martes, 20 de diciembre de 2016

Prosa rimada; Soñar.


Hoy he vuelto a soñar.
No quiero decir con ello, que no sueñe todos los días, pero como ya sabrás, esos sueños los olvido nada más despertar.
Digo que he vuelto a soñar, porque mi sueño hoy, he logrado recordar.
Era como de doce o trece años en mi sueño, me preparaba para ir a la escuela. Mi madre, en una sartén con una almendra de manteca, tostaba dos rebanadas de pan. Pan de hogaza, de ese buen pan. Tazón de café con leche, y las tostadas que ya están, las deposita en un plato y un sin enfriar las unta de nuevo con manteca, con azúcar las va a espolvorear.
Yo la miro agradecido por aquello que cada día me da, y ella complacida, en la frente me viene a besar.
Me prepara el bocadillo que mete en la cartera, nos despedimos con un abrazo y un ¡hasta luego! que pronto ha de llegar.

Ha cambiado el panorama, de repente ya soy mayor, siento frío, siento desazón, sin saber motivo ni razón.
Pronto me doy cuenta, de que encadeno el mismo sueño, aunque ahora ya no voy a la escuela sino a trabajar. Mi madre me ha dejado en la nevera, un par huevos duros cortados a rodajas con bechamel. Por encima los ha adornado, con la yema de uno de ellos y un poco de atún para cuando llegue a cenar. Más, al abrir la nevera, el platillo se va difuminando, de modo que ahora tarta de manzana parece. En el centro, unos corazones de roja mermelada adornan, y yo comienzo a desconfiar; Nunca con pasteles has de soñar. Ni con perros que se convierten en lobos al final, ni con toros que te miran de soslayo y acaban por truñar. Si con eso sueñas, puede que algún mal esté por llegar. Quiero el sueño de un manotazo apartar, cual si corriera una cortina de blanco percal.
Un nuevo cuadro está por representar, Veo a mi madre, en una niebla densa vagar. Los brazos extendidos, ojos negros, pupila dilatada, vacíos de inmensidad. Es como esas personas que han olvidado lo más elemental. De vez en cuando musita un ¡Amado, Amado! ¿Dónde estás? ¡Madre, mi padre Amador ha mucho que ya no está! Ella calla por un momento sin cesar en su vagar, de un lado a otro sin saber qué, dónde, por dónde, cómo y cuándo, buscar. En esa congoja estoy y del sueño quiero despertar. No por mi propia congoja, ni por lo que me pueda pasar, lo siento por verla así vagar; sin rumbo, perdida en el más allá.


Cuando yo muera, no quiero ir a ese lugar. Prefiero ir al infierno con Satanás, para que cuando me esté quemando, poder al menos recordar. Saber que allí estoy porque malo fui y he de pagar. Otra cosa no quiero pensar; Cielo no hay, pues si lo hubiera, no tendría mi madre, que en el vacío vagar.