domingo, 22 de enero de 2017

Indecisión.


Hambriento y con frío, caminaba por el borde de la carretera mirando hacia atrás. Tres días hacia que faltaba de casa, tres días sin comer y desgastado por las peleas con otros hambrientos, con otros que como él deseaban perpetuar su especie. Hasta ella se volvió arisca en el mismo momento en que creyó conseguido su propósito. Tulo sabía que por unas horas todo estaría tranquilo, era el momento de volver a a casa y reponer fuerzas.

Llegó a un punto en que por fuerza tenía que atravesar la carretera. Se paró. Dudaba. A veces el hambre es más llevadera que el ansia de conseguir aquello que se desea. Debía tomar una decisión ahora. Y tiró hacia adelante con el pensamiento puesto donde no debía. A medio camino vio venir un coche. El miedo lo paralizó, más solo fue un instante, dio media vuelta. Esta indecisión lo llevó a la muerte.

El conductor, poco puesto en actitudes y comportamientos, también dudó. Por aquí, por allí, y cuando ya lo tenía casi debajo, dio un volantazo  para ir a chocar contra el pretil, que devuelve el auto al centro del camino girando sobre sí mismo. Todo podía haber quedado en un susto, grande, pero susto. Más, la carretera está muy transitada a estas horas, el camión que viene detrás no tiene opción, o se lo lleva por delante, o se va contra el mismo lugar en que el coche chocara y con su peso caerá seguro al río. Este no lo duda. El instinto de conservación puede más, embiste al accidentado y lo arrastra unos metros.

Han llegado los bomberos, las ambulancias y los guardias de tráfico. Los primeros excarcelan, los segundos se llevan al herido, los guardias hacen sus mediciones, y la grúa al camión que ha quedado tocado. Los bomberos limpian, echan arena sobre el aceite derramado, luego, con la pala recogen al causante del desaguisado y lo tiran a la cuneta. El pobre Tulo será pasto de las cornejas, parece que esta era la última de sus siete vidas y la gata a la que fue a visitar, no lo echará de menos. Otro gato ocupará su lugar.


3 comentarios:

Elda dijo...

Oh pobrecillo gato, y la que armo!, accidentes por doquier, y solo por buscarse una novia, jajaja.
Lo que si es peligroso, es dudar en el cruce de carretera, puede pasar lo que al mismo Tulo, solamente algo mejor... que el entierro estaría asegurado.
Muy bonito relatado el cuento Alfredo, con su puntito de ternura y gracia.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
El conductor, hizo lo mismo que el gato; dudar. Hay que pensar con la cabeza en vez del corazón, querer salvar al gato le pudo costar la vida. Al final nadie reconoció su buen corazón.
Gracias Elda.
Salu2.

Manuel dijo...

Bonito relato. Tulo me recuerda a algunas viejecitas del pueblo donde vivo actualmente, y que cruzan por donde les parece. En dos ocasiones, en la avenida principal, me he tenido que bajar para ayudarlas a llegar a la acera, porque al ver un coche en cada dirección, parados, y esperando a que termine de cruzar, se quedan bloqueada en medio de la calle. Menos mal que esto no es Sevilla, y salvo excepciones se circula despacito.
Un abrazo.