miércoles, 25 de enero de 2017

Concierto, sorteo, juego: Llévate el millón.



A bombo y platillo se venía anunciando desde hacía meses, un espectáculo fantástico, extraordinario, lo nunca visto. El espectáculo en cuestión estaba patrocinado por grandes empresas; concesionarios de automóviles, perfumería, deportes... Un chollo para los organizadores que cubrían de largo el costo del evento. Además, las 1250 localidades del teatro donde se iba a dar, no era gratis; a 50 por barba los de general, a 65 los de entresuelo y a 90 los del patio de butacas. Total de la recaudación en el supuesto de que se llenase el aforo 90.000 euros. Eso sí, cada entrada estaba numerada, número que de salir premiado en un sorteo, daba derecho a participar allí mismo y en el transcurso de la velada en "Llévate el millón".

Para el concierto, pues de eso se trataba, era en función única y tres horas de duración, se contrataba buenos artistas con un caché no superior a 3000 euros, músicos incluidos y hotel aparte. En cuanto a los sorteos, acicate del programa, los detallaré a continuación.

Ya he dicho, que la entrada estaba numerada. Tras un par de canciones, aparecía una gran pantalla con los 1250 números, negros sobre blanco y una luz roja en movimiento continuo y aleatorio, que se detenía en el premiado al apretar alguien del público un botón. El agraciado salía entonces al escenario. En un bombo se introducían cien bolas blancas; diez del uno, diez del dos y así sucesivamente hasta el cero. También se introducían tres bolas azules y tres rojas y se hacía girar el bombo. El mando para la extracción de la bola, lo manejaba el propio concursante, un toque una bola. Si la bola era blanca, el dígito extraído se colocaba en un casillero de siete senos, ocupando el lugar de las unidades. Se introducía de nuevo la bola en el bombo - para mantener el número de posibilidades-  y se continuaba con el mismo sistema hasta extraer el resto; decenas, centenas... La cifra formada, era la cantidad que se podía llevar. Máximo, no un millón, solo novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve euros. Claro está, si las seis bolas hubieran sido seis nueves. Ahora bien, para recibir el premio, forzosamente había que sacar una bola azul, de ahí el séptimo seno. Solamente una de color azul, dos invalidarían el juego y adiós a la pasta. El rojo suele indicar peligro o advertencia, una bola roja, significaba también la pérdida del derecho a continuar con el juego.


Así, canción tras canción, concursante tras concursante - hasta cinco - se pasaban tres horas de alegre divertimento. 

¿Ganó alguien el millón? Bueno, esto simplemente es una ensoñación mía, estoy esperando que alguien me compre la idea y hacerme millonario.



1 comentario:

Elda dijo...

Jajaja, una buena idea aunque un poco liosa y bastante difícil para coincidir todos los elementos que has relatado, pero de eso se trataría, que resultara lo más complicado para que nadie se llevara el premio.
Desde luego imaginación no te falta, ni tampoco sapiencia para relatarlo.
Un abrazo y buen fin de semana.