sábado, 7 de enero de 2017

Cosas de Chigre; Tuteo.



Estos días, a las puertas del invierno, está haciendo un tiempo hermoso. Me he sentado en la mesa del bar, esa que Manél me tiene reservada entre las dos y las cuatro de la tarde.
Es miércoles. Normalmente un día flojo para esta temporada. Sin embargo hay gente en la terraza, y aquellos dos que bajan por la rampa contemplando la mar, ya han apuntado hacia aquí. Seguro que buscarán sitio.
Delante mismo de mi, una pareja deja libre la mesa. El camarero rápidamente retira el servicio y limpia. El venezolano anda por adentro, tal vez gulusmeando los peroles. Los dos que bajaban aprietan el paso, quieren ese sitio. Una vez sentados, uno de ellos le da la comanda al camarero; Nos vas a servir una botella de "Albariño Entrambasrías", y me dices a cómo va la langosta. El camarero musita una excusa, no sabe si habrá lo que piden en día tan vulgar. Si fuera llocántaro...
En un minuto se presenta Manél. Lleva la botella de vino, una cubitera de pie con hielo y una ración de esguila bien gorda.
- ¿De qué peso hablan los señores? Las mayores hoy son de ochocientos gramos y andan a 90 euros en vivo.
- Por favor , oye, trátame de tu.
- Manél, me llamo Manél, y dispense el señor, pero no es mi costumbre, me encontraría incómodo.
- Vale, pero yo continuaré con el tuteo, espero que no te parezca mal. Esa de ochocientos nos vale, la queremos a la vinagreta, y un poco de pulpo para comenzar.

Manél tardó cinco minutos en volver con una hermosa langosta que les mostró. La rula está pegada al bar y allí tienen un vivero.

- Vale, vale, está muy bien. Si tienes un minuto te diré el motivo por el que tuteo a todo el mundo.
- El señor es muy suyo, no me debe ninguna explicación.
- Ya, pero no quisiera que te sintieras ofendido.

Y le metió un rollo en el que más o menos vino a decir, que si a su padre, por el que sentía el mayor respeto, trataba de tú, lo lógico era hacer lo mismo con los demás.

Oído aquello, Manél no le dejó continuar, con la langosta como excusa se retiró.

El tipo, con resquemor por no poder explayarse a gusto, pasó a contarle a su amigo lo que sin duda ya sabía de sobra.

- Cuando estuve en el ejército, decía: "A tus órdenes mi teniente", y lo mismo que a él, a todos los demás fuera cual fuera su graduación. El teniente me llamó la atención y yo le explique lo de mi padre y quedó satisfecho.

- Oye, no me creo que al capitán o el comandante ese trato les pareciese bien. ¡Bueno es el ejército, y más hace tantos años!

Él insistía, poniendo como ejemplos, el trato con su jefe, los clientes... en fin, que era algo que denotaba proximidad y confianza.

- Ya, pero ¿dónde queda la cortesía? Mira, el encargado, ese tal Manél, nos ha tratado con cortesía, es decir, amabilidad unida al respeto y con mucha dignidad. Sin embargo tú vas por la vida igualando ficticiamente a unos y otros, y no todos merecen, merecemos la misma consideración. Y digo ficticiamente, porque ese tuteo a alguien al que no conoces, lleva implícita la creencia de una superioridad que se manifiesta por medio de ese trato.

- ¿Quéééé´?

- ¡Si coño, que te crees más que los demás!

Se comieron lo que habían pedido entre silencios y monólogos, y terminado el café, el tuteador va y le dice a Manél; Me trae la cuenta, por favor.

El fulano mira la cuenta y de reojo al camarero, vuelve al tuteo y le espeta; ¿No te habrás pasado un poco? Dijiste a 90 la langosta y me cobras 160, 70 por el aguachirle, 24 por unos hielos con güisqui... total 276,40

- Permita el señor... Tiene razón, está mal, falta el pan. Son 278,80 euros. Se lo detallo; La langosta le dije "en vivo", por lo tanto hay que añadir complementos y mano de obra, el pulpo normal en terraza; 20. El aguachirle que usted pidió a 35 la botella, también me pidió del mejor güisqui y eso le he servido. Al café invita la casa. Si tiene alguna reclamación, le traigo el libro. ¿En efectivo o con tarjeta?

Y cuando hubo saldado la cuenta, Manél le dijo: Señor, sé que no volverá por este restaurante, y le quiero despedir con unas palabras: Decía mi abuelo, que por cierto, fue emigrante en la tierra que me vio nacer, que; "Pa Dios hai que tener pol carru". El significado viene a ser, que es necesario el esfuerzo para conseguir aquello que se quiere, y tener paciencia para lograrlo sin esperar a que Dios lo solucione. Yo, de mi cosecha particular, diría más o menos lo mismo, pero con estas palabras: Si vienes de "grandón", apechuga con lo que tu soberbia ha provocado.

Se marcharon, el uno escaldado y el otro seguro que reía por dentro al igual que yo, que como se ve no había perdido ripio.




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