domingo, 12 de febrero de 2017

Emerenciano y el Amanuense.


Cuando empecé al instituto de enseñanza en el año 48, se unió a la panda que dejamos la escuela nacional, un chico de fuera que a nadie conocía. Emerenciano se llamaba. Nombre que yo jamás había oído, y que él se encargó de contarme por qué lo llevaba.
Era hijo segundón y bastardo, de un hombre de alcurnia. Éste, para honrar la memoria de su madre Emerenciana, mandó le pusieran al chico ese apelativo, ya que era muy devota de la mártir. Santa Emerenciana fue lapidada en tiempos de Diocleciano, en la Gran Persecución.
Aunque en contadas ocasiones había visto a su hijo, tenía gran ascendiente sobre la que otrora fuera su amante, tal vez porque soltaba la mosca. Por los motivos mencionados, a Emerenciano, le tenía reservado profesar como sacerdote cuando acabase la secundaria, siguiendo la antigua tradición de los segundones; sin derecho a herencia y de profesión militar o clérigo. Él dada su bastardía, con mayor motivo.

Lógicamente, sabiendo lo que le esperaba, su afán por los estudios no era lo que debía ser. El primer año lo pasó a trancas y barrancas, el segundo dejó tres para septiembre, el tercero dejó cinco, y en el cuarto se lo llevaron al seminario sin darle tiempo siquiera a terminar el trimestre.

- Bueno Mere, le dije cuando nos despedimos - tú cura y yo... ya veremos. Lo cierto es que todos debemos de apechugar con lo que nuestros padres mandan.

No volví a ver a mi amigo hasta treinta años después. Mucho tiempo, pero aún continuaba llevando lentes circulares de carey, y flequillo al estilo de un periodista gaditano de fama. Seguramente este asunto del flequillo, no debía de ser menor para él, pues al ser dolicocéfalo (cráneo más largo que ancho) lo disimulaba tirando el pelo hacia la derecha.
En el tiempo transcurrido, nuestros estudios fueron casi por donde habían sido marcados. Yo tuve la oportunidad de trabajar en unos astilleros de delineante y dejé de estudiar, mientras él, con cuarenta y cuatro años ya era Obispo, Doctor en Teología y no sé cuántas cosas más. Supongo, sin desmerecer sus méritos, que alguna influencia habría tenido el de la alta alcurnia, para haber llegado tan joven a ese cargo.

Conversamos un rato largo mientras tomábamos algo en un café. Me preguntó si aún imitaba la letra de los demás, pues una de las causas por las que se fue al seminario antes de lo debido, fue la disparidad que había entre sus exámenes escritos y los orales. En los escritos siempre sacaba buena nota, mientras que en los orales no daba pie con bola. La dirección del centro llegó a la conclusión de que copiaba, aunque nunca pudieron demostrarlo. En realidad el no copiaba nada en absoluto, era yo el que con gran afán, hacía los exámenes por duplicado. Cuando el profesor daba el tiempo por terminado, acudíamos todos al estrado a entregar los folios, en ese momento de barullo, intercambiaba con él el folio que contenía las respuestas, con el de las tonterías que escribía para disimular.

Le contesté lógicamente, que no.

- Es una pena, necesito quien me haga un favor de ese tipo. Documentación para una persona. Pagaría bien. ¿Sabes de alguien?

- No. No sé de nadie, lo siento.

- ¿Lo intentarías si te dijera que estoy muy pillado?

- Me estás pidiendo que cometa un delito, pero cuéntame de qué se trata y veré lo que puedo hacer. Si con las influencias de tu cargo no lo has conseguido...

- No puedo confiarme a nadie, es algo que puede significar mi ruina, el oprobio, de una vergüenza extrema. Pero eso, aunque es preocupante hasta el punto de ir a la cárcel, no tiene comparación con el daño que le haría a esa persona.
Las influencias dices, en este oficio, mucho hermano para aquí, hermano para allá y luego todo son puñaladas por la espalda. En los estamentos, un puesto de honor en una ceremonia determinada, mucha reverencia pero ningún amigo de verdad.

- Al grano Mere, al grano. La confidencia está segura conmigo.

- Lisa y escuetamente, ¡tengo una amante! La realidad es que, aunque en este momento pienses de mí, como de mi padre, yo estoy enamorado de veras. Ella tiene diecisiete años y va tener un hijo. Si eso se llegara a saber, perdería la oportunidad que estoy a punto de conseguir; con toda probabilidad voy a ocupar un puesto en una diócesis importante y tal vez al cardenalato. Pero lo esencial es María y el niño. Date cuenta, yo en la cárcel por corruptor de menores, y ella, en total abandono. Necesito imperiosamente la documentación para que con otro nombre, pueda ir a una ciudad, tal vez en Portugal donde pueda pasar desapercibida. No se me ocurre otro modo de arreglar la situación.

- Está bien, trataré de ayudarte. Necesito todos los datos, fotos de carné, la edad que debo poner, lugares de nacimiento y residencia, fechas...

Lo que no le dije, es que eso era pan comido para mí. El trabajo en el astillero solamente era la tapadera de mi verdadero negocio. Un negocio que me rentaba pingües beneficios y que gastaba en mis días de descanso lejos de donde vivía evitando sospechas. Jamás falsifique moneda, no porque no tuviera capacidad para hacerlo, que la tenía, sino porque los que se dedican a ello, son tan avariciosos que siempre acaban cayendo en manos de la policía.
Una red de colaboradores, de la que solamente el jefe y yo nos conocíamos, se encargaba de pasar o cobrar recibos, sellos, estampillas, cheques, letras de cambio, herencias, pasaportes, carnés, libros de familia... La gente es muy descuidada.

Emerenciano, envió a la chica a una ciudad del país vecino, donde le había comprado una casita no demasiado lejos de la frontera. Él la visitaba de cuando en cuando. Llegó un momento en que no podía mantener aquel tren de vida, pues aunque la pareja era parca en todos los sentidos, con tanta ida y venida el sueldo no llegaba. Un día me llamó para quedar, tenía un negocio que proponerme.

- Concédeles el descanso eterno,  Señor, y brille para ellos la luz perpetua. ¿A qué te suena esto?

- ¿A réquiem? ¿No es lo que los curas decís en los entierros?

- Sí, pero, ¿qué sabes de luces perpetuas? Y no me refiero a lo místico en sentido espiritual, me refiero a esa luz que puede arder perpetuamente en una lámpara.

- Jamás he pensado en una lámpara al escuchar esto, siempre creí que se trataba de algo divino, como que Dios enviaba un rayo de esperanza o algo semejante. Vamos, hasta que llegara el día de la resurrección.

- No. Verás, desde tiempos antiquísimos, había gentes que para honrar a sus deudos difuntos, colocaban en sus tumbas unas lámparas que ardían perpetuamente. Nadie sabe el motivo por el que jamás se extinguían, y muchos, creyéndolas cosa del diablo, las destrozaban. Tratando otros de averiguar el misterio que encerraban, se quedaban con ellas hechas añicos entre las manos. Lo importante, como puedes comprender, además de la lámpara, era el combustible que la alimentaba. Solamente necesitaba una cosa para brillar; que estuviera dentro de una bóveda o recinto donde humedad y temperatura fuesen constantes.
Hace mucho tiempo que no se ha vuelto a encontrar ninguna, la gente parece haber olvidado que existieron, incluso los que raramente hablan de ellas, creen que todo es un mito. Un mito como el de la trasmutación.  Pero yo he encontrado la forma de fabricarlas y el combustible que las hará arder por siglos. Tengo un libro que lo describe paso a paso.

- ¿Y piensas construirlas, o producir el combustible en grandes cantidades?

- No. Pienso hacer una copia del libro. Ha de ser idéntica; tintas, colores, material, hilo y cosido, y lo que es más complicado, si fuera sometido a algún medio por el que se pudiera saber su antigüedad, como el carbono 14, tendrá que dar al menos una edad que le dé marchamo de verdadero: Unos cuatrocientos años.

- ¿Y qué vas a hacer con ellos?

- ¿Me estás diciendo con eso que se puede conseguir?

- Tal vez. Contesta a mi pregunta.

- Me quedaré con el verdadero mientras se pone a la venta el falso, cuando hayan pagado un buen montón, mostraré el verdadero, pertenece a la Iglesia. Entonces verán que uno es copia del otro, alcanzando el verdadero y más antiguo, superior valor. Demos a la Iglesia lo que es de la iglesia, y al hombre lo que es del hombre... aunque sea una estafa de la que me arrepiento. Pero necesito dinero.

Robando horas al sueño, me dediqué a la propuesta. Ayudaba a un amigo del que quién sabe si podría necesitar alguna vez, superaba un reto importante, y de paso esperaba sacar unos buenos cuartos.

El trabajo se presentaba arduo. Tenía que conseguir un papel de cuatrocientos años, distintas tintas, y aprender a escribir como lo hizo el autor del manuscrito. En mi trabajo, he hecho muchos tipos de papeles y sabía de la técnica, pero era necesario dar con la tecla para que tuviera las mismas características. Tras escudriñar un poco, supe que el papel era un sesenta por ciento de algodón y el resto lino. Lavar, trocear, macerar, batear, mezclar, amasar, escurrir y prensar. Ya tenía el papel, solo faltaba darle un tono algo más añejo.
También robé horas a la empresa. En mi jornada, escondido tras el tablero de dibujo, ensayaba y ensayaba copiando la caligrafía en folio vulgar y a estilográfica para coger soltura. Conseguida la tinta, con la colección de plumas de ave que tenía, ganso, cisne o cuervo, juzgué que era hora de probar.

El librillo en cuestión, llevaba por título Amaryllis Aurum Lucis. Lo había encontrado Mere en una antigua iglesia de pueblo donde comenzó su andadura como sacerdote. Durante años trató de descifrar los intríngulis de la fabricación de un cristal muy especial, al que había que dar forma de lágrima hueca. Abajo en la base, contendría una especie de humor vítreo de color amarillento del que se alimentaba la candela. La candela, cuyos componentes eran sebo amasado con pulpa de oliva y un mineral por determinar (atendiendo al título del libro, ¿podría ser oro?) tenía su base inmersa en el líquido que absorbía por el cabo. Al arder el pábilo, producía un esperma que bajaba hasta el humor, de forma que el nivel de este, permanecía casi inmutable. Era pues, una retroalimentación continua; combustión, derrame, absorción y vuelta a empezar.

 Sin embargo, no era la llama la principal causa de la luz, lo era el material del que estaba hecho el cristal, que tal vez contuviera el Phosporhus Argenteus mencionado en algún lugar, y productor de la luminiscencia. Es decir: el cristal absorbe la energía de la candela y lo emite al exterior con un tono entre dorado y averdosado, producido por un fósforo ¿aleado con plata?. En el copete de la lámpara, dos minúsculos orificios, sin duda para la entrada del oxígeno y salida de los humos.

Acabé el libro. Puestos uno al lado del otro, eran casi idénticos. Solamente se diferenciaban en la fecha, el original era de 1435, y a la copia le puse 1585. Cualquiera que tuviera en la mano la copia, aunque fuese un experto, la podía dar por buena. Pensaba yo, que los expertos, si alguien los demandaba, acudirían a libros de fechas semejantes, y por comparación, decidir si era verdadero o falso. Imposible me parecía que hicieran una prueba tan rigurosa como la del carbono.

Para vender el libro, acudí a mi compinche Máximo, al que solamente una o dos veces al año veía por motivos de seguridad. Le dije que tenía algo antiguo que quería vender, a ser posible fuera de España, y él lo subastó en Londres. Cuatro millones limpios sacamos, dos para Emerenciano, un millón doscientas mil para mí y las ochocientas mil restantes para Máximo.
Pero cuando le puse el dinero en la mano a Mere, no lo aceptó. El cargo de conciencia fue tal, que se fue con el Amaryllis Aurum Lucis a su superior, le pidió confesión y luego le entregó el libro. Renunció a su carrera y se casó con María. Viven bien, da clases y conferencias y gana tres veces más de lo que ganaba como obispo.

El libro original, fue sacado a la luz, pero los expertos que lo examinaron, dijeron que era una copia del mío, fechada con anterioridad para darle mayor valor. Luego, pasados unos meses, aparecieron copias una tras otra que fueron a parar a todas las bibliotecas importantes. El precio que se pagaba por ellos no era mucho, pero el orgullo del amanuense es inconmensurable, te lo digo yo.

¡Ah, se me olvidaba! Cantidad de gente está haciendo pruebas para conseguir el Humor Vítreo, la Candela y el Cristal de Lágrima, pero nadie hasta ahora ha dado con la formulación exacta a pesar de sus esfuerzos y el dineral invertido.



10 comentarios:

Elda dijo...

Caray Alfredo, esta historia es fantástica, por lo bien escrita que está bajo mi humilde entendimiento y como te digo siempre, por lo bien documentada que parece.
Me encantó el final... que el obispo colgara el hábito y se casara con la muchacha, y genial la curiosidad del libro, que se pensaran que la copia era el original. Muy bueno.
Me gustó mucho.
Un abrazo y buena semana.

Ángeles dijo...

Al comenzar a leer tu entrada, pensé que era verdadera y te había ocurrido a ti, Alfredo, pero según avanzaba en la lectura, me di cuenta sel maravilloso escritor que era capaz de hacer pasar un escrito como verdad... Podrías escribir un relato corto, ampliándolo un poco y mandarlo a un concurso literario.

No ganarías "Cuatro millones limpios sacamos, dos para Emerenciano, un millón doscientas mil para mí y las ochocientas mil restantes para Máximo"

Pero te aseguro que serías ganador con este relato, anímate, si lo deseas te paso la dirección de los concursos activos que hay en España.
De todos modos, mi felicitación por tu excelente relato.

Un abrazo,
Ángeles

Manuel dijo...

Estimado Alfredo, estoy al ciento por ciento con los comentarios de Elda y Ángeles, en que es una maravilla tu relato, así como también me ha gustado mucho el de "Las mentiras y engaños".
A veces, como no tengo tiempo ni para rascarme, vengo con más tiempo, como hoy, y hago los deberes.
Un placer leerte.
Un abrazo.

Pilar Cárdenes dijo...

Dicen que amigos hasta en el unfierno, y desde luego, uno que sea falsificador, un tesoro.
Alfredo, esta historia engancha de principio a fin y al igulal que Manuel, comparto la opiniòn de Elda y Ángeles.
Felicidades por este trabajo.
Un abrazo

Alfredo dijo...

Elda.
Muchas gracias Elda.
Cuando escribí El Libro Mágico, en respuesta al comentario que me hiciste, dije que me gustaban mucho los misterios. Mencionaba entonces las lámparas perpetuas, de las que ya había escrito hace mucho, una entrada. Como quiera que aquella no era un cuento, tuve la idea de aprovechar la ocasión, y ahí está. Esa, fiando a mi escasa memoria, fue la documentación que utilicé.
Respecto de lo demás, te diré que el misterio de las lámparas, está en una palabra "Amaryllis" que no encaja con las otras; Aurum, Oro, Lucis, Luz. La Amaryllis es una planta perenne, que no pinta nada aquí, a no ser... que el jugo, o los bulbos, o las hojas, o las flores... sea la parte del ingrediente secreto que le falta al combustible.
¡Hala! Ya tengo para una segunda parte.
Salu2.

Alfredo dijo...

Ángeles.
Muchas gracias Ángeles.
Te voy a hacer una proposición, yo escribo una segunda parte como le digo a Elda, tú lo presentas y si ganamos, recoges el premio.
Es broma. A mis años ya no estoy en condiciones de presentarme a nada, de todas formas, te agradezco profundamente el ofrecimiento, y que pasaras por aquí.
Salu2.

Alfredo dijo...

Manuel.
Muchas gracias Manuel. Me alegra que te haya gustado.
En cuanto al tiempo, ¡que te puedo decir yo! La gente piensa que los jubilados nos pasamos el día mirando las nubes. Es posible que algunos lo hagan, a mi me falta el tiempo. Desde las ocho de la mañana hasta las doce no paro, tengo una finca que atender, el Blog, el Face donde cuelgo las fotos de mi tierra, y ahora hasta la casa, mi mujer se rompió un brazo. Pero estamos vivos, que es de lo que se trata.
Salu2.

Alfredo dijo...

Pilar Cárdenas.
Muchas gracias Pilar.
Dicen que el que tiene un amigo, tiene una mina, y estos dos lo eran, aunque solo fuera para discurrir maldades.
Salu2.

Manuel dijo...

Espero que tu esposa tenga una pronta recuperación.
Alfredo, yo también estoy jubilado, y más o meno con las mismas tareas que tu, y ya para colmo, me he roto los dos meniscos y los ligamentos interno de una pierna, vamos, lo que me faltaba; así que trabajos físicos y de salir, nada de nada. Así que he cambiado el chip, y aprovecho el tiempo en otras cosas, como leer. Ya sabes que el que no se consuela, es porque no quiere.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Manuel.
Gracias Manuel, está en ello. Lo tuyo a ver si se soluciona sin cirugía, mientras ya buscarás pueblos y cosas de tu tierra que leo de muy buen grado, siempre aprendiendo y conociendo aquello que nos enseñas.
Salu2.