perfecto para bares y restaurantes.

Tras laboriosas y sesudas sesiones, Pablo acabó inventando su máquina; Un complejo sistema de sensores, que analizan incluso los matices de la voz. Solamente necesitaba probarla, pero llegado a este punto, comenzó a preguntarse si sería ético, si no se inmiscuiría en la moral de las personas de modo que en vez de constatar una evidencia, sirviera como piedra de toque para la desavenencia.

Supongamos una pareja de amantes. Colocados en la máquina y repetido el experimento varias veces, él resultado siempre muestra los mismos parámetros; Él la ama más profundamente. Visto lo visto, ¿no sentiría ella, un complejo de inferioridad que acabara enconando la relación? ¿No estaría él resquemoso al constatar que era quién más aportaba a esa relación?

Pablo, siempre en la eterna duda, admitió que aquel invento era una gilipollez, no servía para nada. ¿Quien se iba a prestar a una demostración tan ridícula? ¿A quien le interesaba, si uno de los dos amaba gramo más o gramo menos?

Bueno, para una cosa sí servía. Servía para constatar si ambos se querían,  o si eran los intereses los que primaban.

Ya. Pero eso ya estaba inventado y en uso. Se llama Polígrafo y dicen que demuestra quién es el que miente. 



2 comentarios:

Manuel dijo...

Después de los inventos de la aspiradora y del palillo, solo me queda decirle a Pablo que no deje la maquinita del amor, que el que la sigue, la consigue. ¡Ánimo Pablo!.
Te deseo un ¡¡Feliz y próspero Año Nuevo!!
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Manuel.
Ante todo, devolverte la felicitación y desearte un nuevo año lleno de nuevas postales antiguas y las historias que conllevan.
En cuanto al cuento, Pablo te da las gracias por los ánimos y veremos si es capaz de presentar nuevos inventos, que aunque sean malos, no lo sea su historia.
Feliz año, Manuel.