domingo, 5 de febrero de 2017

Las Mentiras y los Engaños.


Esta noche estoy oyendo la tele de fondo. Ni siquiera la miro. A pesar del montón de canales, no me interesan los programas. Estoy solo, como siempre y eso me hace sentir algo de compañía.

Estoy inmerso en un soliloquio en el que debato conmigo mismo, algo que ni siquiera me importa, o quizá más de lo que pienso. Siempre he sido un tanto ambiguo, me debato entre mis dudas, entre la confusión que a veces ofusca mi mente, la incertidumbre de si soy o quiero ser. Ni siquiera estoy seguro de lo que digo, y que lo que pienso, sea cierto.  Tampoco me importa. Lo mío solo es filosofía barata, si es que a alguien le ha dado por creer, que es de esto de lo que hablo. Pero bueno, pienso, hablo, y hago mis composiciones de lugar como me place.

En ocasiones, por no decir mentira, decimos engaño. Como si no fuese la misma cosa. Es más, yo diría que el engaño puede ser dos veces mentira. Supongamos: A y B están casados. A engaña a B, con C. Para que B no se entere de su infidelidad, se ve obligado a mentir a menudo. Desde tuve una reunión, a voy a ver el partido, fui de compras con Puri, o cosas semejantes. Cualquier excusa es buena.

Doble mentira, una por la acción en sí, y otra por la confabulación que lleva aparejada la patraña. (Confabulación: Ponerse de acuerdo para emprender un plan ilícito) (Patraña: Invención con ánimo de engañar)

Si yo fuera B, podría llegar a perdonar el engaño, pudo ser un desliz reprobable, lo que jamás perdonaría sería la mentira para tratar de ocultarlo. La persona que miente una vez, puede mentir mil. La que cae en la tentación, también, pero mientras la mentira es fácil, solo necesita del que la dice, el engaño es más complejo. Hay muchos factores que han de cumplirse. Ejemplo:

Todos sabemos lo que es un trilero. Ese punto filipino que maneja tres cartas sobre una mesa, o tres chapas de cerveza y hay que adivinar donde está la bolita o una carta determinada. El trilero, suele tener al menos un cómplice que apuesta y gana, cosa que no le sucederá a nadie más. También puede tener a alguien que de el agua cuando los guardias andan cerca. Y es que los engaños de este tipo, además de fraudulentos, requieren cooperación. Complejo, bastante complejo. Verborrea para engatusar, concentración en el juego, concentración periférica, rapidez de manos y rapidez para desmontar el tinglado y echar a correr en un momento dado.

Hay mentiras piadosas. No me gustan. ¿Cómo puedo decir a alguien que sabe que se muere, que pronto estará bien? Lo más probable es que se acuerde de la madre que me parió. Se irá al otro barrio con regusto de hiel  en la boca. ¡Ah, que solamente tratas de dar ánimos! Ya lo sé. Pero él, ¿lo entiende así? No le digas esa mentira chabacana, haz algo que sabes le gusta, distráelo de sus pesares y no mientes la soga en casa del ahorcado.

Hay mentirosos compulsivos. Aquellos que llegan a creerse sus propias mentiras porque han dicho tantas en su vida, que confunden la realidad de lo que es, con esa realidad imaginaria en la que se han instalado.

Hay una mentira perniciosa, aquella que causa daño a sí mismo o los demás. Si sabes que las drogas son nocivas ¿Por qué las tomas? Y lo peor ¿Por qué incitas a otros para que lo hagan?

No. No me gustan las mentiras. Tampoco el engaño, pero  puestos a elegir, prefiero que me engañen con algo de esfuerzo.

Dicen que de la jarra de Pandora, la primera mujer hecha por orden de Zeus, salió Ápate, divinidad del engaño. En su cinturón están todos los trucos, artimañas, artificios y embaucamientos que usan los hombres. La acompañan unos espíritus que personifican las mentiras y las falsedades. Cuando Pandora abrió su jarra, salieron todos esos males.

Yo prefiero la versión que dice que la jarra solamente contenía bienes, al quedar libres, volaron hacia las mansiones de los dioses. El único bien que pudieron retener los hombres, fue La Esperanza.

Los males han existido desde siempre, quizá somos nosotros mismos.





2 comentarios:

Elda dijo...

Caray Alfredo, no se que decirte porque estoy de acuerdo en todo lo que relatas en esta entrada de mentiras y engaños, dos palabras diferentes pero que llevan a lo mismo, a no decir la verdad :).
A mi tampoco me gustan las mentiras, además creo que se me notarían enseguida, aunque las piadosas, si que las he usado algunas veces, jajaja, creo que en algunas ocasiones son inevitables y te sacan de algún apurillo; siempre que no vaya nada importante en ello.
Me gustó leerte.
Un abrazo y buen domingo.

Alfredo dijo...

Elda.
Soy de los mentirosos compulsivos. No puede ser de otra forma. Para escribir mis cuentos, tengo que creerme esas mentiras que cuento, o la cosa no funciona lo bien que quisiera. Como no vivo con ellas más que el tiempo necesario, ni me afectan. En cuanto lo subo, ya estoy pensando nuevas -iba a decir mentiras, en realidad no lo son, solamente son situaciones- si, eso, nuevas situaciones.
Gracias Elda, hasta el jueves que vendré con una nueva historieta.
Salu2.