martes, 7 de febrero de 2017

La Leyenda del Nashí.



Un hombre, allá en oriente, plantó dos manzanos y dos perales en una llosa, un tanto pendiente. A su tiempo, los árboles dieron sus frutos que a mano fueron recogidos, más algunos, caídos al suelo, rodaron hasta el talud al final del prado y se perdieron entre la maleza que hacía de seto. A poco, de las semillas de aquellos frutos perdidos, nacieron varios arbolitos, todos manzanos que el aldeano trasplantó, aumentando así su pomarada. Los perales, envidiosos por aquella multiplicación, se preguntaron el motivo de que sus semillas no enraizaran de igual modo, y cavilando, llegaron a la conclusión de que sus peras al ser eso, piriformes, rodaban sobre si para volver casi al mismo sitio donde cayeran. Procedía cambiar la forma del fruto; las peras debían ser redonditas como las manzanas para llegar al lugar apetecido. ¿Pero cómo lograr eso? Ahí estaba el quid de la cuestión.

Tras mucho pensar sin nada lograr, optaron por tratar de mutar algún gen y enviar la nueva savia a unas ramas para probar. Las yemas que nacieron en estas ramas, al igual que las flores, a simple vista poco o nada se distinguían de las otras, pero dieron unos frutos redondos, muy sabrosos y que el hombre dio en llamar Nashí. Así fue como los frutos del peral pudieron llegar al borde del talud donde arraigaron... aunque ahora ya no eran ni peras ni perales. Hay quien los llama, peromanzanos.








5 comentarios:

Pilar Cárdenes dijo...

Desde el blog de Elda he llegado hasta aquí y me ha encantado esta historia de enviado y enredos.
Hoy me acostaré habiendo conocido la leyenda del nashi.
Saludos

Elda dijo...

Que bonita historia y que bien la cuentas.
Una similitud este relato a la vida en sí. Hay quien por su forma de ser da frutos con la semillas que va dejando, pero los que se quedan (o nos quedamos) parados, no sembramos nada.
Me ha encantado esta leyenda y el nombre de peromanzanos.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Pilar.
En realidad, esta leyenda solamente es un invento mío. Es muy posible que el fruto naciera de forma parecida, no lo sé, pero no te la creas... por si acaso. De todas formas muchas gracias por pasarte por aquí y por el comentario.
Salu2

Alfredo dijo...


Elda.
Me gusta el símil, aunque te tengo que decir, que cada cual siembra a su modo. Tú dejas versos diáfanos que calan, otros tratamos de intentarlo de otras maneras.
El cuento es sencillo, no tuve mucho que pensar; suelo observar lo que sucede a mi alrededor, nada más.
Tengo un arbolito que veo cada día. A su tiempo recojo los frutos que me ofrece y a cambio lo mimo un poco. Él da más de lo que recibe, si todos hiciéramos igual, la vida sería de otra forma.
(No me hagas mucho caso, hoy estoy de un no sé qué. Será el día)
Gracias por el comentario Elda.
Salu2.

Katrina dijo...

Que bonita historia y forma de narrarla
Me encanta este tipo de imaginación donde se dan "soluciones alternativas" a los porqués de la vida

Saludos