jueves, 2 de marzo de 2017

La rata.


Te vi tomando el sol, adormilada. Era tu cuerpo rechoncho, pelo negro, tan fino y delicado que parecía el mejor de los visones. Orejas redondas - siempre he creído que serían puntiagudas- y cola larga un tanto rosada.

Te vi por atrás, ni siquiera notaste mi presencia. Sigiloso me fui hasta el cobertizo, agarré una azada de mango largo y volví. Allí continuabas, tal vez soñando con en encontrar pareja, quizá haciendo la digestión de quién sabe qué. Tres moscas verdes revoloteaban en derredor tuyo, pero no caí en la cuenta.

Levanté mi arma y descargue el golpe, entonces te revolviste herida, pateando, tratando de escapar de algo que ya no tenía remedio. La barriga era blanca, una gota de sangre perlaba tu hocico, y el ojo redondo, negro y brillante como el azabache recién pulido, parecía preguntarme; ¿Por qué, qué mal te hice yo para que me quitaras la vida?

Y yo, me quise justificar; Ibas a morir igual, esas moscas verdes y brillantes sólo aparecen cuando el olor de la muerte las atrae. Te he librado de una lenta agonía. Lo siento, pero me has mordisqueado las manzanas de seis cajas que tenía guardadas, me has roído la ropa de trabajo que he tenido que quemar, también me comiste las nueces de la cesta y los manuales de las herramientas. Por un momento, y viendo las dentelladas, me engañaste, llegué a pensar que las juguetonas ardillas eran las culpables.

Ya sé, necesitabas hacer tu nido, alimentarte, pero yo lo he tenido que tirar todo. Estaba de mala leche. Mejor te hubiera sido morir en la ratonera, pero tú eras lista, te llevabas el queso y el jamón sin hacerla saltar. Digo que mejor te hubiera sido morir de esta forma y ambos sabemos que no es verdad. El resultado para ti hubiera sido el mismo, sin embargo, yo no hubiera sentido lo que siento; pena por ti. Comprende que tenía que hacerlo. Perdóname.


6 comentarios:

Elda dijo...

Ay que pena me estaba dando pensando que era la ardilla la víctima del asesinado, jajaja, pero de que he visto que era una rata, ya no lo he sentido tanto, sin embargo al protagonista de la acción parece que si le afectó aunque le hubiera hecho un estropicio... y es que cada bicho por muy repugnante que sea, trata de vivir.
Un bonito cuento Alfredo.

Ángeles dijo...

Huyy, menudo susto para el protagonista del cuento... los animales que más asco me dan en la vida, son las ratas y las cucarachas... pero soy incapaz de matarlas, a las ratas porque se escapan sin que sepas por donde y lasa cucaracahas por ese sonido repugnante que suena si las pisas.
Muy bien elaborado el cuento, sobre todo como relatas el asesinato de la rata, con tanto realismo, que parece estar pataleando patas arriba en su agónica muerte.

Un abrazo.
Ángeles

Manuel dijo...

¡Madre de Dios!, yo veo una rata y la tengo que matar, y me voy a 100 metros de ella, con una escopeta.
Simplemente al leerte, ya me ha dado un poco de yuyu.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Elda.
A mi tampoco me gustan. Ni en las películas las puedo ver, aunque seguramente no me atrevería a liquidar una como lo hizo el protagonista.
Salu2.

Alfredo dijo...

Ángeles.
Gracias Ángeles. Las ventajas de un clima húmedo, es que por aquí no hay cucarachas. Un año fuimos de veraneo a Arroyo de la Miel. Alquilamos un piso en una urbanización casi recién hecha. Al llegar de noche de algún sitio, la cocina estaba plagada de cucarachas que no sé de donde salieron. El portero se encargó de ellas, pero siempre andábamos con el asco en la garganta.
Salu2.

Alfredo dijo...

Manuel.
Buen método el de la escopeta, una buena perdigonada y casi que no quedan ni los restos.
Tu si que me diste yuyu con los niños de la inclusa, y ahora pusieron en la tele lo del cementerio de Irlanda. ¡Jo!
Salu2 Manuel. Ya me contarás como vas del menisco.