martes, 21 de febrero de 2017

Así fue: A las cinco de la tarde.


Nací tal día como hoy hace sesenta años justos. Y digo justos, porque son las cinco de la tarde. Hora un tanto rara, pues al parecer, la mayoría de  los partos se solían dar de noche. Estamos hablando de cuando no había epidural y las cesáreas eran "In extremis".

A esa hora, y con permiso de la autoridad, dan comienzo las corridas de toros. Mi madre no necesitaba ese permiso, y llevando la contraria a Lorca, me parió... A las cinco en punto de la tarde.

Aunque me envolvieron, a las cinco de la tarde, no fue en sábana, ni un niño el que la portaba, que fue en una blanca toalla, y lo hizo la partera. Dicho sea de paso, un poco achispada por la cazalla que se tomó mientras esperaba el acontecimiento.

Se podía esperar, que naciendo a hora tan taurina, saliera yo aficionado a eso del toreo (mi padre lo era). Sin embargo, tras ver lo que sucedía en el coso a edad temprana, le dije que naranjas de la china. Y no volví jamás a presenciar una corrida.

Tal vez, y si no hubiera muertes de por medio, toro o torero, la cosa cambiaría. Pero claro, entonces se desvirtuaría la esencia del espectáculo. Además, nadie puede garantizar, que el torero vaya a salir indemne del reto al que se somete por propia voluntad, ni al toro le puedes decir que la cosa va de mentirijillas. Si puede, truña. Supongo que  es su carácter y no va con gusto a la plaza, aunque solamente sea para lanzar derrotes.

Bueno, a lo que vamos. Recuerdo, que ya desde que tengo uso de razón, se comentaba en casa el episodio de la partera. Por entonces, las mujeres parían en casa, por lo menos en los pueblos. Las ayudaba el médico, si lo había, o una vecina acostumbrada a lidiar en estos trances. En mi pueblo era la señora Tomasa, que ayudó a traer un número considerable de chiquillos. Pero a ninguno le sucedió lo que a mí.

Mi abuela, la madre de mi madre, muy diligente, tuvo la ocurrencia, no sé si era costumbre, de colocar sobre la mesa del comedor, unos chicharrones, mantecados, coñac y aguardiente para matar el tiempo. Según la señora Tomasa, la cosa iba para largo.

Mientras mi padre liaba un cigarro tras otro, hasta agotar la petaca, cosas de padre primerizo seguramente, la señora Tomasa iba de la habitación al comedor donde engullía un chicharrón y se pegaba un lingotazo de anís. No es de extrañar que cuando salí de aquel perfecto habitáculo que era la tripa de mi madre, la Tomasa, que me había cogido por la pantorrilla para darme la cachetada en el culo, casi me deja caer. La grasilla que se le pegó a las manos, produjo el resbalamiento. Menos mal que tenemos pies, que si no me estampo contra el suelo.

A raíz de aquel suceso, mi madre tenía entre ojo a la partera, culpándola de que ese pie fuera Talo. Una vez puestos, ¿por qué no echarle también la culpa de aquella nuez que tenía en el ombligo? Así, que a la semana, me llevaron a la consulta del pediatra en la ciudad.

- No se asuste señora, le dijo el especialista, el pie volverá a su sitio en poco tiempo y sin falta de hacer nada. En cuanto al ombligo, otro tanto de lo mismo, es una pequeña hernia que se corregirá también por sí sola. 
Ha de saber, que antiguamente, a los niños recién nacidos, se les colocaba una bola para que el ombligo fuera a su sitio. La partera no ha tenido nada que ver, son cosas de nacimiento que suceden de vez en cuando.

Tal y como dijera el médico, todo se solucionó en unos meses. Por fin mi madre dejó de dar la tabarra a mi padre, que para redondear la gracia cuando lo comentaban, solía decir, que yo había nacido orejón por tanto tirar para que saliera de una vez.



6 comentarios:

Manuel dijo...

Jajaja, no te imaginas lo que me he reído con "Tomasa Cazalla", y con la "guasa" que tenía tu padre; y dale gracias a Dios que lo puedes contar.
Gracias, porque leyéndote me has hecho pasar un rato muy agradable, y me he olvidado hasta de la pierna.
Un abrazo.

Elda dijo...

Jajaja, muy simpático el cuento aunque seguramente está basado en hechos reales, ya que en esas épocas y en los pueblos los partos los atendía cualquier señora que entendía un poco de la cuestión, pero supongo que no le daban a la cazalla con la señora Tomasa, jajaja.
Menos mal que al bebe se le arreglo todo.
Muy gracioso el detalle del padre.
Un placer la lectura Alfredo.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Manuel.
Gracias por pasarte Manuel. Podía haber sido un buen título eso de Tomasa Cazalla, pero no se me ocurrió.
Que te recuperes pronto de la rodilla.
Salu2.

Alfredo dijo...

Elda.
Tus dotes de adivina dejan mucho que desear Elda. Aunque como bien dices, podría estar basado en un hecho real, no fue así. Verás: estaba mirando algo cuando me tropecé con el poema de Lorca que habla de la muerte del torero Ignacio Sánchez Mejías, corneado por un toro. Se me ocurrió en ese mismo momento, contraponer la muerte con el nacimiento de un niño, mucho más agradable. Y salió lo que salió.
Gracias mil.
Salu2.

Pilar Cárdenes dijo...

Dicen que no hay santa sin octava, así que con algunos días de retraso y después de leer tu divertido cuento, recibe mis felicitaciones.
Saludos

Alfredo dijo...

Pilar Cárdenes.
Perdona tú por mi retraso.
¡Cómo sois la mujeres! Bueno, será cosa de eso de la "igualdá", pero yo siempre he oído santo. A partir de ahora sant@.
Gracias Pilar.
Salu2.