sábado, 17 de diciembre de 2016

Matar es fácil: Yosuko e Yrrah.


Yosuko Misuri, estudiante japonesa que vino a hacer un curso de español a Madrid,  tenía veinte años y un prometedor futuro por delante. Un día fue a un concierto donde conoció a Yrrah, en realidad se llamaba Harry, pero utilizaba este palíndromo por cierta afinidad con un holandés del mismo nombre: A ambos les gustaban en demasía las mujeres, aunque el holandés era dibujante y nuestro Yrrah instrumentista de una banda de folk.

Harry, se sintió atraído de inmediato por aquella joven que gozosa aplaudía sin cesar. Tenía que conquistar a la dueña de aquellos ojos almendrados,  menuda figura y belleza extraordinaria. Comenzaron a salir. A Yosuko, apocadita ella, y con esa especie de sumisión, que sobre todo los americanos han plasmado en muchas de sus películas, tras la segunda guerra mundial, le encantaba Yrrah. En verdad era un guapo mozo, buen cantante, y que igual tocaba la vihuela de arco, que la gaita o el salterio. Era fogoso, delicado a veces e impetuoso las más.

 A pesar del profundo amor que Yosuko llegó a sentir por Harry, aquella relación no tenía visos de continuidad. Ella debía volver a su país, tenía obligaciones y su ansia y afán por un ¡quédate y viviremos felices! que la redimiera de su vuelta, no llegaba. Pronto se convenció la joven, de que había entregado su flor a un tarambana, mujeriego por demás, y que  era demasiado dado a una costumbre que se iniciara en el Vondelpark de Ámsterdam a principio de los noventa.

A Yrrah, que hubiera dado algo por haber vivido en aquella época en que la plaza Dam hervía de hippies, y donde Lénnon y Yoko Ono estuvieron encamados frente a los fotógrafos, aquella conquista le cansó pronto. Había conseguido sin demasiado esfuerzo la admiración y el amor, de una mujer de un país considerado un tanto hermético. Una mujer de mansedumbre y obediencia rayana al sometimiento. Y él no quería aquello. Él quería, que en vez de coartar su pasión, la demostrase. Sin embargo ella, temiendo ser incorrecta, se dejaba hacer y solo de su boca salían acallados suspiros cuando hacían el amor.

¡Buen viaje! le dijo cuando la dejó en la entrada del aeropuerto. Y ni siquiera la acompañó adentro. Tanto mejor, debió de pensar ella, pues así no vería aquellas gruesas lágrimas que rodaban por sus mejillas, y que se convirtieron en río ya en el lavabo donde se refugió.

Yosuko, tenía un problema del cual no sabía cómo salir. Para no deshonrar a la familia, y gracias tener el trabajo que la había traído a España, abandonó la casa paterna y se instaló en otra ciudad. Pero las madres, son todas iguales en todos los lugares. Y la suya, comprendió qué era lo que le había sucedido, y lo que estaba por suceder.

Takeshi Misuri, vino a la exposición del Manga de Madrid, donde iba a presentar un videojuego de Jidaimono (Hazañas de guerreros históricos). Para la presentación, se vistió al igual que su personaje; Un guerrero del clan Minamoto con su armadura, katana,  arco Yumi y carcaj. Takeshi aunaba así tres en uno; Tradición, Juego y Disfraz (Cosplay). Además, el significado de su nombre coincidía plenamente con todo lo anterior; Guerrero. Para las armas tuvo que pedir un permiso especial, pues aun siendo antiguas, armas eran y había de dejarlas en custodia durante la noche.

En el evento, diversos stands presentaban talleres, exhibiciones, concursos de cosplay, etc. También había música japonesa con el folk como contrapunto. El último día, al final de la tarde, Takeshi dejó a su compañero a cargo del stand. Cambió su disfraz por el de ninja y se fue directo hacia donde tocaba el grupo de Yrrah. Aunque tampoco hubiera tenido demasiada importancia dada la gran cantidad que se exhibían, aparentemente no llevaba armas. El color negro de la funda y el mango de su Wakizashi (sable corto) que llevaba al cinto, lo disimulaba. Más, este era de verdad y no una imitación como las demás.
Takeshi esperó con paciencia contemplando el espectáculo, y, cuando los músicos se tomaron un breve descanso, el nipón siguió a Harry hasta los lavabos. Tres compartimentos uno a continuación del otro, separados por mamparas, y con un pasadizo central conformaban la estancia. En la primera los lavamanos, en la segunda los urinarios y en la tercera las cabinas con los inodoros. Harry se dirigió directamente al fondo y se encerró en una de las cabinas. Takeshi esperó a que dos personas terminaran de lavarse las manos, luego, arrimó contra la puerta el carro que la limpiadora había dejado en el pasillo que separaba los baños -mujeres y hombres- y colgó el cartel que anunciaba fuera de servicio. Rápidamente se fue hasta la cabina, de una patada saltó el pestillo y vio a Yrrah  sentado sobre la cisterna y con los pies sobre la tapa de la taza fumando un porro.
La violencia con que la puerta se abrió, hizo a Harry dar un salto. De pie, con la taza entre las piernas y un susto de muerte, quiso balbucir algo, pero de su boca solo salió un grito desgarrador. En un santiamén, Yrrah perdió la mitad del "pito", y era por eso por lo que gritaba, no por el dolor o la sangre.


A veces, solo a veces, no hay mal que por bien no venga. A Harry le hubo que reconstruir el miembro, y aunque no quedó mal del todo, pudo haber sido peor; Por un momento la muerte le hizo un guiño. Aquello le sirvió para dejar la marihuana y los devaneos.
Takesi dio por vengada a la familia, y cuando volvió a su país, solamente a su padre, con todo el respeto, doblando su cuerpo a la altura de la cintura, le dijo: "Está"
Yosuco, ajena a lo que su hermano hiciera en España, atendía la oficina de turismo que regentaba, mientras cuidaba de su niña y sin querer recordar a su padre. 
La madre de ambos, buscaba la forma de cómo decirle a su marido, que tenía una nieta.



4 comentarios:

Manuel dijo...

¡Madre de Dios!, si se actuara así siempre, se lo pensaría más de uno; además las estadísticas de madres solteras bajarían como la espuma. Choques de culturas.
Aprovecho para desearte una Feliz Navidad.
Un abrazo.

Elda dijo...

Estoy de acuerdo con lo que te dice Manuel, jajaja.
Uno de tantos fresco que se mueven por el mundo, aunque ella si era tan sumisa tampoco le iban a ir muy bien las cosas... Radicales su familia.
Una buena historia contada estupendamente y que resulta muy entretenida.
Un abrazo y Feliz Navidad.

Alfredo dijo...

Manuel.
Yo creo que el tipo no se merecía tanto, al fin y al cabo las relaciones fueron más que consentidas, deseadas. Él era como era, un poco sinvergüenza y vividor, pero de éstos hay muchos en la vida.
Salu2 y felices fiestas Manuel.

Alfredo dijo...

Rlda.
En el mundo aún queda mucho de esa sumisión al hombre. Hay que ver lo que sucede; Castigos de lapidación por adulterio, bodas impuestas a menores, Burkas, caminar dos pasos por detrás..
En cuanto al deseo de venganza del padre.. tomémoslo como una mala interpretación del que no sabe más que el hecho - su hija ha sido preñada- pero no se ha preocupado del por qué. El hijo, simplemente obedece la orden del padre. La madre, es aún más cocida que la hija y no se atreve a contarle la historia. Otra cosa hubiera sucedido si ambas hubieran hablado a tiempo.
Ya me enrollé demasiado, Felices Fiestas y un abrazo.